LECTIO DIVINA DEL XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C, EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10,1-12.17-20
ORACIÓN AL ESPÍRITU
SANTO
Resplandezca sobre
nosotros, Padre omnipotente, el esplendor de tu gloria, Cristo, luz de luz, y
el don de tu Espíritu Santo confirme los corazones de tus fieles, nacidos a la
vida nueva en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro
Señor, Amén.
CONTEXTO
Continúan las lecciones
de discipulado. Y en esta ocasión se nos narra la misión y envío de 72
discípulos, un envío exclusivo de Lucas, aunque con materiales compartidos con
Mateo. Lucas ya había contado el envío de los Doce (9,1-6) y ahora narra el de
los 72. La pericopa no está completa, faltan los vv. 13-16. Y, después de
narrar la vuelta de los misioneros, el evangelio continúa con la exclamación
feliz de Jesús a Dios Padre porque el Evangelio ha sido revelado a los
sencillos (10,21-22). Lucas es el único evangelista que nos relata dos
envíos de Jesús, lo que confiere a este tema una importancia especial: un
discípulo de Jesús es siempre un enviado suyo, es siempre un misionero.
TEXTO
Lectura del santo
evangelio según san Lucas (10,1-12.17-20)
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos
para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y
les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al
dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo
los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni
calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre
esta casa!’. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre
él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo
y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de
casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les
sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está
cerca de ustedes’.” Pero en todas las ciudades donde entren y no los
reciban, salgan a las plazas y digan: ‘¡Hasta el polvo de esta ciudad que
se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo,
que el Reino de Dios está cerca’.
Les aseguro que, en aquel Día, Sodoma será tratada menos
rigurosamente que esa ciudad. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos
de gozo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Él les
dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder
para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del
enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los
espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en
el cielo”.
¿QUE DICE EL TEXTO?

Tras el envío de los Doce (un
número que recuerda y representa a Israel), ahora Jesús elige a 72 (un número
que hace alusión a los pueblos paganos) y los envía a anunciar el Evangelio,
porque la misión no es exclusiva de unos pocos, sino de la comunidad entera.
Los principales compromisos del misionero son tres. Primero la oración,
“rueguen”, pues la fecundidad misionera nace del contacto vivo y personal con
Dios. Segundo, anunciar el Evangelio con paz, serenidad y valentía, incluso
ante la amenaza de persecución (“como corderos en medio de lobos”). Proponer,
nunca imponer ni forzar. Tercero, llevar una vida sobria y austera. En
definitiva, vivir según el estilo de Jesús.
¿QUE ME DICE EL
TEXTO?
Jesús quiere que yo sea
misionera solo con la fuerza y el atractivo de su Palabra, sin imposiciones ni
intransigencias. Me quiere y nos quiere cercanos a la gente: la referencia a la
“casa” es una indicación de la cercanía que ha de tener nuestra misión. Y nos
quiere como misioneros unidos: “de dos en dos”, expresando así que no vamos en
solitario, que detrás de nosotros hay una comunidad toda ella misionera.
¿QUE LE DIGO YO A
DIOS?
Señor, envía
trabajadores que te anuncien con su palabra y con su testimonio de vida. Aquí me
tienes, dispuesta a ser portadora de vida. Hazme testigo humilde y valiente,
una religiosa que esta poseída por la fuerza del Espíritu que socorre mi debilidad.
Cruz M. Ajpacajá, MAR
Fuente:
La Buena Noticia de cada día,
Verbo Divino.

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