XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A- SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO.
¡VIVA CRISTO REY!
| Iniciamos este primer día de retiro del Capítulo Provincial con la oración de laudes y la Eucaristía presidida por el p. Jorge Chaparro. OAR
CONTEXTO:
|
Este texto,
curiosamente, ya al final del capítulo 25 está precedido de la parábola de las
diez vírgenes, exclusiva de Mateo, que describe la situación de los que viven
en la esperanza el tiempo intermedio entre la resurrección y la parusía, siendo
el centro del mensaje la necesidad de una preparación (para la boda). En
continuidad a este texto viene el de los talentos que ya vimos el pasado
domingo; de igual forma, invitaba a la diligencia y a la fidelidad mientras se
consuma el tiempo del juicio de Dios. En esta fiesta de Cristo Rey, coronando el
ciclo litúrgico, conmemoramos esta solemnidad, donde el reinado de Dios, basado
en el amor por el mundo, debe ser la invitación para que todos participemos de
este reinado. Hoy, especialmente, se nos invita a poner la mirada en
Jesucristo, primogénito
de entre los muertos, cabeza de la humanidad y de la Iglesia, que vino a
servir y a dar su vida por nosotros siendo nuestro Pastor (1ra. lectura),
nuestro Rey (2da. lectura) y nuestro Juez (Evangelio).
¿QUÉ DICE EL TEXTO?
31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su
gloria acompañado de sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.32
Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de
los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.33 Pondrá las
ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.34 Entonces dirá el Rey a
los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino
preparado para vosotros desde la creación del mundo.35 Porque tuve hambre, y me
disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me
acogisteis;36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la
cárcel, y vinisteis a verme.”37 Entonces los justos le responderán: “Señor,
¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de
beber?38 ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y tevestimos?39
¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”40 Y el Rey les
dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más
pequeños, a mí me lo hicisteis.”41 Entonces dirá también a los de su izquierda:
“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus
ángeles.42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no
medisteis de beber; 43 era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no
me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.”44 Entonces dirán
también éstos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o
desnudo o enfermo o en la cárcel, y note asistimos?”45 Y él entonces les
responderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos
más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.”46 E irán éstos a un
castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»
La intención de este discurso no es
describir los acontecimientos finales, sino que trata de inculcar la
preparación necesaria para superar con éxito la prueba final. Y también pretende poner de relieve el significado
central de la figura de Jesús, el Hijo del Hombre. Los que son recibidos en el
reino son los que tuvieron amor misericordioso con el prójimo.
El pensamiento judío era muy simplista
a este respecto, puesto que se imaginaba sencillamente que el juicio de Dios
confundiría a todos los paganos (Is 14. 1-2; 27. 12-13). Puede distinguirse, en efecto, una corta
parábola del pastor que separa a las ovejas de los cabritos (vv. 32-33) y una
serie de palabras en las que Jesús se identifica con aquellos a quienes se ha
hecho bien (vv. 35-40, 42-45), palabras que pudieron ser en su origen prolongación de Mt 10. 42.
La separación entre ovejas y cabritos
(vv. 32-33) es una imagen tomada de las prácticas pastorales palestinas, según
las cuales los pastores separan a los carneros de las cabras, ya que éstas, por
ser más frágiles, requieren una mayor protección del frío. Es probable que
Cristo quiera atribuirse tan solo, por medio de esta parábola, las funciones
judiciales del pastor de Ez 34. 17-22. En este caso, desearía recordar que el
"juicio" no será una separación entre judíos y no judíos, sino, tanto
dentro como fuera del rebaño, una separación entre buenos y malos. El juicio no
será ya ético, sino moral.
