31 de diciembre de 2015

FELIZ AÑO 2016 DESDE LA CASA NOVICIADO


QUERIDOS LECTORES:

Hemos querido cerrar este año realizando el retiro espiritual en casa, a los pies del Santísimo; dejándonos tocar por la mirada compasiva y misericordiosa de nuestro Maestro. Un día hermoso, de reflexión, de reconciliación, de proyección en torno al tema de la misericordia.

Desde aquí, queremos desearos a todos un FELIZ AÑO 2016.

Tal vez no nos conozcamos mucho; a algunos nada. Lo importante es mantenernos unidos por la fe, por el amor, por el gozo de sabernos amados por ALGUIEN  que antes nos amó primero.

Este año de la misericordia es una invitación para todos nosotros a vivirnos en gratuidad.
Todo lo hemos recibido gratis y por tanto, debemos compartir toda nuestra vida, todo nuestro ser. MISERICORDIA es GRATUIDAD.

Invitación profunda a perdonarnos, a dejarnos corregir, a ayudarnos mutuamente, a ser generosos, desprendidos, disponibles; a mirar cada rostro buscando el rostro del Dios vivo y dando de nuestra pobreza. ¿QUÉ TENEMOS QUE NO HAYAMOS RECIBIDO? Tienes casa, da cobijo. Tienes alimentos, comparte. Tienes abrigo, piensa en el que pasa frío. Tienes salud, visita al enfermo. Eres libre, visita al preso. Todavía no te pesan los años, ten paciencia con el anciano. Estás muy preparado y sabes mucho, enseña al que no sabe. Los guerrilleros enseñan a los niños a defenderse, a protegerse del enemigo, y enseñan a matar. ¿Y nosotros? No demos peces, enseñemos a pescar. Pongamos todo a disposición del que carece de lo indispensable para ser feliz. Simplemente, amemos, entregando el corazón, la vida, porque son muchas las bendiciones que se reciben, mucho más de lo que imaginamos.

Y una mirada especial para nuestros hermanos; que esa mirada llegue al fondo del corazón de Dios-papá para que cesen las guerras, desaparezca la trata de personas, cada uno disfrute de su tierra y no pierda el derecho de circular por donde quiera y vivir su propia religión, desaparezca el hambre y el maltrato a los niños, los ancianos no sean un estorbo y no haya personas “de la calle”, porque gracias a todos hemos hecho un mundo más humano, desde el don de sí mismos y el convencimiento de que esta casa, esta tierra es de todos y para todos los hijos de Dios que se saben hermanos.  

Recordamos especialmente con nuestras oraciones a nuestros familiares, hermanas y hermanos enfermos; estamos muy cerca de vosotros y os acompañamos en vuestras necesidades. Muchas bendiciones para todos. 




30 de diciembre de 2015

REFLEXIÓN DE TEXTOS SOBRE LA ORACIÓN DE JESÚS Y ALUSIVOS EN EL EVANGELIO DE LUCAS (PARTE FINAL)

14. JESÚS ORA EN LA CRUZ.  

Lc 23,46 /Mc15, 24-36



A Jesús en la cruz ya no le queda nada. Ante tanta oscuridad y  abandono, sigue confiando plenamente en su Padre. Ese Espíritu que recibió en el Bautismo lo entrega con toda su confianza al Padre, porque ya su misión se ha cumplido de acuerdo al querer de Dios.
Esta es la última oración de Cristo en la cruz.

El evangelista retoma aquí el hilo del evangelio de Marcos. Repite la mención de las tres horas de tinieblas (v.44/Mc15 ,33), pero  inserta aquí como segundo signo el episodio de la rotura del velo, que Marcos sitúa un poco más adelante (15,38).[1]  Junto a ello se destaca también claramente el punto de vista bajo el cual Lucas ofrece la escena final de la pasión. A los ultrajes que han precedido se ofrece aquí la contraposición de manifestaciones de veneración y de fe.[2]

Lucas aclara en cambio la última exclamación de Jesús (v.46) cuyo contenido calló Marcos, o creyó que se trataba de un grito inarticulado (Mc 15,37), poniendo en labios del Maestro una oración de confianza, extraída de un salmo  (30).[3]

