La experiencia del amor misericordioso de Dios Padre, que nos ama de manera perfecta en la entrega permanente de su Hijo Jesucristo, en comunión con el Espíritu Santo, nos mueve a reconocer con humildad los extravíos, pecados, resistencias a su voluntad, el cerrarnos a ser su rostro amoroso entre los que nos rodean, etc., y nos permite hacer un alto en nuestra vida para reflexionar y, al reconocer nuestra necesidad, acoger la ayuda de Dios para ajustar nuestros pasos, decisiones, sentimientos, opciones a su querer en nosotros. Nuestra madre Iglesia nos ofrece tiempos litúrgicos intensos para vivir esta experiencia: cuaresma, semana santa, adviento y todos los viernes del año, propuestos como “días penitenciales”. Representa para todos los cristianos católicos la disposición de vivir conscientemente la práctica de la oración, las obras de piedad y caridad, ayuno y abstinencia así como el negarnos a nosotros mismos, cumpliendo con mayor fidelidad y con sentido profundo de ...