30 de julio de 2015

¿QUIÉNES EXPERIMENTAN A DIOS ?

El hombre es el único que puede experimentar a Dios, gracias a que Dios ha hecho de él un ser trascendente del cual se ha valido a pesar de sus limitaciones, para dar a conocer su palabra a lo largo de la historia.

Esta palabra que ha sido revelada se ha dado a  conocer por medio de las experiencias de los hombres, los cuales plasmaron estos hechos por inspiración de Dios mismo para que hoy esta palabra llegue hasta nosotros y podamos así conocerla  y comprenderla como un camino que nos ha de acercar a la experiencia de Dios.

De igual manera es importante experimentar a Dios para no correr el riesgo de confundir Palabra de Dios como sinónimo de revelación es decir que la revelación es más que la palabra, pero en término de la escritura es menos, porque si miramos más al fondo la palabra no se queda solo en simples discursos sino que al contrario es acción eficaz y real que siempre transforma, crea y edifica ala hombre. Así pues una definición clara y satisfactoria de lo que es palabra de Dios: La palabra de Dios es la acción creadora de Dios en el hombre de una manera concreta. Según Juan 1,14.Jesús es la palabra de Dios.

Experimentar a Dios no es pensar sobre Dios, sino sentir a Dios con todo nuestro ser. Experimentar a Dios no es tampoco hablar de Dios a los demás, sino hablar a Dios junto con los demás.

La experiencia de Dios no debe imaginarse como la experiencia, por ejemplo de contemplar una puesta de sol o de sufrir un dolor de muelas. Si así fuera, Dios sería un fenómeno del mundo. Pero Dios no se deja encontrar fácilmente en ninguna parte. De ahí nuestra insistencia en que Dios sólo se hace real y vivo si emerge de la radicalidad de la experiencia del mundo como fuerza liberadora dentro de nuestro compromiso en favor de una mayor injusticia y humanidad.

De ahí que pueda experimentarse a Dios siempre y en cualquier situación, a partir del momento en que accedamos a la profundidad de la vida, allí donde ésta muestra una apertura absoluta que trasciende todos los límites y que, por ello mismo, se manifiesta como lo trascendente en nosotros.

"Quien experimenta a Dios como Padre, experimenta al otro como prójimo, y al prójimo como hermano" (Leonardo Boff). Es importante expresar y dar a conocer  lo que Dios va construyendo en cada uno de nosotros, ya que muchas veces los conceptos que vamos adquiriendo no nos dejan manifestar lo que realmente somos. 

Santa Isabel Mojica 
Novicia MAR 

29 de julio de 2015

APRENDIENDO Y COMPARTIENDO LO NUESTRO

Los últimos días nos hemos dedicado al estudio y compartir de la regla de nuestro Padre Agustín, no la regla simplemente, sino con una hermosa iluminación y explicación  del padre Tarcisio Van Bavel, agustino de la OSA (Orden de San Agustín). En verdad fueron momentos muy ricos, pues la regla aunque preserve su esencia, ven adaptada a nuestra realidad, al hoy como familia agustiniana.


Muchas cosas fueron las que nos confrontaron, nos movieron. El corazón me ardió en deseos de Dios, de vivir en radicalidad el don de la vida consagrada, la vida entregada a Cristo, plasmada en la regla de San Agustín. Inquietud, deseos de cambio, confrontaciones y resonancias fueron innúmeras. Además de la riqueza de la obra, todo fue muy iluminado y enriquecido por los aportes de Nieves Mary, quien no perdió la oportunidad de profundizar, de cuestionarnos, para que no nos quedemos en la simple escucha, sino que ahondáramos  para dar frutos con lo que nos fue confiado.

Todo me permitió además de apropiarme más del carisma, según los clamores de hoy, también adentrarme más en el corazón de Agustín: sus amores, sus sueños, conocer sus ideales, preocupaciones, conocer lo que movía su corazón y lo que era esencial en su vida y en la vida de sus hermanos, que refleja y aporta en la vida de la iglesia.

