31 de mayo de 2014

LECTIO DIVINA DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

EXALTADO AL CIELO, EL RESUCITADO PERMANECE CON NOSOTROS

La misión del discipulado (Mateo 28, 16-20)

“Jesús dijo: ‘Ya no me separaré de vosotros.
Yo estoy con vosotros, nadie prevalecerá contra vosotros’”
(Himno de Romano el Melode)


Introducción

Al comienzo del Evangelio según Mateo, Jesús fue presentado como el “Dios-con-nosotros” (1,23), ahora al final del Evangelio es Jesús mismo quien dice: “Yo-estoy-con-vosotros” (28,20). ¡Pues bien, en Jesús Dios se hizo visible a nuestros ojos!
Al regresar a la casa del Padre, Jesús no nos abandona sino que –como le dice a los apóstoles- nos da el mandato de integrar en la familia de Dios a todos los pueblos de la tierra. Para ello nos promete su ayuda y su asistencia para que podamos cumplir la tarea de enseñarle el evangelio a “todas” las naciones en nombre de aquel que tiene “todo” poder y que está con nosotros “todos” los días hasta el fin del mundo.
En el espacio y en el tiempo se ejerce a partir de ahora el Señorío de Cristo. Es así como la Ascensión de Jesús no es ausencia del mundo sino otra manera de estar presente en él. Jesús es para siempre el “Dios-con-nosotros”.

1.      El texto, su estructura y sus particularidades

Leamos Mateo 28,16-20:
,16Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
18Jesús se acercó a ellos y les habló así:
‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.
19Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.
Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

En el pasaje del evangelio de Mateo que la liturgia nos propone para esta solemnidad de la Ascensión del Señor podemos notar inicialmente algunas particularidades:

(1) El pasaje se compone de una parte narrativa (28,16-18ª) y de una parte discursiva (28,18b-20).

(2) La parte narrativa cuenta en pocas palabras el único encuentro de Jesús resucitado con su comunidad. Se trata, por tanto, de un momento solemne en el cual convergen los acontecimientos pascuales. Sobre este encuentro ya se había despertado expectativa desde la última cena y en la mañana de la Pascua.

(3) Dentro de la parte discursiva notamos que en sólo cinco versículos se repite cuatro veces el término “Todo” (que alguno compara con los cuatro puntos cardinales):
  • Todo” poder (28,18b): la totalidad del poder está en Jesús
  • Todas” las gentes (28,19ª): la totalidad de la humanidad será evangelizada
  • Todo” lo que Jesús enseñó (28,20ª): la totalidad de la enseñanza será aprendida
  • Todos” los días (28,20b): la totalidad de la historia será abarcada por la presencia del Resucitado

El acento del texto recae sobre esta última parte, donde Jesús (1) declara su victoria definitiva sobre el mal y la muerte (“Me ha sido dado todo poder…”), (2) les confiere a los discípulos un mandato (“Id, pues, y haced discípulos”) y (3) les hace la promesa de su asistencia continua (“Yo estaré con vosotros…”). Todo esto tendrá valor hasta el fin del mundo.
Semana Vocacional en Cali

Comentemos algunos detalles valiosos de nuestro pasaje.

2.      Estudio del texto

2.1.   El encuentro del Resucitado con sus discípulos (28,16-18ª)

16Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
18Jesús se acercó a ellos y les habló así…”

Veamos algunos de los elementos contenidos en esta primera parte del relato.

