31 de diciembre de 2014

FELIZ AÑO NUEVO 2015



LA COMUNIDAD DEL NOVICIADO EN ESTE ÚLTIMO DÍA DEL AÑO, QUIERE HACER LLEGAR A TODOS NUESTROS LECTORES, HERMANAS Y HERMANOS, FAMILIARES Y AMIGOS ENTRAÑABLES NUESTRA SINCERA FELICITACIÓN POR ESTE NUEVO AÑO 2015 QUE COMIENZA.

AGRADECER Y PEDIR PERDÓN SON DOS VERBOS UTILIZADOS POR EL PAPA FRANCISCO EN SU HOMILÍA EN LAS VÍSPERAS DE LA  SOLEMNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA MADRE DE DIOS, EN ESTE ÚLTIMO DÍA DEL AÑO.

QUEREMOS AGRADECER AL SEÑOR DE LA VIDA, DE LA MISERICORDIA Y DE LA BONDAD INFINITAS TODAS LAS GRACIAS QUE HEMOS RECIBIDO DURANTE ESTE AÑO; GRACIAS QUE NOS HAN FORTALECIDO EN LA FE, NOS HAN AYUDADO A ACRECENTAR EL SENTIDO DE PERTENENCIA AL SEÑOR Y LA COMUNIÓN CON TODA LA IGLESIA, GRACIAS QUE HAN PERMITIDO QUE NUESTRO SÍ DE CADA DÍA HAYA TENIDO COMO REFERENCIA LA ORACIÓN, LA PALABRA Y LA REALIDAD QUE NOS CIRCUNDA,  LA FRATERNIDAD, EL DISCERNIMIENTO, LA ALEGRÍA DE SENTIRNOS AMADAS POR EL SEÑOR Y LLAMADAS EN SU SEGUIMIENTO. 

GRACIAS POR ENCONTRARNOS EN ESTA ESCUELA DE FORMACIÓN QUE POSIBILITA CADA DÍA EL CONOCIMIENTO DE NUESTRO CARISMA, DE LOS DOCUMENTOS ECLESIALES, DE NUESTRA ESPIRITUALIDAD, DE LA PALABRA DE DIOS, DE LA RIQUEZA INTERCULTURAL, DE SENTIRNOS ACOMPAÑADAS UNAS DE OTRAS COMO HERMANAS QUE HAN RECIBIDO EL DON PARA VIVIR CENTRADAS EN EL SEÑOR QUE NOS CONSTITUYE EN SU VERDADERO TEMPLO.

GRACIAS EN FIN QUE HAN DESBORDADO NUESTRA CAPACIDAD PARA COMPRENDER TANTO AMOR Y TANTAS OPORTUNIDADES DE ENCUENTRO CON JESÚS Y LOS POBRES DONDE EL HABITA.


EL PAPA FRANCISCO EN SU HOMILÍA NOS INVITA A HACER UN EXAMEN DE CONCIENCIA Y RESPONDER A ALGUNAS PREGUNTAS: ¿CÓMO ES NUESTRA FORMA DE VIVIR? ¿VIVIMOS COMO HIJOS O COMO ESCLAVOS? ¿VIVIMOS COMO PERSONAS BAUTIZADAS EN CRISTO, UNGIDAS POR EL ESPÍRITU, RESCATADAS, LIBRES? O ¿VIVIMOS SEGÚN LA LÓGICA MUNDANA, CORRUPTA, HACIENDO LO QUE EL DIABLO NOS HACE CREER QUE ES NUESTRO INTERÉS?

QUEREMOS PEDIR PERDÓN, PORQUE TAMBIÉN MUCHAS VECES CON NUESTRA DESIDIA, FALTA DE HUMILDAD Y AMOR, DESINTERÉS, FALTA DE PASIÓN, HEMOS OLVIDADO LA ESENCIA DE NUESTRO CARISMA, EL SERVICIO A LA IGLESIA, A LOS POBRES Y LA DISPONIBILIDAD PARA ACOGER LOS SIGNOS DE LA PRESENCIA DE DIOS QUE SE MANIFIESTAN EN LAS PEQUEÑAS COSAS DE CADA DÍA.


