3. CAMBIAR DE PERSPECTIVA
Es muy
normal que los problemas nos roben la paz. Cuando nos vemos en medio de una
tormenta, no vemos más que la nube y esa nube siempre tapa el sol.
Es
necesario descubrir que hay mucho más que ver, debemos tener presente que esas
nubes son tan pasajeras como la tormenta. Puede ser un huracán de varios días,
pero el sol, aunque tapado por la nube, sigue allí, sigue encendido en toda su
luz.
Volviendo
a la barca, los discípulos no saben qué va a pasar, tienen miedo, las aguas son
turbulentas, la tormenta fuerte, el viento, los truenos… la poca fe. Pero
cuando cambian la perspectiva ven allí a Jesús durmiendo, sí, el ver la
tormenta les tenía embelesados, no habían visto a Jesús.
¿Estás pasando por alguna tormenta en la vida? Detente, cierra los ojos, respira profundo, haz silencio,
clama, contempla a Jesús que está allí y dile: «Señor aumenta mi fe». Eso es
cambiar la perspectiva, pues la mirada del cristiano en clave Cristo, no mira
solo el problema, ni le dedica el tiempo al problema sino a la solución, y la
esperanza de la misma en Jesús.
Aún en
la enfermedad, como dice esa linda canción de María y Campos:
«Desde una cama y en pijama, puedo amarte igual, si es tu voluntad Jesús, pues
desde unas pajas y en pañales tú me amaste a mí, aquí también estás conmigo»,
esta es la certeza de la fe, allí está Jesús.
Diana Gómez
Novicia MAR

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