31 de octubre de 2013

TALLER DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS: Conflicto intrapsíquico o intrasistémico y toma de decisiones

En el tercer día del Taller de Resolución Pacífica de Conflictos nos introdujimos al mundo interno de la persona para descubrir los movimientos que allí se suceden. Desde la propuesta freudiana el sistema psicológico está compuesto por tres "personajes": el Superyó, que tiende a la regulación moral, el Ello, que tiende a los impulsos y placeres, y el Yo, que se encarga de equilibrar ambas tendencias.  Esta oposición entre los "actores" de nuestra personalidad es lo que denominamos "conflicto interno", que se nutre de ambivalencias afectivas y cuyo desequilibrio se presenta a través de la somatización. (Para leer más sobre este planteamiento pincha aquí)

Para Erik Erikson el conflicto intrapsíquico se puede leer desde los distintos ciclos vitales y las dualidades posibles en cada uno: Confianza/Desconfianza (0-12 meses); Autonomía/Vergüenza (1-3 años); Iniciativa/Culpa (3-6 años); Laboriosidad/Ineficiencia (6-12 años); Identidad/Dispersión (Adolescencia); Intimidad/Soledad (20-30 años); Generatividad/Estancamiento (30-60 años); Integración/Desesperación (60+). Cabe destacar que aunque estas etapas están bien delimitadas, es posible ubicarse en cualquier tipo de ambivalencia a cualquier edad. (Si deseas profundizar en esta teoría, dirígete aquí)

Después de analizar la parte teórica tuvimos un espacio para identificar nuestros conflictos desde el ciclo vital. Ha sido una gran herramienta de autoconocimiento que nos ayuda a ser más libres para seguir a Jesús y a estar preparadas para ayudar a otros.

Este proceso desemboca en la Toma de Decisiones. Con el presupuesto de que "las decisiones están dentro", es necesario no reprimir, dar espacio a que los "actores" de nuestra personalidad se expresen libremente para que el Yo pueda tomar una decisión consciente e inteligente.

Vimos, además, los tres modelos para la toma de decisiones:
  • Modelo de Creación desde la oportunidad: basado en la pedagogía del riesgo; asumir cada decisión desde una postura de aprendizaje, dando más importancia al proceso que a los resultados.
  • Modelo Costo/Beneficio: optar por lo más favorable y menos riesgoso tras hacer la conocida lista de pros y contras.
  • Modelo del Discernimiento: evaluar lo que quiero (principio del placer) y confrontarlo a lo que puedo (principio de la  realidad) para luego responder "¿a qué estoy dispuesta?"; de esta respuesta saldrán nuestras decisiones.


30 de octubre de 2013

TALLER DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS: Remover cimientos para mejorar


Una de las experiencias más provechosas para el ser humano es el volver a los cimientos que le permiten estar ante el mundo (opción vocacional, relación con Dios, familia, trabajo, motivaciones, personalidad, etc.) y hacer el ejercicio de confrontar la adecuada función de los mismos.  Algunas acciones como remover, quitar, trasformar, significan una oportunidad para estar cimentados sobre roca y no sobre arena.  En relación con los conflictos el remover significa responder: ¿Cómo los resuelvo? Madurar en la resolución de conflictos da como resultado vivir mejores conflictos, para esto es imprescindible el respeto a la diferencia.

La metodología del taller "El conflicto y su manejo, como pedagogía del arte de vivir" el día martes 29 de octubre ha estado contenida por aportes desde las lecturas: “El porqué de la guerra. Carta de Freud a Einstein”, “El elogio de la dificultad y la Fiesta de la guerra” del filósofo, escritor y pedagogo colombiano Estanislao Zuleta como también del primer recurso técnico de resolución de conflictos propuesta por la psicoanalista Sara Elvira Llanos llamado “De problemas a proyectos”.
El conflicto, a pesar de ser una realidad difícil, mantiene vivo y en movimiento al mundo. Sin embargo nuestras actitudes de idealizar y desear volver al perfecto equilibrio intrauterino, haciendo responsable de mis decisiones a otros y rechazando rotundamente a quien es diferente a mí nos impiden vivirlo de manera inteligente y productiva.  