QUEREMOS UNIRNOS CON AMOR ENTRAÑABLE A NUESTROS HERMANOS QUE SUFREN EN LOS PUEBLOS DE UCRANIA, SIRIA, VENEZUELA, COLOMBIA, SIERRA LEONA, POR NOMBRAR ALGUNOS. Y SOBRE TODO, A LOS MÁS CERCANOS, A NUESTRAS HERMANAS MAR ENFERMAS Y A NUESTROS HERMANOS OAR QUE ESTÁN LIMITADOS, EN LOS HOSPITALES, A NUESTROS FAMILIARES Y AMIGOS, DECIRLES DESDE AQUÍ A TODAS Y A TODOS QUE LOS AMAMOS, QUE NO LOS OLVIDAMOS PORQUE SON PARTE DE NUESTRO CAMINAR Y PARTE DE NUESTRO CUERPO MÍSTICO.

EL DOLOR DE TODOS NOS DUELE; LAS ALEGRÍAS DE TODOS ELLOS NOS ALEGRAN. POR ESO PEDIMOS AL SEÑOR Y A SU MADRE SANTA QUE DESTIERRE DE NOSOTROS TODO SENTIMIENTO EGOÍSTA, ENVIDIOSO, QUE PONGA EN DUDA NUESTRA IDENTIDAD DE HERMANOS EN JESÚS E HIJOS E HIJAS DE UN MISMO PADRE.

CON LA CERTEZA, DE QUE ESTE AÑO ESTARÁ TAMBIÉN PREÑADO DE LA MISERICORDIA DE DIOS Y DE SU PROVIDENCIA BENDITA OS ENVIAMOS UN AFECTUOSO SALUDO DESDE UNA UNIÓN PROFUNDA, COMO MARÍA, EN EL CORAZÓN DEL ENMANUEL, DIOS-CON-NOSOTROS.

LA COMUNIDAD DEL NOVICIADO MAR.

¡Vayamos! ¡Corramos!
Un Año Nuevo, como portal sostenido por 365 vigas,
nos espera para vivir junto a Dios
y para, después de Navidad, no olvidarle
¡VAYAMOS! ¡CORRAMOS!
Un calendario, con 365 días virginales,
aguardan el color de nuestra esperanza
la profundidad de nuestra fe
la riqueza de nuestras buenas obras
¡VAYAMOS! ¡CORRAMOS!
Para que, la PAZ que nos ha brindado la Navidad
no se apague con el cañón de la violencia
ni se marchite la esperanza que el hombre abriga
¡VAYAMOS! ¡CORRAMOS!
Que los 12 meses que nos saludan
sean oportunidades para ser mejores
Piedras para construir un nuevo mundo
Palabras que alienten al hombre
¡VAYAMOS! ¡CORRAMOS!
Dejemos atrás sinsabores y fracasos
Apartemos a un lado lo que nos impide
vivir de nuevo y con aire fresco
Dejemos atrás el “ya no puedo más”
Dios, entre otras cosas,
nos da la fuerza que viene de lo alto
¡VAYAMOS! ¡CORRAMOS!
Atrás quedó lo viejo y nos espera lo nuevo
Atrás quedaron asignaturas pendientes
pero Dios nos da otra oportunidad
para amar y entregarnos,
para levantarnos y ser más hermanos
¡VAYAMOS! ¡CORRAMOS!
El Señor, con su Nacimiento,
ya está alumbrando con 12 lámparas
cada mes de este Año Nuevo
El Espíritu, con su brisa suave
nos infundirá 365 soplos de aliento divino.
La Virgen María, Madre de Dios y nuestra,
marchará delante de nosotros, sus hijos e hijas,
ayudándonos a vivir dignamente
cada hora y cada segundo, cada día y cada instante
de este Año Nuevo que ahora se inicia.

