Nuestros orígenes...(parte I)
En 1906,
la provincia OAR de San Nicolás de
Tolentino, abre una Casa-Procuración
en Shanghai. ¿Con qué objetivo?
Solamente uno: tener una ventana abierta hacia el interior de China y
aprovechar cuando se presente la ocasión para fundar una misión.
Los dos padres llegados a la gran ciudad,
se entregan a la ardua tarea: búsqueda, entrevistas, ofrecimientos. Cuando
parece que ya tienen algo, todo se esfuma y quedan nuevamente a la expectativa.

Los padres Tomás Cuevas y Javier
Ochoa desempeñan los oficios de Procurador y Viceprocurador
respectivamente. Hablan con Vicarios y misioneros de las diferentes Congregaciones,
llaman a varias puertas mendigando una parcela. Hay un momento en el que parece
que solo falta estampar la firma: los padres O.S.A. les ofrecen parte de su
territorio, que no alcanzan a abarcar; pero, a la hora de la verdad, les llega
refuerzo y no se desprenden de la parte prometida.
Cuando menos lo esperan, Monseñor
Tacconi, vicario apostólico de Kaifeng, capital de la provincia de Honan, les ofrece la parte oriental de su territorio.
El 19 de abril de 1923 viaja el padre
F. Javier Ochoa a Kaifeng para entrevistarse con Monseñor Tacconi, visitar y
conocer algo del territorio ofrecido y tomar los datos necesarios para luego
informar a sus superiores. Les daría la parte nordeste de su territorio,
provincia de Honan, la zona de Kueitehfú. Les aclaró que no podía darles ayuda económica,
y pidió que enviaran solo misioneros jóvenes, para que les fuera menos difícil aprender
el chino, y a ser posible, que no hubieran estado en países mejores, porque
entonces la vida en China se les haría imposible.
Monseñor Tacconi con el padre Ochoa, se
dirigieron a Kueitehfú. La propiedad de la misión, se reducía a unos 500 m2, había tres casitas
construidas de tierra y adobe; una
servía de capilla, las otras, divididas por tabiques de caña y papel, eran, la
residencia del misionero y el lugar para los catecúmenos y cristianos.
Dice el padre Ochoa: “Las impresiones
recibidas al ver la ciudad, fueron pésimas; en cambio, las esperanzas que
aquella pobreza y miseria infundieron en mi alma, fueron óptimas por el campo
tan intenso de apostolado que nos esperaba.”
En otro apartado dice: “ Siempre repito
que los misioneros destinados a China, India y otros países por el estilo, sólo
deben ir mirando al cielo, al Amor Crucificado, a la infinidad de hermanos que
nos necesitan y nos esperan; a conquistar a los demás para Aquél que nos
conquistó a todos primero, entregándose por nosotros”.
Cuando regresa a la Casa Procuración,
comenta todo con el padre Tomás Cuevas. Dan gracias al Señor. El padre Tomás le
pide que vaya a Manila a informar al consejo provincial. Allí llega muy
emocionado y comenta sobre el ingente trabajo, que les espera. Todos aplauden
la nueva fundación. No reparan en que va a costarles muchos sacerdotes jóvenes
y no poco esfuerzo económico. Enseguida comienzan los trámites para su pronta
realización.
La Congregación de Propaganda Fide
contesta favorablemente otorgando el permiso para trabajar en la misión, pero
con una cláusula que les va a traer, muchas contrariedades. Dice: “Ad
experimentum, bajo la dirección de Monseñor Tacconi”. Por tanto, dependen
totalmente de él, y este obispo los hará sufrir no poco.
Así escribe el padre Ochoa: “Este
bendito Mons. Tacconi, de palabra todo lo ve bien y otorga permiso para comprar
parcelas, edificar capillas, escuelas, casas… pero, a la hora de actuar, cuando
debe dar la necesaria autorización, por escrito, pone trabas a todo y…no se
sabe nunca lo que piensa”.
El territorio misionero está situado al
nordeste de la provincia de Honan, con una superficie de 8.000 km2, con unos
2´200.000 habitantes y 7 ciudades relativamente grandes, siendo la mayor
Kweitehfú. En tiempo de hambre, aparecen bandidos por todos los caminos y
asaltan a las pequeñas villas despojando de todo a sus habitantes.
Ni montes, ni cerros, alteran la
inmensa llanura. El clima es bastante fuerte, pero sano. No es raro que llegue
en invierno a 15 grados bajo cero y en verano suba hasta los 40.
No hay carreteras, solo caminos.
Afortunadamente, el ferrocarril atraviesa la misión de Este a Oeste. En el
trayecto hay cinco estaciones. En solo 28 horas, pueden llegar a Shanghai. Así
se entiende que muchos misioneros los feliciten, pues, algunos de ellos, deben
cabalgar hasta 14 días para ir desde la última estación de tren hasta su
misión.
La misión tiene 600 cristianos, sin un
solo edificio, sin terrenos, para poder construir, sin capillas, ni casita para
el misionero, sin escuelas. La labor va a ser sacrificada y lenta. El idioma es
una barrera inmensa que han de ir derribando poco a poco.
Los misioneros salen de Manila hacia
Shanghai. Además del padre Javier Ochoa, van 4 jóvenes recién ordenados:
Mariano Gazpio, Luis Arribas, Mariano Alegría y Sabino Elizondo. Llegan
rebozando juventud, fervor misionero y grandes esperanzas.
Comienzan el estudio del chino, y como
no hay tiempo que perder, en cuanto van haciéndose entender, comienzan a
realizar alguna salida desplegando su celo misionero y van estableciéndose en
las diferentes veredas.
Resumen realizado por Elsa
Gómez, del folleto No. 2 escrito por Mary Carmen Calvo
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