Sabiendo que “el conflicto es constitutivo y constituyente del ser humano” la pregunta es ¿cómo me posiciono ante él para construir y tender al instinto de vida? La propuesta es trascender desde los problemas hacia los proyectos; para ello es necesario plantear el problema desde el principio de realidad (alteridad); cambiar la perspectiva: ante la cuestión “¿por qué?” es mejor preguntar “¿para qué?”; ante la identificación de los culpables,  mejor indagar “¿quiénes son los responsables?”; ante la sensación de pérdida, suponer todo el aprendizaje que voy a adquirir si el problema es resuelto.
Como cualquier proyecto, el ejercicio también requiere delimitar fechas de acción, ubicar los recursos con que se cuenta y aquellos que se necesitan.

Continuaremos compartiendo.

Brenda Ovalle





29 de octubre de 2013

LA EVIDENCIA

 
Ya casi culmina el Año de la Fe proclamado en nuestra Iglesia... ¿Qué tanto te has detenido a reflexionar cómo tus acciones demuestran tu fe, tal como lo indica Santiago 2, 15-17? De seguro este video te ayudará...

28 de octubre de 2013

Taller: RESOLUCIÓN PACÍFICA DE CONFLICTOS

Como parte del programa formativo, las novicias Brenda Ovalle y Yolenny Ramírez iniciaron el día de hoy el taller "El conflicto y su manejo, como pedagogía del arte de vivir",  impartido por la Dra. Sofía Uribe, psicóloga y psicoanalista, en el Centro de Estudios Religiosos (CER) de la Conferencia de Religiosos de Colombia.

El día de hoy iniciaron a las 8:15 de la mañana compartiendo informaciones referentes a los tipos de conflictos, el conflicto visto desde la psicología genética (Jean Piaget) y el psicoanálisis (Sigmund Freud), las bases humanas del conflicto y los principios de la vida psíquica.

Entre las resonancias de este día resaltamos el hecho de que el conflicto, una realidad que regularmente consideramos desagradable, es un elemento constitutivo y constituyente de la vida del ser humano, algo inherente a él que le ayuda a avanzar a través de la desacomodación continua.

Otro dato importante es el papel que juegan las emociones en los procesos conflictivos, especialmente la angustia, que muchas veces es para nosotros un elemento perturbador pero que visto de otro modo y en palabras del padre del psicoanálisis "es el motor de la vida psíquica"; lo cual quiere decir que la angustia es lo que mueve la resolución del conflicto.  


 Estudiantes del CER
 
 
Dra. Sofía Uribe

26 de octubre de 2013

LECTIO DIVINA DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO C - Lc. 18,9-14


CONTEXTO: Es la segunda vez que el evangelista nos ofrece palabras de Jesús para enseñar a rezar. La primera vez (Lc 11,1-13), enseñó el Padrenuestro. En el texto de la semana pasada nos enseñó que debemos rezar con insistencia y sin desanimarnos. Ahora, por segunda vez (Lc 18,9-14), nos enseña que hay que orar con humildad. La segunda parábola, después de la del juez y la viuda, se introduce con esta frase “También a unos, que presumían de ser hombres de bien y despreciaban a los demás, les dijo esta parábola” (v.9). La frase es de Lucas. Se refiere, simultáneamente, al tiempo de Jesús y a su tiempo, en el que las comunidades de tradición antigua despreciaban a las que venían del paganismo.
 
