31 de marzo de 2014

AGUSTÍN Y LA AMISTAD (2)

Representando una fábula de Esopo para dar la bienvenida a la Hna. Ruth Cardona

Para San Agustín la amistad es un proceso y pasa de la amistad enemiga, que es aquella que te invita a malas acciones, daña, enferma, desvaloriza, y en la que se llega a cometer actos impensables; luego ubica la amistad humana, la cual es la ¨normal¨, pero no verdadera, pues el uno depende del otro; se crean apegos, a veces enfermizos, dependencias, ante la muerte o rupturas;  se escandaliza, desespera, angustia, desaliento, desconsuelo; y la amistad sobrenatural, provocada por Dios mismo, en el camino hacia EL, nos hace coincidir y es el Espíritu Santo quien la cultiva, esta si es la verdadera amistad y es el fundamento de nuestra vida agustiniana.

En su vida Agustín vivió todo este proceso, en su juventud temprana, más propiamente en el relato del robo de las peras, se puede apreciar, como el mismo Agustín en las confesiones se sorprende de su accionar, la pasión por el grupo y los amigos, lo lleva a hacer el mal por el mal, por simple gusto y sin necesidad. Luego en la muere de su amigo de la infancia Agustín pasa por una crisis terrible, donde no sabía ni donde estaba, todo era extraño, le recordaba a su amigo, y todo le lastimaba su herida.

 Más tarde en las Confesiones dirá que aquella amistad no era verdadera ¨porque ésta no es auténtica sino entre los que tu unes entre sí por medio de la caridad derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos concedió (Rm.  5,5) ¨ esta amistad sobrenatural la vive ya luego de su conversión cuando pueda decir con el salmista ¨ved que dulzura que delicia convivir los hermanos unidos…¨. Que nuestro Señor nos regale la gracia de ponerlo a Él como fundamento de nuestras relaciones.


Karen Polanco. Novicia MAR

30 de marzo de 2014

EL CARISMA DE LAS MISIONERAS AGUSTINAS RECOLETAS EN LA FAMILIA AGUSTINIANA –VIII


22.4. Consagradas para la misión
Monseñor Ochoa, fue consagrado Obispo en y para la misión de China.
Las Misioneras Agustinas Recoletas somos una congregación que nació para la misión. Así reza en nuestras constituciones:
…Nuestra consagración para la misión nos compromete a la acción evangelizadora de acuerdo con las necesidades de la Iglesia, según nuestras posibilidades, y nos urge a animar dicha acción de un gran espíritu misionero que responda así al ser de la Congregación como enviada por la Iglesia para Evangelizar[1].
Remontándonos al envío que recibieron nuestras misioneras el 22 de febrero de 1931, en el santuario de la Virgen del Camino, con la imposición del crucifijo, Monseñor Ochoa, les habló de una misión dura, cargada de trabajos y penalidades, entretejida de tentaciones ante la nueva opción de vida; pero, también les animó a poner toda su confianza en Jesús, y con palabras llenas de entusiasmo, las comprometerá diciendo: “…nosotros, somos misioneros de la fe; vosotras vais a ser misioneras de la caridad, y todos juntos seremos los misioneros de la esperanza”. [2]

A partir de este momento, nuestras cofundadoras emprendieron la tarea de la evangelización. Su ardor misionero, su disponibilidad total, su entrega incondicional y su decisión de dar la vida por la causa del Evangelio fortaleció el deseo de continuar con el proyecto misionero fraguado en China, y que ante tantas necesidades a las que socorrer, suscitó en ellas la obra de la fundación en España para “poder mandar religiosas a nuestra misión”. [3]

2.2.5. Al servicio en la Iglesia

Juan Pablo II, nos dice que  el primer objetivo de la vida consagrada es el de hacer visibles las maravillas que Dios realiza en la frágil humanidad de las personas llamadas.[4] Entroncando con este objetivo, nuestro fundador, desde el principio tuvo claro que nacimos como misioneras para darle gloria a Dios, que sirviéndose de lo pequeño y débil hace su Obra. En una carta escrita desde China, poco antes de promulgarse la erección canónica exhortará a las hermanas:

No les importen los sufrimientos, las escaseces, la pobreza en general. Jesús no quiere saber nada de ni pesetas ni de dólares, y todas sus obras van siempre conformes a un mismo plan; para los cimientos de cuanto queramos construir, nos exige mucha humildad; y para todo el edificio, cascote, barro, paja y otros materiales semejantes ¿entienden hermanas lo que quiero decir con esto? Pues nunca se salgan de ese arco en que Jesús nos quiere a todos. Y vengan tribulaciones y hasta crucifixiones que en viniendo de Jesús ya sabemos que pronto seguirá la resurrección.[5]
Aquel grupo fue testigo del Evangelio, puso al servicio de la vida todo lo que tenía, y siempre, desde lo sencillo y en búsqueda continua de la voluntad de Dios, sin protagonismo, anunciando en todo momento, el amor incondicional del Padre con gestos exagerados de fraternidad. Aquellas misioneras cada vez que fundaron lo hicieron en referencia a la misión de China, pues, aquella fue la primera inspiración, y todas las actividades que allí desempeñaron, marcarían, posteriormente el desplegamiento de la actividad misionera en la congregación.

