Lectio Divina, XXX Domingo Tiempo Ordinario-Ciclo A
“De
estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas”.
1.
Invocación:
Al empezar nos reconocemos llamados y
amados por Dios, que enciende en nuestros corazones el deseo de escucharle y ajustar
nuestra vida cada vez más a su voluntad.
Pedimos su auxilio:
Estoy aquí, Padre; confirmando que Tú
ya me estabas esperando, estoy aquí con el deseo de abrirme a Ti, a tu voz, a
tu voluntad, a tu instrucción, a tu amor.
Estoy aquí y siento que ante tanta bondad tuya preciso mucho más de tu
Espíritu para detenerme a leer, reflexionar, meditar, orar y actuar desde tus
Palabras.
Desde mi interior, llámame con
insistencia, Dios Uno y Trino, rompe mi sordera, ordena mis pensamientos,
siembra tu paz en mis guerras interiores para que, dejándome amar por Ti,
aprenda a amarte en mis hermanas y hermanos.
Amén
2.
Lectura:
Mateo 22, 34-40: Reparemos en el regalo
que Dios nos hace a través de este mensaje de amor escrito, con la disposición
de leer de forma pausada, atenta, y con la fe de que Dios nos quiere decir algo,
respondiendo a la pregunta ¿Qué dice el texto?:
34Al enterarse los fariseos de que había tapado la boca a los
saduceos, se reunieron alrededor de él; 35y
uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente:
36-Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley? 37Le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Éste
es el precepto más importante; 39pero
el segundo es equivalente: Amarás al
prójimo como a ti mismo.
40De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.
3. Contextualización:
Como venimos notando, en esta sección del evangelio según san
Mateo se acentúa la tensión entre Jesús y sus adversarios. El acoso de estos tiene los rasgos de un
proceso organizado, a través de comisiones aliadas por parte de los grupos
religiosos, dispuestos a poner en duda el mensaje del Reino de Dios; la respuesta
de Jesús ante su actitud reviste ya el devenir de una condena implacable.
Es necesario recordar que detrás de este contexto conflictivo
entre Jesús y sus adversarios está el enfrentamiento posterior entre la
comunidad de Mateo y el judaísmo, cuando la ruptura entre ambos ya había tenido
lugar.[i] El seguir al Dios de Jesús representa para el
nuevo pueblo de Dios una conversión sobre todo en la interpretación de la Ley y
los Profetas, así como en las actitudes y sentimientos hacia sus hermanos, que
no tendrán ya como fuente un cumplir por cumplir sino el mismo amor de Dios
entre los hermanos, sin exclusión de raza, lengua, condición.
a)
Adversarios: Sumos sacerdotes, Escribas, Maestros de la Ley,
Fariseos, Herodianos, Saduceos; se dirigen a Jesús con el título de maestro, que en el evangelio de Mateo
sólo encontramos en boca de los que no saben quién es Jesús. Quienes le conocen, como los discípulos, le
llaman Señor.
b) A preguntas capciosas,
respuestas inesperadas: ¿Es lícito pagar
tributo al César o no? Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de
Dios; ¿En el día de la resurrección, de quién de los siete será mujer? Cuando
resuciten, no se casarán ni los hombres ni las mujeres, sino que serán como
ángeles de Dios en el cielo; ¿Cuál es el precepto más importante en la ley?
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu
mente y amarás al prójimo como a ti mismo… las opiniones de los diversos
maestros de su época eran tan encontradas y eruditas, que quienes le hacen la
pregunta esperan que Jesús no sepa responderlas. Sin embargo, son ellos los que se quedan
atónitos y sin respuesta antes las palabras de Jesús, que supera de nuevo el
estrecho horizonte del planteamiento que le hacen, y se sitúa al nivel de las
opciones profundas.
c)
El precepto más importante: La pregunta se explica porque los
fariseos contaban con 613 preceptos en la ley.
Había que saberlos y practicarlos todos.
Jesús responde combinando Dt 6,5 con Lv 19,18. Para Jesús, el fundamento
de la relación con Dios y con el prójimo es el amor solidario. La integración
de los dos amores, de Dios y del prójimo, es su enseñanza fundamental. Lo
importante no es saber cuál es el mandamiento importante, sino buscar el origen
de todos ellos. [ii]
d)
La Ley y los Profetas son toda la Escritura (Mt 7,12), pues
bien: el amor es la clave de la Escritura, el indispensable principio
unificador que elimina toda posible dispersión y el criterio básico de
discernimiento. No se puede observar de verdad la Ley si falta el amor (Rom
13,9; Gál 5,14; Sant 2,8).[iii]
4. Meditación: ¿Qué nos dice el texto como pueblo de
Dios? ¿Qué nos dice comunitariamente? ¿Qué dice hoy a mi vida?
A través del silencio dejo
a Dios que interpele mi contexto con sus luces e invitaciones. Dejo resonar
algunas preguntas: ¿Conocer las Sagradas Escrituras me lleva a vivir más
humanamente? ¿Conozco a Jesús? ¿Qué es amar al prójimo según la perspectiva de
Jesús? ¿Descubro el amor de Dios en mí?
5. Oración: Expresamos a Dios nuestra respuesta a su
Palabra. El tono de la oración siempre
es variado –súplica, perdón, alabanza, gratitud, etc.- lo importante es que
este untada de fe, confianza y esperanza.
Padre
Bueno, me has creado para amarte y para amar a mis hermanos.
Tu
Palabra llega a mi vida como el agua a los sembrados.
Conoces
Señor el deseo de vivir tu voluntad, es decir, aprender a amar cada vez más
limpiamente… sí, Señor, lo conoces porque me viene de Ti.
Sabes
lo difícil que me resulta darle manos, pies, palabras, actitudes, silencio y
otras más, a la experiencia clara y viva de tu amor en mi pobre vida… dejándome
amar por Ti aprendo a amarte; sin embargo aprendo que tu abrazo misericordioso
es la invitación clara e insistente a salir de mí y amar a mis hermanos y
hermanas.
Gracias
por seguirme enviando a amar, gracias por regar la tierra de mi corazón con tu
agua, gracias porque ella me consuela, me anima, me da fortaleza para no
desistir en tu Evangelio.
Gracias
por hablarme tan claramente, te pido Señor que me sigas auxiliando en el
aprendizaje de amar cada vez más, negándome a mí misma. Amén.
6. Contemplación y acción: Enfoquemos los ojos del corazón, en Jesús entregando la vida en la
cruz; amando a Dios por encima de todo y amándonos a nosotros, sus hermanos.
Aquel
que respondió a los fariseos “Amarás al
Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste
es el precepto más importante; pero el segundo es equivalente: Amarás al
prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas”
vive en sí mismo lo que enseña.
Al
contemplar el amor total entregado en el calvario y en la Eucaristía,
reconozcamos a Jesús como nuestro maestro en el amor a Dios y al prójimo.
Dejemos que esta experiencia se una a un compromiso de amor en la familia, la
comunidad, el trabajo, el apostolado, etc.
Brenda
Ovalle, Novicia MAR




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