¡VAYAMOS! ¡CORRAMOS!
LA VIDA Y LA FE NOS ESPERA[1]






[1] http://www.revistaecclesia.com/oracion-de-ano-nuevo/

30 de diciembre de 2014

LOS PASTORES DE ESTA NAVIDAD

Esta Navidad, una vez más, me trae el recuerdo de tantos años vividos en misión, compartiendo con el pueblo pobre, en los márgenes. Mi primera Navidad en Venezuela la pasé en El Guasey, un pequeño poblado de indígenas kariñas. Nunca experimenté mayor gozo. Estaba sola con otra hermana mar en  aquella comunidad y me impresionaban las noches de estrellas radiantes que iluminaban el poblado, en el olvido de la ciudad, con una carretera nefasta, de acceso a él; y pude gustar del sabor del pesebre con el pueblo pobre, disfrutando de sus costumbres, visitando los hogares al calor del casabe y la hallaca; cortándole el cabello a los niñitos indígenas, construyendo entre todos  el pesebre para celebrar la Nochebuena y cantar los aguinaldos típicos venezolanos: Niño Lindo, Si la Virgen fuera andina, Fuego al cañón, Vuela la paloma, Corre caballito, etc

Este año, ya un poco más metida en la cultura colombiana de nuestro barrio he disfrutado nuevamente de ese sabor. Con Miriam, novicia, hicimos la novena por las casas de los enfermos y ancianos impedidos. Sandra es una joven mamá de 36 años, paralítica, con una barra de acero que le atraviesa la columna. El collarín que le pusieron lo apretaron tanto que le rompió la tráquea y no puede tragar los alimentos, así que tiene desnutrición, porque el alimento es líquido y para volverla a operar tiene que engordar. Mantiene una sonrisa abierta y un lamento en su corazón. La fe la sostiene, pero la realidad de verse impedida y frustrando todos los proyectos de su hija de quince años que la tiene que cuidar la hace sufrir; pero tiene el arma de la fe para seguir adelante y seguir confiando.



 Conchita, José y la mudita, son tres viejitos encantadores. Conchita está en cama con 92 años; le gusta que le canten. José es el esposo, diez años más joven, pero también con sus limitaciones, y la mudita es una viejita muy simpática e inteligente, respira alegría y gracia de Dios. Ella cuida de los dos.

Paulina perdió a su hijo de 53 años, víctima de un cáncer, una mujer desplazada, víctima de la guerrilla que ha levantado su hogar a base de fe y de trabajo.

Ezequiela, Mercedes y su mamá, son tres viejitas también que viven solas; entre 92 y 70 años. Ellas mismas se asisten confiadas al amor de Dios y de nuestra Madre María.



Cielo, Santiago y Carolina, son una familia llena de paz. Todos enfermos. Carolina parapléjica. Viven del reciclaje y siempre agradecidos por los pequeños detalles de amor fraterno.

Mery es otra viejita de ochenta y tantos, que vive del reciclaje. Sale todas las noches a partir de las ocho a buscar sus corotos. Una noche la golpearon. Todo lo cuenta con paz, serenidad y una gran confianza en Dios, y encima nos obsequia con unas galletas.
 El p. Emilito Vanegas, oar, es otro testimonio de vida que con su edad avanzada, su inocencia de santo, siempre nos trae  alegría, paciencia y fraternidad.


Y así hemos ido construyendo en esta Navidad el pesebre de Belén, viendo en la contemplación del misterio a tantos pastores humildes, sencillos, enfermos que dan calor a la iglesia desde su anonimato y su testimonio de adoración.

Señor Jesús, quedo agradecida por tantos regalos y signos de tu presencia viva entre nosotros y tantas invitaciones para tener una mirada encarnada y disfrutar de tu cercanía amorosa y milagrosa en medio de los pobres donde tú moras.


Nieves María Castro Pertíñez. MAR



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29 de diciembre de 2014

LA TERNURA, PARTE 2

La ternura de jesús manifestada en nuestros fundadores y en hermana Cleusa.


Mis monjitas han de ser las monjitas de todos, sobre todo de los pobrecitos. Y siempre con todos sencillas, humildes, sonrientes, caritativas… (Mons. F. Javier Ochoa).

Vivan muy en la presencia de Dios y así será muy caritativa, humilde y paciente, dando buen ejemplo y derramando con su comportamiento el buen olor de Cristo. (Madre Esperanza)

Ha subido al cielo una pequeñita. Con ella he enviado un beso a la Trinidad  Beatísima y otro a mi Madre del cielo. (Madre Ángeles)

Yo sé que tengo que ir, el indio no puede esperar. ¿Quién va a defender su vida, si Dios quiso con  nosotras contar? Soy frágil, pequeña y pobre, mis armas, Cristo es quien me las da. Fortaleza, bondad y ternura, a los humildes  jamás les va a faltar. (Hna, Cleusa).

