LECTIO DIVINA DEL XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C Lucas 9, 51-62



Si el labrador, al arar, no mira hacia delante, sino <hacia atrás>, el surco le saldrá torcido.

 
ORACIÓN INICIAL
Señor Jesús, tú que iniciabas tu camino hacia Jerusalén, donde ibas a mostrarnos el límite de tu amor y así nos has aprovechado para que tus discípulos y nosotros aprendiéramos de ti tu manera de ser y de actuar, tu disponibilidad y tú entrega total, por eso, te pedimos,  que al reflexionar estos llamados, tengamos de ti, la gracia de seguirte incondicionalmente,  viviendo con alegría nuestra entrega, asumiendo tu estilo de vida, aun sabiendo que no tenías ni un lugar donde reclinar tu cabeza. Ayúdanos a vivir lo que nos pides, y a imitar tu entrega y tu disponibilidad.

CONTEXTO
El comienzo del camino hacia la ciudad santa marca un giro decisivo. El evangelista lo pone de relieve con un lenguaje solemne y cargado de resonancias: <cuando estaban para cumplirse los días de su levantamiento>, donde se capta el tema de la consumación, mientras que el éxodo (del que hablaban Moisés y Elías en diálogo con Jesús- se convierte en <asunción>, trasladando así en acento a la glorificación celestial. De todos modos, está claro que, al tomar la decisión de ponerse en camino hacia Jerusalén, Jesús es consciente de ir al encuentro de los acontecimientos supremos de su pasión, muerte y resurrección.
En vez de recorrer el valle del Jordán, atraviesa la región de Samaría. Los habitantes de un pueblo no le quieren recibir porque es un judío que se dirige en peregrinación a Jerusalén. Hay dos discípulos que quieren vengarse con un milagro de castigo, pero Jesús no está de acuerdo y les regaña. Así pues, la reacción de los discípulos revela, una vez más, su inmadurez.
Siguen después tres escenas de llamada al seguimiento. Un primer personaje se declara dispuesto a seguir a Jesús: <Te seguiré adondequiera que vayas>. El sentido de la respuesta es transparente: <el hijo del hombre> ni tiene casa ni ofrece seguridades a quien le sigue. El mismo Jesús invita a un segundo personaje a seguirle, tal como había hecho con los primeros discípulos. Éste, aunque está bien dispuesto, pide una dilación, a fin de poder cumplir uno de los máximos deberes de la piedad filial: dar sepultura a su padre. La réplica de Jesús, que puede aparecer excesivamente dura, pretende hacer comprender que la llamada al seguimiento en vistas al Reino de Dios está por encima de los mismos deberes filiales. Un tercer personaje querría disponer también de tiempo para despedirse de su familia antes de empezar a seguirle: ¿no había hecho lo mismo el profeta Eliseo? la respuesta, seca, se inspira esta vez en la experiencia agrícola. Si el labrador, al arar, no mira hacia delante, sino <hacia atrás>, el surco le saldrá torcido.   [1]

TEXTO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (9, 51-62)
Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?”. Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.
Después se fueron a otra aldea. Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.
A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el Reino de Dios”.
Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

¿QUÉ DICE EL TEXTO?

