LECTIO DIVINA DEL XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (MATEO 16,21-27)
“eL QUE QUIERA VENIRSE CONMIGO, QUE SE NIEGUE A SÍ
MISMO”.
Jasmeiry De La Cruz
Novicia MAR
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO.
Espíritu de Dios, siempre presente en la obra creadora y recreadora del Padre, quiero acercarme a la Palabra hoy con ojos nuevos y corazón blando, disponibles para acoger la Gracia que me será revelada y que tiene el poder para transformar mi vida.
Espíritu de fraternidad, sigue horadando en mí con tu suavidad hasta que poco a poco sea capaz de optar siempre por el camino de Jesús, camino de reconocimiento de mis hermanos y hermanas, camino de encuentro que conduce al Padre, camino de entrega de la vida en favor de los demás.
Condúceme, Ruah Divina, en este camino de oración.
CONTEXTO.
El evangelio de este domingo está unido muy estrechamente con los vv.
13-20, de la lectura del Evangelio de la semana pasada. En el versículo 16,
Pedro confesó su fe de que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios. Ahora Jesús
les muestra lo que significa, ser Mesías y el discipulado. Previo al capítulo
16, Jesús usó mucho de su tiempo hablando a las multitudes, haciendo milagros,
y verbalmente discutiendo con escribas y fariseos. Con la excepción de 16,1-4,
en los capítulos 16-18 Jesús usa su tiempo instruyendo a sus discípulos
preparándolos para Jerusalén y su cruz. Luego, en 19, 1 deja Galilea y se va a
Judea a Jerusalén para su muerte.
TEXTO.
(evangelio de mateo 16,21-27)
“21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.
22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’
23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mí vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’
24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.
26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
27 Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta’”.
¿QUÉ DICE EL TEXTO?
El texto comienza exponiendo, con los términos sustanciales, el camino de Jesús hacia Jerusalén, donde vivirá la pasión y donde finalmente el Padre se manifestará con la Resurrección del Hijo. Pero los discípulos escuchando esto no lo entienden.
Pedro, quien lo había reconocido como el Mesías, ahora reprende al Señor y le dice que eso no puede suceder nunca, porque Pedro espera a un Mesías muy humano… Jesús lo trata muy severamente diciéndole que no debe interponerse en los planes de Dios y pensar en sus propios planes.
Jesús le aclara a Pedro que está pensando cómo los seres humanos, y no como Dios. El plan que Dios tiene es salvar a la humanidad concreta y el mesías no es aquel que vendría a liberar a Israel con el poder de la espada, sino a abrir sus fronteras con el poder del amor redentor. Costará mucho tiempo a Pedro y los demás discípulos entender todo esto de Jesús.
Al anuncio de la pasión sigue el precio y la recompensa del discipulado. Así como antes los discípulos habían participado del poder de Jesús, ahora tendrán que correr la misma suerte que el Maestro. La fidelidad total en el seguimiento implica frecuentemente dificultades y hasta persecuciones. Aceptar el discipulado cristiano sin condiciones, con todas las implicaciones que lleva consigo, es cargar con la cruz.
La negación de sí mismo debe leerse en la clave iluminadora de la cruz. Pero la cruz de la que habló Jesús tiene una dimensión más redentora y solidaria: se trata de la cruz de la injusticia, de la miseria y de la exclusión que los sistemas sociales de todos los tiempos les imponen a las personas más débiles e incluso, se trata también de nuestras propias cruces que encontramos en las dificultades de la vida, en nuestra historia personal, en una enfermedad, etc.
El discípulo de Jesús no se pertenece, pertenece a la familia de Jesús. Está siempre disponible para las urgencias del reino. «Salvar la vida»/ «perder la vida» son la expresión máxima del egoísmo o de la solidaridad: retener la vida para sí mismo, cerrando los ojos y el corazón a las necesidades de los pobres y excluidos, es perderla para la causa del reino; y entregar la vida, «descentrarse» para poner en el centro en aquéllos a los que se les niega permanente la vida o su dignidad, es ganarla para la progresiva instauración del reino.
¿QUÉ ME DICE DIOS A TRAVÉS DEL TEXTO?
Como los discípulos siento que el Señor me invita y nos invita a dos cosas fundamentales en su seguimiento:
1. La primera es tomar mi cruz, no se refiere con esto a que voy a construir una cruz de madera y voy a cargar con ella para que me vean, no. La cruz que el Señor me invita a tomar es mi historia, todo lo que fui y lo que soy. Todas mis experiencias positivas y negativas; las que me han causado lágrimas y sonrisas. Me pide que tome mi cruz cuando enfrento dificultades con los demás, cuando mis relaciones no son buenas con lo demás.
Me invita no sólo a coger mi cruz sino también las de muchos que no pueden con la suya (a través de la oración o el acompañamiento), así como lo hizo ÉL que cargó con las nuestras y las sigue cargando cada vez que pecamos.
2. Lo segundo que Jesús me pide por medio de su Palabra es seguirle, seguir sus pasos, su vida, sus actitudes, ect. Para este seguimiento necesito antes un anonadarme, negarme a mí misma, no pensar en mis intereses personales, en mi bien material e incluso espiritual sino ampliar mi mirada y mi disponibilidad y perder mi vida no de forma egoísta sino más bien perderla buscando salvar la del otro. Es ahí entonces, donde mi seguimiento a Cristo será auténtico “perdiendo mi vida” la encontraré en ÉL.
¿QUÉ LE PUEDO DECIR A DIOS?
Te doy gracias Señor por el don de tu Palabra, gracias porque no dejas de hablarme por medio de ella. Gracias mi Jesús por indicarme cómo puedo seguirte. Tú más que nadie conoces mis cruces, tú no te haces ajeno a ninguna de ellas, me ayudas a cargarla, me llenas de fortaleza para que juntos podamos con ella.
Gracias Señor porque no sólo me anuncias que tendré que morir a muchas cosas y pasar por diversas dificultades sino que también me consuelas y me llenas de esperanza diciéndome que después de la pasión y la muerte hay un paso más…EL DE LA RESURRECCIÓN.
Novicia MAR





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