“LA ORACIÓN EN SAN AGUSTÍN”

Por eso la actitud de
desterrado que propone san Agustín, es una actitud
que nos pone en búsqueda siempre de tener sed de ese Dios que solo puede
saciarnos y colmarnos, como dice el salmo 62: “Mi alma está sedienta de ti, mi
carne tiene sed de ti…”
Así entonces, la dinámica interna de la
oración san Agustín la expresa en cuatro pasos fundamentales.
1. No te salgas fuera: se trata de mantenernos recogidos,
centrados en Dios, orientados hacia él.
2. Entra dentro de
ti: es la dinámica de voltear nuestros ojos,
explorar nuestro interior como ese gran océano que tiene tanto para conocer y descubrir,
y como posibilidad de hacer de nuestra soledad una gran compañía; saber estar con nosotros mismos, es saber estar con
toda la humanidad, sobre todo es una soledad habitada por Dios.
3. En tu interior
había la Verdad: no se trata de vivir en estado de
ataraxia como los budistas o el zen, sino de llegar a escuchar la voz de Cristo,
nuestro Maestro que nos enseña la Verdad plena que transforma.
4. Trasciéndete a
ti mismo: implicaría el no quedarnos con la
experiencia solo para nosotros, sino que es una oración que va de la vida al
encuentro con Dios y del encuentro con Dios a la vida; es testimoniante, se traduce en obras, en
profetismo, en radicalidad y en convicciones de cara a que otros vean también
la luz que Cristo nos transmite en la oración.

Insistencia también en san Agustín es su
idea de regresar continuamente al corazón para encontrarnos con Dios. Por nuestra
debilidad, somos tendentes a la dispersión, y con ella al pecado. San Agustín
una mil veces nos invita a volver
siempre al corazón. Si nuestra vida, nuestras relaciones, nuestras motivaciones
se descentran de lo esencial, la llamada continua y restauradora no tiene más
que una opción: volver al corazón para canalizar nuestras potencias interiores
y ajustarlas al querer de Dios y no al nuestro.

Sabemos también por la gran obra “La
ciudad de Dios”, que san Agustín distingue dos amores que construyen dos
ciudades y allí están nuestras actitudes vitales por las cuales debemos optar continuamente,
sobre todo los cristianos. La ciudad terrena, donde el hombre por amor a sí mismo
desprecia a Dios y la ciudad de Dios donde el hombre por amor a Dios se
desprecia a sí mismo. Es una constante
de Agustín, el hecho de que se puede dudar de todo, pero si no dudo de que amo
a Dios, ni mis debilidades, ni mis
limitaciones y pequeñeces podrán nunca apartarme de este amor y seguir
reorientando mi vida desde lo más imprescindible del existir humano que es el
amor. Si amo a Dios puedo tener la certeza de que lo tengo todo, porque ese amor de Dios va llenando
mi vida plenamente y ¿en qué se me nota? En que doy testimonio a los demás, de
que vale la pena dejarlo todo por lo único esencial y verdadero, ya que Dios es amor.
Para san Agustín el libro favorito es la Sagrada Escritura con la que se dejó acompañar toda su
vida de oración; y de hecho cabe decir
que sus grandes obras salieron de sus grandes meditaciones a la luz de la Palabra.
Por eso, la invitación que nos hace san Agustín
es a vivir la oración discernida con la Palabra, porque la Palabra de Dios es
una carta de amor que Dios me escribe para que yo descubra
su querer y viviéndola, ser feliz y dar sentido a mi vida, y no equivocarme y
tergiversar el mensaje. Dios habla por medio de su Palabra, y por medio de ella
me va indicando el camino, ¿Cómo hacer la voluntad de Dios si no escucho lo que
trata de comunicarme por medio de ella?

Para san Austin la oración nos debe
llevar a una certeza: Dios me ama, y si Dios me ama, ¿A quién temeré, quien
me podrá apartar de su amor? Esta certeza me ayuda a ver que todo lo que sucede,
bueno o malo, es providente para mi vida, y aunque en el momento actual no
entienda nada, si me fio plenamente de Dios, espero con paciencia su manifestación
y su providencia que siempre vela por mí y me protege, dándome más de lo que yo
espero. El amor a Dios, y el amor de Dios es la fuerza que nos ayuda a vencerlo
todo con su gracia, y nada ni nadie se puede oponer a esa cohesión
divina-humana.
Nieves María
Castro Pertíñez, MAR
Fuentes: Material preparado por Fr. Enrique A. Eguiarte Bendímez, oar
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