LECTIO DIVINA QUINTO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO CICLO A Mt 5,13-16


Ayer y hoy sábado el párroco junto con los equipos parroquiales, hemos estado planificando la pastoral parroquial del año en el kiosko de nuestra casa. Nuestras  formandas han estado hoy sábado,  participando también de esa planificación. 

CONTEXTO
Antes de referirse al modo de actuar de los miembros de la comunidad mesiánica, el evangelista presenta la identidad de éstos, lo que ayuda a comprender el lugar que tienen en el Reino de los cielos y su rol dentro de la misión de Jesús. Las bienaventuranzas son el camino que hay que recorrer en el seguimiento del “primer bienaventurado”. A partir de su identidad y de su unión con Jesús, los discípulos requieren ejercer su propia misión como “sal de la tierra” y “luz del mundo” (5.13.14). Las dos figuras ilustran la exigencia que implica ser testigos de Cristo. Este testimonio requiere necesariamente una manifestación frente a los demás, pero teniendo como único objetivo el dar “gloria al Padre “que está en los cielos (5,16). Dicha misión es en todo momento, un gran desafío para los discípulos del Señor.[1]
¿QUÉ DICE EL TEXTO?
Jesús le dice a sus discípulos que son la sal de la tierra; que si ésta se vuelve sosa, con qué se la salará; en todo caso, solo sirve para tirarla fuera y ser pisada (v.13). También les dice que ellos son la luz del mundo y que no se puede ocultar una ciudad que está arriba del monte (v.14); así como tampoco se enciende una vela para guardarla sino para ponerla en el candelero y que brille para todos los de casa (v.15).También les dice Jesús, que tiene que alumbrar la luz de los discípulos a los hombres para que vean sus obras y puedan dar gloria a Dios (v. 16).
Las breves parábolas de la sal y de la luz completan la proclamación de las bienaventuranzas y terminan el exordio del sermón del monte. Estos dos elementos tan necesarios en la vida cotidiana han entrado a formar parte del mundo simbólico de todas las religiones y culturas.
La tradición bíblica ha visto en las propiedades de la sal – dar sabor y preservar los alimentos- un símbolo  de la sabiduría. Para Mateo esta sabiduría es la Palabra de Dios, la Buena Noticia, no en abstracto, sino personificado en la vida de los creyentes: ustedes son la sal de la tierra.
La advertencia, “si la sal se vuelve sosa” sigue resonando hoy día, quizás con más urgencia que en otras épocas de la historia de la evangelización de la Iglesia. Nuestro mundo posmoderno que ha dado ya la espalda a todas las ideologías, sólo reacciona ante el impacto del testimonio, y sin el testimonio de una vida cristiana seria y consecuente, la Buena Noticia se convertirá en una ideología más; habrá perdido todo su sabor.
En la misma línea se mueve la comparación de los cristianos con la luz del mundo. Más explícitamente que la sal, la luz evoca el mensaje de Jesús reflejado en la conducta diaria de sus seguidores. San Pablo dirá:”si en un tiempo eran tiniebla, ahora son luz por el Señor: vivan como hijos de la luz” (Ef 5,8). También la luz, sin el testimonio, es opaca; brilla solamente a través de las obras. La práctica de las bienaventuranzas, donde se enmarca este texto,  lleva consigo una forma de vida alternativa que necesariamente será contracultural y en donde la persecución aparece como una consecuencia ineludible. Pero, incluso, o mejor, en la persecución este estilo de vida alcanza mayor plenitud de sentido: serán “sal de la tierra” y “luz del mundo”. Así realizarán la misión del Siervo de Dios: siendo perseguidos (Is 50,4-9), serán “luz de las naciones” (Is 42,6; 49,6)[2].
¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?
Me fijo en la sal: Sirve para dar sabor, preservar los alimentos y abonar la tierra para el cultivo. Aplicado a los discípulos indica que todos nosotros debemos dar sabor y valor a la humanidad. Los discípulos somos sal, es decir, sazonamos y evitamos la corrupción, y esto con carácter absoluto. Los discípulos de Jesús somos necesarios e insustituibles en nuestro mundo. Hoy, hay muchos laicos que están entregando la vida por el evangelio; mujeres sencillas, sin mucha preparación pero con un gran compromiso eclesial, me hablan de fermento en la masa y de sabor discipular.
Si se vuelve sosa: si pierde su capacidad, su esencia, su identidad….ya no sirve para lo que es. Podemos entonces, los discípulos, perder nuestra capacidad de testimoniar nuestro amor a Jesucristo. Me acuerdo aquí de la canción: “si la sal se vuelve sosa, ¿quién podrá salar el mundo?”. El mundo necesita sal, sabor, esencia, divinidad, trascendencia, salvación, consolación, entrega radical, alegría que contagie, acompañamiento, testimonio de lo que el Señor hace en nosotros, sus discípulos. Jesús no nos quiere mediocres ni tibios; nos quiere entregados de cuerpo entero; apostando lo que somos y tenemos por Él.
Me fijo en la luz: ilumina en la oscuridad. Subraya la necesidad de que las obras de la comunidad de los discípulos sean visibles por los demás hombres. La comunidad cristiana no tiene la luz únicamente como un bien interno. Ha recibido la luz y tiene que manifestarla al mundo. Los discípulos de Jesús somos luces que iluminan a los hombres y no hay más luz que la que proviene de Cristo. Invitación imperativa a serlo porque para esto estamos. De nosotros depende que los demás hombres den gloria al Padre, es decir, descubran que Dios es Padre. Y esto sólo lo descubrirán si los discípulos vivimos como tales y somos hermanas/os.
   Me fijo en el término: “vosotros”: es una exhortación a los discípulos como comunidad ("vosotros"), que pone de relieve la preocupación eclesial que tiene constantemente Mateo en su evangelio. Juntos, los discípulos hemos de ser sal de la tierra y luz del mundo; pero, incluyendo a todos, y no excluyendo de nuestra vida la evangelización en los nuevos ámbitos donde la vida se manifiesta y a la vez, donde la vida está amenazada.
Me fijo en las obras y en la gloria de Dios: Son los demás quienes descubren el talante del discípulo, sus buenas obras, y desde ese descubrimiento concluyen la existencia de un Dios Padre. Son los demás quienes descubren su importancia o valor. No son los discípulos quienes nos damos  importancia o valor. Siervos inútiles somos. Es cierto, que el Señor, nos pide hoy que mostremos nuestro amor por Él, por medio de nuestras obras, pero ¡ojo!....no nos busquemos a nosotros mismos; no busquemos nuestra gloria, pues todo es, solamente para su Gloria.