La ternura en nuestro actuar “MAR”

Como mujeres de ternura, en nuestros campos de misión somos cercanas al dolor de los más pequeñitos que viven sin esperanza, siendo consolación desde un Jesús que es liberador y salvador, en gestos y compromisos de misericordia.

Somos mujeres sensibles a las necesidades y dificultades que encontramos en las diferentes culturas donde estamos insertadas, pero siempre acompañando con una sonrisa y una palabra de confianza en Dios.

Somos evangelizadoras desde la ternura del Padre misericordioso en los diferentes apostolados: catequesis, grupos juveniles y vocacionales, actividades parroquiales, tercera edad, escuelas y guarderías, hospitales, ancianatos…     

Somos mujeres de ternura en nuestras comunidades, viviendo la fraternidad.

Misioneras viviendo en una sola alma y un solo corazón, dirigidas hacia Dios.

Siendo Agustinas en personas.

Recoletas en el interior.

El amor es el que nos impulsa a ser mujeres “MAR” de ternura, junto con la alegría que brota desde nuestro interior.


La ventana de nuestras Constituciones y Regla

Nos reconocemos pobres y pecadoras personal y comunitariamente. Asumimos esa realidad con espíritu de humildad y evangelizamos convencidas de que no nos anunciamos a nosotras mismas sino a Cristo Jesús, en la alegría del don recibido y en la medida en que compartimos nuestra fe, somos evangelizadas y evangelizadoras. (CC 81).

Nuestra vida comunitaria requiere, cada día, momentos especiales de expansión fraterna para que podamos conversar, alegrarnos, escucharnos mutuamente con agrado y así progresar en el amor y conocimiento mutuo. (Constituciones  n° CC 60).

Algunos pensamientos sobre la ternura En nuestras Constituciones y Regla.

ü (...) En la evangelización de los pueblos o grupos humanos que todavía no creen en Cristo y en aquellos lugares donde aún no ha enraizado la Iglesia. (CC 9-a)
ü Antes que todo, queridas hermanas, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandamientos principales que se nos han dado.   (Regla de S. Agustín)
ü Así, pues, vivid todas en unanimidad y concordia; y honrad las unas en las otras a Dios, de quien habéis sido hechas templos. (Regla de S. Agustín).

Que la ternura de Dios nos cautive siempre a todas las MAR. Que en la relación con nuestra hermana nos sintamos acogidas, con un trato siempre cordial, con afecto, amor, atención, comprensión y siempre con un toque de ternura. Que nuestras correcciones fraternas sean siempre hechas con amabilidad, de buenas maneras, tal como lo expresa el Evangelio y nuestra Regla; y si nos sirve para reflexionar podemos aprovechar este momento para preguntarnos ¿Qué ternura manifiesto a las hermanas de la comunidad? Puede ayudarnos nombrar en nuestro corazón a cada una de las hermanas con las que vivo y ver qué gestos de ternura tengo yo con cada una de ellas.


                  María Agustina Rodríguez, Novicia MAR

28 de diciembre de 2014

LA TERNURA, PARTE 1

"Señor, tú eres nuestro Padre, nosotras la arcilla y tú el alfarero, somos la obra de tus manos”  (Is  64, 7).


Un sentimiento grande y noble  que nos  engrandece como personas. Si poseemos ternura somos capaces de manifestar afecto, dulzura y simpatía.

En nuestra vida misionera hay muchas cosas y situaciones que despiertan ternura dentro de nosotras: la inocencia de los niños, las personas desvalidas, el sufrimiento, el dolor…

 Podemos hablar con ternura, mirar con ternura, abrazar con ternura... Ternura es que seamos sensibles ante las situaciones del otro.  La ternura es el arte de “sentir” a la persona, al ser humano en su totalidad”.  La ternura está en aquello que parece pequeño pero que se hace grande en el corazón: el beso sincero, el apretón cálido de manos, el abrazo inesperado, una mirada llena de cariño que nos dice: ¡estoy aquí, puedes contar conmigo!

 Pero a veces la ternura parece olvidada en nuestros tiempos. Pienso que  tendríamos que revivirla pues es lo que logra que nuestros días, nuestra vida pasen de ser un sólo transitar a inolvidables. 

