Retiro espiritual del mes de Septiembre.




El pasado domingo 13 de Septiembre, nos dimos cita en el colegio de las hermanas Esclavas del Sagrado corazón, religiosos y formandos de distintas congregaciones de Bogotá, convocados por la CRC, para el retiro preparado para este mes titulado: Espiritualidad y profetismo, un desafío de la Vida Consagrada hoy. En este retiro nos acompañó con su reflexión la hermana Ana de Dios Verdugo.

Aquí les compartimos una síntesis de lo tratado en este retiro:

Debemos partir de que como consagrados tenemos el compromiso en la misión de anunciar a Jesús en la transformación del tejido social.

Reconocer que nos falta Espiritualidad, profundidad en nuestra experiencia de Dios, una Espiritualidad que nos transforme y nos ponga en movimiento.

Hoy tenemos que hacer la opción por el Ser humano, tener compromiso con las víctimas.
Ante la realidad externa: de guerra, violencia, injusticia, pobreza, desplazamientos, hoy todos los problemas alrededor de la frontera colombo-venezolana. Hoy la sociedad tiene heridas que claman ser curadas.

Ante una realidad interna: de individualismo, donde muchas veces nos falta la alegría, no cultivamos la propia vocación, y hay quienes viven con caras avinagradas.

Podríamos decir que la vida consagrada se encuentra en:
Caos: lo que se puede leer con esperanza, en el Génesis cuando todo estaba en caos el Espíritu lo ordenó todo, pues nos encontramos en una etapa de dejarnos hacer una nueva creación. Es un momento pasajero, a la vez creativo y de luz.
Noche Oscura: lo que viene a significar un período de poda, catarsis, conversión. Una etapa donde nuestra fe será fortalecida. Cuando  la noche está más oscura es que va a amanecer.
Ocaso: hay formas de vida consagrada que han desaparecido o van a desaparecer, en este punto debemos preguntarnos: ¿Qué debo cambiar?
Invierno: En el invierno, la naturaleza trabaja a nivel de raíces, que son las que aseguran la continuidad de la vida. Este es tiempo de revisión y renovación.

Espiritualidad y profetismo en las Sagradas Escrituras.
La Espiritualidad de misión implica profundizar la Palabra de Dios, y descubrir su riqueza, más en este mes de la Biblia.

En este día nos fijamos en el texto de Jn. 11, 19-37.
Juan es el evangelista que recoge y elabora el encuentro de Jesús con Marta, María y Lázaro.

Marta: no solo es la señora de la casa, que trabaja; sino que conoce los misterios de la persona de Jesús. Lo reconoce como Mesías.
A ella le mueve el amor; es la primera que acepta y confirma su fe como experiencia de la Resurrección.

Es necesario que creamos en la Resurrección, que dejemos a Jesús resucitar cada día en nuestro corazón.

Marta cree en el Jesús que hace milagros (como los demás judíos que allí se encontraban), pero da un salto cuántico en la fe:
Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?"
Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo". Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: "El Maestro está aquí y te llama"(25-28).
Que Jesús es la Resurrección y la Vida, se convierte en una nueva concepción de su fe, no es algo que vendrá, del futuro; sino alguien que ya está presente.

Luego de este encuentro Marta no necesita ir a la tumba vacía, su misión es confesar a Jesús vivo y presente actuando hoy.

Hoy necesitamos anunciar con confianza y fe, nuestra vida tiene que ser una confesión de amor, el anuncio de que Jesús está presente.
También trabajamos: Mt. 10, 5-15 (síntesis de la organización y enseñanzas de Jesús acerca de la misión).

En este texto, Jesús les habla a sus discípulos, a los más cercanos, también nos habla a nosotros hoy, comunidad para el servicio del Reino.

Para Jesús el envío a la Misión hace parte de la formación de sus discípulos, su escuela era Teórico-Práctica.

Jesús se entiende como enviado del Padre, y con esta convicción envía a sus discípulos (con sus debilidades). Así nos envía a nosotros desde nuestras limitaciones, cosas que sanar, mejorar; todo esto es también parte de la Misión.

