30 de septiembre de 2014

¡BIENVENIDA!


La comunidad del Noviciado recibió con alegría y entusiasmo  a la Hermana Lucía, procedente de la misión de Cochabamba (Perú), que  desde el pasado domingo forma parte de nuestra comunidad.


Agradecemos al Señor por su vida, por enriquecernos con su presencia y experiencia de fe.





29 de septiembre de 2014

El “sí” a la vocación específica: un “sí” a otras llamadas


Considero que uno de los regalos  de Dios más preciados para los seres humanos es empezar el camino de identificación con la primera vocación, la de vivir.  Empezar a caminar en la respuesta de las cuestionantes  ¿para que nací? ¿qué quiere Dios de mí?, entre otras posiblemente iguales o más profundas.

Son inquietudes que siempre han existido en el ser humano, pero que sin duda en el tiempo actual son doblemente aplaudidas por Dios, que nos ilumina; primero porque todo lo que nos rodea (publicidad, autorrealización científica, productos, etc.) nos invita a pensar en ¿qué es lo que quiero? y ¿cómo obtenerlo?; segundo porque entre el trajín de ir y venir encontramos en esta sociedad superficial la oportunidad de encajarnos en los caminos que otros siguen… en ser parte de la coordenada y no ir en contra de la marea. Responder esta inquietudes con Dios requiere hoy más que nunca sensibilidad para ser escuchada y atendida.

En todo esto Dios sale a nuestro paso, como siempre, llamándonos a compartir cada momento de nuestra vida con Él, que es la Vida de nuestra existencia.  Reconozco este paso de manera especial en el proceso vocacional inicial.

Ante la afirmación “Todos estamos llamados a ser santos, en distintos caminos vocacionales” y la pregunta  “¿cuál es el tuyo?”, Dios me concedió el deseo de descubrir cuál era este camino específico en mi vida, en el cual Él ya me esperaba para vivir la vida junto a Él.

Cuando llegó el momento de decir “sí” a su voluntad, que a través del acompañamiento fui clarificando, experimenté el primer salto significativo a la nada … así como la satisfacción de empezar a andar el camino en la respuesta a  las preguntas  ¿para qué nací? ¿qué quiere Dios de mí?

Cada uno desde su experiencia puede reconocer en el fondo este maravilloso regalo de recibir las fuerzas de Dios para caminar en tónica de vivir junto a Él cada paso en la vocación a la que hemos sido llamados.  Sin embargo la vocación no se puede reducir a una sola llamada cualitativamente, ya que este “sí” a la vocación específica representa el “sí” a otras llamadas que con la misma fuerza de Dios podremos ir respondiendo.

La primera respuesta afirmativa del querer de Dios en nuestra existencia es la promesa de estar abiertos  al misterio de Dios durante toda la vida… es la apertura a la recepción de otras llamadas provenientes del Espíritu Santo, que incitarán un reinado más completo de Dios en nuestras vidas, un caminar en conversión continua en tal que vivamos para “Darle solo a Él, el honor y la Gloria”.

“Dame Señor lo que mandas y manda lo que quieras”
San Agustín

Brenda Ovalle, Novicia MAR



28 de septiembre de 2014

SALMO DE LA PERTENENCIA A DIOS


Qué suave es tu amor, Señor,
y qué inmensa tu ternura.
quiero volcar mi vida en correspondencia a ti, Dios mío.
quiero abrir mis ojos y recibirte,
recibirte en cada hombre y mujer que como yo
ansía y necesita tu amor.

Quiero cerrar mis ojos, Abba,
y abrir mi alma a tu Palabra, reflejo y casa de tu voluntad.
Y así caminar en pos de Ti, ciegamente enamorada.
Quiero dejarme hacer, aunque no quiera;
quiero decir que sí, aunque tema
y vencer una y otra vez cuando me digo que no puedo.

Quiero luchar, con la mirada puesta en Ti
y derrotar mis fantasmas
para que en libertad pueda darte mi pobreza cada día
y con ello enriquezcas tu Reino entre nosotros.

Quiero poder mirar atrás con alegría
y agradecida extenderte mi alabanza
y que al frente, al  porvenir, me guíe la esperanza
de encontrarme contigo y nuestra familia
reunidos en el gozo que no acaba.

Y en este instante, Señor, que es el que tengo
me abandono a Ti con un gran ¡FIAT!
Y te digo Señor mío y Dios mío
qué es lo único que anhelo:
ESTAR POR SIEMPRE Y PARA SIEMPRE A TI UNIDA.