¡¡¡Los niños, qué regalo más lindo de Dios!!! En ellos veo la ternura todos los días, me cautivan con sus expresiones sinceras, con la caricia que llega a mí sin tener que hacer ningún reclamo... En el beso, en el abrazo que no puede envolverme, pero que me hace sentir ese corazón muy cerca de mí.

La ternura  también vitaliza a los abuelos, duerme al niño y desarma a toda persona. La ternura es algo que sale de lo más profundo de nuestro corazón sin darnos cuenta. La ternura no está en lo grande, ni en lo brillante, ni en lo que se destaca; está en lo chiquito, en lo sencillo, en esas pequeñas cosas de todos los días.

Sentí la invitación a redescubrirla,  pero desde la ternura de Dios, en algunos textos Bíblicos…

La Ternura de Dios en algunos textos Bíblicos:

En  numerosas ocasiones se puede ver a  Dios que es “compasivo y misericordioso”.
 “Levántate, amada mía, preciosa mía, ven. Mira, que el invierno ya ha pasado, las lluvias  han cesado, se han ido. Brotan las flores en el campo, llega el tiempo de los cánticos, el arrullo de la tórtola" (Cant 2, 10).

 El profeta Oseas nos habla de   Dios como de un esposo que se compromete a desposarse con su pueblo y nos habla de la imagen de un Dios Padre que ama sin pedir nada a cambio. Dios se implica con la creación  de manera gratuita.

“Me casaré  contigo para siempre, me casaré contigo en justicia y en derecho,  en afecto  y en cariño…” (Os 2, 21)

 Ante la infidelidad de la esposa, Dios habla como un esposo lleno de paciencia y de ternura, siempre dispuesto a acoger y a perdonar:

 “Yo sanaré su infidelidad, la amaré gratuitamente” (Os 14, 5). 

 Dios no es un ser lejano, sino muy cercano a sus hijos. Y vemos que los profetas usan la imagen  de una madre amorosa que no puede olvidar a la criatura:

“¿Acaso olvida una madre a su hijo y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella lo hiciera, yo nunca te olvidaré.”  

Él nos toma en sus brazos y nos hace caricias como a un niño pequeño. 

 “Cuando Israel era un niño yo le amé... tomándolo en  mis brazos, lo atraía  con ligaduras humanas, con lazos de amor. Fui para ellos como quien alza una criatura contra su mejilla y me bajaba hasta ella para darle de comer” (Os 11,1-4)

En el profeta Isaías encontramos cantidad de imágenes de una inmensa ternura que muestran la cercanía de Dios con su pueblo y con cada uno de sus hijos. Nos presenta imágenes del padre y de la madre manifestando ternura (respecto) a sus hijos.

”Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero, somos la obra de tus manos” (Is  64, 8)

“¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira te llevo tatuada en mis palmas.”  (Is 49, 15-16).

“Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo.” (Is 66,13). 
 También en el profeta Jeremías encontramos esta imagen de padre.

“¡Si es mi hijo querido, Efraím, mi niño, mi encanto! Cada vez que lo reprendo me acuerdo de él, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión” (Jer 31,20). 

En los Salmos

También podemos ver que hay  infinidad de referencias de actitud de confianza en un Dios cariñoso, amante, misericordioso, lleno de ternura para con sus hijos:

“Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me acogerá” (Sal 27,10).
“Dios mío, guárdame como a la niña de tus ojos, escóndeme bajo la sombra de tus alas” (Sal 17,8).

“Nuestro Dios es bueno y cariñoso con todas sus criaturas” (Sal 145,9).

“Nos colmará de gracia y de ternura (...). Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles” (Sal 103,4.13).

Que nunca dudemos  de confiar en su amor, abandonarnos en sus brazos y decirle con cariño: “Abba, Papá”.

Manifestaciones de ternura en Jesús

Lucas nos dice que “Jesús durante su vida fue creciendo en las experiencias humanas y también en las divinas”. Jesús, siendo un joven, fue navegando en las inmensidades de Dios, viviendo experiencias religiosas por nadie experimentadas, descubriendo horizontes completamente desconocidos en el misterio infinito de Dios.

Jesús era un hombre muy sensible. Los evangelios dicen varias veces que  “Jesús se compadeció”. Y hasta en una ocasión dijo Jesús “Me dan pena estas gentes”.