Toda la doctrina agustiniana tiene su raíz en las Sagradas Escrituras y en su regla no podría faltar tales bases, quedando solo en normas, orientaciones de conducta, régimen interno, sino que su regla tiene por fin el amor a Dios y el amor a los hermanos, expresados y vividos en la caridad viva que ama, honra, santifica el Cuerpo de Cristo que formamos como comunidad. No una caridad centrada en cosas externas, sino cimentadas en el amor, amor como decisión de vida: optar por el amor, algo muy bien encarnado por la Madre Esperanza, una de nuestras cofundadoras.

Agustín aportó mucho al ideal y a la doctrina de la vida cristiana. Con su regla dio un salto en el desarrollo de la vida monástica de occidente. A  lo largo de la historia su regla va siendo reconocida y asumida por muchas órdenes religiosas como lo Canónigos de San Agustín, los Dominicos, Asuncionistas, Mercedarios, Trinitarios, Premostratenses… así como también por los institutos femeninos, tales como las Ursulinas, Dominicas, Agustinas…

La regla es de muy fácil comprensión, no contiene ideas muy elaboradas y está muy ligada con sus obras de modo general.

La regla se basa en Hechos de los Apóstoles, donde describe la vida de las primeras comunidades (hechos 2, 42-47 y hechos 4, 32-35). No tiene un carácter ascético, así como la de San Francisco, San Benito y otros, sino que la ascética agustiniana va en función del amor al otro; la vida comunitaria, en si ya es una ascesis, donde cada uno sale de sí para darse al hermano.

La regla es una llamada a la igualdad, a la corresponsabilidad de lo que somos y tenemos, pues vivimos en una comunión de bienes, donde todo es de todos. ¿Por qué todo en común? Dios es nuestro común. Si compartimos a él, nuestro bien mayor, lo demás es superfluo, y siempre nos debe llevar a Dios, de quien emana todo.

Agustín es un hombre de mucha humanidad; en su regla siempre llama a la unidad, a vivir el común, pero jamás a la uniformidad, sino que valora y llama a que cada uno a aportar de sí para construir la comunidad. Incluso Agustín llama a los monjes a ser uno en la adversidad, pero advierte que solo hay unión donde hay caridad en Cristo.

La pobreza agustiniana también tiene otra dimensión. La pobreza comprendida para Agustín lleva a la libertad, no la de carecer, es tener en común lo necesario. La pobreza agustiniana se resume en tres cosas: no presumir (si uno presume de sí mismo, desprecia a los demás y va contra la caridad fraterna, donde no hay mayores o mejores, sino iguales); no apegarse (el corazón debe está libre para amar); y finalmente no acumular (todo lo tenemos  en común y quien acumula, le quita al que realmente necesita).

La comunidad es un espacio teológico donde habita Dios que derrama sus dones y que pide amor por parte de cada uno, no un amor en la alabanza solamente, sino que lo amemos, honremos, cuidemos en la persona del hermano diariamente e independientemente de lo que pase, el amor jamás debe modificarse, porque nuestro amor debe ser un amor casto, puro en Dios, que sabe perdonar y comprender, ya que la comunidad no es lugar de ángeles o santos, sino que su materia prima es el ser humano, que está sujeto a pecados.

Somos como vida consagrada un don de Dios que nos llama a irradiar su luz, transmitir su mensaje de amor a la toda creatura. La regla de San Agustín es una gran riqueza y mucho más queda por compartir, pero pido que él interceda ante nuestro Señor, para que realmente podamos vivir lo que estamos llamados a ser como cristianos y como vida consagrada. Que Él sea todo en nosotros para que podamos servir y amar sin límites.