Yolenny Ramírez Corporán, Novicia MAR

27 de septiembre de 2014

Lectio Divina, Domingo XXVI del tiempo ordinario Ciclo A

“Los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios”
 (Mateo 21,28-32)


1.- Invocación al Espíritu Santo

Pedimos al Espíritu Santo que nos ilumine, nos acompañe y guíe en  este encuentro con la Palabra:

 “Ven  Espíritu Santo, y concédenos el don del entendimiento, para que te conozcamos más fácilmente y podamos comprender el mensaje que hoy el Señor quiere revelar a nuestras vidas.”

2.- Lectura del texto

Nos acercamos al texto, con sencillez, con una lectura pausada y atenta.

28En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
Pero ¿qué os parece?
Un hombre tenía dos hijos.Llegándose al primero, le dijo:
‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’.
29Y él respondió:
‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue.
30Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió:
‘Voy, Señor’, y no fue.

31¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?
- ‘El primero’ - le dicen.
Díceles Jesús:
‘En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios.
32Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él’”.


Contexto
La parábola de los dos hijos sólo aparece en Mateo. Describe una escena familiar: al pedido del padre, un hijo responde no quiero, pero luego reflexiona, se arrepiente y cumple; al otro le falta valor para decir "no" y acepta una orden que en su interior no piensa cumplir. En el contexto de las controversias que empezaron con la pregunta de los sumos sacerdotes y los escribas sobre la autoridad de Jesús (21,23-27), los dos hijos representan sin duda a dos grupos bien definidos: por un lado, los judíos piadosos, que dicen y no hacen, como lo aclara el reproche que Jesús dirige más tarde a los escribas y fariseos (23,3); por el otro, los publicanos y prostitutas, que por su fe en Jesús estaban más cerca del Reino de Dios. Los judíos, que honran a Dios con los labios pero tienen el corazón lejos de Él (15, 8), son suplantados por un pueblo que produce fruto a su debido tiempo (21,41). El vs. 32 no pertenecía originariamente a la parábola, pero se une naturalmente a ella en razón de su contenido. El texto establece un paralelismo tácito entre Jesús y Juan el Bautista, y hace notar que la situación descrita en la parábola de los dos hijos ya estaba presente en tiempos de Juan. Juan vino por el camino de la justicia, pero los jefes del pueblo, que son ahora los adversarios de Jesús, no escucharon su llamado a la conversión. En cambio, los recaudadores de impuestos y las prostitutas creyeron en él y por eso llegan antes que ellos al reino de Dios (vs. 31).[1]


3.- Meditación

El “arrepentimiento” de los publicanos y prostitutas se convierte en modelo: el actuar “justo” de aquellos que antes se han portado de manera equivocada, debería atraer a la conversión a aquellos que se consideran buenos, pero no van a la práctica. Es posible el cambio. La vida se puede enderezar por medio de la conversión y un proyecto de vida conducido según la escucha y la puesta en práctica del querer del corazón del Padre.[2]

En este momento nos confrontamos con la Palabra desde el fondo de nuestro ser,  y buscamos en la intimidad qué respuestas damos o queremos dar en nuestras propias vidas.

¿Qué me dice a mí el texto? ¿Qué versículo me ha llamado más la atención? ¿Cuál es la actitud de los dos hijos? ¿Con cuál de los dos hijos me identifico? ¿Quiénes son hoy las prostitutas y los publicanos?  ¿De qué manera cumplo o rechazo la voluntad de Dios?

Releamos el Evangelio con San Agustín

La relectura aplicativa que san Agustín hace del texto de Ezequiel 18,21-22 (versículos previos a la primera lectura de este domingo) nos da también un interesante ángulo de lectura del Evangelio.

“Yo lo sé, y lo sabe conmigo quien reflexione con un poco más de atención, que no hay nadie que –temiendo a Dios- no se corrija por sus palabras, a no ser porque crea que va a vivir más tiempo.

Precisamente esto es lo que mata a muchos, cuando dice: “cras, cras” (término latino que significa “mañana, mañana”). Y de repente se cierra la puerta. Se queda fuera con voz de cuervo, porque no tuvo gemido de paloma (ver Génesis 8,7-12).

De hecho, “cras, cras” es voz de cuervo. Gime como una paloma y golpea tu pecho. Pero hiriéndote en el pecho, corrígete, para que no parezca que en vez de corregir la conciencia estás pavimentando tu mala conciencia, haciéndola más sólida a fuerza de puños, y no rectificándola.

