FORMA DE VIDA DE LOS FRAILES AGUSTINOS DESCALZOS ( PRIMERA PARTE)




Beber de las fuentes: Forma de vida de los Frailes Agustinos Descalzos.

Es importante hoy ir a documentos que están en la base de nuestra identidad, son parte de la fuente que bebieron nuestros antepasados para leerlos con los ojos de hoy y descubrir lo que nos dicen los signos de hoy desde esa historia-vida, ¿que los animó?, en esta ocasión me refiero a la forma de vida de las frailes agustinos descalzos, que ayudó a dar identidad y forma a la recolección escrita por Fray Luis de León el veinte de septiembre del mil quinientos y ochenta y nueve.

 La forma de vida de los frailes Agustinos Descalzo es diseñada para cuidar el cumplimiento de los votos, que son la forma de vida  que el religioso a optado vivir para el camino hacia la caridad y desde la inspiración del propio Espíritu Santo que impulsó  los movimientos de reforma de la época, se resalta que los que la desean vivir han de tener disponibilidad y llevar a cabo ciertas normas. Y se escriben  para vivir una vida auténticamente evangélica.

En el capítulo uno referido al culto y al oficio divino se resalta el sumo cuidado y delicadeza en cuanto al culto y la alabanza a Dios se refiere,  pues la meta es amar a Dios. Los horarios propios para el rezo son bien específicos y  destaca el hecho de hacer todo con quietud y ánimo de espíritu y llama a perseverar en cuanto a la oración mental, los sacramentos y la meditación. Se manda a no atender a nadie en las horas del coro y oración para salvaguardar lo más preciado de un religioso o religiosa que es la relación con Dios, se manda a guardar el silencio, a no perder el tiempo en pláticas y buscar la perfección en amar a Cristo. Se manda a que las áreas sagradas se mantengan lo mejor posible, si en todo lo demás somos pobres en esto hemos de ser ricos. Se hace prioritario en estos día de tanto ajetreo y actividad el respeto de los espacios de oración, pues estos son la base de la relación con Dios y me atrevo a decir que es en lo primero que no debemos fallar y cuidar como una perla preciosa.

En el capítulo dos nos habla de la caridad y amor entre sí mismos, propone que las comunidades que no sean de novicios sean de máximo 14 hermanos, pues entre pocos se conserva mejor el amor y crece más con la igualdad; se manda que el trato con todos sea igual, se toma en cuenta a los más débiles y a los enfermos pues se pide que en todas las casa halla enfermerías que den al oratorio.  Me parece interesante rescatar el sentido comunitario de la igualdad, y no solo en cuanto a lo exterior sino más bien en cuanto ¿Qué tanto me preocupan TODAS mis hermanas de mi comunidad? 

En cuanto a la obediencia a los prelados que habla el capítulo tres, relaciona al prior con un padre de todos, sugiere que se eviten los chismes y murmuraciones sugiriendo al superior que se aconseje pero que si no son asuntos relacionados a las constituciones ni aceptar a algún novicio, sea él quien decida. Y resalta que «la diferencia de pareceres es semilla de discordia, así el obrar con consejo es camino de acertamiento». Y creo que esto cabe en la confianza que le tenemos a Dios, pues en nuestras hermanas superioras creemos que es Dios quien obra, es el Espíritu Santo quien nos guía y todas desde donde nos encontramos somos sus instrumentos, por eso entiendo que antes de juzgar y criticar debemos ayudar, colaborar y proponer.

En el capítulo cuatro trata de la pobreza en común y en particular, resalta que la verdadera pobreza viene de la libertad personal, de no estar apegado a nada pero que en el camino a esta es necesario el desprendimiento de lo material, se propone una vida austera, sin comodidades, ni caprichos, donde nadie tiene nada propio sino todo es común, se manda a que los edificios y las celdas sean sencillas sin lujos y resalta el ideal agustiniano de tener lo NECESARIO. Hoy nos viene bien una revisadita por la habitación y por el corazón y preguntarme ¿que realmente me mantiene en tierra?, ¿Qué no permite que mi entrega sea total?, ¿lo que digo que necesito, realmente es necesario o son caprichos? 

En el capítulo cinco se habla de los ayunos y asperezas, de la necesidad de la mortificación, de disciplinar las pasiones, reconociéndonos peregrinos y sin exageraciones. Esta parte me llama la atención, pues hay situaciones del día que tenemos la oportunidad de vivir como es mortificación, y en vez de quejarnos, de preguntarle a Dios ¿por qué vivo esta u otra situación?, decidir ofrecer los pequeños sufrimientos del día a la cruz de Cristo, es una opción bastante evangélica y desde la certeza de que vamos de paso, el único eterno es Dios.

En el capítulo seis recuerda la encomienda de San Pablo, lo necesario del trabajo para el hombre y su sustento, se manda a trabajar. Es bueno tener siempre presente este aspecto ya que todo cuesta y es una responsabilidad para él y la religiosa recoleto-recoleta trabajar y es parte del sentirse parte de una gran familia.
Karen Beatriz Polanco Peguero Novicia MAR.

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