Juliana Lima Ribeiro
Novicia MAR

28 de julio de 2015

LA BÚSQUEDA: 10 Palabras sobre la oración en san Agustín


San Agustín nos habla de esta segunda palabra que es “Búsqueda”. Y nos comienza diciendo que buscamos a Dios por el simple hecho de que Él nos amó primero. Nos quiere decir que el deseo de búsqueda es gracia de Dios, que no es una búsqueda actuada por nuestras propias fuerzas; sino que es la fuerza de Dios que actúa en cada uno de nosotros.

A Dios lo encontramos en cada rincón de este mundo que el mismo creó.

Salmo 139 (138): ¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia? Si subo al cielo, allí estás tú; si me tiendo en el Abismo, estás presente. Su presencia está en todos lados y conoce hasta lo más íntimo de nuestro ser. “Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra”.

Dios habita en nuestro corazón y siempre nos está llamando; pero nuestros ruidos externos muchas veces no nos permiten escucharlo. Se vive en un acelere rutinario por las obligaciones y preocupaciones que en el día a día, no se permite parar unos minutos para contemplar la naturaleza y apreciar el silencio en donde habita el Dios creador. 

San Agustín nos invita a que busquemos a Dios con un verdadero deseo que Él mismo inquieta nuestro corazón para ir a su encuentro y apasionándonos cada día más y más por  querer estar con Él en lo más íntimo de nuestro corazón.

Para encontrarnos con Dios en la oración es necesario que perseveremos y  que pongamos en práctica  nuestra paciencia. Porque no todo lo que le pidamos nos lo concederá en ese momento. Si no que Él conoce muy bien qué es lo que necesitamos y es por eso que Él nos lo va a dar en su debido momento, cuando sienta que estamos preparados para recibirlo.

Si nuestra fe no está bien cimentada, nos puede llegar a pasar que en los momentos difíciles lo primero que busquemos es alejarnos de Dios. Es en los momentos difíciles de crisis en donde purificamos nuestro corazón muriendo a todo lo malo que no nos ayuda a crecer humanamente.

El alfarero de nuestra historia es el que va moldeando nuestro barro, haciéndonos vasijas de barro frágiles; que tenemos que pasar por el calor del horno para purificarnos. Hay que crecer en humildad e ir haciendo camino en la paciencia.

Cuando nos ponemos a hacer oración es importante que nos reconozcamos con un corazón humilde sediento de Dios  y que necesitamos que empape nuestro barro de su amor y misericordia para que continúe moldeándonos en sus tiernas manos. Por eso, es en el Dios de la Vida, que es puro amor, en donde nuestro corazón va a descansar.

Nuestro día tiene que estar centrado en cada cosa que realizamos en Dios, elevando nuestro corazón hacia el cielo y permaneciendo en oración continua, en ese diálogo silencioso en nuestro corazón en donde habita lo más puro de su amor.

Dame la gracia de cultivar el silencio en el día a día para contemplarte en cada detalle que me regalas. Y continua regalándome un corazón agradecido por todos los detalles que tienes para conmigo. Mantén mi corazón siempre inquieto para acrecentar mi deseo de buscarte cada día, para contemplarte y disfrutar de tu amorosa presencia. (Enrique A. Eguiarte Bendímez, OAR, El Clamor del corazón) 

                        María Agustina Rodríguez 
Novicia MAR.   

27 de julio de 2015

EXORTACIÓN APOSTÓLICA VITA CONSECRATA

El profetismo de la vida consagrada
   84. La vida consagrada tiene carácter profético, participando en la función profética de Cristo, comunicada por el Espíritu Santo a todo el Pueblo de Dios.
   La tradición ve en Elías la figura de la vida religiosa monástica, él es un profeta arriesgado en íntima unión con Dios (la verdadera profecía nace de Dios, de la relación con él). En la historia han existido hombres y mujeres que consagrados a Dios, que han sido verdaderos profetas, hablando en nombre de Dios, incluso a Pastores de la Iglesia, esto por don del Espíritu. El testimonio profético conlleva una búsqueda constante de la voluntad de Dios.