M. Carmela al final de su manuscrito, sustentará la razón por la cual nacimos, y después de exponer que el hecho de volver a España y fundar se justificaba para llevar nuevas misioneras a China, concluirá diciendo:

Para tal fin, pensamos que el mejor medio eran las obras sociales, por ser ellas las que más analogía tenían con el trabajo de la misión. Por eso, en los comienzos, nuestra tendencia al principio, fueron los asilos, residencias, asistencia a enfermos, etc [6].
El único reto de Monseñor Ochoa fue éste, el de darle gloria a Dios, por eso, en su carta magna, escrita en Nueva York, exhortará a toda la congregación para que todo nuestro ser y actuar sea para el honor y la gloria de Dios, viviendo en autenticidad, aquello que está condensado en nuestro nombre.

2.2.6. En total disponibilidad

Rasgo insoslayable de esta capacidad de entregarse a la acción del Espíritu es la disponibilidad. Ellos supieron encarnar en su tiempo, con valor y santidad, el mensaje evangélico.

Es sorprendente cómo enraizó el espíritu misionero en nuestras monjas. En las palabras de M. Esperanza se percibe aquella confianza total en el Dios de la Vida, posible sólo en aquellos que lo han dado todo: “Nada le digo, madre mía, de mis entusiasmos misioneros; llegan al colmo y confío que esta obra seguirá hasta el fin. Pidan mucho para que Jesús sea siempre nuestra fortaleza y nuestro consuelo”[7].

No puede faltar aquí resaltar la disponibilidad de M. Ángeles García. Durante nueve años quedó sola en China, y algunos años incomunicada por causa de la guerra chino-japonesa. En su diario cuenta el sufrimiento que le causó aquella soledad, sobre todo, frente a la responsabilidad que les habían dejado las otras dos religiosas que partieron a España. Pero, su actitud de vida ante las dificultades, los miedos de la guerra, la soledad y el aislamiento no la amedrentaron; siempre estuvo sostenida por la fe, y en vísperas ya de salir de China relatará: “Ojalá, Dios mío, fuese hallada digna de dar mi sangre por ti”.[8]

Salir “de”, “para”, fue el éxodo continuo de aquellas grandes personas que nos legaron el don maravilloso de la libertad, cuya conquista realizaron en la entrega total de su voluntad al plan de Dios.



[1] Cf. MAR. (Misioneras Agustinas Recoletas): Constituciones. Curia General. Madrid, 1994. N°. 10
[2] Cf. Boletín de las Misioneras Agustinas Recoletas. N°1, Monteagudo, diciembre de 1956.32.
[3] Cf. RUIZ, C. MAR: O.C. , 121
[4] Cf. JUAN PABLO II. O.c. N° 20
[5] Cf. AGMAR. Carta a M. Esperanza y Sor Carmela. Kweitehfu, 21 de enero de 1946
[6] Cf. RUIZ, C. mar: o.c., 123
[7] Cf. AGMAR. Carta de M. Esperanza a la superiora del CC. Kweteihfu, 3.02.1931
[8] Cf. GARCÍA, A. mar: o.c. 117

29 de marzo de 2014

LECTIO DIVINA IV DOMINGO DE CUARESMA. CICLO -A- Jn 9, 1-41

CONTEXTO
“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Jn 8,12-). Este es el contexto del texto que hoy domingo IV de Cuaresma nos propone la Liturgia. Jesús pronuncia estas palabras en medio de su polémica con los fariseos, y antes de encontrarse con el ciego, Jesús les vuelve a decir:” Les aseguro, antes que naciera Abraham, Yo soy”, y entonces tomaron piedras para tirárselas, …(Jn 8, 58). Al discurso de Jesús sucede el signo salvífico y esta es la invitación: reconocerle a Él como Luz del mundo y acoger la salvación por medio de su Espíritu. Jesús se encuentra en su camino con un joven que había nacido ciego. Lo sana con un gesto un poco llamativo (¡saliva con tierra!)... Pero este gesto expresa que el Señor se mete de lleno en nuestra humanidad, en nuestra historia, en nuestra "tierra"... 
La comunidad del noviciado y algunas laicas desplazándose por el sector del barrio para llevar el Kerigma, casa por casa, como actividad del proyecto de evangelización diocesano asumido por el párroco
 ¿QUÉ DICE EL TEXTO?
El evangelista nos narra un milagro precioso en  sábado. Jesús pasa junto a un ciego que pide limosna en el templo. Los discípulos se extrañan y le preguntan que quién pecó, influenciados por la creencia de que cualquier enfermedad era un castigo. Pero Jesús no habla, hace barro con saliva, unta los ojos del ciego  y lo manda a que se lave. Este hombre lleno de barro va a la piscina a lavarse  en esas aguas medicinales, y se cura (v.1-7). Viene una situación más difícil; una vez que es curado, entran en escena los vecinos y  los fariseos. Los fariseos acosan de preguntas a este hombre…y repite una y otra vez: “me puso barro y me lavé y ahora veo (vv-7-35)… Jesús enterado de que lo habían expulsado se hace el encontradizo…y le pregunta pero ¿tú crees en el Hijo del Hombre? y él contesta: ¿quién es, Señor, para que crea en él?  El que está hablando contigo, le dice Jesús. Entonces, ¡Creo, Señor! Y se postró ante Jesús (vv.36-38).

En el episodio del ciego de nacimiento hay también una progresiva revelación de Cristo. Se le reconoce como un hombre, como profeta, como Mesías, como alguien que procede de Dios. Mientras se abren progresivamente los ojos del ciego, no sólo a la luz del sol y de la vida sino también a la comprensión de la palabra y de la persona de Jesús, se va agudizando, por rechazo, la ceguera de los enemigos de su predicación, empecinados en no querer ver la luz. Contraste evidente entre un ciego de nacimiento que ve y unos videntes que quieren ser ciegos ante la luz. También aquí la revelación de Jesús llega a una personalización: Yo soy la Luz del mundo. En la palabra y en la obra de Jesús, en su persona, tenemos la salvación personal y colectiva de esa ceguera que envuelve a la humanidad, a partir del pecado que envilece la capacidad intelectual del hombre y lo lleva a sumergirse, a sabiendas, en el mundo de las tinieblas, en el rechazo de la luz como norma y forma de vida. Jesús salva siendo Luz del mundo.