¿QUÉ ME HACE DECIR EL TEXTO A DIOS?
Señor, Jesús: hay un imperativo tuyo hoy hacia mí: ¡sé sal, sé luz!. Tengo la gracia para ello. Me regalaste el Bautismo y con El tu Espíritu. Gran responsabilidad tengo ante ti, mi Señor: ser sal, ser luz….vivir en ti para comunicar, para transparentar, para dejar que seas tú el que emerja de mí, y no yo y mi voluntad. Enséñame Señor, cada día a ser sal, a ser luz, para poder hacer resonar en mí ese canto que tanto me gusta y tanto me llega al corazón: “la vida de un misionero es dichosa cuando es libre, no se ata a la tierra y de todo se despide”…
Dame la capacidad para disolverme, para desaparecer en ti, a fin, de que seas tú solamente el que aparezca: porque tu Luz Señor, nos hace ver la luz….
Perdona mi desidia; y por tanto, mi sinsabor en muchos momentos de mi vida…Ayúdame a entregarme cada día para que tu gloria resplandezca en esta tierra y los hombres te reconozcan como salvador.
 “Cuando se muestran a los hombres las buenas obras, incluso las que se hacen por Dios, puesto que se trata de hombres piadosos y buenos, no se reclaman alabanzas humanas sino que se proponen para que se las imite. La obra de misericordia contiene una doble acción misericordiosa: una espiritual y otra corporal. Con la misericordia corporal se socorre a los hambrientos, a los sedientos, a los desnudos y peregrinos; pero cuando estas mismas obras son manifiestas, a la vez que provocan a la imitación, alimentan también los espíritus y las mentes. Uno se alimenta con la buena obra y el otro con el buen ejemplo, pues ambos tienen hambre. Uno quiere recibir con qué alimentarse y el otro quiere ver algo que imitar. La lectura del evangelio que acaba de leerse nos habla de esta verdad. A los cristianos, que creen en Dios, que obran el bien y mantienen la esperanza de la vida eterna como recompensa a las buenas obras se les dice: Vosotros sois la luz del mundo. Y a la Iglesia entera, difundida por doquier, se le dice: No puede esconderse una ciudad construida sobre un monte (Mt 5,14). ()En efecto, el hombre que obra el bien es una lámpara, pero ¿qué es el candelero? Lejos de mí el gloriarme, a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, quien obra por Cristo y según Cristo, para no ser alabado más que en Cristo, es un candelero. Alumbre a todos, vean algo que imitar; no sean perezosos ni áridos; les es útil el ver; no sean videntes con los ojos y ciegos en el corazón (…) Cuando buscas tu alabanza, te has quedado en la mirada de los hombres; cuando buscas la alabanza de Dios, has adquirido la gloria eterna. Obremos así, no para ser vistos por los hombres; es decir, obremos de tal manera que no busquemos la recompensa de la mirada humana. Al contrario, obremos de tal manera que busquemos la gloria de Dios en quienes nos vean y nos imiten, y caigamos en la cuenta de que si él no nos hubiera hecho así, nada seríamos”. (San Agustín, Sermón 338).
Nieves María Castro Pertíñez. MAR







[1]  Consejo episcopal latinoamericano. . Evangelios de la Biblia de la Iglesia en América. Sociedad bíblica colombiana – Bogotá, 2011. P. 30
[2] Alonso Schokel, L. La biblia del peregrino. Ed. Mensajero, 2007. P. 1516






Comentarios

Entradas más populares de este blog

Lectio Divina III Domingo de Pascua, CICLO A - Lucas 24,13-35

Día internacional del idioma

TALLER DE "EXPERIENCIA DE DIOS"