Su importancia para el mundo contemporáneo

   85. Actualmente pareciera que el rostro de Dios se ha perdido, es por eso que es de suma importancia el testimonio (coherencia entre el anuncio y la vida). La misma vida fraterna es un acto profético, siendo fieles al carisma. La lealtad del profeta puede llevarlo incluso a dar su vida por el Reino, por aquellos que sufren sabiendo que Cristo se hace presente en ellos. El discernimiento continuo a la luz de la Palabra llevará al consagrado a ser fiel a su misión.

Fidelidad hasta el martirio

   86. Son muchos los consagrados que han donado su vida, en la entrega a Dios, dando testimonio de él. La Iglesia ha reconocido la santidad de muchos de ellos y los honra como mártires de Cristo.

Los grandes retos de la vida consagrada

   87. Los desafíos son tres dirigidos a la Iglesia misma, estos están vinculados directamente a los consejos evangélicos. Profesar los consejos evangélicos: castidad, pobreza y obediencia, implica presentar a Dios como el bien absoluto; quienes siguen los consejos evangélicos buscan la propia santificación pero también hacen una propuesta a la humanidad, rechazar a un mundo hedonista y hacer visible a Dios.

El reto de la castidad consagrada

   88.  El mundo en el que vivimos es un mundo de cultura hedonística, se ve la sexualidad como mero placer, hay abuso en consumos y los medios de comunicación social son una especie de falso dios. Algunas de las consecuencias son: la falta de compromiso, daños psíquicos y morales tanto para el individuo como para la familia. La respuesta de la vida consagrada consiste en vivir con alegría la castidad perfecta, como testimonio de la gracia y del amor de Dios. La persona consagrada expresa en su vivencia lo que para muchos parece imposible, una experiencia de alegría y de libertad. Esta misma alegría y libertad da fuerza de voluntad haciendo que no dependamos de los sentidos e instintos.

El reto de la pobreza

   89. Por otro lado el mundo es materialista, el hombre de hoy está ansioso por tener más de una manera fácil, despreocupándose del otro (egocentrismo). En respuesta la vida consagrada vive la pobreza evangélica de diversas maneras dependiendo del carisma, acompañada de un compromiso de solidaridad y caridad hacia el otro.

La pobreza evangélica al servicio de los pobres

   90. La pobreza no es meramente solo servicio a los pobres, sino un valor en sí. Por lo tanto la persona consagrada deberá ser: humilde, sobria, sencilla y hospitalaria. Siendo así ejemplo para los que permanecen indiferentes ante las necesidades del prójimo.

El reto de la libertad en la obediencia

   91. El tercer reto son las ideas erróneas de libertad. La libertad es un auténtico valor que va unido al respeto de la persona humana. Sin embargo dentro de la sociedad lo último que importa es el respeto, estamos sumergidos en la violencia, la desigualdad, la opresión; aspectos que deforman el verdadero sentido de la libertad.

   La vida consagrada siguiendo a Cristo obediente hasta la cruz da ejemplo de que no hay contradicción entre obediencia y libertad. La obediencia al Padre nos da la verdadera libertad.

Cumplir juntos la voluntad del Padre 
   92. La vida fraterna es el primer lugar donde podemos discernir y abrazar la voluntad de Dios como regla de vida, caminando juntos en unión de espíritu y de corazón. La obediencia vivida desde la caridad y animada por el Espíritu, une a los miembros de la comunidad en un mismo testimonio y en una misma misión, respetando la diversidad de dones y la particularidad de cada persona, raza, origen, lengua, cultura.

Un decidido compromiso de vida espiritual

   93. La vida consagrada tiene la obligación de llenarse de una sólida y profunda espiritualidad aspirando a la perfección de la caridad.

   La vida espiritual vivida en Cristo, es una ruta gradual hacia la fidelidad, en el que la persona consagrada es guiada por el Espíritu en total comunión de amor y de servicio en la Iglesia.