Como en el relato del Monte de los Olivos (22,39-46), Lucas confirma aquí su sensibilidad doctrinal eliminando el grito de abandono (Mc 15,34-36). No admite que Dios hubiera abandonado entonces a su Hijo, ni que éste hubiera expresado un sentimiento de soledad. Como en el relato del Monte de los Olivos, Jesús sufre verdaderamente. Dios no es cruel ni indiferente, sino que ejecuta su designio, aceptado íntimamente por el Hijo. Así como el ángel había venido para confortar a un Cristo inmerso en la prueba, las tinieblas significan el consentimiento y hasta la participación divina en el drama. En el Monte de los Olivos Jesús había hecho frente finalmente a los acontecimientos por la fe. También por la fe reza en el momento de morir, invocando a Dios como Padre, al que devuelve su vida (v.46). Jesús concluye su vida con una oración.[4]

Lucas aprecia las expresiones de sabor bíblico que contienen figuras etimológicas: “gritando con fuerte voz”; tal es la introducción a la última palabra de Jesús en san Lucas.[5]

El grito de abandono según Marcos era una cita del salmo 21; igualmente la oración de Jesús en Lucas corresponde al v.6 del salmo 30 en la versión griega de los LXX. El salmo 30 representa una llamada de ayuda y a la vez la expresión de una confianza inmensa. Esta invocación dirigida al Padre es constante al principio de las oraciones de Jesús en el tercer evangelio[6].  (Ver trabajo anterior)

Jesús, aún maltratado por los humanos, no deja de tener el control de su destino. La oración de Jesús no ha sido más que su amor al Padre. Jesús entrega al Padre el espíritu, que es portador de vida; se lo entrega totalmente. Dios es un Dios fiel, de fiar, Padre; en sus manos y en su bondad paterna está bien asegurada su alma. Él no la pierde, sino que quiere guardarla y salvarla. Jesús acaba su vida con entrega, obediencia y confianza. El Cristo que muere es el que resucita. En nuestra vida de cristianos tenemos que ir haciendo este mismo itinerario que hizo Jesús. No es una vida de seguimiento que busca el éxito, es precisamente una vida de seguimiento que combate el mal, y que busca instaurar el Reino aunque no veamos nada. Después que Cristo ha resucitado, tiene sentido para mí Getsemaní y tiene sentido abrazar la cruz de cada día, y tiene sentido una oración frente a un Jesús crucificado porque allí entiendo toda la dimensión del amor que vivió Jesús. Es el amor el motor de la existencia. Fue el amor el motor de Cristo, que se desbordó y llegó hasta la cruz. Mi existencia redimida la experimento cuando realmente he sentido la necesidad de salvación y la he buscado en Cristo después de haber bajado a mis infiernos. Agradezco al Señor haberme hecho experimentar este don de su misericordia a los pies de una cruz que sana y libera de todo mal, porque de ella pende el Espíritu de Jesús resucitado que tuvo que entregar en la cruz para que se convirtiera en don para toda la humanidad.

Jesús acepta que su deseo de librarse de la muerte (Getsemaní) no sea colmado, y que el deseo de su Padre se convierta en el suyo. Lo que importa es colmar el deseo del Padre entregándose a Él en movimiento de oblación activa y de abandono: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc. 23,46). Jesús no desemboca en la muerte, sino en el amor. Y entrega a su Padre su propio espíritu, es decir, su ruah[7], la parte más íntima que el hombre ha recibido de Dios, su aliento vital. En la agonía, la súplica de Jesús se hace de verdad una oración, pues busca el rostro del Padre únicamente como deseaba. Los efectos que esto produce en Jesús son los mismos que en las relaciones humanas. Siente el abandono y la impresión de haber caído en el olvido, y sin embargo, a pesar de esta prueba sigue siendo capaz de amar al Padre; pronuncia entonces una frase que es de verdad un acto de amor: “me abandono en ti,…por ti”.[8] Así en la oración, sigue diciendo Lafrance, debemos renunciar por nuestra parte a la posesión de Dios y aceptar ser privados de su presencia. En la oración hay que buscar a Dios por sí mismo y no por las alegrías que nos proporciona su presencia. La oración de Jesús no ha sido más que su amor al Padre. Amor y oración tienen grandes semejanzas: una y otra están hechas de rupturas[9]. Amar a alguien, es aceptar que se aleje de nosotros si lo desea; el amor debe aceptar estas separaciones para permitir al otro que sea él mismo. Cristo ha hecho el don de sí mismo al Padre. Jesús es escuchado más allá de sus previsiones en la oración de la agonía. Pone su espíritu entre las manos del Padre y recibe de éste la plenitud de su amor, que pasa al corazón de cada creyente.