Cuando le informaron que aquella viuda se le había muerto el único hijo que tenía y lo llevaban a enterrar, Jesús se estremeció casi hasta las lágrimas. Delante de la tumba de su amigo Lázaro Jesús lloraba sin disimulo, y sus propio enemigos comentaban entre sí “¡qué sensible es este hombre, como lo amaba!”. Jesús sintió desilusión ante la ingratitud de los nueve leprosos.

Pensaba en la ternura de Jesús manifestada en los pequeñitos, en sus predilectos,  que fueron las mujeres, los niños, los enfermos, los pecadores, los excluidos. Jesús come con los publicanos, tiene amistades “dudosas” y hasta es acompañado por prostitutas. Reflexionaba en Jesús, el Dios hecho hombre, ese que quería con tanta ternura a los niños, a los cuales “abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos” (Mc10, 16).

Y Él me mira como al joven rico, a quien “miró con cariño y lo amó” (Mc 10, 21).
Pero claro, a Jesús le reprochaban su manera de actuar, Él se justificaba afirmando que esa era la manera de actuar de Dios, que hace salir el sol sobre  justos e injustos, que hace fiesta en el cielo por cada pecador arrepentido. Asimismo Jesús hace fiesta en el cielo cada vez que me reconozco pecadora, y siempre está dispuesto a buscarme como a la oveja descarriada, nunca me trata como merecen mis culpas ni me paga conforme a mis pecados.


A través de Jesús se me manifiesta el amor, la paciencia, la fidelidad de un Dios que me ama sin medida, un Dios que es un Padre amoroso, que me cuida como una madre. Su ternura y sus caricias me las manifiesta de muchas maneras, a veces, en la intimidad de la oración; otras veces a través del cariño de mis hermanas y de los seres queridos; también a través de la sonrisa de los niños y de la gente con la que comparto la vida en el día a día. 

Agustina  Rodríguez, Novicia MAR 

27 de diciembre de 2014

Lectio Divina del Domingo de la Solemnidad de la Sagrada Familia, ciclo B.

 (Lc. 2, 22-40)


PREPARACIÓN.  

Comienza este momento especial de encuentro con el Señor dejando a un lado otros intereses, trabajos y preocupaciones. Enciende un cirio, pon un crucifijo y, si tienes, una imagen de la Sagrada Familia. Toma tu Biblia, abre tus oídos y tu corazón a la Palabra de Dios para interiorizarla y dejar que el Señor renueve y transforme tu vida.
¡En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo!

Oración Inicial:

Padre bueno y de amor, que nos has regalado en tu Hijo Jesús, en José y en María un ejemplo de familia, ayúdanos a descubrirte en nuestras familias, en cada una de las personas que nos has regalado; que nuestra vida se organice en función a ti y con esta lectura podamos evaluar nuestras vidas más profundamente, para que en este año que se avecina actuemos siempre desde tu voluntad y no desde nuestros propios intereses, que te dejemos transformar nuestras propias vidas y las de nuestras familias. Amén.

Lectura:

“Y, cuando llegó el día de su purificación, de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo.  Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo.
Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con lo mandado en la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

  —Ahora, Señor, según tu palabra, 
   puedes dejar que tu sirviente muera en paz
  porque mis ojos han visto a tu salvación,
  la que has dispuesto ante todos los pueblos
como luz para iluminar a los paganos
   y como gloria de tu pueblo Israel.

El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, la madre: 


—Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será signo de contradicción y así se manifestarán claramente los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón.


Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años, desde entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos.  Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.
Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba.

Regálate un momento de silencio para que la Palabra penetre tu interior y lee el texto las veces que te sea necesario.

Contextualización: 

Ya nos encontramos celebrando el tiempo de la Navidad, y en esta solemnidad de la Sagrada Familia la Iglesia nos invita a ver el ejemplo de familia en la familia de Nazaret, desde el relato de la presentación de Jesús en el templo.

Luego del nacimiento sencillo y pobre de Jesús hoy el texto inicia resaltando que José y María cumplían  con la ley  y respetaban el Templo, luego dirá Jesús que ha venido a darle pleno cumplimiento a la ley y los profetas[1]Jesús continua la historia de salvación del pueblo de Israel, no es ajeno a su misión.

Al entrar al Templo se encuentran con dos personajes importantes: Simeón (hombre honrado y piadoso) y Ana (profetisa), dos ancianos que son capaces de “ver” en aquel Niño la realización de la promesa de Dios a su pueblo.  

