Lectio Divina del Domingo 26 del Tiempo Ordinario- Lc 16 ,19-31
"Tómate tiempo para hacer caridad, es la puerta del cielo"
(Madre Teresa de Calcuta).
1-Invocación al Espíritu Santo
En este domingo en que Dios nos
sigue mostrando su amor y ternura en el más necesitado, nos ponemos ante su
presencia invocando al Espíritu Santo, para que ilumine nuestro corazón y
pensamiento al momento de meditar la palabra de Dios.
Dejémonos invadir por la gracia de
Dios a través de su Espíritu.
Texto Bíblico:
19 «Había un hombre rico que vestía
de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. 20 Y uno
pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, 21
deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico...pero hasta los perros
venían y le lamían las llagas. 22 Sucedió, pues, que murió el pobre y los
ángeles le llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado.
23 «Estando en el Hades entre
tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno.
24 Y, gritando, dijo: `Padre Abrahán, ten compasión de mí y envía a Lázaro a
que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado
en esta llama.' 25 Pero Abrahán le dijo: `Hijo, recuerda que recibiste tus
bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es
aquí consolado y tú atormentado. 26 Y además, entre nosotros y vosotros se
interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros,
no puedan hacerlo; ni de ahí puedan pasar hacia nosotros.'
27 «Replicó: `Pues entonces, te
ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco
hermanos, para que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de
tormento.' 29Abrahán le dijo: `Tienen a Moisés y a los profetas; que les
oigan.'30 Él dijo: `No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a
ellos, se convertirán.' 31 Le contestó: `Si no oyen a Moisés y a los profetas,
tampoco se convencerán aunque un muerto resucite.'»
2- ¿Qué dice el texto?
El evangelio de Lucas nos presenta
hoy la parábola del rico Lázaro y el pobre Epulón (Lc 16, 19-31). Mientras el rico estaba
apegado a las cosas del mundo, Lázaro llevaba una vida de encuentro con Dios;
haciendo la voluntad del Padre. Esta parábola nos presenta dos paralelos.
En primer lugar refleja la vida que percibimos en
nuestra sociedad en donde cada persona es tratada según su condición. Vemos que
el rico se viste de púrpura y de lino y goza de espléndidos banquetes. El
vestido y la comida manifiestan la riqueza de la que goza. Por el contrario, el
pobre toca a su puerta, cubierto de llagas, que lamen los perros, y con ganas
de saciarse de las migajas que caen de la mesa del rico.
El segundo cuadro se abre al más
allá de la muerte. El rico está en los infiernos. Reconoce al padre Abrahán. Y
le ruega que envíe a Lázaro para que le refresque la lengua. Abraham lo
reconoce como hijo, pero le explica el cambio de la suerte: él, que tuvo bienes
en vida, ahora padece mientras que Lázaro, que solo tuvo males, ahora encuentra
consuelo.
En la parábola hay todavía un
tercer momento, en el que el rico intercede por sus hermanos. Si Abrahán le
envía a Lázaro como mensajero, tal vez recapaciten y puedan evitar caer en el
mismo lugar de tormento. Y aquí se mencionan otras dos respuestas de Abrahán:
“Tienen a Moisés y a los profetas:
que los escuchen”. En la Biblia tiene una gran importancia la “escucha” de la
palabra de Dios. En escuchar y cumplir esa palabra está la salvación. Por eso
es preciso preguntarse qué es lo que nos impide escucharla.
“Si no escuchan a Moisés y a los
profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. El pecado y la tibieza
nos impulsan a vivir a la espera de una señal “especial” de Dios para
decidirnos a cambiar de vida. Pero la señal ya se nos ha ofrecido.
3- ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?
Dice el Evangelista San Mateo que
la salvación del hombre no depende de la abundancia de sus bienes sino de la
cercanía y relación con Dios.
Dios me sigue y nos sigue mostrando
que para vivir una vida en plenitud es necesario el amor, servicio y la misericordia
al hermano. Que el dinero no es malo, sino la manera en que nos apegamos a ello
y le damos más importancia a lo material
que al propio ser humano.
Dios nos sigue reflejando su rostro
misericordioso en aquellas personas que sufren y nos pide cada día de nuestras
vidas que amándolos a ellos es como amar al propio Jesús, que se hace presente
en los más pequeños. Al final de nuestra vida Dios nos pedirá cuentas, pero no
cuanto hicimos en ella, sino cuanto amamos.
Todos los bienes y talentos que
recibimos de Dios son para servir a los demás. Muchas veces no podremos ayudar
materialmente, pero podemos dedicar nuestro tiempo, dar una sonrisa, unas
palabras amorosas. La mejor forma de transmitir a Cristo, de evangelizar el
mundo, es con nuestro ejemplo, con la donación de nuestro tiempo a los demás,
tiempo que es la mayor riqueza que tenemos.
4- ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Que mi corazón no se apegue a las
cosas de la tierra, sino que anhelen las del cielo que proporcionan felicidad.
La verdadera felicidad y riqueza es
la que proviene de Dios y que refleja nuestro corazón, cuando lo dejamos llenar
de su amor. A veces podemos tener muchas cosas, pero por dentro estamos vacíos,
y con una sed que solo la puede calmar Dios.
“Ama y haz lo que quieras”
San Agustín
Santa Isabel Mojica Mejía
Novicia MAR
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