¿QUÉ DICE EL TEXTO? Dos hombres suben al templo a orar: uno fariseo y otro publicano. En aquella época, se decía que un publicano no valía para nada y no podía dirigirse a Dios, porque era una persona impura. En la parábola, el fariseo agradece a Dios por ser mejor que los otros. Su oración es un elogio a sí mismo, una autoexaltación de sus buenas cualidades y un desprecio de los demás. El publicano no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador”. Si Jesús hubiera dejado que la gente dijera quién volvió reconciliado, todos hubieran dicho: “el fariseo”. Jesús piensa diferente: es el publicano el  que queda reconciliado. Nuevamente, Jesús pone todo patas arriba[1].
Los v. 10-13 presentan la breve historia de dos personajes en el templo (v.10), el interés prestado al lugar que ocupan y a la actitud que adoptan (v.11ª y 13ab), la oración que pronuncian (v.11b-12 y 13c) y la mención del Dios que invocan, (oh Dios, v.11b y 13c). Entre las diferencias o rupturas del equilibrio se refleja la amplitud de la oración del fariseo (v.11b-12), comparada con la breve exclamación del publicano (v.13c), y la extensión de la presentación del recaudador de impuestos (v.13ab) comparada con el breve apunte del otro personaje (v.11ª). El v.14ª deduce la lección del episodio, sirve de comentario generalizador. La parábola comunica el mensaje del acceso a Dios.[2]
El fariseo presenta la actitud arrogante de aquel que mantiene una pretensión más social que psicológica de pertenecer a un estrato superior de la población y hacer que ello se perciba a su alrededor. Estas personas afirman ser justas “delante de los hombres” y no solamente ante Dios. El fariseo tiene la seguridad excesiva de una buena conciencia y de una conciencia de clase. En este pasaje el desprecio de los otros (v.11) desacredita la ya pretendida justicia de tales personas. A tales personas tan seguras de sí mismas y tan despreciativas, según la construcción narrativa de Lucas, Jesús dirige la parábola[3].
v.10: “Subir” es el verbo que los judíos con gusto y acierto usan  para decir que se dirigen a Jerusalén o al Templo. Los dos hombres se dirigen al entorno del santuario, es decir, al atrio. Se situarán en uno de los grandes patios, probablemente en el atrio de los israelitas, y no en el santuario mismo reservado a los sacerdotes. La localización en el espacio “del Templo” contrasta con la vuelta del publicano “a la casa”. El “Templo”, lugar público, ofrece ciertamente hospitalidad a Israel para adorar a Dios. Más por su función social puede confirmar también a los individuos en su papel de tales y dotarles de un status que repercuta en su identidad e incluso en su conciencia. La casa, con sus relaciones humanas más estrechas, permite una autenticidad más real, y una conciencia de sí más transparente. Los primeros cristianos se reunirán en casas, en iglesias domésticas.[4]
“Orar” es un verbo favorito de Lucas, que además de definir el acto de adoración expresa también la vida religiosa completa, o mejor, la identidad humana frente a Dios. El hecho singular de la presencia codo a codo de un fariseo (militante de un movimiento religioso) y de un publicano (individuo que ejerce un oficio especial) resalta la disparidad fundamental de las dos oraciones. El narrador sitúa perfectamente en una misma línea lo que es común a los dos personajes: el lugar, el tiempo y la intención.
v.11. A excepción de las inclinaciones prescritas, la costumbre era rezar de pie. Al indicar esta posición, el evangelista quiere hacer comprender al lector que el fariseo, al obrar así, se aísla de los otros y de Dios (v. 11b-12).  El texto lucano es un ataque que, a partir de elementos verdaderos (el sentido de la elección divina, el consuelo de sentirse protegido y el orgullo de haber respetado los valores morales), hace bascular el texto hacia una comparación descortés. En esta caricatura del fariseo hay que señalar en el decir de Bobon, la omnipresencia de la primera persona del singular, el relieve otorgado a las obras de superogación comparadas con las exigencias de la ley mosaica (el ayuno dos veces por semana y el pago del diezmo de todas las ganancias) y el desprecio general por el resto de la humanidad, en particular por el publicano allí presente[5]. El fariseo ahoga su piedad en un mar de orgullo espiritual e hipocresía.
v.13. Los lectores ignoran  el nombre del segundo personaje y saben pocas cosas de él. Conocen por el comienzo de la historia (v.10) que es publicano. Jesús, al que seguirán sus discípulos, escoge deliberadamente a los publicanos no para lisonjearlos, sino para ponerlos como ejemplo de la inversión que provoca el Evangelio y del funcionamiento inédito de la gracia y la esperanza. En el nivel visible del cuadro  se ve simplemente a un hombre, pero el lector que lee asiste al nacimiento de la persona, calificada aquí como “justicia”, y en otros lugares como “perdón” o “salvación”. El publicano, hermano gemelo del hijo pródigo, estima que nada de lo suyo vale y sólo tiene esperanza en la misericordia divina.