En Jesús, “Luz para iluminar a las naciones”, ven cumplida la nueva Alianza. Y ese encuentro con el Niño Jesús (como en tantas ocasiones lo ha citado el Papa Francisco) provoca en ellos una profunda paz y una santa alegría, y el deseo de compartirlas.

María y José llegan al Templo para presentar y ofrecer su Hijo a Dios; y salen con la misión de educarlo como el Hijo que Dios ofrece y presenta a las naciones para su salvación.  Max Thurian (teólogo sacerdote Hermano de la Comunidad de Taizé) comenta: “María era en aquel momento imagen de la Iglesia Madre que todos los días presenta el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, como memorial de la Redención y la Resurrección”.[2]

Al final reconoce que Jesús va teniendo una vida como todos los niños, es acompañado por sus padres y va alcanzando una madurez física y a la vez espiritual, se convertirá en el hombre perfecto, que nos enseñará a vivir en la perfección del amor con el Padre y con los hermanos.

Meditación:

Ahora pregúntate ¿qué te dice el texto en el hoy de tu vida? Te puedes ayudar de estas preguntas:

·        ¿Qué le presento y qué le ofrezco a Dios cada día?
·        ¿Por quiénes estoy orando especialmente en estos días? ¿Qué espero de Dios?
·        ¿Cuáles son los anhelos y esperanzas que mueven más fuertemente mi vida? ¿Cuánto me dejo conducir por el Espíritu Santo?
·        ¿Qué veo en Jesús para creer, confiar y esperar en Él? ¿Cómo estoy  fortaleciendo mi fe en Él?
·        ¿En qué personas, lugares y acontecimientos de mi barrio y ciudad reconozco la presencia de Jesús, Luz para las naciones?
·        El encuentro con Jesús, en los sacramentos, en la comunidad, en mi familia… ¡provoca en mí alegría y paz? ¿este encuentro me transforma?
·        ¿Qué comparto yo con los que me rodean?

Ante una realidad de tantas familias disfuncionales, tibieza religiosa y desinterés en cuanto a temas de fe, hoy vemos a  María y José, que pudieron haberse olvidado de la religión, saltarse tal vez algún precepto, pues tenían como hijo al enviado de Dios, pero demuestran su humildad y fidelidad al Padre al presentar a Jesús en el Templo, cumpliendo  como cualquier judío todo lo que se les mandaba.
Por otro lado, Ana y Simeón  fueron sensibles  ante el paso de Dios por sus vidas, ellos reconocieron al enviado en un débil niñito en pañales; en nuestros días buscamos a Dios en las personas de renombre, en actividades multitudinarias donde necesariamente tiene que haber ruido y mucho movimiento para “sentir al Espíritu Santo”; pero Dios se manifiesta en lo pequeño, en el silencio, en la debilidad.  
Es necesario cuestionarnos acerca de cómo estamos viviendo, si realmente somos fieles y humildes ante Dios, y si de verdad el encuentro con Jesús nos lleva a amar más.

Oración:

Gracias, Padre, por amarnos en la encarnación de tu Hijo; ayúdanos a tener un corazón humilde y fiel ante las situaciones del día a día y regálanos la sensibilidad de reconocerte en la sencillez de un pesebre.
Te pedimos por todas las familias del mundo, en especial por aquellas que sufren violencia, división o precariedad, que puedan ser transformadas por tu amor.
Te pedimos por todos los padres, madres e hijos de cada familia, que encontremos en la Sagrada Familia nuestro ejemplo.  Amén.

Contemplación:

Tómate un tiempo para contemplar las virtudes de la familia de Nazaret y luego revisa cómo has vivido este año, los signos de Dios en tu vida, las virtudes… ¿qué te invita Él a vivir?, ¿qué tan fiel le has sido al Señor? Y pídele que bendiga este próximo que año que se avecina, junto a la intercesión de la Madre María y San José ejemplos de fidelidad y humildad.

Acción:

Reconoce alguien en quién Dios te habló durante este año y no te habías dado cuenta y agradece al Señor por esa persona.

Karen Polanco, Novicia MAR



[1] cf. Mt. 5, 17
[2] Lectio divina del Arzobispado de Santiago de Chile, Pastoral de Espiritualidad