LECTIO DIVINA PARA 12 DE JULIO DE 2020 XV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO CICLO A.
“Dieron Fruto Unos, Ciento Por Uno; Otros,
Sesenta; Y Otros, Treinta.”
INICIAMOS CON LA INVOCACIÓN AL
ESPÍRITU SANTO QUE NOS AYUDARÁ ORAR CON EL EVANGELIO DEL DÍA
CONTEXTO
Mateo coloca la parábola de la semilla con los sucesos
precedentes de los capítulos 11 y 12, donde se ha mencionado el reino de Dios
que sufre violencia. El tema de nuestra parábola, como de todo el discurso en
las parábolas en el capítulo 13, es el reino de Dios.
La “casa” de la que Jesús sale es la que había tomado en Cafarnaún por morada y donde se encuentra con sus discípulos (v.1: Aquel día salió de casa) y su salida se pone en relación con la del sembrador (v.3: y el sembrador salió para sembrar). Su “salir” tiene como término fijo o concreto la orilla del lago (v.1: y se sentó a orillas del mar); este lugar reclama el momento en el que Jesús había llamado a sus discípulos (4,18) , pero, el mar es un lugar de tránsito hacia los pueblos paganos, por tanto, representaba la frontera entre Israel y el mundo pagano. El fondo del discurso en las parábolas es, por tanto, el lago de Genesaret, llamado “mar” según la opinión de la gente. Su salida atrae a la gente. Y mientras Jesús está sentado en la orilla del mar, sorprendido por la cantidad de gente que se le acercaba, se vió obligado a subir a la barca. Ésta se convierte en la cátedra de su enseñanza. Jesús se dirige a sus oyentes mediante “un hablar en parábolas” que es algo diverso de enseñar o anunciar.
La “casa” de la que Jesús sale es la que había tomado en Cafarnaún por morada y donde se encuentra con sus discípulos (v.1: Aquel día salió de casa) y su salida se pone en relación con la del sembrador (v.3: y el sembrador salió para sembrar). Su “salir” tiene como término fijo o concreto la orilla del lago (v.1: y se sentó a orillas del mar); este lugar reclama el momento en el que Jesús había llamado a sus discípulos (4,18) , pero, el mar es un lugar de tránsito hacia los pueblos paganos, por tanto, representaba la frontera entre Israel y el mundo pagano. El fondo del discurso en las parábolas es, por tanto, el lago de Genesaret, llamado “mar” según la opinión de la gente. Su salida atrae a la gente. Y mientras Jesús está sentado en la orilla del mar, sorprendido por la cantidad de gente que se le acercaba, se vió obligado a subir a la barca. Ésta se convierte en la cátedra de su enseñanza. Jesús se dirige a sus oyentes mediante “un hablar en parábolas” que es algo diverso de enseñar o anunciar.
TEXTO
Un
día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar.
Se reunió en torno suyo tanta gente, que Él se vio obligado a subir a una
barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces
Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: “Una vez salió un
sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo
largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron
en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la
tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y
como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los
espinos crecieron, sofocaron las plantitas.
Otros
granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros,
sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”. Después se le
acercaron sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?”
Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del
Reino de los cielos, pero a ellos no”. Al que tiene, se le dará más y nadará en
la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les
hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.
En
ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no
entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha
endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no
ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no
quieren convertirse ni que yo los salve.
Pero,
dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que
muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron
y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Escuchen, pues, ustedes lo que
significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino
y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón.
Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino. Lo
sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta
inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces,
y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra,
sucumbe. Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra,
pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y
queda sin fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes
oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el
sesenta; y otros, el treinta.
¿QUE DICE EL TEXTO?
La figura del sembrador nos lleva a la de la Iglesia en su
empeño de evangelización: saber comunicar de un modo nuevo la figura de Jesús y
los valores del evangelio. La Iglesia debe distinguirse por la autoridad de su
enseñanza, por la franqueza de su predicación y por la fuerza de la acción. Hoy
se necesitan evangelizadores fiables, solícitos e infatigables. Cada comunidad
eclesial está llamada por la parábola del sembrador a no realizar una acción
selección sobre las personas o contextos sociales donde anunciar el evangelio;
es necesario tener amplitud de miras y dedicarse también a las situaciones que
parecen imposibles para comunicar el evangelio. Cada acción pastoral de
evangelización conoce un primer momento de efímero entusiasmo, al cual, sin
embargo, puede seguir una respuesta de frialdad y oposición. Los varios
intentos de la pastoral, se comparan a los tres intentos del sembrador, que al
final son recompensados con la abundancia del triple fruto. Ciertamente la
palabra de Jesús germina y fructifica en los corazones disponibles a su acción,
pero no se necesita desistir en el despertar del sopor, la indecisión y la
dureza de oídos de muchos creyentes.
¿QUE ME DICE EL
SEÑOR A TRÁVES DEL TEXTO?
Hoy la Palabra me hace preguntarme ¿Qué tipo de tierra soy?
Si realmente me dejo llevar por las preocupaciones, o guardo su Palabra, y la
vivo cada día, dando testimonio a los demás, sembrando en cada persona la
semilla del amor de Dios, y así poder dar fruto con mi propia vida.
¿QUE LE DIGO A DIOS?
Señor gracias por tu Palabra, por darme la oportunidad de
descubrir en ella lo que tú esperas y quieres de mí. Te pido me des la gracia
de ser tierra fértil, que mi alimento y mis semillas sean tu Palabra, para dar
mucho fruto y así servirte con mi vida en cada momento, y llevar tu semilla por
todas partes.
Yessica Victoria, Novicia MAR


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