Gime, pero no con un gemido vano.

Por ventura te dirás a ti mismo: ‘Dios me prometió la indulgencia cuando me corrija; estoy seguro; leo la Biblia, donde dice que «en el día en que el inicuo se convierta de sus iniquidades y practique la justicia, me olvidaré de todas sus iniquidades» (Ezequiel 18,21-22). Estoy garantizado. Cuando me corrija, Dios me va a perdonar de todos mis males’.

¿Qué puedo decirte? ¿He de reclamarle a Dios? ¿Podré decirle a Dios: ‘No lo perdones’? ¿O voy a decir que eso no fue escrito, que Dios no prometió eso? Si así hablara, mentiría.
Dices bien, dices la verdad; no puedo negar que Dios prometió el perdón a tu corrección. Pero dime, te pido: ¿Quién te prometió el día de mañana?”.

(San Agustín, Sermón 82,14)


4.- Oración

En este momento nos dirigimos a Dios y le agradecemos por las invitaciones que nos ha realizado.

Gracias Señor porque nuevamente me llamas con ternura y amor a trabajar en tu viña, te pido perdón por aquellas veces en las que te he dicho sí y no realizo tu querer, hazme dócil a tu Palabra, a tu voluntad, que pueda responderte con generosidad, entrega y amor, en el trabajo de tu viña, pero sobre todo ayúdame a perseverar y permanecer en tu Amor.

5.- Contemplación/Acción

Finalmente  nos dejamos mirar por Jesús, ponemos en sus manos nuestra miseria, descubrimos su cariño y paciencia para con nosotros.
Que esta mirada nos acompañe en todo lo que realicemos, y así nos podamos comprometer en fidelidad a su proyecto, renunciando a nuestros propios gustos y  sirviendo con caridad en la viña del Señor.


Miriam Horta Colín, Novicia MAR




[1]Lectio Divina en  www.lecturaorante.blogspot.com/2011/09/mateo-21-28-32.html
[2] Ibíd.

26 de septiembre de 2014

Caracterización de la fe de Jesús de Nazaret desde el evangelio según Marcos.





En la clase de Seguimiento de Jesús que llevamos en el CER y nos comparte el profesor Miller Bueno, nos pusieron una tarea: buscar las características de la fe de Jesús en el evangelio de San Marcos, desde lo que Jesús dijo e hizo y con quienes se relacionó, en  este trabajo pude concluir acerca de Jesús que habla, actúa y se relaciona mostrando a:


·   Un Dios Papá de todos sin distinción de estatus social, raza, formación; para Él todos somos sus hijos y  tiene un gran proyecto de justicia, amor y esperanza, en el que nos invita constantemente a vivir en conversión hacia Él, a preparar en el corazón un lugar para Él, que se acerca e irrumpe en la realidad del mundo, «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos (El camino abierto por Jesús , Pagola). 

·   Un Dios que  está dispuesto a perdonar los pecados y devolver la dignidad a los hombres y mujeres, porque no se arraiga a una estructura, ley o forma sino más bien se preocupa por la persona y su realidad;  su respuesta ante las  dificultades, enfermedades, ante el pecador y el  que sufre no son grandes charlas ni teorías: él sana, perdona, reconoce a la persona y como tal la valora.

·    Un Dios que se atreve a  llamarnos a pesar de ser lo más débil e insignificante para la sociedad; que   confía en cada persona, «con Cristo, el cielo ha quedado abierto; de Dios sólo brota amor y paz; podemos vivir con confianza. A pesar de nuestros errores y nuestra mediocridad insoportable,… En adelante podemos afrontar la vida no como una «historia sucia» que hemos de purificar constantemente, sino como el regalo de la «dignidad de hijos de Dios», que hemos de cuidar con gozo y agradecimiento.»  (El camino abierto por Jesús, Pagola)

·    Un Dios de la vida y que está vivo, que no abandona a sus hijos que está presente y se preocupa por forjar un reino de paz y amor entre todos y en cada uno, que libera de todas las ataduras, humaniza y es cercano, apoya, es fuerza para el débil y el excluido.

·       Un Dios que invita a superar los miedos, a reconocer que el amor que Él nos tiene es más grande que nuestros temores y que no hay mejor manera que enfrentar el miedo que abandonarse a su voluntad, a su amor que todo lo sana y para el que todo es posible. Invita a sus seguidores a vivir desde el perdón mutuo, que devuelve la alegría y la esperanza, que libera y hace a las comunidades más fuertes.

