REFLEXIÓN EN TORNO A LA CONVERSIÓN DE NUESTRO PADRE SAN AGUSTÍN



 Hoy 24 de abril la Iglesia se une en alabanza al recordar la conversión de san Agustín como giro radical de pecador a santo. Hoy san Agustín es para nuestro carisma y para la Iglesia un modelo de hombre contemporáneo del cuál podemos aprender a reconocer que la vida no es nada sin Dios, aunque creamos que lo tenemos todo. Y hoy, san Agustín, sigue siendo un modelo de buscador de la verdad para todo aquel que no está satisfecho con su vida y busca el sentido más profundo a la misma que solo radica en Dios. 

Percibo en el proceso de conversión de san Agustín, un itinerario. Itinerario que dura 33 años. Siempre san Agustín estuvo acompañado por la fe de su madre Mónica, por eso no podemos decir, que él fuera un pagano hasta el día de su bautismo. Fue un cristiano, que no se conformó con una fe racional o ética, sino una fe que llenara su corazón…por eso, buscó, y buscó incansable, aún en lugares equivocados, como fue la secta de los Maniqueos, hasta, definitivamente, toparse con la verdad absoluta.

Tuvo varios acompañantes y esto fue algo muy importante en la conversión de san Agustín. A pesar de su autosuficiencia y soberbia por creer que conocía la verdad, se dejó en cierto modo conducir…porque allá en la corte de Milán, cuando lo tenía todo y  había escalado las más altas cumbres de prestigio y estabilidad, sintió un gran vacío existencial, y sintió que de verdad no era feliz…

Así pudo compararse a aquel mendigo que encontró en la calle borracho…percibiendo en los dos una  felicidad efímera…por eso Agustín, empezó a abrirse a la gracia…y como él mismo  expresa en sus Confesiones y en muchos de sus libros, su error, era que buscaba la verdad fuera de sí y estaba dentro de él; dejándose también interpelar por san Ambrosio cuando le dijo que  la verdad era una persona, era Jesucristo.

Fue entonces, cuando al comenzar a vaciarse de sí mismo fue permitiendo que la gracia de Dios le fuese permeando, dejando su soberbia, para poder ahora, vaciado de sí entrar a las Escrituras santas con humildad. Por eso en el huerto de Milán, se pudo encontrar con el Dios verdadero de la Palabra que le clamaba: tolle lege (Toma y lee): y abriendo la Escritura se topó con Romanos 13,13: No en comilonas ni en borracheras sino revestíos de Jesucristo”…Aquello fue suficiente.

 La palabra impactó su vida, porque ya su corazón estaba tocado por  la gracia. Por eso, en  la interioridad, en el entrar en sí mismo, en el  vaciarse de sí, reconocer su miseria y pecado, y sentirse mendigo de la misericordia de Dios, el tomar la decisión  de aferrarse al verbo encarnado, para nunca más volver atrás, fue definitivo para que san Agustín pasara de pecador a santo, en un proceso de conversión continua que duró toda su vida. La humildad, insistirá san Agustín, es el cimiento de nuestra espiritualidad. Regresar al corazón es el manantial donde encontramos al Maestro que nos habla, y nos ahuyenta de la dispersión atrayéndonos cada vez más hacia sí.

Para Benedicto XVI, papa Emérito,  san Agustín es «uno de los más grandes convertidos de la historia de la Iglesia» y quien vivió la conversión no solo como algo puntual,  sino (como) un camino». El nos habla de tres conversiones guiadas por la palabra.

La 1: basada en el prólogo  Jn 1,14: donde descubre al verbo encarnado que se despoja de su rango de Dios; por eso la humildad,  se convertirá en san Agustín en la virtud moral por excelencia durante toda su vida.

La 2: 2 Cor 5,15: contextualmente, ya san Agustín después de su bautismo; había fundado un monasterio en Tagaste y estaba deseoso de vivir allí el resto de su vida en oración y estudio; sin embargo, Dios le cambia los planes en una visita a Hipona donde el anciano obispo Valerio necesitaba un sacerdote, y en medio de la iglesia san Agustín es aclamado para que acepte ser sacerdote. Su conciencia de pecado, le lleva a un discernimiento y justo, ante esta palabra de Corintios,  descubre  por medio de la redención  de Cristo y su entrega en la cruz que él no puede quedarse contemplando sus pecados, sino que debe acoger la voluntad de Dios manifestada en los acontecimientos que está viviendo.

En la 3. Por medio de Mt 6,12: lleno de optimismo predicando las bienaventuranzas exhortaba a sus fieles a alcanzar la perfección cristiana; sin embargo, se dará cuenta de la fragilidad humana por causa del pecado original, que le llevará a una continua lucha, para vencer el mal.

Por eso para san Agustín en el proceso de conversión suyo y de todos nosotros, nos dice que la humildad y la misericordia van de la mano, pues todos tenemos que imitar a Cristo siendo misericordiosos como el padre Dios es misericordioso con nosotros.

Concluyo con esta frase agustiniana que en cierto modo me ayuda a mi y quisiera también ayudara a  los que me leen,  a vivir en conversión continua, tendiendo siempre como peregrinos hacia Dios, que es nuestra plenitud y nuestra  felicidad.

“SEÑOR, NOS HICISTE PARA TI Y NUESTRO CORAZÓN ESTÁ INQUIETO HASTA QUE DESCANSE EN TI”.

 Nieves María Castro Pertíñez. MAR












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