En el decir de Schökel, las seis
maneras de manifestar el amor al prójimo se encuentran en el Antiguo Testamento
(Is 58,7; Job 22,6s), pero aquí son
manifestación del precepto fundamental del amor. La doctrina de Jesús excluye el
espíritu financiero, el hacer algo para conseguir una recompensa de Dios; si así
fuera, Dios no tendría más remedio que premiar al fiel. Se podría actuar,
entonces, no por Dios sino contra El, para atarle las manos y obligarle a
retribuir a sus devotos. Una tergiversación de la verdadera religión. La sentencia definitiva se apoya, pues, en
los motivos del servicio caritativo al
prójimo necesitado. Las obras de misericordia realizadas por amor aparecen
liberadas de cualquier clase de limitación que condicione su valor. Jesús se
dirige a todos indistintamente demostrando así que también fuera del ámbito
visible de sus discípulos, de su Iglesia puede acontecer el reino. La Iglesia
no se identifica con el reino, sino que es su humilde servidora. El reino, acontece también más allá de sus fronteras
visibles; es lo que se ha llamado el “cristianismo anónimo”. La escena nos hace comprender que muchos, sin
conocer la persona de Jesús, se ajustan a los valores del reino en la entrega y el amor al prójimo,
y eso decide su destino. El juez universal está “de incógnito” en todos los pobres de la tierra, oculto en
todos los rostros doloridos, pero esa presencia oculta se pone de manifiesto en el momento final. Por otro
lado, esta enseñanza de Jesús se dirige a los cristianos que han descuidado su
compromiso práctico para despertarles de su letargo y recordarles que el
destino de cada uno se decide en la actitud que tenga ante los necesitados en
este tiempo que precede a su venida[1].
La caridad aparece como el instrumento esencial de la
instauración del Reino de Dios (1 Co 13. 13)[2].
Los cristianos estamos obligados no
menos que los otros hombres a amar a nuestros hermanos, pero la fe nos obliga a significar
la densidad divina contenida en esa fraternidad y ser así, de antemano, los testigos de lo que
se aclarará en el juicio, cuando Dios revele a todos los hombres su presencia y
su acción en la fraternidad y su solidaridad.
Lo que no constituye novedad dentro de
la Biblia es la identificación del rey
con los necesitados: "cada vez que lo hicisteis con uno de mis
humildes hermanos, conmigo lo hicisteis". Esta identificación, en efecto, constituye
desde el Éxodo uno de los rasgos característicos del Dios bíblico.
Al Reino de Dios no se accede por la
sola vía religiosa. Frente a una concepción restrictiva del Reino de Dios,
Jesús propone una concepción universal del mismo. Esta es la intención
prioritaria del texto y que convierte al mismo en texto capital para la
humanidad, por cuanto, al no hacer de la religión condición esencial para
encontrar a Dios, cualquier humano puede llegar a Él, siempre que su vida tenga
la calidad de la solidaridad. Es precisamente ésta la calidad que caracteriza
al Dios bíblico desde el Éxodo hasta Jesús. A través de ella es como Jesús ha
revelado a Dios y como se ha convertido en Rey del Universo[3].
Me fijo en Jesús
En este texto
Jesús no actúa, sino que hace un discurso. Su actuación ha sido y será un continuo testimonio de
entrega, solidaridad y justicia que le llevarán a la cruz en un proceso de descendimiento,
anonadamiento y desprendimiento de todo su ser para enriquecernos a nosotros.
Después, Dios lo exaltará y le dará el nombre sobre todo nombre,
constituyéndolo rey del Universo. Fijarme
en Jesús para entender y apropiarme de este pasaje es fijarme en su manera
de vivir, de humanizar, de aproximarse a nosotros, encarnándose, y asumiendo nuestra
naturaleza humana para no ser un Dios extraterrestre sino metido en el corazón
del hombre en todas sus dimensiones y carencias. El Señor me da una fuerte
lección en este día. El es el Rey del Universo. Él ha conquistado su señorío no
a la fuerza, ni imponiéndose, ni esclavizando, sino sometiéndose, humillándose
para elevarnos. Más allá de qué nos va a separar en el juicio final según
nuestras actitudes buenas o malas, solidarias o insolidarias, siento el fuerte
llamado a la caridad, porque Jesús se está identificando en el hermano, en el
pequeño, en el pobre, en el que sufre, en el que ha perdido su dignidad, en el
que no tiene apariencia humana, en el que incluso me puede repugnar.