   La vida espiritual debe ocupar el primer lugar en el programa de la  vida consagrada, de tal modo que cada Instituto y cada comunidad sean escuelas de auténtica espiritualidad evangélica. De la espiritualidad depende la fecundidad apostólica, el amor a los pobres y el atractivo vocacional.

A la escucha de la Palabra de Dios

   94. La Palabra de Dios es la primera fuente de toda espiritualidad cristiana, con ella alimentamos la relación personal que tenemos con Cristo y con su voluntad. La Lectio divina es una gran herramienta para la vida consagrada. Los escritos del NT merecen una veneración particular, sobre todo los Evangelios que son el corazón de las Escrituras.

   La meditación comunitaria de la Biblia tiene gran valor. En ella se comparte el tesoro de la Palabra y juntos podemos crecer y progresar en la vida espiritual (promover la Palabra al pueblo).

En comunión con Cristo

    95. El medio fundamental para alimentar eficazmente la comunión con el Señor es sin duda la sagrada liturgia, especialmente la Eucarística y la Liturgia de las Horas. La Eucaristía ocupa el centro de la vida consagrada, personal y comunitaria. En ella cada consagrado está llamado a vivir el misterio pascual de Cristo, uniéndose a Él en el ofrecimiento de la propia vida al Padre.

   El rezo de la Liturgia de las Horas, en unión con la oración de la Iglesia es alabanza a Dios e intercesión tanto por la persona que reza, como por el resto del Cuerpo.


   Otros aspectos relevantes son: el sacramento de la Reconciliación que nos lleva a vivir una conversión continua; la dirección espiritual, donde la persona recibe ánimos para responder a la mociones del Espíritu; el rezo del Santo Rosario como medio de unión con la Virgen María que es puente hacia su Hijo.

Síntesis realizada por Miriam Viviana Horta Colín

26 de julio de 2015

Síntesis, La regla de San Agustín


Desde sus comienzos, las comunidades religiosas se han constituido alrededor de una regla de vida. Las reglas, unas veces son escritas por el mismo fundador;  otras, por algún discípulo del fundador pero aprobadas por éste; o bien, han sido escritas por varios autores, pero siempre aprobadas por el fundador. En otras ocasiones, una congregación toma la regla de otra, como ha ocurrido con la de San Agustín.

San Agustín escribió su propia regla, llamada “Regla a los siervos de Dios”, posiblemente para los monjes del monasterio laical de Hipona, hacia el año 397; estos dos últimos datos no son completamente seguros, pero sí los más probables. Es el documento monástico más importante de San Agustín, pero también el más controvertido. Unos dicen que es adaptación de la carta 211 dirigida a las monjas de Hipona; otros, que  es una simple acomodación de los sermones 355 y 356 de San Agustín.

Después de muchas investigaciones, los estudiosos agustinólogos  han descubierto que dicha regla sí fue escrita directamente por San Agustín y para varones. Consta de 8 capítulos  y comienza así: “ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado”.


Juana M. Hernández. 
Novicia MAR

25 de julio de 2015

Lectio Divina: Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario


1- Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro. Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón del enfermo;
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

2- Del Evangelio según San Juan 6-15

Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: « ¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.» Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.» Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

3- ¿Qué dice el texto?

Este es el único milagro que se narra en los cuatros evangelios, y en Marcos y Mateo encontramos una segunda multiplicación de panes y peces. Juan pone la iniciativa en el mismo Jesús, asegura que él “sabía bien lo que había de hacer”. El texto se divide de este modo: introducción histórica (vv. 1-4); diálogo entre Jesús y los discípulos (vv. 5-10); descripción del signo-milagro (vv. 11-13); incomprensión de la muchedumbre y soledad de Jesús, que se retira a orar en monte (vv. 14-16).

