LECTIO DIVINA DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO (C) Lucas 23,35-43

"Yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine
al mundo, para ser testigo de la Verdad".
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
(de Juan XXIII – adaptación))
“Espíritu Santo, perfecciona la obra que Jesús comenzó en mí.
Apura para mí el tiempo de una vida llena de tu Espíritu. Mortifica en mí la presunción natural.
Quiero ser sencillo, lleno de amor de Dios y constantemente generoso.
Que ninguna fuerza humana me impida hacer honor a mi vocación cristiana.
Que ningún interés, por descuido mío, vaya contra la justicia.
Que ningún egoísmo reduzca en mí los espacios infinitos del amor.
Todo sea grande en mí.
También el culto a la verdad y la prontitud en mi deber hasta la muerte.
Que la efusión de tu Espíritu de amor venga sobre mí, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero”
La celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.
La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.
Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que éste significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación ante la mentira mortal del pecado que existe en el mundo. Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.
Puedes acceder por medio de este link a la reflexión del Evangelio sonoro de este domingo
https://drive.google.com/file/d/0B2Pb_ODVLt4lSWo2cGJ1d0Z0dkk/view?usp=sharing
TEXTO
Lucas 23,35-43
35 Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.» 36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre 37 y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!» 38 Había encima de él una inscripción: «Este es el rey de los judíos.» 39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: « ¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» 40 Pero el otro le increpó: « ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? 41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.» 42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» 43Jesús le dijo: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

¿De qué trata el texto?

v. 35. Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido>>. Alrededor de la cruz se agrupan todos aquellos que han encontrado a Jesús en los tres años de su vida pública. Y aquí, frente a una Palabra clavada sobre el madero, se desvelan los secretos de los corazones. El pueblo que había escuchado y seguido al rabino de Galilea, que había visto los milagros y los prodigios, estaba allí sentado mirando: la perplejidad en las caras, mil preguntas en el corazón, la decepción y la percepción de que todo acaba allí. Los jefes hacen muecas y mientras dicen la verdad sobre la persona de Jesús: el Cristo de Dios, su elegido. Ignoran la lógica de Dios aun siendo fieles observadores de la ley hebraica. Esta invitación que encierra tanto desprecio: Que se salve a si mismo… narra el final recóndito de todas sus acciones: la salvación se conquista de por sí, observando los mandamientos de Dios.
vv. 36-37. También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre  y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!» Los soldados que no tienen nada que perder en el campo religioso infieren sobre él.
v. 38. Había encima de él una inscripción: «Este es el rey de los judíos.» Realmente una burla la pequeña tabla de su culpa: Jesús es el culpable de ser el rey de los judíos. Una culpa que en realidad no lo es. A pesar de que los jefes hayan tratado de aplastar la realidad de Cristo como han podido, la verdad se inscribe sola: Este es el rey de los judíos.
v. 39. Uno de los malhechores colgados le insultaba: « ¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» En la cruz se puede estar por motivos diferente, como también por motivos distintos uno puede estar con Cristo. La proximidad con la cruz divide o acerca. Uno de los dos vecinos de Cristo, le insulta, le provoca, se ríe de él. Jesús es uno con el madero, porque la cruz es para él el rollo del libro que se abre para narrar los prodigios de la vida divina entregada sin condiciones. El otro está colgado como un fruto marchitado a causa del mal, y pronto a ser tirado.
 v. 40. Pero el otro le increpó: « ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? El otro, al estar cerca de Jesús, vuelve a adquirir el santo temor y hace discernimiento. Quien vive al lado de Cristo puede reprochar a quien está a dos pasos de la vida y no la ve, sigue gastándola hasta el final. Todo tiene un límite, y en este caso el límite no lo fija el Cristo que está allí, sino su compañero. Cristo no responde, responde el otro en su lugar, reconociendo sus responsabilidades y ayudando al otro para que lea el momento presente como una oportunidad de salvación.
 v. 41. Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.» El mal lleva a la cruz, la serpiente había guiado al fruto prohibido colgado del madero. ¿Pero qué cruz? La cruz de la propia “recompensa” o la cruz del fruto bueno. Cristo es el fruto que cada hombre o mujer puede coger del árbol de la vida que está en medio del jardín del mundo, el justo que no cometió algún mal, y que sólo supo amar.
v. 42. Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino Una vida que llega a su plenitud y se encierra en una invocación increíblemente densa de significado. Un hombre, pecador, consciente de su pecado y de la justa condena, acoge el misterio de la cruz. A los pies de aquel trono de gloria pide ser recordado. [i]

¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?
Me fijo en los primeros personajes que nombra el texto, me fijo en aquel pueblo que sólo miraba, aquel pueblo espectador, sin deseos de intervenir en el acontecimiento más grande de la historia, luego, continúo leyendo y me encuentro con los magistrados, personas insensibles y condicionados por sus gobernantes, se burlaron de ti, Señor, te tentaron y te pusieron a prueba, cuánto me enseñas, con este pasaje bíblico, gracias por invitarme a permanecer confiando en Dios aún en medio de tantas tentaciones y tantos ofrecimientos del mundo. No sólo ellos te insultaron, sino también aquel ladrón que te puso a prueba, y aun así tu permaneciste firme. Qué valiente fue el ladrón justo al reconocerte inocente de toda culpa, él al igual que María se dejó encontrar y seducir por ti.  Este texto me habla de tu paciencia y de tu certeza de que Dios estaba contigo aunque te sintieras “abandonado”. Fuiste y eres el mayor ejemplo de las obras de misericordia para todos los cristianos.

Meditación
·        Después de leer atentamente el relato, ¿Qué es lo que más me impresiona de él? 
·        ¿Se escuchan de nuevo, aún con otros términos, las ofendes que le hicieron a Jesús en cuanto estaba clavado en la Cruz? ¿Qué ejemplos concretos podría poner?
·        ¿Cómo entienden el “Reino” de Jesús los magistrados, los soldados, el primer malhechor y el segundo malhechor conocido como el “buen ladrón”?
·        Cuando pienso en “Jesús Rey” ¿qué me viene a la mente? ¿Qué me corrige el evangelio de hoy? ¿Por qué la proclamación del “Rey del Universo” está estrechamente ligada al acontecimiento de la Cruz?
·        ¿El camino de fe del “buen ladrón” de qué manera ilumina el mío para que hoy y siempre proclame que Jesús “vive” y “reina” en mi vida, en mi familia, en mi comunidad y en todos los ambientes y culturas del mundo? ¿Qué implica para mí esta proclamación si estoy viviendo una enfermedad, una situación difícil que estremece mi fe?

Señor, tu estuviste clavado en la cruz y a tu derecha e izquierda estabas con 2 ladrones, uno de ellos te señalaba y el otro te imploraba estar contigo en el Reino,  sobre tu cabeza tuviste una frase cuestionante para todos los que no te seguían, “este es el Rey de los Judíos”, qué difícil es mirarte como un Rey, pues las imágenes que tenemos de ellos son de personas ambiciosas, donde solo les importa el tener, el placer y el poseer, tú en cambio, Señor, fuiste diferente, reinaste con el amor, con la entrega y con fidelidad a tu Padre Dios. Bajaste la cabeza cuando se burlaron de ti y cuando te ofrecieron vinagre, tus palabras fueron muy sutiles “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”, ¿cuántas veces, Señor, con mis actitudes y mis acciones me burlo de ti? Y tú con tu amor misericordioso me perdonas día a día como a esos guardias. Qué mejor manera, Señor, de cerrar este año de la misericordia celebrándote como el rey de misericordia, ese es tu reinado real, reinas con el amor desde las entrañas, ese amor que te llevó a donarte plenamente hasta la muerte.
Acuérdate de mi Señor, como te acordaste de aquel ladrón arrepentido, tu eres mi Rey y mi todo. Reina en mi vida, en mi comunidad, en mi familia…

"Mírame, tú Jesús, Que yo sienta posarse sobre mí  tu mirada libre,  sin esclavitud de sinagoga, sin exigencias que me ignoren, sin la distancia que congela, sin la codicia que me compre. 

Que tu mirada se pose en mis sentidos,  y se filtre hasta los rincones inaccesibles  donde te espera mi yo desconocido,  sembrado por ti desde mi inicio, y germine mi futuro rompiendo en silencio con el verde de sus hojas  la tierra machacada que me sepulta y que me nutre.

Déjame entrar dentro de ti, p
ara mirarme desde ti,  y sentir que se disuelven, tantas miradas propias y ajenas que me deforman y me rompen”.
(José María R. Olaizola sj)



WENDERLYNG REYES (NOVICIA MAR)






[i] http://www.homiletica.org/PDF055/aahomiletica008291.pdf

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