2.1.1.         Pasado, presente y futuro de la relación con Jesús

Pasado. El encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos nos remite al comienzo del evangelio, cuando comenzó el discipulado a la orilla del lago a partir de la vocación (4,18-22). Un largo camino han recorrido juntos, en él la relación se fue estrechando cada vez más en cuanto el Maestro los insertaba en su ministerio, haciéndolos los primeros destinatarios de su obra, y los atraía para una relación aún más profunda con Él mediante el seguimiento. Jesús los devuelve al punto de partida.
Presente. Ahora los discípulos van a “Galilea”, y allí, a una “Montaña”:
(1) Ellos van a Galilea, que como “Galilea de los gentiles”, ha sido destinada por Dios como campo de misión de Jesús (ver 4,12-16). Allí habían sido llamados (ver 4,18-22) y allí fueron testigos de misericordia de Jesús con enfermos y pecadores (ver 8-9), donde la multitud andaba “vejada y abatida como ovejas sin pastor” (9,35).
(2) La Montaña la que van nos recuerda el lugar donde Jesús pronunció su primera y fundamental instrucción, el Sermón de la Montaña, la Ley esencial de la vida cristiana que comienza con las bienaventuranzas (ver 5,1-7,29) y configura la existencia entera según “el Reino y la Justicia” (ver 6,33).
Futuro. En este ambiente, el Resucitado se le aparece a los discípulos. Vuelven a la relación que tenían antes y a todo lo que vivieron juntos. Ahora les dice qué es lo que va a determinar en el futuro la relación con él: “Se acercó a ellos y les habló así…” (28,18ª).
Lo que Jesús aquí les dice será determinante y así permanecerá “hasta el fin del mundo”, hasta cuando Jesús venga por segunda con la plenitud de su poder y su definitiva revelación (ver 24,3).

2.1.2.         Una herida que se sana

El grupo que ha sido convocado en Galilea tiene una herida producida por la traición y la muerte de Judas: ya no son “Doce” (ver 10,2.5; 26,20), sino “Once” (“Los once discípulos marcharon a Galilea…”).
Esta herida recuerda que todos han sido probados en su fidelidad a Jesús. Ellos se han encontrado con su propia fragilidad. Cuando comenzó la pasión de Jesús, todos los discípulos interrumpieron el seguimiento: la traición de Judas (26,47-50), la triple negación de Pedro (26,69-75) y la fuga despavorida de los otros diez (26,56).
Con todo, Jesús sana la herida provocada por la ruptura del seguimiento. No llama a otros discípulos, sino a los mismos que le fallaron en la prueba de la pasión. 
Jesús cumple una promesa.
  • La última noche había anunciado que los precedería en Galilea: “Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. “Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea” (26,31-32).
  • En la mañana del día de la resurrección, el Ángel, junto a la tumba, les confió a las mujeres la tarea de recordarles a los discípulos estas palabras: “Id enseguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis’. Ya os lo he dicho” (28,7).
  • Enseguida el Resucitado en persona les confirmó la tarea: “No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (28,10).

Los discípulos llegan a Galilea cargando sobre sus espaldas toda la historia dolorosa de la deslealtad. Pero la confianza del Maestro se muestra mayor que la fragilidad de sus discípulos. Jesús sí cumple sus promesas hecha durante la última cena.
Es bello notar que en este encuentro con el Maestro después de la dolorosa historia de traición, negación y fuga, no escuchan ni una sola palabra de reclamo por parte de Jesús. Más bien todo lo contrario: cuando los manda llamar a través de las mujeres, los denomina por primera vez “mis hermanos” (28,10).


2.1.3.         La reacción ante el Resucitado: adoración y duda

El narrador continúa diciéndonos que los discípulos “al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron(28,17).
Así como lo había prometido (28,7.10), ellos ven al Resucitado. La primera reacción es que se arroja por tierra en un gesto de adoración que nos recuerda el comienzo del evangelio (cuando los magos “vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron”; 2,11). También en medio del evangelio habíamos visto un gesto similar por parte de los discípulos: “Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’” (14,33). En este momento cumbre del evangelio, los discípulos reconocen a Jesús resucitado como el Señor.
Pero Mateo hace notar que algunos todavía “dudan”. No debe extrañarnos. Reconocimiento y duda pueden estar juntos, como lo muestra la petición: “Creo. Ayúdame en mi incredulidad” (Mc 9,24).

2.2.   Las palabras de Jesús: el nuevo camino de la comunidad y del Maestro (28,18b-20)

18Jesús se acercó a ellos y les habló así:
‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.
19Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.
Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’”.