Jesús es, para el Evangelista Juan, aquel en quien se cumple el pasado y se realizan todas las esperanzas de Israel. El pan que el  Maestro va a dar al pueblo perfecciona la pascua judía y pone el gran milagro bajo el signo del banquete eucarístico cristiano. Jesús habla antes a la gente que le sigue de una nueva alianza con Dios y de la vida eterna.  A continuación, toma la iniciativa y llama la atención del apóstol Felipe sobre la dificultad del momento. Las soluciones humanas no basta para saciar las necesidades del hombre (v. 7). Es Jesús el único que satisface plenamente todas las necesidades. El alimento se multiplica en sus manos y todos quedan saciados. Jesús se presenta, con el signo del pan, como el Mesías esperado que sacia el hambre de su pueblo, el nuevo Moisés que perpetúa el milagro del Maná, del Pan verdadero que baja del cielo para ser alimento y fuente de vida eterna para todos los que comen de ÉL.

4- Me dejo guiar e iluminar por la palabra y pregunto ¿qué me dice?


San Agustín señala con fuerza la dimensión de gracia que tiene el sacramento de la Eucaristía; quien quiera vivir, ya tiene dónde y de qué vivir, del Cuerpo y sangre de Cristo. No obstante para que el sacramento sea fuente de vida es preciso aceptar las tres condiciones que san Agustín coloca como sinónimos de la eucaristía: “¡Oh sacramento de piedad!, ¡oh símbolo de unidad!, ¡oh vínculo de caridad! Quien quiera vivir, aquí tiene dónde vivir, tiene de dónde vivir. Acérquese, crea, forme parte de este cuerpo para ser vivificado”

Es preciso pues, vivir el sacramento de la piedad. Se trata por una parte de la manifestación de la misericordia de Dios hacia los hombres, pero a la vez es una invitación a los seres humanos  saber siempre dar a Dios, con fidelidad lo que a Dios le corresponde y colocarlo siempre en el centro de la propia vida y en el centro del propio corazón. Quien recibe la eucaristía no lo puede hacer en un ámbito intimista, se vincula y queda obligado por la caridad a ser un miembro sano del Cuerpo de Cristo y a procurar el bien de los demás miembros de ese cuerpo. Por que  como señala San Agustín no es coherente honrar a Cristo Eucaristía, mientras despreciamos y humillamos a los miembros del Cuerpo de Cristo (nuestros hermanos).


Es preciso honrar a Cristo cabeza, pero sin descuidar a los demás miembros del cuerpo de Cristo por sencillos que puedan ser. Por otro lado la Eucaristía es también “símbolo de unidad”, es a la vez prenda y exigencia de unidad de vivir la comunión con todos los miembros del Cuerpo de Cristo entre los que debe reinar la unidad y la paz, como fruto de la caridad, norma suprema del cristiano. Finalmente la Eucaristía es “vínculo de caridad”. Se recibe la caridad y se crea el fuerte vínculo del amor al recibir la Eucaristía. Cuando esto es verdad, la vida del creyente está llena de la vitalidad de Dios, de su propio amor, de su gracia. Por ello, quien quiera vivir, debe acercarse a la fuente de la vida que es la Eucaristía, pero debe estar dispuesto a cumplir las tres condiciones que San Agustín específica: la piedad, la unidad y la caridad. Sólo así verdaderamente la participación en la Eucaristía vivificará el alma del creyente. (Enrique Eguiarte Bendímez OAR, San Agustín y la Eucaristía, Libro Regresa al corazón)

5- Oración del pan

El pan es para todos. Como es tu cielo. Como es tu sol, amigo Jesús. Pan para los niños que lloran de hambre; pan para las madres que no lo tienen para dar, pan para los viejecitos que ya no tienen fuerzas; pan para el que trabaja, siempre pan.

 Tú te has hecho Pan de vida, Jesús. Tu vida se ha hecho pan a compartir, Tu vida, pan fresco y sabroso, tu vida el pan de cada día en la mesa del altar.

