“ De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas ” . 1. Invocación: Al empezar nos reconocemos llamados y amados por Dios, que enciende en nuestros corazones el deseo de escucharle y ajustar nuestra vida cada vez más a su voluntad. Pedimos su auxilio: Estoy aquí, Padre; confirmando que Tú ya me estabas esperando, estoy aquí con el deseo de abrirme a Ti, a tu voz, a tu voluntad, a tu instrucción, a tu amor. Estoy aquí y siento que ante tanta bondad tuya preciso mucho más de tu Espíritu para detenerme a leer, reflexionar, meditar, orar y actuar desde tus Palabras. Desde mi interior, llámame con insistencia, Dios Uno y Trino, rompe mi sordera, ordena mis pensamientos, siembra tu paz en mis guerras interiores para que, dejándome amar por Ti, aprenda a amarte en mis hermanas y hermanos. Amén 2. Lectura: Mateo 22, 34-40: Reparemos en el regalo que Dios ...