v.14: outos: éste; es aquí decisivo. Es éste y no el otro el que contra toda esperanza va a volver a casa justificado. El publicano volverá a casa y por ello no escapará a la condición humana. Pero no volverá a ella como era antes. Una transformación en Dios, implica forzosamente  una transformación en el hombre y en la mujer. Esta modificación no concierne únicamente a la esfera interior, sino que comprende la vida entera, tanto social como religiosa. La “casa” del publicano se transformará en una de esas zonas liberadas, en una de esas iglesias domésticas. Sin realizar obras buenas, el publicano ha hecho sin embargo lo que Dios esperaba de él: arrepentirse. Y la divinidad, por la voz de Jesús, se ha manifestado tal como es en la Escritura y en el Evangelio: no desea la muerte del pecador.[6]
La religión depende del “Templo” y de la “casa”. Cuando la fe se hace eclesial y social (el “Templo”) se torna frágil por la presencia de los otros. Sin embargo, gracias a una oración que se concentra en Dios y en sí mismo, el publicano llega a manifestar su verdadero ser, y permite a Dios ser El mismo. No tuvo vergüenza de sentir vergüenza. Siente ahora confianza, siendo consciente de no tener otra cosa para ofrecer que su fracaso. Esta es la razón por la que recibe lo esencial. El reconocimiento y la facultad de sentirse firme sobre sus pies. Puede bajar de nuevo a su hogar (la “casa), reencontrar la realidad profana, su condición personal, sus relaciones familiares y afectivas. Es él mismo, y sin embargo todo ha cambiado gracias a la mirada elogiosa de Dios.
¿QUÉ ME DICE A MI EL TEXTO? Nos encontramos ante un "test" de vida cristiana: esto es la parábola del fariseo y del publicano. Se nota que Jesús tenía otra manera de ver la vida. Conseguía ver la bondad de Dios allí donde todo el mundo veía cosas negativas. Por ejemplo, veía algo positivo en el publicano, a quien todo el mundo criticaba.
El fariseo de entonces y de todos los tiempos tiene una base doctrinal para su actuación. Él piensa: "en la medida en que cumpla la ley de Dios, en esa medida Dios me premiará y me salvará". La salvación para él no depende tanto de Dios cuanto de sí mismo, de su propia fidelidad, de su propia vida. Esto hace que para el fariseo la ley sea fuente de derechos ante Dios. Para él las obras buenas hacen al hombre bueno y merecedor, por derecho propio, de la propia salvación. Todos tenemos en nuestra vida un ramalazo farisaico que nos lleva a creernos buenos, mejores que otros a quienes quizá compadecemos y hasta amamos, pero desde nuestra situación de "mejores".
Como no entiende la gratuidad de la salvación se cree en la necesidad de comprarla con el cumplimiento de la ley. Su obsesión no es el amor, es lo mandado. Su actitud profunda no es el riesgo de creer sino la seguridad que da el cumplir. Cristo pide para el cristiano alma de publicano, conciencia de su pobreza de méritos y de su incapacidad de presentar ante Él nada a cambio del perdón y de la justificación.
Una de las condiciones esenciales para hacer oración es la humildad. En el decir de Eguiarte, la humildad consiste, no en rebajarnos, sino en reconocer lo que somos delante de Dios, nuestra pequeñez, nuestra pobreza, nuestra incapacidad para podernos acercar a Dios si el mismo Dios no nos concede su gracia y esa gracia es la que nos impulsa a acercarnos a Él[7]. San Agustín en los Soliloquios nos dice: “que me conozca a mí, que te conozca a Ti”[8]. Necesitamos desdoblarnos en esta actitud  para saber quién soy: limitaciones, defectos, miserias y carencias, pero a la vez verlo todo a la luz de Dios. Por tanto, la oración es un camino en el cual vamos experimentando estos dos elementos: el conocimiento nuestro, viendo nuestras limitaciones de cada día, pero también ver la grandeza de Dios que sigue siendo fiel, y acudiendo a esa cita que tiene con nosotros cada mañana y cada ocasión para que podamos hacer oración[9]. Si no tenemos humildad, dice Eguiarte, no podemos acercarnos a Dios.[10]
Me fijo en Jesús. Para Jesús, la oración está íntimamente ligada a la vida, a los acontecimientos concretos, a las decisiones que debía tomar. Buscaba la soledad con el Padre para poderle ser fiel. Escucharlo. Rezaba los Salmos en los momentos difíciles de su vida. Como cualquier judío piadoso, los sabía de memoria. Hizo su propio salmo: el Padrenuestro. Su vida era una permanente oración. Se le puede aplicar lo que dice el salmo: “Yo soy oración” (sal 109,4).
¿QUÉ ME HACE EL TEXTO DECIRLE A DIOS? Señor Jesús, hoy me invitas nuevamente a revisar mi actitud orante. Si mi oración no transforma mi vida ¿cómo será esta oración? ¿No será muy parecida a la del fariseo? Tal vez si, tal vez, no apunto mi corazón a tu corazón con constancia y firmeza. Puede ser que yo me crea buena en esta vida religiosa porque participo de la vida litúrgica y hago oración personal todos los días y tengo en casa servida la Eucaristía. Más, qué peligro Señor, si mi conducta no manifiesta el amor que te tengo y la gracia que me regalas para que haga tu voluntad.
Oración personal y comunitaria es un rito cada día. Subo al “templo”, me dispongo a encontrarme contigo, más también en el camino me distraigo, y no te encuentro porque estoy llena de mí, como el fariseo.
Dame corazón de publicano; corazón de mendiga, pues mendiga soy, pero muchas veces no lo reconozco. Ayúdame Señor a bajarme, en ese proceso de Kénosis, para poder identificarme contigo, y permitir que seas tú el que obres en mí, el que actúes y sea tu gracia el reflejo diario de tu quehacer en mí. Quiero entregarte todos mis pecados y miserias cada día, es lo único que puedo ofrecerte. Todo lo demás me lo das tú y a ti pertenece. Tú eres pura gratuidad y misericordia para con todos nosotros.