Quien ha recobrado la vista dice a los fariseos que Jesús es realmente un profeta. Esto los enfurece más porque consideran despreciable al que ha sido curado. Jesús va a terminar su signo con lo más importante: la fe. El Señor no se queda solo en la curación "física" de la ceguera. Esta es signo de una curación íntima más profunda que da la luz interior, la luz de la fe. Por eso Jesús le pregunta al joven si realmente cree en el Hijo del Hombre, es decir en Él mismo en cuanto Señor y Mesías. El que ha sido curado confiesa un profundo acto de fe diciendo: Señor Jesús, creo en ti. Este es el signo más importante. Se parte de la curación pero se llega a la sanación del alma por el camino de la fe.

 ¿QUÉ ME DICE A MI EL TEXTO?
Me fijo en Jesús:
Jesús me impacta con su acción. No dice nada, solo recrea un movimiento, donde mezcla tierra con saliva para producir barro. Me evoca esto al Génesis, como una nueva creación. Jesús, da una orden al ciego: ¡ve a lavarte! Jesús es la respuesta a todos mis interrogantes, a todas mis cegueras y hoy también me da una orden: Nieves Mary: ¡ve a purificarte! ¿Y a dónde tengo que purificarme? A la piscina, es decir, a Cristo. Sólo Jesús me saca de mi oscuridad; por eso es precisa la conversión que me ofrece Jesús, desde este fiarme de él, hacerle caso, obedecerle en su Palabra y asumir el riesgo de lo que él me manda. En Jesús debe estar puesta toda mi fe, como gracia que  él me regala para que pase de la oscuridad a la luz, del pecado a su gracia, de la muerte a la vida, de la exclusión a la inclusión, de la enfermedad a la salud.  Jesús se hace el encontradizo con el hombre que ahora ve y le pregunta que si cree en el hijo del Hombre. También me pregunta a mí: ¿Crees en mí? Y salvando mi mediocridad quisiera decirle: Sí, Señor, creo con toda la fuerza de mi corazón, porque tú me has sanado, me has dado Tu Espíritu, que disipa las tinieblas que muchas veces quieren turbar mi fe en ti.

En el N. 278 de la Exhortación apostólica la “Alegría del Evangelio”, el Papa Francisco nos invita a creerle al Evangelio que es Jesucristo mismo: “La fe es también creerle a Él, creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad (…).

Me fijo en el ciego:
El ciego del evangelio  obedeció a Jesús: El fue, se lavó, y volvió con vista. Fue capaz de obedecer y de reconocer a Jesús. Necesitó lavarse. Estuvo dispuesto a la purificación, al cambio, y recibió la luz. La luz de ver las cosas creadas, la luz de la fe, desde un horizonte nuevo, de unir su vida a la del que le había regalado contemplar las maravillas de su alrededor. En la oscuridad-claridad se debate nuestra vida. Quien hace caso de Jesús, encontrará la luz interna que guiará su vida. Con toda confianza. [1]

Este hombre, marginado de la sociedad, tenía deseos de ver, y se dejó curar, porque confió plenamente en la palabra ordenada: ve, con tu barro en los ojos, y lávate. Todos nosotros podemos tener una fe cada día más fuerte si abrimos el corazón a Jesús, al Mesías, la Luz verdadera que ilumina nuestras vidas.

Me fijo en los fariseos:
Jesús es realmente la Luz, la Luz verdadera, la Luz del mundo. Es Dios y Señor y por eso puede dar la vista al ciego. Esto hace reaccionar a los fariseos que son ciegos espirituales y no quieren ver lo que Jesús ha hecho. Se fijan en un detalle de la ley, en el sábado, y no ven la grandeza de lo que el Maestro ha realizado: le ha dado la vista a alguien que estaba imposibilitado de ver. Quien ha recobrado la vista dice a los fariseos que Jesús es realmente un profeta. Esto los enfurece más porque consideran despreciable al que ha sido curado.
Tal vez, en nuestra vida, los que estamos de este lado de la fe, podemos también caer en actitudes contrarias a la compasión, dejándonos llevar por un legalismo que no salva a nadie, y más bien condena. Entonces, ni lavamos ni prestamos la batea: ¿qué nos sucede a nosotros? ¿No será que nos quedamos en la paja del otro, y no vemos nuestra viga? Nuestras cegueras espirituales nos bloquean de tal forma que matamos el Espíritu a punta de letras, de documentos, de normativas, de uniformidades, de seguridades, de comodidades, y en nombre de todas estas cosas, no salimos al encuentro del hermano necesitado.
 ¿QUÉ ME HACE DECIRLE EL TEXTO A DIOS?
Gracias, Señor por tu gran misericordia. Tú que eres la Luz que  ilumina nuestras tinieblas con tu presencia trinitaria y con la fuerza de tu Palabra.

Te pido que sepa reencontrarme contigo y sepa adherirme a tu vida y que reconozca que tu purificación me ha devuelto  a la luz, pues “Tu luz, nos hace ver la luz”.

Te pido, que sepa convertirme, que sepa ir a la Luz, que me deje iluminar; que no sea rebelde a tus caminos ni rechace el horizonte de la cruz, como piscina para la purificación.