Saber morir por tanto es una invitación desde estos textos. Saber que la vida no nos pertenece, aunque nos la ha dado para cumplir una misión. Prepararme cada día de mi existencia para ese encuentro definitivo con el Padre, que me ama y me tiene un lugar preparado, me habla de ternura, de confianza y de saber que la muerte no tiene la última palabra. Como mujer creyente que soy, siento que la muerte es solo un velo, que por supuesto, nos da miedo enfrentar, pero que supone también un anhelo cuando nuestra vida está cimentada en Jesús y con él queremos echar nuestra suerte, diciendo como san Agustín, que nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en él. Jesús en este grito de entrega y confianza total lleva a plenitud su misión, pero lo hace con la tónica que lo hizo durante toda su vida: consciente de que es su Padre, consciente de que le ama, y consciente de que le recibe en el momento de su paso de este mundo al Padre.


Nieves María Castro Pertíñez. MAR





[1] Bovon. 550
[2] Schmid, J. El evangelio según san Lucas, Herder, 1968, p. 503
[3] Bovon. 551
[4] Alois Stogers. El evangelio según san Lucas. Tomo II, Ed. Herder 1979, p. 303
[5] Bovon.  559
[6] Bovon.  560
[7] Lafrance, 125
[8] Lafrance. 126
[9] Lafrance. 126

29 de diciembre de 2015

“Como el Padre me envío, así los envío yo”


Todo lo trabajado en el módulo de Espiritualidad I, del primer Semestre de Misionología lo encuentro  enriquecedor  para mi proceso  en miras a una consagración religiosa, a dar todo por Jesús y su proyecto.

Resaltaría tres puntos muy importantes:

El primero es la oración, que sea la base de todo, si no hay encuentro con Dios,  hace pocos días decía el Papa, "nos hinchamos, creemos que ya no necesitamos ayuda, y caemos en las peores barbaridades, no somos felices…" y como consagrada más aún, mi vida quiero que sea oración continua,  ser signo en el mundo de que es posible ser contemplativos en la misión, de que lo mejor que me puede pasar es vivir cada día ese encuentro con Jesús que me saca, me mueve siempre, cambia mi vista, cambia mis actitudes y me renueva, para darle una respuesta en la misión siempre de más amor, de entrega generosa, más inteligente y misericordiosa.

El segundo punto sería reconocer siempre que Dios realiza su proyecto en comunidad, en comunidad diversa, donde la pluralidad enriquece y debe ser cuidada, donde juntos (y a esto debo apostar) descubrimos la voluntad de Dios, no la mía ni la del otro. Entonces en comunidad se hace misión, desde la comunidad se es signo para un mundo desunido, triste, roto, estresado;  la comunidad cristiana, es escándalo de comunión, de alegría, de paz, reconciliación y amor.

Como tercer punto rescato el respeto y la sensibilidad que se ha de tener  en la inserción para cualquier tipo de pastoral, pues podemos creer que solo con culturas originarias, es necesario este proceso de inculturación, pero entiendo que no, este ejercicio es necesario en toda pastoral, meterse en su realidad, con delicadeza y amor, descubrir allí donde está Dios, y desde esa realidad,  presentar a Jesús como la salvación que nos manda el Papito Bueno que nos ama.

Para finalizar les comparto un video que he realizado acerca del perfil  espiritual del Cristiano Católico:



Karen B. Polanco

Novicia MAR

28 de diciembre de 2015

TALLER DE COSTURA

Del 08 al 20 de diciembre, nuestra Maestra nos programó un taller de costura. En las tardes, nuestra hermana  novicia Juana Maricela Hernández, fue nuestra facilitadora en las que participamos las demás novicias: Carolina, Miriam, Karen y Santa Isabel; en la casa noviciado.

Se nos orientó cómo cortar tela, confeccionar un muestrario.  Aprendimos diferentes puntadas en telas finas: a hacer un hilván, cadeneta, punto hacia atrás, puntada a máquina,  sobrehilado, el punto de escapulario, a hacer remate, a hacer un gaviado,  la presilla, poner un botón, poner broches.  Por último confeccionar nuestra falda, para ello  identificamos las partes de la misma, los estilos de faldas que se pueden hacer, cómo tomar medidas, hacer un patrón, cómo hacer un bolsillo, poner un cierre (cremallera), hacer una pretina,  coser a máquina, hacer un dobladillo.