·    Un Dios que es generoso en el amor, desborda amor y permite que se le ame de forma desmedida. (Mc. 14,1-9)

·   Un Dios que es de los más pequeños, sencillos y humildes, de los que se encuentran en la periferia, los pobres, los últimos; que convierte la muerte en vida y que da su propia vida por todos. El Dios que anuncia la buena noticia.

·   Un Dios que es providente, da a sus hijos lo necesario y les invita a vivir libres, desprendidos y sin ataduras; que capacita a sus hijos no para enfrentar a los otros seres humanos sino para expulsar demonios, para liberarlos de su mal y devolverles su dignidad. Siempre da una respuesta ante el que sufre, no pasa de largo.

·   Un Dios que no es milagrero, no busca glorias ni triunfos sino que actúa con  discreción, que habla a lo profundo del corazón y se manifiesta en la soledad y en la comunidad; para el que nada es oculto, pero que da la oportunidad a volver al camino.

·    Un Dios que revela nuestras reales intenciones; con ansias de comunicarse con sus hijos, un Dios “desconcertante y fiel”.

·     Un Dios de procesos, que invita a entregar toda la vida para poder ganarla en Él, que pide a sus discípulos fidelidad y ora por ellos aún en la debilidad; Dios del servicio, que va en ayuda del que necesita y así le pide a sus discípulos que entreguen su vida. 

Muestra una vida que sólo tiene sentido en la clave de construir el reino de Dios, de hacer su voluntad y asumir las consecuencias.
Karen Polanco, Novicia MAR

25 de septiembre de 2014

Vocación del profeta Samuel


Samuel, que significa “Dios escucha”, es justamente la respuesta a la súplica confiada de Ana, su madre, estéril hasta que Dios interviene; así  también sucede con la historia del pueblo de Israel, nación a la Dios ama pero que no produce los frutos de la alianza sino que se encuentra sumida en la infidelidad y la  decadencia religiosa. La vida floreciente del adolescente Samuel, representa una época nueva de la Historia de la Salvación para el pueblo,  puesta a prueba, por decir, cuando se inicia el período de la monarquía.

El capítulo tres del libro narra la manifestación de Dios en la vida del joven Samuel: El triple llamado al cual responde Samuel dirigiéndose al anciano Elí, ilustra en cierto modo la desorientación y la incertidumbre por la cual avanza el pueblo.  Con toda razón se puede afirmar que en este pasaje los protagonistas no son ni Elí, ni Samuel; la protagonista es la Palabra de Dios que irrumpe en la oscuridad, en las tinieblas y en la vida recién comenzada del joven Samuel.  Se trata, por tanto, de la Palabra de vida que llama a su servicio, servicio que se orienta esencialmente a la vida.  Samuel, que ha estado a las órdenes de Elí, pasará ahora a servir exclusivamente a esa Palabra.  Es Dios mismo que apela a éste instrumento humano para hacer cosas nuevas; y Samuel adquiere renombre en todo Israel, de norte a sur, no por sí mismo, sino por su servicio a la Palabra, como profeta “acreditado” conoce la voluntad de Dios, sus propósitos, y por su medio todo Israel también puede conocerlos.

Es un relato que sin duda mueve, de manera especial cuando empezamos a orientarnos a una vocación específica, sin embargo, confesando con San Agustín que Dios y su Palabra es la “Hermosura tan antigua y tan nueva” que impacta la vida de los sencillos, este relato vocacional y toda la Palabra se convierte en una luz para el camino de la respuesta del día a día.

Reflexionando y meditando este pasaje frente a Jesús Eucaristía en la hora Santa que solemos vivir todos los jueves encomendando a Dios todas las vocaciones y también la nuestra, descubría algunas luces para el seguimiento fiel y amante:

“Samuel estaba acostado en el santuario del Señor, donde estaba el arca de Dios”: Es interesante el lugar donde reposa el profeta; su corazón descansa junto a Dios, representado por el arca de la alianza.  Es en este lugar donde Dios hablará; sin duda llama a permanecer cerca de Dios, en ocasiones al pie del Sagrario y en otras en las realidades cotidianas pero en tónica de permanecer en sintonía del que “habla” siempre, aún en el silencio.  Aunque Dios está presente en todo lugar, no todas las circunstancias nos permiten adentrarnos en su silencio.