Nieves María Castro Pertíñez. MAR

 

 

 



[1] Mesters, C. Querido Teófilo. Ed. Verbo Divino 2000, p. 147-148
[2] Bobon, F. El Evangelio de San Lucas III: Ed. Sígueme, 2012, p.252-253
[3] Ibid. P.257
[4] Ibid. P.258
[5] Ibid. P.261
[6] Ibid, P. 265-267
[7] Eguiarte, E. El Clamor del corazón. Ed. Agustiniana, 2012. P. 119
[8] Sol 2,1
[9] Eguiarte, O.C. p. 120
[10] Ibid,  P.122

NUESTRAS RECREACIONES...

En el Noviciado tratamos de que los Recreos sean comunitarios. Unas veces jugamos, otras conversamos, otras vemos juntas una película con mensaje. En fin, todas colaboramos para que "Alipio", el amigo de la comunidad que nos trae los programas pueda sentirse acompañado. Hemos distribuido la preparación de los recreos por parejas para cada día. Entonces, hay mucha creatividad; ginkanas, dinámicas, concursos, juegos, etc. Lo cierto es que dinamizamos esta hora del recreo, nos divertimos y nos reímos mucho.
 
 







 





 

 


 







25 de octubre de 2013

Conocer, acoger y amar al Dios de la Vida

Hace algunos meses estamos conociendo más a fondo la Revelación de Amor por parte de Dios narrada en las Sagradas Escrituras.  “La novedad de ésta consiste en que Dios se da a conocer en el diálogo que desea tener con nosotros.”[1]
 
En cada acontecimiento de la historia de salvación, reconocemos que “Dios invisible,  movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía”[2] Dicha Palabra llega a su plenitud en el misterio de la encarnación; Dios ha dispuesto hablarnos en nuestro lenguaje desde Jesucristo.
 
Su amor incurre  en una historia muchas veces apropiada y arrebatada de sus manos “mi historia, mi vida”, sepultando lo que el salmista reconoce “Él modeló cada corazón, y  comprende todas sus acciones”[3].
La narración bíblica confirma que  todas las manifestaciones divinas para que sean captables por el ser humano deben ocurrir en el ámbito de la historia.
Cuando se aprende, como el pueblo de Israel, a reflexionar  y mirar la historia con ojos de fe nos permitimos acceder al corazón de Dios y  caer en la cuenta que historia no es sólo acontecimientos externos sino más plenamente acciones y decisiones que se emprenden frente a la realidad convencidos que el Dios que salva vela y camina con su pueblo.
Desde ahí el ser humano se presenta ante la historia convencido, como el salmista: “El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.  No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel”[4]
En el encuentro pasado profundizamos acerca de dos acontecimientos importantísimos en el pueblo de Israel como lo es el contexto de ambos reinos después de la división hasta la caída de Jerusalén en 587a.C. y el exilio;  momento especial en la reflexión teológica ante el acontecimiento de perder las tres bases de su seguridad religiosa-política (rey, templo, tierra) y descubrir la nueva imagen del Dios de la Vida y Liberador que se hace sentir cercano a través de los profetas.
Un detalle importante para nuestra vida espiritual a partir del exilio, es que el pueblo llega a asumir los medios del templo, la tierra y el rey como fines, olvidando que detrás de cada uno está el fin es decir Dios que se deja encontrar.  Al verse lejos de estas seguridades inician una renovación de confianza y relación con Yahvé.
¿Cómo vivo los sacramentos, la vida de servicio apostólico, los estudios, la vida familiar, las relaciones? ¿Cómo medio para… o fin de….?