Las palabras de Jesús tienen tres partes:
(1) El anuncio del Señorío del Resucitado (28,18b)
(2) El envío misionero de sus discípulos (28,19-20ª)
(3) La promesa de su permanencia fiel en medio de los discípulos (28,20b)

2.2.1.         El Señorío de Jesús (28,18b)

“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”

Al postrarse, los discípulos reconocen que él es el Señor, el Señor sin límites, el Señor por excelencia.
Ante ellos, Jesús afirma que el Padre, el Señor del cielo y de la tierra (11,25), le ha dado todo poder en todo ámbito: en el cielo y sobre la tierra.
Ya desde el comienzo del evangelio el mensaje de Jesús se refirió a este “poder” cuando anunció la cercanía del “Reino de los Cielos” (ver 4,17). A lo largo de su ministerio Jesús ofreció los dones de este Reino (“Bienaventurados… porque de ellos es el Reino”; 5,3.10). La obra de Jesús fue continuamente experimentada como una “obra con poder” (ver 7,29; 8,8s; 21,23). Con este “poder” venció a Satanás y levantó al hombre postrado en sus sufrimientos y marginaciones.
Ahora, una vez que su ministerio ha llegado a su culmen, el Resucitado se revela a sus discípulos como el que posee toda autoridad, es decir, un poder absoluto sobre todo.
Una vez que ha vencido al mal definitivamente en su Cruz, Jesús se presenta vivo y victorioso ante sus discípulos: el Señor del cielo y de la tierra. Y con base en esta posición real, Jesús les entrega ahora la misión, prometiéndoles su asistencia continua y poderosa.

2.2.2.         El envío misionero de los discípulos (28,19-20ª)

19Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”.

Con esta autoridad suprema de Jesús sobre el cielo y la tierra, los discípulos reciben el envío a la misión. Notemos las diversas afirmaciones que Jesús hace a partir del imperativo: “Vayan”.
(1) El contenido de la misión: “Hacer discípulos”

Id, pues, y haced discípulos”

La tarea fundamental es hacer discípulos a todas las gentes. Por medio de ellos el Señor resucitado quiere  acoger a toda la humanidad en la comunión con Él.
Hasta ahora ellos han sido los únicos discípulos. Jesús los llamó y los formó mediante un proceso de discipulado. En este momento los discípulos son enviados para dar en el tiempo post-pascual lo que recibieron en el tiempo pre-pascual.
Hacer “discípulos” es iniciar a otros en el “seguimiento”. De la misma manera que Jesús los llamó a su seguimiento y a través de ella los hizo pescadores de hombres (4,19), también los misioneros deben atraer a todos los hombres al seguimiento de Jesús, con el cual vivieron y continúan viviendo.
“Seguimiento” quiere decir configurar el propio proyecto de vida en la propuesta de Jesús, entablar una cercana con la persona de Jesús, entrar en comunión de vida con Él. El “discipulado” supone la docilidad: aceptar que es Jesús quien orienta el camino de la vida, quien determina la forma y la orientación de vida.
El “discipulado” lleva a abandonarse completamente en Jesús, porque sólo Él conoce el camino y la meta y nos conduce con firmeza y seguridad hacia ella. Este camino y esta meta se han revelado a lo largo del evangelio.
Entonces, la esencia de la misión de los discípulos es conducir a toda la humanidad a la persona del Señor, a su seguimiento. De la misma manera como Jesús los llamó, sin forzarlos sino seduciendo su corazón y apelando a la libre decisión de cada uno, así ellos deben hacer discípulos a todos los pueblos de la tierra.
(2) Los destinatarios: la humanidad entera

“…A todas las gentes”