“El Señor llamó: ¡Samuel, Samuel!”: Versículos anteriores, dice: “La palabra del Señor era rara en aquel tiempo” y sin embargo Dios  llama a Samuel por el nombre.  Él irrumpe la cotidianidad, el silencio que vive el pueblo, para llamar a partir de nuestra identidad profunda. La llamada personalizada es  capaz de despertarnos del sueño, de la pasividad.

Dios sabe que posiblemente no atendamos a través de los apodos, silbidos, por lo que, amándonos y conociéndonos mejor que nadie, sigue llamándonos de manera personal para anunciar en la comunidad que Dios nunca calla.

“El Señor volvió a llamar por tercera vez.  Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí”: Reconocer a Dios como el Padre Dadivoso, buscador del hombre, es recocer su insistencia, la prolongación de su amor durante toda nuestra vida; las tres llamadas son sinónimo de la continua invitación a compartir la vida con Él.  Cautiva de manera especial como el joven Samuel obedece y atiende por tercera vez a la voz de Dios, no desatiende sino que se pone en pie.  Necesitamos esta actitud, este don, para responder a la búsqueda de Dios con apasionada confianza y obediencia todos los días… en todas las circunstancias.

“Samuel respondió: Habla, que tu servidor escucha”: En el versículo siete, el autor comparte que Samuel no conocía todavía al Señor.  “Todavía” no,  porque Dios tomando la iniciativa se le revelará, y aquí es fundamental reconocer que no se conoce a una persona si no se le escucha.  Lo verdaderamente real, profundo del otro  llega a mí cuando me abro a su persona en la escucha atenta… no es lo de fuera lo esencial, sino lo de dentro. Para profundizar en Dios que viene a mí, que constantemente se entrega por amor a mí, es necesario escucharle, crecer en caer en la cuenta de Quién es el que nos llama, habla, ama…


En síntesis, este relato vocacional, ilumina mi seguimiento como discípula, recordando lo esencial que es la oración fiel, es decir el ejercicio de amar.
Ésta es la respuesta al amor de Dios en mi vida, es un don que está dispuesto a colocar en nuestros corazones, es en la relación en la que nos conocemos y le conocemos, donde aprendemos a relacionarnos desde lo que somos con profundidad; es la escuela de aprender a amar y responder a su voz todas las veces que llame, es la escuela de la escucha que renovará nuestra respuesta ya consciente: “Aquí estoy; vengo porque me has llamado”.

Brenda Ovalle Hernández, Novicia MAR



24 de septiembre de 2014

EL TERCER TERRENO DEL ALMA: EL TERRENO CON ESPINAS

El tercer terreno representa una tierra mejor que el terreno rocoso. Este terreno es más adecuado, sin piedras en su interior. Las semillas tienen un excelente clima para crecer. Echaron raíces profundas, encontraron agua, soportaron el calor del sol y la intemperie. Crecieron con vigor y entusiasmo. Los problemas exteriores no pudieron destruirlas; pero junto con las pequeñas plantas crecieron también, en silencio, los espinos. Al principio las espinas parecían frágiles e inocentes. Además, había lugar para todas las plantas y podían crecer juntas; pero pasaron los meses y el espacio que era tan grande, empezó a ser pequeño, empezó una competencia.

Los espinos comenzaron a combatir con las plantas por los alimentos: el oxígeno, el agua y los rayos solares. Crecieron rápidamente y sofocaron a las plantas, que clamaban por los alimentos y por los rayos del sol para hacer su fotosíntesis, pero los espinos controlaban su deseo de vivir. Así, a pesar de tener raíces profundas y adquirir un buen aspecto, las plantas no fructificaron, no sobrevivieron.

Este terreno representa a las personas más profundas y sensatas, que permitieron  el crecimiento del perdón,  del amor, de la sabiduría, de la solidaridad y de todas las demás semillas que les ofreció el Maestro de los maestros.

Soportaron las incomprensiones, las presiones y las dificultades externas sin desanimarse, sin embargo, no estaban preparadas para superar los problemas de su propio mundo, que crecía sutilmente en lo hondo de su ser. En esta parábola, Jesús dijo que los espinos representan las preocupaciones existenciales, los cuidados del mundo, las ambiciones, el encanto de las riquezas.


Uno de los mayores problemas que sofocan a las plantas no es el fracaso, sino el éxito. El éxito profesional, intelectual, económico e incluso espiritual: si no es bien administrado paraliza la inteligencia, obstruye la creatividad, destruye la sencillez.

