¿CÓMO PODRÉ PAGARTE MI SEÑOR?


En las vísperas de mi partida de la Casa Noviciado, en medio de sentimientos encontrados, quisiera por medio de este escrito agradecer a Dios por todas las bendiciones que a lo largo de estos dos años de noviciado me ha regalado.

En verdad que son tantas cosas por las que quiero agradecer a Dios que no sé por dónde comenzar, mi corazón se siente lleno de su amor y de su misericordia.

Gracias mi Dios por permitirme compartir la diversidad, la alegría, la fe, las ideas, el desaliento que se fortalecía en la comunidad… gracias por el carisma, por la congregación, por nuestros fundadores, por cada hermana y compañera, gracias por reunirnos, atraernos con tus lazos de amor y hacer de nosotras hermanas con “un alma sola y un solo corazón en Dios”.

Papito Dios te agradezco porque en este tiempo han sido muchas las oportunidades de crecimiento, gracias por cada clase en las que una a otra nos enriquecimos con nuestros aportes, gracias por el CER y los compañeros de camino, de seguimiento.

Como no darte las gracias por los espacios de oración personal y comunitaria, por el acompañamiento, el discernimiento, gracias por regalarme cada día tu Palabra que aunque en ocasiones parece dura siempre está llena de amor, gracias por tu presencia en la Eucaristía, por la misa en casa en donde además de sentirme en comunión contigo y la comunidad fueron momentos de vencer retos, aún tengo presente en mi memoria las primeras veces que acompañe a la Hna. Nieves Mary tocando la guitarra y cómo ella me impulsaba a seguir perseverando. Gracias Señor por la vida de san Agustín y por todo lo que nos ha dejado en sus escritos, en su testimonio, gracias por la experiencia de los retiros y talleres agustinianos que fueron acompañando mi espíritu.


La vivencia en la experiencia apostólica en Ecuador, con el grupo de ancianitos, enfermos, familias, de personas como María Segunda, José, Briseida, Stephania, Sandra, Carolina, Cielo, Santiago, Wilmer, Elina… son y siguen siendo motivo del amor que Dios me tiene y de mi consagración, cada una de estas personas y muchas otras representan a Cristo mismo.

Quiero agradecer Señor especialmente por la vida de la Hna. Nieves Mary, a quien con mucho cariño llamo “Madre” y cómo no hacerlo si en este tiempo me ha colmado de su cariño, paciencia, entrega, testimonio, sabiduría, renuncia, disponibilidad… y claro está de sus correcciones que me hacen recordar sus palabras “a Dios rogando y con el mazo dando”, Madre muchas gracias y que el Señor la continúe iluminando y fortaleciendo en todo lo que usted necesita.

Gracias Dios por la Provincia Nuestra Señora de la Consolación por los esfuerzos que realiza para la formación y a la Provincia de San Agustín por su acogida.

Gracias mi Vida por el don de la consagración, por darme tu gracia y permitirme entregarme a Ti, concédeme cada día vivir en disponibilidad a tu voluntad, regálame un corazón indiviso que solo sea para Ti y hazme amante de tu Cruz.

Quiero agradecerte Señor por regalarme a María como Madre; gracias Mamita María por interceder por mí y por todos tus hijos, gracias por ser puente para llegar a tu Hijo y por ser la discípula fiel. 

Una vez más gracias por este tiempo de noviciado, por todo lo que hay en mi interior y que no encuentro palabras para escribirlo. En este momento quiero hacer propias las palabras de este canto “La vida de un misionero es dichosa cuando es libre, no se ata a la tierra y de todo se despide”. Señor misión es siempre partir, ayúdame a responder con generosidad a la nueva misión que pones en mis manos. ¡Señor en Ti confió!

¡Gracias Colombia, tierra querida! por acogerme, darme tu cariño y tus bendiciones ¡Dios te pague! Y hasta pronto.

Miriam Viviana Horta Colín, MAR

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