Te pido que me des claridad, porque a veces tú pasas y no te veo. Toca mis ojos con tu mano….permíteme que sepa contemplar la vida con la luz de la fe. Y que abra la vida con tus ojos para que no tenga excusas y te pueda decir ahora veo…Gloria a ti por siempre. Que te confiese y que te alabe.

Hazme ver mis cegueras Señor: fruto de mi egoísmo, de mi falta de caridad y comprensión, de mi pereza para seguirte muchas veces, de mi oración mediocre e inconstante, de mi falta de coraje para vencer el mal que hay en mí cuando tu gracia me ampara.
(…)El Señor violaba el sábado, mas no por eso era culpable. ¿Qué significa este decir que violaba el sábado? Él era la luz y disipaba las tinieblas (…)Había llegado ya aquel a quien anunciaban. ¿Qué placer hay en andar a oscuras? Abrid, pues, los ojos, ¡oh judíos!; el sol está presente. -Nosotros sabemos... -¿Qué sabéis, corazones ciegos? ¿Qué sabéis? -Que no viene de Dios este hombre que así viola el sábado (Jn 9,24.16). -¡Desgraciados; pero si el sábado lo ha establecido Cristo de quien decís que no viene de Dios! Observáis tan carnalmente el sábado que no tenéis la saliva de Cristo. Mirad la tierra del sábado a la luz de la saliva de Cristo, y veréis en el sábado un anuncio del Mesías. Mas porque no tenéis sobre vuestros ojos la saliva de Cristo en la tierra, por eso no fuisteis a Siloé, ni lavasteis el rostro y habéis permanecido ciegos. Así se hizo para bien de este ciego, aunque ya no es ciego ni en el cuerpo ni en el corazón. Recibió el lodo hecho con saliva, se le untaron los ojos, fue a Siloé, lavó allí su rostro, creyó en Cristo, lo vio y escapó de aquel terrible juicio: Yo he venido al mundo para un juicio: para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos (Jn 9,39) (san Agustín.  Sermón 136,1-3)
Nieves María Castro Pertíñez. MAR





[1]  P. San Pablo 2014. Evangelio ciclo A. La palabra de cada día. 

28 de marzo de 2014

UN RECREO CUMPLEAÑERO...

Entre juegos  y dinámicas, anoche, pudimos disfrutar mucho compartiendo la velada en honor a la homenajeada Karen. Agradecemos a Dios el poder recrearnos en fraternidad y con la creatividad propia de la juventud. 





27 de marzo de 2014

FELIZ CUMPLEAÑOS KAREN

Querida Karen: agradecemos al Señor tu vida. Muy de mañana te despertamos con las mañanitas. En la oración de Laudes ofrecimos al Señor tus dones. En la Eucaristía nos unimos a tus intenciones y a las de tu familia. En el almuerzo renovamos la fraternidad compartiendo lo que somos y tenemos. Esta noche, en el recreo, sin duda alguna, pasaremos un rato sabroso, al calor de las sorpresas. 
Que el Señor te siga bendiciendo, sobre todo, enriqueciéndote con el don de la vocación y tu fidelidad. 




26 de marzo de 2014

PARALELISMO DEL LIBRO DEL PROFETA EZEQUIEL (1-3,11), CON MI VOCACIÓN.



Capítulo 1
*     1:1 El año treinta, el día quinto del cuarto mes, mientras me encontraba en medio de los deportados, a orillas del río Quebar, se abrió el cielo y tuve visiones divinas.

Para mí el estar deportada, significa no tener identidad, vivir de alguna manera sin sentido. De esta manera viví la mayor parte de la adolescencia, entre fiesta,  amigos, faltando a clases. Estaba realmente alejada de Dios, es más casi sin pensar en Él. Una vida vacía del amor divino, al menos de mi parte, pues el Señor siempre tiene sus medios para seguir buscando.
*     1:3 Allí la mano del Señor descendió sobre él.

En esta búsqueda de identidad, el Señor me tenía ya un plan, sin que yo quisiera del todo, mi mamá me inscribió a un curso de Confirmación para adultos, ahí fue que sentí sobre mí la mano amorosa del Padre.

*     1:5 En medio del fuego, vi la figura de cuatro seres vivientes, que por su aspecto parecían hombres.
1:8 Por debajo de sus alas, aparecían unas manos de hombre, sobre los cuatro costados; los cuatro seres tenían rostros y alas.
1:9 Sus alas se tocaban una a la otra, y ellos no se volvían cuando avanzaban: cada uno iba derecho hacia adelante.
1:10 En cuanto a la forma de sus rostros, los cuatro tenían un rostro de hombre, un rostro de león a la derecha, un rostro de toro a la izquierda, y un rostro de águila. 
1:18 Las cuatro ruedas tenían llantas, y yo vi que las llantas estaban llenas de ojos, en todo su alrededor

Y es aquí donde comencé a experimentar la presencia de Dios en mi vida, al menos de una manera consciente. En la visión de Ezequiel,  él menciona los símbolos de los evangelistas y bueno mi parroquia de origen lleva por nombre  San Mateo Tlaltenango, donde ahora yo me convierto en buscadora de Dios, mediante la pastoral en catequesis, jóvenes, liturgia… un poco de todo pero en el fondo sabía que el Señor quería algo más de mí. Dentro de esta etapa de mi vida resalto esos ojos en las ruedas de la visión de Ezequiel, simbolizan para mí a un Dios que ama, cuida, protege, desconcertante pero siempre fiel.