Jesús fue el Buen pastor que jamás se dejó afectar por la fama, jamás perdió su contacto íntimo con las personas. Al contrario, conocía cada oveja por su nombre, se preocupaba por ellas y por sus necesidades.

Las semillas de los espinos están presentes desde la más tierna formación de la personalidad. Algunas preocupaciones son legítimas, pero el problema  se presenta cuando estas preocupaciones nos controlan, nos quitan la tranquilidad y la capacidad de decidir. Muchas personas diariamente son asaltadas por pensamientos perturbadores. Son maravillosas, para los demás, pero son esclavas de sus pensamientos. No saben cuidar de su calidad de vida y viven infelices, atormentadas interiormente, sofocadas en sí mismas.

Hay que cultivar día a día el terreno de nuestras emociones, arrancar las hierbas dañinas, abonar la tierra, regar y nutrir.  Debemos reciclar los pensamientos negativos y perturbadores que crecen sutilmente.

Judas Iscariote fue acometido poco a poco por pensamientos perturbadores y no los superó. En los primeros años jamás pensó en traicionar a Jesús; quería que Él destruyera a los fariseos, pero Él era paciente con sus enemigos; quería que Él  subiera al trono político de Israel, pero Él quería el trono del corazón humano. Admiraba a Jesús pero no lo comprendía, no lo amaba. Los espinos crecieron en lo secreto del alma de Judas; como no los trató, sofocaron las bellas enseñanzas de su Maestro.


Si no tratamos nuestras angustias, preocupaciones, miedo al futuro, reacciones ansiosas, etc., éstas se van depositando en los terrenos de la memoria, volviéndolos ácidos y áridos. Las flores no soportan esta aridez, pero a los espinos les encantan.

Queridos amigos, estemos atentos a nosotros mismos y a todas las mociones que pasan en lo más íntimo de nuestro ser. No tengamos miedo de entrar y descubrir lo que hay ahí, podremos encontrar una gran riqueza, la riqueza que lleva cada ser dentro de sí. Pero si no hay el intento de amistad con nuestro interior jamás podremos tocar esta riqueza y fuente de vida que mana en todo ser humano. Si no nos conocemos, no oímos los clamores y no nos percatamos de las cosas que nos acometen, seremos siempre víctimas y jamás, jamás, protagonistas de nuestras vidas, de nuestra historia. Habla, conoce, cuestiona lo que te aflige y opta siempre por una mente sana y libre de pensamientos que esclavizan.

Del libro maestro Inolvidable de Augusto Cury
Págs. 120-125

23 de septiembre de 2014

"Retorna a tu propio corazón"

Para san Agustín el corazón es la casa donde Dios nos aguarda para vivir en comunión plena con Él… el camino para llegar puede ser diferente en los hombres y mujeres que responden al deseo de Dios en su interior, sin embargo el amor caracteriza esta decisión de entrar al corazón, es el denominador común.
En el libro “El clamor del corazón”, el P. Enrique Eguiarte, OAR, nos propone profundizar en diez palabras sobre la oración en san Agustín, diez palabras que recuerdan la invitación del serafín de Hipona: "retorna a tu propio corazón".
Presentamos en este video una de ellas.
Brenda Ovalle, Novicia MAR


22 de septiembre de 2014

SUEÑOS MAR

¿Qué sueñan las novicias, respecto a la congregación?   Compartimos nuestros sueños acerca del caminar de la congregación.
 Sabemos que soñar es válido, pero que los sueños sin compromiso son fantasías, por eso le pedimos a Dios la gracia de la fidelidad  a la vocación recibida.
¡Que lo disfrutes!


21 de septiembre de 2014

Beata Isabel de la Trinidad

Los escritos de la Beata Isabel de la Trinidad son una autobiografía espiritual. Son la expresión de su vivencia del misterio de Dios en su sentido más profundo, una vivencia de fe y amor. Sus páginas son una fuente luminosa de doctrina, hecha vida interior, abierta a todas las almas, llamadas a la perfecta configuración con Cristo.
Esta joven santa Carmelita, encendió mi corazón y fomentó la búsqueda continua del Amado, de una vida espiritual viva, que no desfallezca ante las dificultades y pruebas del alma. Me llama a vaciar todo mi ser para llenarme de Él que es la vida verdadera.


Juliana Lima, Novicia MAR