La vocación de la escucha
“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Incúlcalas a tus hijos,
y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al
acostarte y al levantarte. Átalas a tu mano como un signo, y que estén como una
marca sobre tu frente. Escríbelas en las puertas de tu casa y en sus postes” (Cfr.
Dt 6,4)
-Sólo escuchando al amado estamos habilitados
para responder según su voluntad transformadora y actual.
-La diferencia de una comunidad peregrina se
nota en el Amor al caminar manifestada en la fidelidad al Amado más aún en
medio de las adversidades.-La adhesión a un único Amor permite no distraerse con otras voces y ofrecimientos.
-Amar en este caminar no es una imposición, sino una voluntad de hacer que toda la vida gire alrededor de lo que el Señor quiere: “Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria”.
-Grabar en el corazón estos mandamientos significa anteponer los sentimientos de Dios Padre a los nuestros.
-Repetirlos a los hijos significa crecer en conciencia acerca de la responsabilidad de contribuir a que el nombre de Dios no sea olvidado; hoy es propicio realzarla por “anunciar, evangelizar”.
-Grabarlos en la mano, es decir que guíen nuestros actos.
-Marcarlas sobre la frente es tenerlos presentes en la mente para ordenar los pensamientos y puedan interpretar todo conforme a estos criterios.
Con gran razón Padre confirmamos
el sentir de S. Agustín: “Belleza siempre antigua y siempre nueva” pues tus
palabras siempre fecundan nuestro interior. Permite que en nuestro peregrinar,
en la vivencia del Don de nuestra vocación específica, aprendamos a escucharte
con menos interés personal y más pasión por vivir en Ti, en tú voluntad. Amén.
Editado por: Brenda Ovalle. Novicia

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