*     1:26 en lo más alto, vi una figura con aspecto de hombre.
1:27 Entonces vi un fulgor como de electro, algo así como un fuego que lo rodeaba desde lo que parecía ser su cintura para abajo; vi algo así como un fuego y una claridad alrededor de él:
1:28 como el aspecto del arco que aparece en las nubes los días de lluvia, así era la claridad que lo rodeaba. Este era el aspecto, la semejanza de la gloria del Señor.  Al verla, caí con el rostro en tierra y oí una voz que hablaba.

En ese enamoramiento vi el arco de la alianza, donde el Señor me decía tú serás mi pueblo y yo seré tu Dios, ¡qué alegría! ya no estaba viviendo el destierro, ya había encontrado lo que me faltaba.
Comienza dentro de mí un movimiento de 360º; quería solo estar con el Amado y resonó en mi interior la palabra religiosa. Cuando vi por primera vez a las MAR, me impactaron, es más aún recuerdo perfectamente esta imagen: la Hna. Ana Rosario Martínez y  la Hna. Sandra Maldonado, ¿cómo es que se veían tan bonitas?, mi corazón palpitaba con fuerza y fue entonces que me caí rostro en tierra, pues el miedo a este estilo de vida me paralizó, negando lo que sentía.

Capítulo 2
*     2:1 Esa voz me dijo: Levántate, hijo de hombre, porque voy a hablarte.
2:2 Cuando me habló, un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. 
2:3 Él me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí.

Pero aun cuando más miedo tenía, el Espíritu de Dios me ayudó a levantarme, con la gracia de Dios empecé a buscar a las MAR, sin saber su nombre, entonces las busqué por el hábito indagando en  internet hasta que por fin las encontré. Mandé un  correo a la página y un mensaje al celular y esa misma semana ya estaba en contacto con ellas.

Así comienza un camino en el cual poco a poco fui descubriendo lo que Dios quería de mí; él me enviaba, me llamaba a ser su profeta, a ser solamente de Él, en plenitud.
Sin embargo el camino no era fácil, es un camino de renuncia, de dificultad, pero eso sí lleno del amor de Jesús.

*     2:6 En cuanto a ti, hijo de hombre, no les temas ni tengas miedo de lo que digan, porque estás entre cardos y espinas, y sentado sobre escorpiones; no tengas miedo de lo que digan ni te acobardes delante de ellos, porque son un pueblo rebelde. 

El Señor me decía que no tuviera miedo, pero yo aun así con miedo y todo ingresé a la Congregación, pues estaba segura que Dios estaba conmigo “No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.”(Sal 120).

*     2:8 Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como ese pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré. 
2:9 Yo miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado.
2:10 Lo desplegó delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos fúnebres, gemidos y lamentos.

El Señor no abandona, te capacita para la misión que te encomienda, desde su Palabra, el silencio, la soledad. Esto es lo que ha ido haciendo en mí a través de la formación; es necesario ir podando cosas y Dios es el hortelano, es doloroso pero el Señor me sostiene, me consuela, y me cubre con sus brazos.
Capítulo 3

*     3:2 Yo abrí mi boca y él me hizo comer ese rollo.
3:3 Después me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este libro que yo te doy. Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel.
3:10 Él me dijo: Hijo de hombre, recibe en tu corazón y escucha atentamente todas las palabras que yo te diré;
3:11 después, dirígete a tus compatriotas que están en el exilio y háblales. Sea que te escuchen o que se nieguen a hacerlo, les dirás: "Así habla el Señor".

La Palabra, la Voz del Señor es así dulce como la miel, a veces se me ha tornado amarga pero es porque no siempre puedo hacer lo más fácil o lo que me gusta, hacer la voluntad del Señor no es fácil, pero en esto es en lo que estoy trabajando desde el corazón, acogiendo en mi persona lo que Él quiere, pues es ahí donde está la verdadera felicidad, a su lado en la continua oración, adhiriéndome plenamente, totalmente a mi amado Jesús.


Miriam Viviana Horta Colín.  Novicia MAR

25 de marzo de 2014

LA COMUNIDAD EN SAN AGUSTÍN


Nuestra novicia Juliana Lima nos comparte este video de su trabajo sobre la comunidad en san Agustín