Puesto que se le ha puesto en sus manos el mundo entero y es superior al tiempo y al espacio, Jesús los manda todos los pueblos de la tierra.
Recordemos que en la primera misión la tarea apostólica se limitaba explícitamente a las “ovejas perdidas de la casa de Israel” (10,6; ver 15,24). Ahora la misión no conoce restricciones: a todos los hombres, y podríamos agregar “al hombre todo” (con todas sus dimensiones).
(3) Insertando al nuevo discípulo en la familia trinitaria

“…Bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

En el bautismo se realiza la plena acogida de los discípulos de Jesús en el ámbito de la salvación y en su nueva familia.
El presupuesto de la fe. El Bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y de Espíritu Santo” presupone el anuncio de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la fe en este Dios.
El “nombre” de Dios está puesto en relación con el conocimiento de Él. Como se evidencia a lo largo del Evangelio:
·         Dios manifiesta su amor para que nosotros podamos conocerlo y así entrar en relación con Él.
·         Es través de Jesús que Dios ha sido conocido como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Jesús predicó sobre de Dios de una manera que no se conocía en el Antiguo Testamento. Allí se conocía al Dios en cuanto creador del cielo y de la tierra, pero al mismo tiempo se afirmó –y con razón- la enorme distancia entre el Creador y su criatura, lo cual hacía pensar en la infinita soledad de Dios. Jesús anunció que Dios no está solo sino que vive en comunión. Frente al Padre está el Hijo, ambos están unidos entre sí, se conocen, se comprenden y se aman recíprocamente (ver 11,25) en la plenitud y perfección divina por medio del Espíritu Santo.
Los discípulos deben bautizar en el “nombre” de este Dios, del Dios que así fue anunciado y creído.

Al interior de la familia trinitaria.
El bautismo:

  • Nos sumerge en el ámbito poderoso de este Dios y obra el paso hacia Él.
  • Nos pone bajo su protección y su poder.
  • Nos posibilita la comunión con Él, que en sí mismo es comunión.
  • Nos hace Hijos del Padre, quien está unido con un amor ardiente a su Hijo.
  • Nos hace hermanos y hermanas del Hijo que, con todo lo que Él es, está ante el Padre.
  • Nos da el Espíritu Santo, quien nos une al Padre y al Hijo, nos abre a su benéfico influjo y nos hace vivir la comunión con ellos.

Si es verdad que el seguimiento nos introduce en el ámbito de vida de Jesús, también es verdad que esta vida es su comunión con el Padre en el Espíritu Santo. El bautismo sella nuestra acogida en esta adorable comunión.
(4) El enseñar a poner en práctica las enseñanzas de Jesús: el discipulado como un nuevo estilo de vida.
La comunión con este Dios, determinada por el seguimiento y sellada por el bautismo, le exige a los discípulos un estilo de vida que esté a la altura de ese don.
Notamos una gran continuidad entra la misión de Jesús y la de sus apóstoles:
  • De muchas maneras, desde las bienaventuranzas (5,3-12) hasta la visión del juicio final (25,31-46), Jesús instruyó a sus discípulos. A lo largo del evangelio distinguimos cinco grandes discursos de Jesús. Ahora los apóstoles deben transmitírselas a los nuevos discípulos atraídos por ellos. Las enseñanzas de Jesús no son opcionales.
  • Hasta el presente fue Jesús quien llamó discípulos y los educó en una existencia según la voluntad de Dios. Ahora son ellos los que, por encargo suyo, deben llamar a todos los hombres como discípulos y educarlos en una vida recta.
En otras palabras, todo lo que los discípulos recibieron del Maestro debe ser transmitido en la misión.