Brenda Ovalle. Novicia MAR

 



[1] Verbum Dei. Primera Parte. Pag. 13
[2] Dei Verbum. Capítulo I, No. 2
[3] Salmo 32,15
[4] Salmo 120,2

24 de octubre de 2013

El fuego en estas cenizas de Joan Chittister, OSB

Joan Chittister es religiosa benedictina, periodista y escritora estadounidense. Ha sido Presidenta de la Conferencia de Superioras Mayores de Estados Unidos y es autora de más de 40 libros de espiritualidad y teología cristiana, además de ensayos contemporáneos. Ha sido reconocida con numerosos doctorados Honoris Causa, así como con numerosos premios en distintas universidades.  Es además considerada uno de los referentes internacionales en temas como: la mujer en la Iglesia Católica, la opción por los pobres, la paz, la justicia, y en general, los temas candentes de la Iglesia y la Sociedad contemporánea.
Iniciamos un recorrido  por capítulos de su libro “El fuego en estas cenizas”, donde Chittister llama a los religiosos, hombres y mujeres, a transformarse en fuego, a convertirse en abrazadora presencia del Espíritu de Dios en este mundo, afrontando directamente el núcleo de los problemas que enfrenta hoy la vida religiosa. Busca los motivos de esperanza a partir del análisis de aquellas actitudes que ocasionan un estancamiento y ofrece alternativas atrayentes y esperanzadoras.

En las páginas de presentación encontramos el primer interrogante: ¿La vida religiosa tiene hoy, aquí y ahora, algún valor? ¿Qué la constituye? ¿Cuál es su función? A lo largo de las 230 páginas del libro, tal vez encontremos respuestas reveladoras. Indica, además,  la procedencia del tema y el título del libro: el vocablo gaélico Grieshog, que hace alusión a mantener latentes los viejos fuegos para encender otros nuevos. 
Capítulo I
Corresponde a la introducción, subtitulada Bases para un nuevo comienzo; aprovecha su experiencia como religiosa antes, durante y después del Concilio Vaticano II para confrontar los valores actuales de la vida religiosa: ¿vida (estructura) canónica  o vida (impulso) carismática? ¿Conjunto de reglas o conjunto de ideales? ¿Servicio o signo? Apunta que a lo largo de la historia eclesial tal vez se ha puesto el énfasis en el quehacer de los religiosos que en el ser de los mismos, lo que pone en tela de juicio el valor de la vida religiosa.
Llama la atención sobre cuatro elementos que, a pesar de que  han afectado la vida religiosa contemporánea, rara vez han sido mencionados y con frecuencia han sido petrificados en el tiempo: la cultura, el feminismo, la inserción y la inculturación.
-La cultura, afirma, ha condicionado la forma de la VR, puesto que ésta debe ser una respuesta consciente y creativa al mundo circundante en el que existe, reflejar su realidad y sus luchas,  y ser luz en ella. Cuando no logra responder a sus cambios, ideas y prioridades, la VR le falla a su cultura y ésta la rechaza.
-El feminismo  es uno de los dones de la VR a través del tiempo manifestado en diversas situaciones, entre ellas el cuestionamiento de la teología en que se han basado los modelos de feminidad, e incluso las propias acciones actuales en un intento de negarse a participar en la perpetuación de un sistema internamente incoherente que predica una definición de igualdad de la mujer pero establece otra.
-Planteando el tema de la inserción, recuerda los esfuerzos que se realizaron en la edad media para alejar a la vida religiosa del mundo, enraizándola en un rígido molde, muy distante de los nuevos patrones de vida de una sociedad urbana e industrial. Una cultura dentro de otra. Esto, asegura, es un arma de doble filo: bien puede un subgrupo cuestionar fuertemente al grupo dominante siendo signo contracultural, o bien puede pasar desapercibido y sin importancia para el mismo.
-Define el concepto inculturación como el proceso de adopción de las características de una cultura a fin de añadirle algo de valor, no para ser asimilados por ella. Es la responsabilidad de celebrar lo verdaderamente positivo y asumir las auténticas cargas de un lugar para ser convertidos por todo ello y hacer evidente lo primero y más llevadero lo segundo  a todas las personas.