24 de marzo de 2014

LA AMISTAD EN LA VIDA DE SAN AGUSTÍN


 En clase, estamos leyendo y comentando  el libro de Agustinismo en 20 lecciones escrito por el P. Carlos Enrique Cardona Sánchez OAR, en él vamos descubriendo aspectos importantes sobre la vida de San Agustín, tal es el valor que le da a la AMISTAD.
Desde su infancia se va describiendo como un niño al que lo castigaban en la escuela por jugar con sus amigos, en lugar de estudiar, "Lo que nos faltaba no era ni la memoria ni el ingenio, pues nos los diste suficiente para aquella edad; pero nos gustaba jugar y esto nos lo castigaban quienes jugaban lo mismo que nosotros. Porque los juegos con que se divierten los adultos se llaman solemnemente "negocios"; y lo que para los niños son verdaderos negocios, ellos lo castigan como juegos y nadie compadece a los niños ni a los otros. “(Conf. I, 9, 3). Más tarde durante su adolescencia cometerá el robo de las peras, junto con su grupo de amigos. En su despertar a la sensualidad, vemos su búsqueda de amor, donde él desea amar, pero también que lo amen. Llega a un momento de mayor madurez, ya se establece con una mujer de la cual tiene un hijo llamado Adeodato, San Agustín siempre le guardó fidelidad. El verse relacionado en el grupo de los maniqueos será también por formar parte de un círculo de amigos. Recordemos que uno de los sueños de San Agustín era vivir con sus amigos, estudiando, reflexionando la Biblia, sin embargo Dios tenía otro camino para él.
A través de la vida de San Agustín podemos encontrar distintos ejemplos de cómo para él la amistad es algo primordial. Agustín el de corazón inquieto, puesto que era buscador de Dios, pero también amante incansable de gran corazón, esta es una de las virtudes que lo caracteriza, al menos así lo percibo, es un hombre de entrega a Dios y a los demás.
Para todo agustino la fraternidad es parte del carisma, nos decimos agustinos por que intentamos vivir como las primeras comunidades cristianas "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones. Toda la gente sentía un santo temor, ya que los prodigios y señales milagrosas se multiplicaban por medio de los apóstoles. Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según la necesidad de cada uno. "(Hch 2, 42- 45). Por otra parte también observamos en la Regla: Ante todas las cosas, queridísimos Hermanos, amemos a Dios y después al prójimo, porque estos son los mandamientos principales que nos han sido dados.  He aquí lo que mandamos que observéis quienes vivís en comunidad. En primer término ya que con este fin os habéis congregado en comunidad, vivid en la casa unánimes tened una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios. Y no poseáis nada propio, sino que todo lo tengáis en común, y que el Superior distribuya a cada uno de vosotros el alimento y vestido, no igualmente a todos, porque no todos sois de la misma complexión, sino a cada uno según lo necesitare; conforme a lo que leéis en los Hechos de los Apóstoles: "Tenían todas las cosas en común y se repartía a cada uno según lo necesitaba".
San Agustín quedó marcado por el valor de la  Amistad. Si lo vemos en nuestro ahora estamos llamadas a vivir en unidad, en amor, dando testimonio desde la propia vida. La amistad es entrega, fidelidad, consuelo, compañía, sinceridad, apoyo, escucha, alegría, y esto vivido desde la comunidad, para llevarlo también al prójimo, tenemos una interesante tarea-compromiso, reproducir estas cualidades. En esto salimos ganando y por mucho pues ¿quien no desea amar y ser amado?.
“ Había un montón de detalles por parte de mis amigos que me hacía más cautivadora su compañía: charlar y reír juntos, prestarnos atenciones unos a otros, leer en común libros de estilo ameno, bromear unos con otros dentro de los márgenes de la estima y respeto mutuos, discutir a veces, pero sin acritud, como cuando uno discute consigo mismo. Incluso esta misma diferencia de pareceres, que, por lo demás, era un fenómeno muy aislado, era la salsa con que aderezábamos muchos acuerdos. Instruirnos mutuamente en algún tema, sentir nostalgia de los ausentes, acogerlos con alegría a su vuelta: estos gestos y otras actitudes por el estilo, que proceden del corazón de los que se aman y se ven correspondidos, y que hallan su expresión en la boca, lengua, ojos y otros mil ademanes de extrema simpatía, eran a modo de incentivos que iban fundiendo nuestras almas y de muchas se hacía una sola". (Conf. IV, 8, 13).


Miriam Viviana Horta Colín novicia MAR

23 de marzo de 2014

Paralelismo entre la vocación de Isaías y mi propia historia vocacional.




Mi encuentro con el Señor al igual que le pasó a Isaías me pasó en el templo pero viví situaciones de pecado, incoherencias,  infidelidades, que a la hora de encontrarme con un Dios misericordia, todo bondad, que ama profundamente y que es fiel sobretodo, me desbordó, me sentí igual que Isaías: impura, incapaz; sentía que era demasiado para mí y que solo estaba porque no había más nadie.

 El Señor utilizó a muchos ángeles como medio para mí conversión y me inspiró a dejar ídolos;  me purificó. Fueron decisiones dolorosas que a la larga me liberaron;  esto lo relaciono con el carbón encendido que purificó al profeta. Se dió en mí un cambio y fue creciendo una dicha, una felicidad. Me fui involucrando con los proyectos pastorales, donde había cursos de biblia o pastoral ahí estaba, me inquietó cada vez más el proyecto de Dios y cuando me hice consciente, el Señor me pedía un seguimiento más radical;  estaba tan seducida que no tuve otra opción que decirle envíame a mí, como le pasó a Isaías.

Pero el proyecto de Dios tiene que hacerse realidad en mí, por lo que a la que primero mandó a evangelizar fue a mí. Me ha invitado a hacer silencio y a escuchar, a estar atenta a su acción, a poner mi corazón solo en El y ciertamente todo este proceso es un morir desde la cruz, morir totalmente a mí para que del tronco germine una semilla santa.

Karen Beatriz Polanco. Novicia MAR

22 de marzo de 2014

LECTIO DIVINA. III DOMINGO DE CUARESMA CICLO -A- Jn 4. 5-42

Nuestra Hermana Ruth Carmona, nueva integrante de la comunidad formadora del Noviciado Común
CONTEXTO
Este relato parece suponer la temprana conversión de los samaritanos, después de la resurrección de Jesús, gracias a la predicación del diácono Felipe y a la visita posterior de Pedro y Juan a Samaria (Hch 8,5-25). Por lo mismo, la samaritana es también símbolo de un pueblo que profesa la fe en Jesús (Jn 4,42). El texto del encuentro de Jesús con la samaritana está ubicado después del testimonio de Juan Bautista: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna…” Jn 3,36. Invitación de Jesús a destruir el templo y a sustituirlo por su cuerpo, que, levantado en alto, será expresión de un nuevo tipo de culto.