2.2.3.         El Resucitado muestra el significado pleno de su nombre “Emmanuel”, “Dios-con-nosotros” (28,20b)

“Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”

Durante su ministerio terreno, la relación de Jesús con sus discípulos estuvo caracterizada por su presencia visible y viva en medio de ellos. A partir de la Pascua esta presencia no termina sino que adquiere una nueva modalidad.
Jesús utiliza una expresión conocida en la Biblia. En el Antiguo Testamento la expresión “El Señor está contigo”, le aseguraba a la persona que tenía una misión particular que Dios lo asistiría con poder y eficacia en su tarea. Con ello se quería decir que Dios no abandona al hombre a sus propias fuerzas, sino más bien que a la tarea que Dios le encomienda se le suma su presencia y su ayuda.
Jesús, a quien se le ha dado todo poder, habla con la potestad divina, asegurando su presencia y su ayuda a la Iglesia misionera. Quien al principio fue anunciado como el “Emmanuel”, el “Dios con nosotros” (1,23), muestra ahora la verdad de esta expresión: Él es la fidelidad viviente del Dios de la Alianza (“Dios-con-nosotros” es una expresión referida al “Yo soy vuestro Dios y vosotros mi pueblo”) que permanece al lado de sus discípulos con todo su poder, con su vivo interés y con su poderosa asistencia a lo largo de toda la historia.

En fin…

La celebración de la Ascensión nos coloca ante estas palabras de Jesús, quien la plenitud de su potestad toma determinaciones hacia el futuro. Él, ya no estará de forma visible en medio de sus discípulos, pero sí garantiza su presencia poderosa en medio de los suyos. Así permanecerá “hasta el fin del mundo”, hasta que no ocurra con su venida el cumplimiento, y con él la plena e inmediata comunión de vida con la Trinidad Santa.


3.      Releamos el Evangelio con los Padres de la Iglesia

Proponemos hoy dos textos. El primero referido al texto que Mateo que acabamos de abordar y el segundo a la versión lucana del acontecimiento de la Ascensión. La belleza de la poesía del segundo texto es memorable.

3.1.   San León Magno: La Ascensión: la fiesta del “Dios con nosotros”

“Para que los fieles sepan que poseen aquello que les dará la fuerza de elevarse hasta la sabiduría que viene de lo alto, despreciando las concupiscencias del mundo, el Señor nos prometió su presencia diciendo: ‘He aquí que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos’ (Mateo 28,20).
No fue, pues, en vano que el Espíritu Santo predijera por boca de Isaías: ‘He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo que será llamado Emmanuel, que quiere decir, Dios con nosotros’ (Is 7,4).
Jesús realiza, por tanto, el significado de su propio nombre y, aún si sube al cielo, no abandona a sus hijos de adopción: en cuanto está sentado a la derecha del Padre, continúa habitando en todo el cuerpo; en la tierra conforta en orden a la paciencia; en el cielo convida a la gloria. Por tanto, nosotros no nos disipamos entre las cosas vanas, ni temblamos en circunstancias adversas. Allí somos lisonjeados por realidades engañosas; aquí nos oprimen las penas. Pero, porque “de su gracia está llena la tierra” (Salmo 32,5), la victoria de Cristo en todo, viene en nuestra ayuda, para que se cumpla su palabra: ‘Tened confianza, yo he vencido al mundo’ (Juan 16,33).
Si nos mantenemos lejos del fermento de malicia, nunca nos apartaremos de la fiesta de Pascua.
(Tract. 2, 3-5)

3.2.   Romano el Melode: “Que descienda sobre nosotros, Señor, tu bendición”

“Aquél que bajó a la tierra en el modo que sólo el conoce, y que de nuevo sube allá en el modo que sólo él sabe, invitó a aquellos que había amado a ir a un monte elevado y condujo a cuando había reunido, a fin de que, elevando el alma y los sentidos, se olvidaran de las cosas terrenas.
Conducidos, pues, al Monte de los Olivos, ellos se reunieron alrededor de su Benefactor, con refiere Lucas, el inspirado. El Señor extendió los brazos como si fueran alas, como el águila extiende sus alas sobre los polluelos para protegerlos en el nido. Y les dijo a sus aguiluchos:
‘Os dejé protegidos de todos los males. Como os amé, amadme también vosotros. Ya no me separaré de vosotros. Yo estoy siempre con vosotros, nadie prevalecerá sobre vosotros.
De lo alto, oh discípulos míos, como Dios, autor de toda la creación, impondré sobre vosotros mis manos que los impíos extendieran, prendieran y clavaran. Vosotros, pues, inclinando la cabeza sobre estas manos, entended, comprended, amigos, lo que estoy a punto de hacer. Del mismo modo que en el bautismo, también ahora impondré sobre vosotros las manos y, habiéndoos bendecido, os enviaré iluminados, repletos de sabiduría.
Sobre vuestras cabezas, la alabanza y la magnificencia; y en vuestras almas, la iluminación, como está escrito. Porque yo infundiré en vosotros el Espíritu y, una vez que hayáis acogido como huésped, seréis mis discípulos, elegidos, mis fieles y familiares. Ya no me separaré de vosotros. Yo estoy con vosotros, nadie prevalecerá contra vosotros’”.