Nuestra Misión es la Misión de Jesús. El plan de Salvación que reside y proviene del Padre; a través de Jesús: curar, predicar, acompañar, vivir en la itinerancia, construir comunidad…RECUPERAR AL SER HUMANO Y DARLE LA DIGNIDAD DE HIJO DE DIOS (esta es la gran Misión), mostrar el Dios de la Misericordia.

Nuestra Misión tiene origen divino, somos colaboradores, el que hace la misión es el mismo Dios. Él sabe cuándo y cómo. No debemos dudar del poder de su Palabra, cuando soy consciente de que no soy yo el  que hago las cosas, el Padre es el que mueve a las personas a aceptar el plan de Salvación.

Sanar y salvar al mundo herido. Salvar a una persona, implica, integrar a la persona a la comunidad, para que crea, ame y sirva.

Vivir la misión de Jesús: Proclamando la Palabra, curando las dolencias, purificando las intenciones del corazón y expulsando demonios.
El anuncio del Evangelio debe brotar de una Espiritualidad sólida, para que nuestras acciones y nuestra predicación tengan autoridad. Esta autoridad solo nos la da el empaparnos de la Sagrada Escritura y el dejar actuar la Ruah para que nos transforme.
La invitación es a preguntarnos ¿Cómo estamos viviendo nuestra consagración? Escuchar, leer la Palabra y preguntarme ¿Qué me mueve? Debemos entrar en nuestros sótanos, con toda verdad, para encontrarnos con Dios y abrazar con gozo su voluntad. Y ahí salir de sí, del egoísmo.

Es también un compromiso hoy para nosotros ser testimonio en el mundo de oración, y enseñar a orar a los que con nosotros comparten.
La Misión siempre implica saber “llegar” (con sencillez, humildad, respeto, escucha, con el mensaje de paz) y saber “Salir” (Porque la misión está cumplida o Porque no hay nada que hacer),  la itinerancia.

Hoy necesitamos salir de nuestros conventos y hacer la revolución de la ternura a la que nos invita el Papa Francisco. Trabajar en lo esencial, aquello que alimente a la continuidad.
Desafíos para los consagrados hoy:


1-Reconocer y confiar en la acción del Espíritu Santo.
2- Mirar con Esperanza.
3- Ser cercanos a los más pobres.
4- Ser fermento nuevo para una nueva Evangelización.
5-Construir un nuevo orden de relaciones humanas.
6-Ser conscientes de nuestras debilidades y no poner la confianza en nosotros.
7- Ser alternativa de convivencia.
8-Nueva noticia.
9-Renovar nuestras comunidades.
10-Dejar actuar al Espíritu, renunciar a tenerlo todo calculado.
11-Renovar nuestras comunidades.
12-Implicarnos en el Postconflicto.



Preguntas para meditar:
1. ¿Cómo estoy viviendo mi Vida Consagrada en esta etapa, en esta realidad concreta de mi comunidad, iglesia y país?
2. ¿Cuál es mi respuesta a la realidad que viven mis hermanos en la frontera, la marginalidad?
3. ¿Qué nos impide salir hoy de nuestros conventos para ser testimonio vivo de la Resurrección del Señor y anunciar su Palabra desde lo profundo?
Apropiación:
En estos  tiempos, por todos lados hay  malas noticias, catástrofes, guerras, y un montón de situaciones que exigen de nosotros los  consagrados, el testimonio de amor misericordioso de Jesús, este testimonio no será verídico si no lo vivimos primero nosotros, si yo no experimento a Jesús vivo y actuante, en mi vida, en los problemas y situaciones de cada día. Si Jesús no es mi centro, seré una campana hueca, vacía, un árbol seco. Jesús es buena noticia, trae alegría, paz, esperanza, y es necesario no descuidar el encuentro personal con Él para llevar a todos su Evangelio.


Karen B. Polanco
Novicia MAR











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