Yolenny Ramírez. Novicia MAR
 

23 de octubre de 2013

Jesús y los Evangelios


J
Jesús desde el evangelio según San Marcos:
Es precisamente Marcos quien mejor subraya el aspecto humano de Jesús. San Marcos penetra los sentimientos de Jesús que abraza y bendice a los niños, mira y ama al joven rico, y se llena de ternura ante las multitudes que están como ovejas sin pastor (Mc 10,16;10,21;6,34).
En este clima de la verdad vivida, no atenúa en nada lo que las reacciones que rodean a Jesús podían tener de rudo, o quizá de irrespetuoso. En un mundo en el que el trabajo manual era muy poco estimado, en el que según el uso Judío jamás se menciona a la madre, Marcos denomina a Jesús como “el carpintero, hijo de María” (Mc 6,3). Nos trasmite una reflexión bien poco amable por parte de sus “hermanos”[1]: “está fuera de sí” (Mc 3,21).[2]

El mérito de Marcos, es el de presentarnos a Jesús de una manera extraordinariamente viva, en toda su semejanza con nosotros, pero al mismo tiempo en toda su misteriosa trascendencia. Nos condice progresivamente a descubrir en “el carpintero hijo de María”, al “Mesías, Hijo de David”, más aun, al “Hijo de Dios.[3]
Jesús desde el evangelio según San Mateo:

La frecuencia del nombre de Jesús, y el uso del mismo, indica que no se trata de una mera preferencia estilística, sino de una especial reverencia y amor hacia la persona de Jesús.
La razón de esta predilección está en el valor religioso que este nombre tiene, tanto en sí mismo como para el pueblo de Dios.

Mateo también nos presenta a Jesús como profeta, como Mesías, como Siervo de Yavé, Hijo de David, Hijo del Hombre, Hijo de Dios y Kyrios (Desde el evangelio:  Señor de los discípulos).[4]
Jesús desde el evangelio según San Lucas:

Lucas nos presenta a Jesús como evangelista de la salvación (cf. Lc 4,18; 4,43; 7,22). También a Jesús como profeta y como el Kairós. En este en Jesús se manifiestan sensiblemente los atributos de Yahvé como Dios misericordioso, Dios Salvador.[5]
Jesús desde el evangelio según San Juan:

En el Cristo de San Juan aparece muy claramente la humanidad. Es hombre y es humano. Desde el principio Jesucristo es el Verbo encarnado (Jn 1,14).[6]
“Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis la vida en su nombre” (Jn 20, 31). Así es como define su autor el programa del cuarto evangelio: hacer que aparezca, mediante un examen de los datos históricos (Jesús) y teológicos (el Cristo Hijo de Dios), la identidad del Señor de la Iglesia.[7]

Jessica López. Novicia MAR



[1] En el contexto Judío, hermano podía tener diversos significados, no necesariamente el que comúnmente se conoce como parentesco de sangre, sino en este caso, significa de la familia, persona allegada o cercana. La biblia de Jerusalén nos dice que a partir de los padres de la Iglesia ha visto en estos “hermanos” de Jesús a “primos”, en consonancia con la creencia en la virginidad perpetua de María.
[2] GARCIA.M Joaquín. Manual Bíblico. Tercer tomo (evangelios). Editorial: Casa de la Biblia. Madrid (España). 1967. Pg.92
[3] Ibid Pg. 96
[4] Ibid Pg.  140.
[5] Ibid Pg. 207
[6] Ibid Pg. 304
[7] BAGOT, Jean-Pierre y Jean-Claude Dubs. Para leer la Biblia. Juan el evangelio del Revelador. Editorial Verbo Divino, séptima edición.2001.Pg.133