Al final cada una hizo su muestrario y su falda. Este taller  ha sido muy enriquecedor y damos gracias a Dios, a la comunidad y a Juanita por esta hermosa experiencia  de costura.

¡Todo sea para la mayor honra y gloria de Dios!





27 de diciembre de 2015

COMPARTIENDO EN FRATERNIDAD

El día de ayer por la tarde en la Casa Noviciado recibimos a la Comunidad del Teologado de los OAR, disfrutamos de una merienda en medio de anécdotas y risas.

Hoy por la mañana la comunidad del Noviciado nos dimos cita en la Comunidad del Teologado de los OAR, junto con algunas familias de los frailes. Celebramos juntos la fiesta de la Sagrada Familia, comenzando por la Eucaristía presidida por el P. Ángel Jaír y posteriormente pasamos a degustar un delicioso almuerzo.

Ya por la tarde nos dirigimos a la Casa Provincial de los OAR, ahí cantamos unos alegres villancicos a nuestro queridísimo  P. Emilito. Finalmente visitamos al P. Tomas González Agustino Asuncionista donde también gozamos de su amena compañía.

Damos gracias a nuestros hermanos agustinos por todas sus atenciones y agradecemos a Dios por estos dos días que nos ha regalado de compartir fraterno pidiéndole que cada día busquemos ser constructores de la comunidad.


26 de diciembre de 2015

LECTIO DIVINA DOMINICAL FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA, CICLO C, LUCAS 2, 41-52

“¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre?”
Te invitamos a escuchar el audio de la Lectio Divina, La familia de Nazaret. Da clic en el siguiente enlace.


Oración inicial.

Dios padre nuestro, que has propuesto la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos con la ayuda del Espíritu Santo que imitemos sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del Cielo. Por el nombre de Padre, el Hijo y el Espíritu santo.

Lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros.

Del santo Evangelio según san Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando." Él les dijo: "Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?" Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.


Reflexiona.

Como cada año, después de Navidad, la liturgia nos permite contemplar a la santa familia de José, María y Jesús para meditar en la realidad de nuestra familia humana y ponerla en contraste con la familia de Jesús. La palabra de hoy está situada entre dos resúmenes (2, 40 y 2,52) que subrayan la sabiduría y la gracia de Jesús; el primero insiste en el crecimiento durante los años de la infancia; el segundo, en el progreso a lo largo de la adolescencia. Estamos, pues ante un Jesús que inicia su adolescencia y va con sus padres, como era su  costumbre, a la celebración de la pascua en Jerusalén. Es una familia profundamente religiosa que se siente parte de un pueblo y vive una alianza con el Dios de Israel, por eso celebra las fiestas con alegría y se encamina a la Casa de Dios. Testimonio vivo que se vuelve invitación para nuestras familias cristianas a  vivir intensamente su fe en la celebración semanal de la eucaristía y de las fiestas propias de la comunidad cristiana.

Encontramos, igualmente, una cierta oposición entre el padre de Jesús en donde  Lucas habla tres veces de los padres de Jesús: José y María; y cuando la madre le presenta la queja por haberse quedado en Jerusalén, le dice a su hijo: Tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Ellos lo educaron, lo formaron en la dimensión humana y religiosa de la ley de Dios. Pero Jesús  habla de su padre  Dios, es decir, de la revelación que el recibe directamente del padre Dios y la misión que ha de cumplir en servicio del pueblo.

 La obediencia a los padres marcan  el crecimiento de la personalidad del niño y del joven en una familia; pero la escucha de la voluntad de Dios sobre su vida ha de ocupar un puesto especial hasta llegar a ser más importante, a veces, que la voz y el deseo de los padres.

Al terminar la fiesta de la pascua, Jesús se queda en Jerusalén sin avisar a sus padres y ellos toman el camino de regreso a Nazaret, convencidos de que él está en la caravana de los peregrinos. Pero un día después, no lo encuentran, se preocupan y lo buscan afanosamente sin encontrarlo. Jesús ha tomado una opción, se sabe ya mayor y se queda en Jerusalén. Los padres regresan a la ciudad y lo encuentran en el atrio del templo, sentado en medio de los doctores de la ley. Como uno más entre ellos, escuchándolos y haciéndoles preguntas. No está sentado a los pies de ellos como discípulo, sino sentado con ellos como un colega, escuchando y preguntando, de modo que todos  están admirados de su inteligencia y su sabiduría. Con estas indicaciones, Lucas nos está diciendo que Jesús es el Maestro de la nueva ley.

