6 de marzo de 2018

“TENEMOS UNA FE ACTUAL QUE NOS HACE VIVIR”


Seguir a Jesús como bien sabemos es propio del discípulo, este seguimiento implica ciertas “condiciones” que nos llevan a un camino desde la humanidad y desde el amor.
Para muchos, este seguimiento se es vivido desde el aspecto cognitivo y racional, pero Jesús no es una teoría, es una persona y eso lo hace HUMANO.
Desde su humanidad, él nos enseña a creer en un Padre MISERICORDIOSO, que nos ama y que aún en medio de sus “condiciones” y/o “exigencias” no desecha a aquel que por algún motivo se desvía del camino o que simplemente no cumple con nuestros “estatus” o “perfiles”.
Si empezamos hablar de HUMANIDAD, podríamos preguntarnos ¿cómo está nuestra capacidad para darnos, cómo está mi corazón, qué habita en él? y a raíz de estas preguntas responder con sinceridad: ¿Me parezco yo a Jesús? O de lo contrario ¿mi vida es una vida inhumana, llena de mentiras, de injusticias y violencia directa e indirecta?.
Como vida religiosa del futuro estamos llamados a “dejar huellas profundas”, sin embargo, para que esto se dé, es necesario un cambio de mentalidad, es necesario dejar a un lado el rigorismo y empezar a amar como Jesús lo hacía, en las escrituras vemos cómo hasta el más indigno (en aquella época) es perdonado/a por Jesús, él no mira su pecado, no juzga, no señala, simplemente se deja guiar por sus entrañas de misericordia y perdona.  

Vemos en esta actitud de Jesús algo importante: “el que ama cuida lo amado, sana lo amadoJesús nunca se cansó de amar ni de confiar en sus discípulos, Según Augusto Jorge Cury en su libro “El maestro inolvidable” ningún discípulo en nuestro hoy, sería aceptado, pues tenían una vida poco ejemplar para su prójimo, y una emocionalidad bastante comprometida, sin embargo, en medio de todas esas heridas, cicatrices, condicionamientos, etc, Jesús no se cansó de sembrar, no se cansó de apostar por ellos, en ningún momento los rechazó, no los menospreció, aún en el momento de su traición llamó amigo a Judas, y nosotros ¿seríamos capaces de actuar de esta manera? O simplemente ¿nos dejamos llevar por los parámetros de una sociedad que vende el odio, la amargura y el juicio?
Como jóvenes que aspiramos a comprometernos en la vida religiosa debemos tener en cuenta una idea fundamental, y es que  estamos en este camino para “ofrecer los nutrientes, fortalecerlos y también encauzarlos”, sin olvidar que es el árbol, es decir, la persona, quien echa sus raíces y sólo depende de la persona profundizar o quedarse en la superficie.

Como conclusión y también en forma de invitación, siento en este momento una fuerte invitación de responder a Dios desde un corazón agradecido y abierto a las necesidades que surgen en nuestro alrededor, y no sólo eso, sino que también desde esa humanidad de Jesús, se me invita a estar abierta a nuevas experiencias, personas, procesos, etc., para que así empiece a surgir mi semejanza con Cristo, mi gran maestro.

Wenderlyng Reyes
Novicia MAR

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