Jesús, cuando alguien tenga hambre, que yo comparta mi pan, cuando alguien tenga sed, que yo le de mi vaso. Cuando alguien esté con frío, que yo le comparta mi ropa. Jesús, yo quiero ser pan para todos.

6- Contemplación
La eucaristía es un sacramento de amor que nos recuerda la muerte y sacrificio de Cristo en la cruz, invitando al creyente no solo a contemplar este ejemplo, sino a imitarlo en su propia vida, ofreciéndose como un sacrificio vivo al Padre, como pan que se convierte en alimento, en vida para nuestros hermanos que tienen hambre, sed de Dios, de paz, de Justicia y de igualdad.

7- Acción:


Jesús dijo que “el grano que no muere, queda infecundo, pero “si muere da mucho fruto”. Las vidas que no mueren renunciando a sí mismas, terminan muriendo en su infecundidad. Mientras que las vidas que mueren sacrificándose por los demás, son vidas que florecen en nuevas vidas.

Jesús no encontró mejor expresión para sí mismo que el pan. En la última Cena quiso “dejarse a sí mismo” entre nosotros. El pan se hizo Jesús. Y Jesús se hizo pan. Y por eso, cada día tenemos la posibilidad de alimentarnos de él. Jesús sigue muriendo y transformándose en nosotros y transformándonos a nosotros en él.

La mejor manera de no morir nunca es darse siempre. La mejor manera de vivir siempre es darse siempre. La Eucaristía es pues un sacramento de amor que pide amor. 


Francisca Braga Malveira
Novicia MAR 
Bibliografía: Enrique Eguiarte Bendímez OAR (San Agustín y la Eucaristía, Libro Regresa al corazón).  Lectio Divina para la vida diaria Evangelio de San Juan, edición preparada por Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra


24 de julio de 2015

Ecos de la palabra: Jeremías 23,1-6.


Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño –oráculo del Señor–. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: «A los pastores que pastorean mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones –oráculo del Señor–. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá –oráculo del Señor–. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá; Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia.»”

En esta lectura el profeta Jeremías acusa a aquellos líderes del pueblo que violaron la alianza con el Señor y a la vez con el pueblo, que cometieron injusticias con los más pequeños y a la vez se aliaron con países extranjeros, todas sus acciones tuvieron como consecuencia el destierro, donde se perdió tierra, templo y la misma comunidad.

Es bueno ser conscientes de las responsabilidades que Dios nos va dando cada día como cristianos; aquí los líderes de hoy no son solamente superiores, formadores…, el Señor nos va regalando el acompañar a diferentes grupos dependiendo en el lugar y las condiciones en las que nos encontremos, en los que Él espera que seamos ejemplo del rebaño, que animemos con todo lo que nos da para que sus ovejas no se pierdan.

Pero el Señor no se queda de brazos cruzados ante la desgracia de su pueblo, da un mensaje de esperanza: “…Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen…”; promete reunir Él mismo a sus ovejas, reunir a aquel pueblo que ha sido dispersado, que no tiene ya ni tierra, ni templo, que está amenazado por la pérdida de su propia identidad. Dios les dice: no les abandono nunca, soy fiel a mis promesas, les traeré de donde se encuentren, no importa dónde y les reuniré, ya no estarán solos y crecerán y se multiplicarán.

Es importante reconocer cómo Dios actúa en nuestra vida, no importa en la situación en la que nos encontremos, en el abismo  que sea, allí va Dios y si de algún modo, le escuchamos nos saca, nos libera, nos sana, nos levanta y no solos sino siempre en comunidad, nos reúne, nos enseña a crecer en comunidad, y si le dejamos multiplica en nosotros aquello que Él mismo nos da. Dios nunca abandona a su pueblo, y esa debe ser una certeza para nosotros, Dios nunca abandona aquello que incluso aparentemente está perdido, no tiene solución, no hay forma; Dios es el Padre bueno que irá siempre al auxilio de todos sus hijos. Y en el trabajo pastoral es necesario creerle esto a Dios, no dejarnos derrumbar por las realidades con las que nos chocamos; en las cosas y momentos más insignificantes está actuando la fuerza del Espíritu, tal vez no sea de la forma en la que esperamos, pero actúa, y todas nuestras acciones deben partir desde esta certeza: “Dios nunca abandona su obra”.

