LECTIO DIVINA XXIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO Lc 15,1-32
CONTEXTO: Este texto forma parte del discurso
sobre la acogida de publicanos y pecadores que Jesús dirige a Fariseos y
escribas (Lc.15,1-32) ubicado por Lucas en la sección del Camino hacia
Jerusalén (Lc 9,51-19,28).
¿QUÉ DICE EL TEXTO?: En el v.1 hay un hecho: Jesús acoge a
publicanos y pecadores. La reacción de
los fariseos no se hace esperar y critican su actitud (v.2). Jesús tiene una
respuesta a través de tres parábolas. En la primera parábola resalta la alegría
del pastor por la oveja encontrada (3-7), en la segunda, la alegría de la ama
de casa por la moneda encontrada (v.8-10), y en la tercera, la alegría del
padre de familia por el hijo encontrado (v.11-32). De sobra conocemos los
textos.
Cualquiera
de nosotros desbordamos de alegría cuando recuperamos algo perdido. Si así sentimos
los humanos, ¿cuánto más Dios? Las dos
primeras parábolas avanzan por analogía: de la alegría humana a la alegría
divina. En ambas parábolas el dato central es la alegría por el hallazgo de lo
que se había perdido. Ambas parábolas operan con la correspondencia: lo
perdido-el pecador. Si un hombre o una mujer desbordan de alegría al encontrar
la oveja o la moneda perdidas, ¿cómo no va a desbordar de alegría Dios al
encontrar al pecador? Sabemos que en el evangelio de Lucas las parábolas tienen
a menudo la función de corregir el planteamiento de los interlocutores. En esta
ocasión los fariseos y letrados parten del presupuesto de que Dios no puede
aprobar el trato con pecadores. Jesús, en cambio, les habla de la alegría desbordante
de Dios y con su enseñanza quiere justificar su conducta y cercanía con los
marginados de la salvación: "Dios no quiere la muerte del pecador, sino
que se convierta de su conducta y que viva". Si tal es el pensamiento de
Dios y su acogida para con los pecadores, Cristo con su actitud y mensaje
quiere transparentar a Dios, pues Él y el Padre son uno. Dios, que es padre de
todos, no margina a nadie, sino que se alegra de recuperar y salvar al hombre
que se encuentra perdido en la soledad del pecado, devolviéndole su propia
dignidad y devolviéndolo a la comunidad.
En
la tercera parábola con la apertura de los dos actos (Lc.15,11-24.25-32) se plantea cómo el padre,
que tenía dos hijos, los perdió a los dos por
egoístas. Pero mientras el menor se alejó de casa y luego regresó
arrepentido, el mayor, no quiso entrar para celebrar con su padre, su hermano y
toda la familia la alegría de la fiesta.
¿QUÉ ME DICE A MI EL
TEXTO? Cada vez que
me acerco a la Palabra y la profundizo me da contra el piso. Conocer la
misericordia de Dios en este desborde de alegría por el pecador arrepentido me
hace sacar a la luz mis pecados y ver cómo actúa Dios ante mi miseria; y lo poco que muchas veces yo le correspondo.
Jesús
nos presenta este domingo, al Dios de la alegre misericordia. Cuando más
empecatada he estado, más me ha buscado, y después me ha cargado y sanado y su
alegría además, desbordante me ha consolado y me ha devuelto a la comunidad. En
el camino, también he perdido mucha vitalidad, esencial a mi vida consagrada, y
en el camino, el mismo Dios, me ha ido regalando nuevamente lo que había
perdido, porque Dios solo sabe lo que necesito, para darle sentido a mi
existencia y orientar mi vida hacia Él.
Y
al ver los dos hermanos, no menos puedo mirarme, y verme en ese espejo de los
dos egoístas, el del que arrebata lo que cree que le pertenece y lo malversa, y
el del que se cree que tiene derecho a todo, porque se porta bien y cumple,
menospreciando el amor del Padre, por él y por su hermano menor. También aquí
me veo en muchas ocasiones, con esos sentimientos de éxodo del padre, pero
también de encerramiento en mí misma, obcecada en mi postura sin abrirme a la
misericordia. Ambos hijos en definitiva, tienen que aprender a ser hijos,
tienen que aprender a vivir en comunión con el padre y reconocer la libertad
que siempre les ha concedido. Me pregunto ante esto: yo como agustina ¿en qué favorezco
la comunión? ¿Propicio el perdón y la misericordia de la misma manera que soy
perdonada por Dios?. Tengo que mirar continuamente al Cristo que desde la cruz
nos otorgó el perdón y la misericordia y ponerme en actitud de vuelta al Padre, cada vez que me alejo, pero también, con mirada compasiva ante los errores de mis hermanos.
¿QUÉ ME HACE DECIRLE EL
TEXTO A DIOS? Qué interesante lo que dice san Pablo en la Epístola a Timoteo: que da gracias
a Dios porque se fió de él, y le confió el ministerio de anunciarle, habiendo
sido antes un blasfemo y perseguidor. Me toca a mi apropiarme de esta palabra.
Qué importante Señor, saberme amada por ti; me amas porque soy tu hija, me amas
a pesar de mis pecados, anteriores y los de ahora; y como Pedro que te negó, y
nunca dejaste de confiar, y como Pablo que te persiguió y lo llamaste a la
misión, así, renuevas en mi cada día la confianza de que tu llamada a esta
misión es fruto de tu amor; y nada más. Responderte con amor, reconociendo que
en ti está la alegría más profunda, y en tu casa, la comunidad más amorosa, yo
vuelvo a ti, sabiendo de mis miserias, pero alegre también por tu acogida. Permíteme
llevar hasta ti los heridos del camino; que mi encuentro con ellos/as sea
desde la misericordia. Amor con amor se paga.
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