(Tomado del “Himno de la Ascensión”)

4.      Cultivemos la semilla de la Palabra en el corazón

·         ¿Qué relación tiene este pasaje de hoy con las palabras pronunciadas en la última cena y en la mañana pascual sobre la nueva convocación de los discípulos?
·         ¿Cómo iban los discípulos hacia el encuentro con Jesús en Galilea?
·         ¿Qué evocan aquí los términos: Discípulo, Galilea y Montaña? ¿Cuáles son las características de la relación entre Jesús y sus discípulos?
·         ¿Qué significado tiene esta relación de discipulado para el contenido de la misión apostólica?
·         ¿Qué sucede en el Bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? ¿Qué implicaciones tiene para mi vida como discípulo(a) de Jesús?


P. Fidel Oñoro, cjm

Centro Bíblico del CELAM

29 de mayo de 2014

FALTA POCO !!!


Queridas Yolenny  y Brenda...estamos muy pendientes de su regreso... Ya estamos contando los días, hoy nos pusimos   a acomodar la casa y sus habitaciones para recibirlas... Estamos felices por su llegada. Estuvimos siempre pidiendo por ustedes en la oración, acompañándolas en su experiencia. Animo y aquí las esperamos.
 
Todas trabajando...
Corolina  limpiando habitación de Brenda...

Juliana limpiando el pasillo...

Agustina acomodando  el colchón...



Juliana y Karen  se divierten sacudiendo el colchón...



Francisca aplicada limpiando la sala...

La Hermana Ruth no se queda atrás....

Hasta Patricia entra en el combo...

 A Miriam le toca la mejor parte...

28 de mayo de 2014

¡Paz, paz, paz!

Resonancias evangélicas

 Los discípulos han experimentado la muerte de Jesús como una tragedia; una tragedia social (cf. Lucas 24, 21), comunitaria y personal. Sus ideales de liberación han quedado por el suelo y ahora, encerrados, temen por sus vidas.

En Juan 14, 27 Jesús ya les había entregado el don de la paz, junto al imperativo de no acobardarse ni inquietarse, pero al parecer ya han olvidado estas y tantas otras palabras del Señor: se encuentran, precisamente, acobardados e inquietos, a puerta cerrada por miedo a los judíos.

Jesús aparece en medio de ellos y les saluda con el “Shalom”, y antes de que se aterren más pensando que es un fantasma, como en Mateo 14,26, les muestra las huellas de la crucifixión. El Resucitado es el Crucificado. La esperanza no ha muerto, y con ello los discípulos recobran la alegría del encuentro con el Maestro. Pasan de un extremo a otro, pero Jesús les vuelve  a llamar a la paz; la alegría tampoco debe ser motivo de distracción.

El mensaje de la paz se torna contundente, pero los discípulos no han de confundir esta paz con una quietud sosa incompatible con el  Reino. No. Jesús, valiéndose de la experiencia de vida que han compartido con Él los envía a comunicar, a sembrar, a esparcir esta paz. Para ello primero sopla sobre ellos el Espíritu re-creador que los impulsará a testimoniar el Evangelio en todas partes y que los llena de valentía para no temer ni acobardarse.
Después les confiere su capacidad de compasión…  ¿no será a través de ella que lograrán transmitir el mensaje de la paz?, ¿de qué otra forma podemos restaurar nuestra relaciones de hermanos y hermanas sino en un ejercicio continuo de la misericordia?, ¿no es la reconciliación lo que cimienta la confianza total en Dios, pre requisito para la paz? El conocimiento y la experiencia de un Padre que siempre perdona, que siempre acoge, mostrando así la infinitud de su amor inspira a no temer, a no acobardarse  ni inquietarse.

