Vivir desde la libertad interior

Hablar de la libertad interior me hace pensar en San Agustín y en Santa Teresa de Lisieux, ambos santos aspiraban a la perfección en el amor por y para Dios.

Pienso en San Agustín pues él mismo nos dice «Tú estabas dentro de mí y yo fuera y fuera te andaba buscando», podríamos correr el riesgo de buscar la VERDADERA LIBERTAD INTERIOR en las cosas externas: en lo que hacemos, en lo que nos dicen, en las personas que comparten conmigo o simplemente en alguna emoción pasajera, dice San Agustín que Dios estaba dentro de él, y ¿qué quiere Dios? ¡Nuestra libertad interior!.

Santa Teresa por su parte, disfrutaba de todo lo que tenía a su alrededor, fue una mujer que supo leer los signos de los tiempos con los ojos del corazón, en su manuscritos autobiográficos lo podemos notar en cómo describía las cosas que vivía y los lugares en los que vivía, si profundizamos en ello nos damos cuenta que estos lugares y estos acontecimientos eran mínimos, pero era consciente que solo de ella dependía sentirse libre o asfixiada por lo que Dios le iba colocando en el camino.

Es por esto que es necesario eliminar todas las ataduras, obstáculos y/o apegos que puedan estar presentes, pues cuando caemos en ellos pueden surgir sentimientos de contradicción y dudas ante aquellas personas que pensamos son la causa de dichos sentimientos. “¡Cuánto resentimiento hemos alimentado en nuestra vida contra todo lo que no es de nuestro agrado y nos impide ser lo libres que desearíamos!”

Jacques Philippe en su libro Libertad Interior nos habla sobre esto y nos cuenta que  “este modo de ver las cosas encierra cierta parte de verdad: a veces hay limitaciones que es preciso remediar, barreras que hay que salvar para conquistar la libertad. Pero contiene también buena parte de engaño que deberíamos desenmascarar, so pena de no gustar jamás de la verdadera libertad. Incluso aunque desapareciera de nuestras vidas todo cuanto creemos que se opone a nuestra libertad, no existiría garantía de acabar consiguiendo esa plena libertad a la que aspiramos (…) Nunca dejaremos de tropezar con obstáculos dolorosos. De algunos de ellos podremos librarnos, pero sólo para topamos con otros más firmes”.

Podría entonces surgir en nuestro interior la inquietud de ¿cómo lo lograron estos santos?, la respuesta en sencilla, ambos amaron intensamente, se dejaron tocar por la mirada de un Dios misericordioso que no se fija en nuestras fallas ni miserias, las pequeñas o grandes dificultades que se les presentaban no los agobiaban porque amaban y sobre todo tenían la certeza que no hay trabajo cuando se ama realmente.
Jacques Philippe también señala que nuestra incapacidad para amar proviene muchas veces de nuestra falta de fe y de esperanza, y si lo vemos desde las escrituras ambas son las virtudes teologales que nos llevan al amor, un amor que si realmente es real va más allá, trasciende, no se queda en lo superficial ni pasajero.

Podríamos preguntarnos entonces: ¿es el amor el que me mueve en cada acto que hago? ¿en mi oración veo una oportunidad de colocar ante el Señor aquello que me incomoda o me desestabiliza? ¿en las dificultades con los que comparten conmigo busco soluciones asertivas e inclinadas hacia la caridad?  De ser positivas todas estas preguntas Jacques Philippe nos diría que vivimos en una auténtica libertad interior.

Que a lo largo de nuestra vida podamos dejarnos tocar por el amor de Dios que nos hace libres y capaces de traspasar toda barrera por difícil que sea.
Wenderlyng Reyes

Novicia MAR 

Comentarios

  1. Gracias Wenderling, bonita reflexión. Así se puede ir aplicando la vida interior, base de la espiritualidad Agustiniana.

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  2. Hola, interesante reflexión sobre la Libertad Interior. Un día alguien dijo: Quizá el Dios que nos creo, dejando de un lado su perfección, se equivocó al darnos libertad. Y ciertamente, somos libres. Lastimosamente el hombre en medio de su codicia y avaricia, no lo utiliza para su realización plena. Dios es sabio y perfecto. Por ello nos dió la Libertad. Saludos

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