También yo fue
ungida como reina en mi bautismo; es decir, como verdadera hija de Dios; y si
le preguntase a Jesús hoy mismo ¿Qué quieres de mi?: la luz de esta Palabra me diría justo esto: que
me ames, que me adores en el hermano, que me ofrezcas todo lo que eres en esa
persona que está a tu lado, en aquella que no conoces, en la que sufre, en la
humanidad rota y devastada por la injusticia y el desánimo. Entonces,
ahora cuestiono mi caridad: mi manera de amar a Dios. Ya no se trata de
sentimientos; tiene que ser una práctica continua de opción por la fraternidad,
empezando por casa y después, como dice san Agustín, del amor exuberante de la
comunidad brotará la misión, es decir, el deseo de salir al encuentro del otro
para tenderle la mano y amar a Dios en él, no importándome el trato que reciba.
| Tuvimos la primera charla del retiro dirigida por la Hna. Ana de Dios Berdugo. |
¿QUÉ ME HACE DECIR EL TEXTO A DIOS?
Jesús, nuevamente,
me impacta tu enseñanza; hoy me muestras la novedad de tu relación con
nosotros. Eres un Dios tan cercano y próximo, tangible y visible que te revelas
en cada uno de nosotros. Eres sensible y solidario conmigo; toda mi vida te he
palpado y cada día más me abrazo en este encuentro divino y humano que me ayudan
a descubrirte presente y real, y vivo, sobre todo en el hermano/a que sufre.
Perdóname Señor
por tantas veces ignorarte. Tu eres
mi Rey, el dueño de mi corazón; pero me falta ponerme muchas veces a un
lado para que te sientes en el trono de mi conciencia, de mi actuar, de mi
pensar y sentir con tu corazón amoroso y solidario.
Sé que me vas a decir: ...”a mi me lo hiciste”:
Cuando acompañaste a los
hermanos/as caídos/as.
Cuando consolaste y
tendiste la mano.
Cuando brindaste la
ayuda que te pidieron.
Cuando renunciaste a tus
intereses por ayudar a otros.
Cuando pudiste
compadecerte y ser gratuita con los demás.
También sé que me vas a reclamar:..”¡no lo hiciste conmigo”!..
Cuando me negué a hacer
el bien, poniendo excusas.
Cuando solo pensé en mí.
Cuando no gasté todo mi
tiempo en aquellos que me necesitaron.
Cuando no me movió la
compasión, porque busqué más bien la recompensa.
Cuando las cosas han
estado antes que las personas.
Cuando no miré a mi
hermana/no con tus mismos ojos…
Cuando no acogí ni
perdoné; pasando factura.
Cuando viví indiferente
frente al dolor ajeno.
Por eso Jesús mío,
ayúdame a crecer en caridad; es el camino más corto y más recto para llegar a
ti. Siento que todavía no se amar; sobre todo amar a tu manera. Enséñame Jesús
con tu ejemplo y dame esa gracia de vivir íntimamente unida a ti para que tu
amor se transparente en mi vida.
“Y como le
preguntasen: ¿Cuándo te vimos hambriento?, respondió: Cuando
lo hicisteis con uno de éstos mis pequeños, conmigo lo hicisteis. De esta manera se manifestaba
como fiador de los pobres, como fiador de todos sus miembros, puesto que, si él
es la Cabeza, ellos son los miembros, y lo que reciben los miembros lo recibe
también la Cabeza.(…) Ambicionad esto, compradlo, prestad para alcanzarlo.
Tenéis a Cristo sentado en el cielo y mendigo en la tierra. Hemos hallado cómo presta
a interés el justo. Todo el día se compadece y presta a
interés”. (San Agustín; Comentario al salmo 36, 3,6)
Nieves María Castro Pertíñez. MAR
| Nuestras servidoras durante el Capítulo que laboran con alegría y donación |
Comentarios
Publicar un comentario