En la lectura el profeta continúa proclamando la promesa del Mesías, en Jesús el pueblo de Dios encontrará la verdadera justicia, Él reunirá a todos, traerá la salvación, la seguridad a Israel; será ese Pastor que no abandonará nunca al rebaño, y no lo abandona incluso hasta llegar a dar la propia vida por este rebaño.

Jesús es nuestro Salvador, es aquél en el que nos encontramos seguros, es el regalo más grande que el Padre puede darnos, es la respuesta de amor de Dios a su pueblo extraviado. También Jesús es aquel que nos enseña a ser verdaderos pastores, a servir,  ante cualquier realidad en la que el pueblo se encuentre viviendo nuestra reacción; no puede ser darle la espalda y preocuparme por lo mío, el camino de Jesús es estar codo a codo con la gente, y buscar en todo la justicia de Dios que será siempre el Amor.

“…El santo pueblo fiel de Dios es esencialmente olímpico,  o sea hace lo que quiere y ontológicamente hartante, y eso tiene mucha sabiduría porque quien va por el camino de servir tiene que dejarse hartar sin perder la paciencia porque está al servicio, ningún momento le pertenece, estoy para servir, servir en lo que debo hacer, servir delante del sagrario, pidiendo por mi pueblo, pidiendo por mi trabajo, por la gente que Dios me ha encomendado. Servicio, mezclarlo con lo de gratuidad y entonces aquello de Jesús: “lo que recibiste gratis, dalo gratis. Por favor, por favor. No cobren la gracia.”
(Fragmento del discurso del Papa Francisco en el encuentro con los sacerdotes y religiosos en el Quinche)




Que el Señor nos de su Santo Espíritu para llevar a cabo todo lo que nos propone con disponibilidad, siendo conscientes de que todo es gratis, y de que él nunca nos abandona. Amén.
Karen B. Polanco
Novicia MAR

23 de julio de 2015

FALLECIMIENTOS


 Bogotá D. C. julio 23 de 2015 
A TODA LA FAMILIA AGUSTINIANA

Por la presente les comunicamos que el día de ayer 22 de julio, celebró su Pascua! en Cali, Valle,

La hermana CECILIA CASTAÑO,
Misionera Agustina Recoleta

A causa de un cáncer que venía padeciendo, tenía 80 años de edad. La Eucaristía de exequias tendrá lugar, mañana viernes 24 de julio a las 11 a.m., en el Santuario de la Merced en Cali, Valle. Y posteriormente  se llevará a cabo su cremación.
Quien desee puede comunicarse con la hermana Olga Lucia Pérez, madre provincial al celular 315446844.

De igual manera el día de hoy jueves, 23 de julio en la ciudad de Bogotá, falleció

El Señor GONZALO MALDONADO RODRIGUEZ, papá de las hermanas MAR, Claudia Maldonado y Sandra Maldonado


Como consecuencia de una falla renal crónica, tenía 73 años de edad. Su funeral tendrá lugar, mañana viernes 24 de julio a las 2:30 p.m., en la Parroquia Nuestra Señora de la Consolación, el homenaje se le rinde en funerales Monte Sacro, sala 2, ubicada en la Calle 33 con carrera 16. Quien desee puede comunicarse con la hermana Claudia Maldonado, MAR al celular 313 661 44 05.

Unámonos en oración, implorando de Dios, les acoja en su misericordia y a las MAR y a sus familias las fortalezca en el camino de la vida y la esperanza.