 Pero los padres están atónitos ante la nueva realidad. Como toda madre es madre, y María interpela a Jesús: Hijo mío ¿Por qué has hecho esto con nosotros? Tu padre y yo te estábamos buscando angustiados. La respuesta de Jesús puede  parecer dura y hasta grosera, para algunos: ¿Por qué me buscaban? No saben que yo debo ocuparme de las cosas de mi padre?  Subraya, de nuevo, la oposición entre los padres y su Padre. Con todo, si miramos bien, es la reacción propia de un adolescente con sus padres,  que  quiere insistir en su independencia y la capacidad que creer tener ya para tomar decisiones por su cuenta.

Cuantas tensiones familiares por estas respuestas bruscas de los hijos adolescentes. Sin embargo, la actitud de Jesús es obediente: Bajó con ellos, fue a Nazaret, y permaneció sumiso a ellos; la actitud humilde admira a la madre y ella guarda todos  estos acontecimientos en su corazón, pues la fortalecen y la forman en su experiencia de discípula  en la escuela de Jesús. De esta manera, la experiencia familiar de Jesús, María y José se vuelve para nosotros una escuela de vida y nos ayuda a formar familias maduras, conscientes y entregadas a la misión.

Qué nos dice el texto.

La lectura de hoy para nosotros los cristianos nos da un ejemplo para formar una familia de paz, de fe y comprometida con Dios.

María nos enseña a conocer los misterios de Dios en nuestra familia. Muchas veces encontramos la mayoría de nuestras familias de hoy que están separadas por  no  entender la voluntad de Dios o el misterio entre ellos. Cuánto más nos esforzamos por entenderlo; creemos que por haberlo aceptado un día, lo conocemos suficientemente; pensamos que somos ya familiares, por habernos familiarizado un poco con su voluntad.

En cuanto la pérdida de Jesús en el Tiemplo, José podía discutir  con María, también María podía culpar a Jesús, pero María fue humilde y tuvo entendimiento de la voluntad de Dios. La respuesta que dio Jesús a sus  Padres, María lo guardaba en su corazón y seguía viviendo con Jesús, amando esa voluntad de Dios   a pesar de que no entendía muy bien los misterios de él. Para nosotros María aquí nos enseña a  amar a Dios; tenemos que vivir con Dios siempre en nuestra vida y amarlo. Los sufrimientos que encontramos en nuestro camino no nos alejan de Dios, sino que es para ayudarnos a amar más a Dios y seguir acogiendo  la voluntad de Dios como María. Otra invitación de la palabra de hoy es la responsabilidad de los padres de familia con  sus Hijos. Muchas familias dejan a sus hijos sin saber dónde están o que están haciendo, pero no debe ser así, aunque  crean que  sus hijos están maduros; tienen la responsabilidad de saber cómo están sus hijos hasta final; miremos  como José y María se angustian  cuando se perdió Jesús, aunque ellos sabían que Jesús es Hijo de Dios pero lo buscaban hasta que encontrarlo. Hoy día hay muchos jóvenes  de la calle; nadie piensa sobre esta situación, tenemos que ser responsables; así como José lo fue que buscó a Jesús  aunque no fue padre carnal de él. Solamente con la fe y el amor hacia todos, podremos seguir estos ejemplos.   Cuando María y José lo encontraron a Jesús  en el Templo  ellos sabían que estaba en la misión de su Padre, por eso los papas de hoy reciben el recordatorio de  que los hijos son de Dios, no pueden cerrarles la puerta  cuando ellos quieren dar un  servicio en la Iglesia.[1]

¿QUÉ PUEDO DECIR A DIOS?

Señor Jesús gracias por permitirnos contemplar que tu familia y tu experiencia en ella fueron las de una familia como la nuestra. Aprendemos que hay que dar oportunidad al proceso de crecimiento y si, hay valores profundos como la experiencia  de Dios y la participación en un pueblo elegido, se podrá construir con alegría y seguridad una familia que vive en unidad, el amor, el diálogo y el respeto mutuo. Bendice nuestras familias y ayúdanos a crecer en la fe y en el amor.


Carolina Mushi, Novicia MAR







[1] Una puerta a la Palabra, P. Alberto Linero Gómez