Miremos el evangelio desde los personajes presentes:
a)             Lucas y los Samaritanos
En un aparente mensaje sublime, Lucas nos cuenta otra de sus historias de los caminos pecaminosos de los judíos. Casi todo el mundo ha oído la frase “El buen Samaritano”, aun cuando no estén familiarizados con esta parábola. Muchos aman las virtudes de esta parábola sin notar la falta de respeto hacia los judíos y al judaísmo. El fracaso de la misión de Jesús se dio porque ellos endurecieron su corazón, no fueron capaces de abrirse a la persona de Jesús que pasa en la historia. Es la persona que ofrece su mano amiga, a pesar de ser enemigos, pero ellos niegan su hospedaje y no escuchan su voz.
b)             Lucas, Santiago y Juan: “los hijos del trueno”
Nos habla el texto de su carácter fuerte, no aceptan que Jesús obre así, sino que quieren que obre con fuego, que los consuma. Pero Jesús no obra así.
c)               Los tres personajes encontrados en el camino
Al que primero le dijo: "te seguiré", el Señor le responde que no tiene nada ni a nadie, como quien dice, nos llama a desprendernos de cualquier cosa o persona, sea el que sea;  debe ser libre, espontáneo, el amante ama lo que hace porque ama espontáneamente, el esposo ama a su esposa no por lo que hace, sino por lo que es, es el momento en que Jesús dice que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza, porque no tiene seguridades, antes todo lo contrario, seguir al Señor implica renuncia a todo tipo de seguridades.
El segundo le dice déjame primero ir a enterrar a mi padre y mi madre, aquí el discípulo antepone al seguimiento la muerte de un familiar y su sepultura, el que quiera seguir al Señor debe obedecer sin quedarse haciendo culto a los muertos como sucede en nuestro mundo latino que nos volvemos en el culto a los muertos.
El tercero que se acerca, le dice que deje primero ir a despedirse de su padre y de su madre, para después seguir al Señor, por eso es importante, reconocer que no debemos mirar para atrás si queremos seguir al Señor, porque el que mira para atrás en su vida, se detiene, no mira la meta o mejor retrasa su meta, aquel que deje quiera seguir al maestro debe dejar su pasado, no el pasado de su experiencia, sino su pasado que lo esclaviza a todo aquello que obstaculiza su seguimiento del Señor.
En general, debemos reconocer que el deseo es seguir al Señor siempre, el primero y el tercero son dóciles al seguimiento, pero el segundo tiene algo que no deja avanzar, progresar y es que no sólo los vivos le impiden seguir al Señor, sino los muertos, sus rituales, su entierro, como quien dice donde no hay vida, el muerto ya no pertenece al mundo, creo que muchas personas siguen pensando en el muerto y no en el Señor de la vida; "los vivos, los vivos son quienes te alaban como yo ahora". 

Hoy es importante no detenernos en los pretextos que les presentamos al Señor, sino en la voz del Señor y obedecer sus exigencias, todo lo demás no importa, ni las cosas, ni familia, no los muertos, nos deben hacer perder la perspectiva en nuestro seguimiento al  Señor.

¿QUÉ ME DICE A MI EL TEXTO?
Señor, tu palabra, interpela mi vida el día de hoy; cada parte del evangelio me habla de tu grandeza y  humildad de corazón.
Te acercaste a Samaría y no fuiste bien recibido, sin embargo, tu respuesta fue clara y contundente “el hijo del hombre no tiene dónde reposar su cabeza”; allí le mostraste a tus discípulos que nada te apegaba a este mundo, pues eres libre de todo aquello que hoy en día ata a la humanidad.
Veo también, en el evangelio, las diferentes propuestas y llamadas a tu seguimiento:
Al primero le mostraste las consecuencias de ese seguimiento, es decir, “no tener nada”.
Y a los dos últimos le diste la lección del preocuparse por el hoy que estaba viviendo, ellos, tenían la mirada puesta en su familia y en las seguridades que éstos le daban.
Una vez más nos muestras, Señor, que seguirte a ti implica desprendimiento total de nuestros apegos, deseos, ilusiones, gustos, placeres; seguirte a ti no sólo es comprometerse en el momento, es también poder tener la capacidad de apoyarme en ti cuando vengan las “turbulencias”, es poder dirigirme solo a ti y no a otras personas cuando no vea la luz.

¿QUÉ ME HACE DECIRLE EL TEXTO A DIOS?
Señor, muchas veces me he dejado llevar por las cosas que el mundo me ofrece como joven, sus atractivos y placeres y eso me aleja del seguimiento que tú me propones que haga, seguimiento que me exige radicalidad y entrega en mi “hoy”, en mi “aquí y ahora”, meditando también, Señor, en tu respuesta a los discípulos “dejen que los muertos entierren a sus muertos” me invitas a no verlo de una forma “literal”, es decir, tú con esa frase me invitas a NO despreciar a la familia que tú me has regalado, sino que por el contrario, pueda amarla desde el amor de Dios y así mirarlos con un amor desprendido y trascendente que nos lleva a un más allá.


Permite, Señor, que día a día pueda decirte con transparencia y seguridad: TE SEGUIRÉ A DONDE VAYAS, aunque el camino muchas veces sea incierto y doloroso.

                                                    Wenderlyng Reyes Novicia MAR

Fuentes: Zevini, G, Cabra G. Lectio Divina para la vida diaria. Verbo Divino. 2009
Fuentes:  http://www.homiletica.org/PDF053/aahomiletica005593.pdf

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