 ¿QUÉ DICE EL TEXTO?
Este relato, uno de los más extensos y bellos del evangelio, presenta el siguiente desarrollo: conversación de Jesús con una mujer, centrada en los temas del agua viva, la adoración al Padre y la revelación de Jesús como Mesías (v.1-26); diálogo con sus discípulos (27-38); escena final, con la aclamación de Jesús como salvador del mundo (32-42).

El evangelista lee la revelación del misterio profundo de la persona de Jesús en las vicisitudes cotidianas. Es mediodía y junto al pozo de Sicar (v. 5; cf. Gn 48,22) tiene lugar el encuentro y el diálogo insólito (v. 8) entre una mujer samaritana y un judío (v. 9), un "profeta" (v. 19) mayor que Jacob (v. 12), "el Cristo" (v. 29). Sucesivamente van llegando los discípulos (w. 27-38), finalmente otros samaritanos paisanos de la mujer (w. 40-42): los estrechos horizontes tradicionales se abren a la universalidad.

¿Quién es, pues, aquel rabbí que se atreve a conversar con una mujer (v. 27), y encima samaritana, es decir, considerada herética, idólatra (w. 17-24; cf. 2 Re 17,29- 32) y pecadora (v. 18)? Las personas que salieron a su encuentro lo declaran "Salvador del mundo" (v. 42): estamos en la cumbre de la narración y de su contenido teológico. Y, sin embargo, Jesús se presentó como un sencillo caminante que no duda en pedir un poco de agua. Incluso este dato no carece de significado: su sed -sed de salvar a la humanidad- remite a numerosos pasajes del Antiguo Testamento. Junto a la zarza ardiente, Moisés, destinado a ser guía del pueblo elegido en el Éxodo, había pedido a Dios revelarle su nombre; finalmente aquella pregunta encuentra ahora respuesta: "Yo soy, el que habla contigo" (v. 26; cf. Ex 3,14). Sobre la sombra del pecado, el Mesías proyecta la luz de la esperanza: la conversión abre el camino para adorar al Padre "en espíritu y en verdad" (v. 23; cf. Os 1,2; 4,1).

Ahora va a cumplirse una larga historia de deseo y fatiga, de fe y de incredulidad. La plenitud está en el encuentro con Cristo, cuyas palabras son hechos: en el Calvario brotará la fuente de agua viva, en la pasión se saciará totalmente su hambre y su sed de hacer la voluntad del Padre (v. 28, cf. Jn 19,28). De su muerte nace la vida para todos –ahora cualquier hombre puede considerarse "elegido", amado-; de su fatiga en el sembrar (w. 6.36-38) se abre para los discípulos el gozo de la siega (v. 38) y del testimonio, como la mujer samaritana deja entrever en su ímpetu de auténtica misionera (v. 28)[1].
 ¿QUÉ ME DICE A MÍ EL TEXTO?

Me fijo en Jesús

Cansado del camino y sediento le pide agua a la samaritana:
Jesús, caminante divino en nuestra búsqueda, ha querido compartir nuestra sed para hacernos conscientes de que la sed de un amor tierno e ilimitado nos asedia y nos inquieta y que de nada vale querer ignorarla o aplacarla con multitud de amores humanos.

Ofreciéndole el “agua viva” a la samaritana:
Sólo él puede verter en nuestros corazones la fuente que brota para la vida eterna, el Espíritu Santo, alegría inagotable de Dios. Pero, antes, Jesús debe cansarse, y mucho, para desenmascarar nuestra falsa sed, por la que cada día estamos dispuestos a recorrer tan largo camino llevando sobre nuestras espaldas cántaros pesados.
Frente a judíos y samaritanos, Jesús ilustra una concepción distinta de Dios. En términos del diálogo: Jesús trae el don de Dios, el agua viva que aplaca la sed.
Jesús no se limita, pues, a proporcionar el agua viva como desde el exterior: revela a cada hombre a sí mismo y le descubre el misterio de su personalidad, allí donde se alcanza la fuente de agua viva en uno mismo (Jn 7. 38). Este descubrimiento de la personalidad de cada uno es probablemente lo que en cierto modo se dibuja en el discurso en que Jesús desvela progresivamente a la samaritana quién es ella (VV. 17 y 29).

Dios es  Espíritu y verdad:
El Padre pide verdaderos adoradores. Sabíamos que Dios podía apagar nuestra sed, pero sin este evangelio, ¿quién se atrevería a pensar que Dios tiene sed de nosotros? La única manera de ser digno de esta fe es tener sed de él.

Jesús dialoga con sus discípulos
El diálogo Jesús-discípulos tiene lugar "mientras" la gente "está de camino" hacia Jesús. Las palabras de Jesús durante este diálogo son un comentario a "ese camino hacia él". A este "estar en camino" se le llama "alimento", y este alimento es hacer la voluntad del Padre, que es ofrecernos a todos, sin distinción, la salvación que brota del agua de su  costado y nos lanza hacia la vida eterna.

Me fijo en la Samaritana:

Busca agua que no le quita la sed:
A lo largo del fatigoso camino de la vida siempre podemos decir: "En estos días el pueblo padece sed". El hombre, hecho para lo infinito, es atormentado por la árida finitud que le rodea y no le sacia, y percibe, sediento, la necesidad de una agua viva que le hidrate y regenere, que le vivifique y haga fecundo el sentido  de sus días.

Tiene cinco maridos:
El diálogo pasa del símbolo "agua" al símbolo "maridos". Es la propia mujer quien facilita la clave en el v. 20: el culto.  El pozo de Jacob tiene un agua contaminada: en él beben personas y animales. (Ironía y simbolismo del cuarto evangelista). El agua que Jesús trae es viva, es decir, limpia y cristalina. Pero para hacerse acreedora a ella, la samaritana tiene que salir de su Torá (los cinco maridos).

El marido representa también la búsqueda de seguridades opuestas al designio de Dios,  toda alianza contraria a la suya, la pretensión engañosa de encontrar solución fuera de Él, todo aquello a lo que nos atamos como un refugio a nuestra debilidad y mediocridad.

La mujer deja el cántaro
Hay, pues, que dejar el cántaro: el agua estancada, el templo. Ya no sirven.  Comienza la marcha hacia Jesús, la peregrinación hacia el nuevo templo. La gente deja la ciudad y se pone en camino hacia Jesús (v. 30).

La llegada de la gente crea una situación nueva (vs. 39-42). La evangelización surge del encuentro con Jesús. El gradual conocimiento de Jesús lleva a la mujer a un nuevo conocimiento de sí misma: Jesús es judío, ella samaritana; Jesús es “Señor”, ella una creatura llena de debilidades; Jesús es profeta, un hombre de Dios, ella- en cambio- se reconoce pecadora, alejada de Dios; Jesús es Mesías que desborda las fronteras de Israel, ella ansía saciar su sed de Dios; Jesús es Salvador, ella experimenta la salvación por la palabra del Mesías: “Me ha dicho todo lo que he hecho” (4,39). Según la conclusión del relato, su testimonio se hace evangelización (misión) y convierte en discípulos de Jesús a hombres y mujeres que la escucharon hablar del Mesías y se encuentran con él por lo que pueden decir: “Nosotros mismos lo hemos oído” (4.42).

Curiosa alternancia de esta doble sed. "Dame, dice Jesús; luego: "Pídeme". Y un poco más adelante: " Deseo por deseo, amor por amor. Así es como hay que pedir el agua que nos dará deseos de Dios: "Pídeme el agua viva y yo haré que brote en ti una fuente de amor. Podremos ser uno de esos adoradores que busca el Padre".
 ¿QUÉ ME HACE DECIR EL TEXTO DIOS?
Señor,  en el brocal de mi  pozo estás sentado día y noche. Como te encontraste con la Samaritana te has encontrado conmigo. Me atrae tu Palabra, me atrae tu donación, me atrae tu salvación, me atrae tu adoración. Me pides que te pida, es decir, que me reconozca mendiga y sedienta de ti que eres el agua viva.

Cada día me pides agua, y cada día, aumentas en mí el deseo de conocerte y amarte más; porque lo que me pides, ya me lo das con creces, para que pueda responderte.
Reconozco Señor, que he tenido “muchos maridos”; y en esa sed insaciable he buscado en otras “aguas” saciar mi sed de plenitud.

Tú me pides, pero eres tú el que me das. Me pides en cada acontecimiento, en cada persona, en cada diálogo que establezco, en cada mirada que cruzo, en cada sentir que experimento: me pides que me acerque a ti.

Tú me das en cada Eucaristía, en cada encuentro contigo, también en cada desencuentro, en cada situación que experimento, en cada instante de mi vida. Tú me das tu Gracia purificadora y transformante, que es el agua Viva.

En Espíritu y en verdad te quiero adorar. Tu verdad es que eres el agua Viva.  Mi verdad es que estoy sedienta y no hago más que beber, muchas veces, en aguas que no quitan la sed. Siento sed de amor, pero bebo egoísmo, siento sed de felicidad y bebo en ráfagas pasajeras. Siento necesidad de hondura y me da miedo adentrarme en lo profundo de mí.

Sin embargo, cuando me acerco a ti, con esa actitud de “mi alma tiene sed de ti”, entonces experimento que lo esencial es lo único que me quita la sed. Pero, para sentirme como la Samaritana, lo fundamental es creer en ti, aferrarme a ti, adherirme a ti, levantar mi corazón hacia ti,  seguir tus pasos y ser tu misionera, pregonera de tu misericordia a tantos sedientos queriendo saciar su sed en pozos que no son Tú.   
 (…) Vino Jesús y, humillándose, llegó hasta el pozo. Llega fatigado, porque lleva sobre sí el peso de la débil carne. Era la hora sexta, porque estaba en la sexta edad del mundo. Llegó hasta el pozo, porque descendió hasta lo profundo de nuestra morada. Por eso se dice en los Salmos: Desde lo hondo he clamado hacia ti, Señor (Sal 129,1). Se sentó, ya lo he dicho, porque se humilló. (…)Y llega una mujer (Jn 4,7). Es figura de la Iglesia, aún no justificada, pero a punto de serlo: éste es el tema de conversación. (…) Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Los samaritanos no eran judíos; sino extranjeros, aunque vivían en regiones circunvecinas. (…)Está lleno de significado el hecho de que esta mujer, que figuraba a la Iglesia, procediese de un pueblo extranjero para los judíos; en efecto, la Iglesia se formaría de los gentiles, que los judíos tenían por extranjeros. (…) ella misma fue primero símbolo y luego se convirtió en realidad, pues creyó en aquel que quería hacer de ella una figura nuestra. Vino, pues, a sacar agua. Había venido solamente a sacar agua, como suelen hacerlo los hombres y las mujeres.(…) (San Agustín. Comentarios sobre el evangelio de San Juan 15,5-6.9-12 (Sigue).

 Nieves María Castro Pertíñez. MAR













[1] GIORGIO ZEVINI y PIER GIORDANO CABRA (eds.)LECTIO DIVINA PARA CADA DÍA DEL AÑO
volumen 3Tiempo de cuaresma y Triduo pascual. SEGUNDA EDICIÓNEDITORIAL VERBO DIVINO 2002, p.180-183