Jesús también me envía a ser mensajera de esta posibilidad de reconciliación que llena de paz a hombres y mujeres, que transforma el mundo y  concretiza el Reino. Fiat. 

Yolenny Fernanda Ramírez Corporán Novicia MAR

27 de mayo de 2014

TODOS ESTABAN SOPLANDO

La Hermana María Sonia Segovia MAR nos comparte esta reflexión
 
Jesús viene a tu encuentro y espera de ti una respuesta. A propósito de esta respuesta escucha esta parábola. Se titula: TODOS ESTABAN SOPLANDO.... "Se había ganado el cariño, la admiración y la confianza ciega de su pueblo. Sus seguidores serían capaces de hacer cualquier cosa por él, incluso de dar la propia vida si él se lo pedía. Ante su residencia se había congregado una gran muchedumbre para testimoniarse su inquebrantable lealtad. Mientras llegaba el momento del discurso, el líder charlaba en sus habitaciones con un embajador que venía a presentarles sus credenciales. Éste dejó traslucir su extrañeza por tanto fervor popular.
- ¡Se dejarían matar por mi causa! -dijo el líder.
- ¿No es un poco exagerado? -Preguntó el embajador.
- Va a verlo usted mismo -sentenció el líder.
Dirigiéndose al balcón, saludó a la multitud, que le recibió con un gran aplauso. Haciendo silencio con un gesto solemne, el líder comenzó a hablarles:
- Amigos: sé que cuento con vuestra lealtad y me veo obligado ahora a ponerla a prueba.
Necesito un voluntario para realizar una difícil misión que puede costarle la vida. Todo el que esté dispuesto a aceptar la misión, que levante la mano. Inmediatamente, un bosque de brazos llenaba toda la plaza. El líder sonrió con satisfacción.
- ¡Muy bien! Entonces, dejaré caer esta pluma, y aquel que logre hacerse con ella, será el elegido. Tirando la pluma al aire, ante la mirada anhelante de la muchedumbre, volvió al interior.
- Se convence ahora, -dijo al embajador.
- No salgo de mi asombro, -respondió éste.
Y continuaron charlando, mientras casi se oía un silencio expectante. Trascurrieron los minutos, y el silencio continuaba en el exterior. Pasó un rato, y el embajador, señalando al balcón, dijo:
- ¿Y bien? Sin acertar a responder, el líder y el embajador se dirigieron al balcón: LA PLUMA SEGUÍA EN EL AIRE; TODOS ESTABAN SOPLANDO PARA QUE NO LES CAYERA ENCIMA.

¿Se entiende verdad? Ojalá que tu respuesta a Dios, al Dios que viene a tu encuentro no sea soplar al aire para que su llama no llegue a ti. 

26 de mayo de 2014

Santa Marianita de Jesús


Mariana de Jesús de Paredes y Flores es la primera santa de la república del Ecuador y fue proclamada heroína nacional. Nació en Quito el 31 de octubre de 1618, octava y última de los hijos del capitán español Jerónimo Flores de Paredes, nacido en Toledo y de Maríana Granobles Jaramillo, nacida en Quito.

Inclinada desde su infancia a los ejercicios de piedad y de mortificación, recibió la comunión a los siete años y realizó un voto de virginidad tomando el nombre de Mariana de Jesús. Hizo los ejercicios espirituales, y como Santa Teresa, quiso huir de su casa con una prima suya para ir a evangelizar a los Mainas.

Esta iniciativa no tuvo éxito como tampoco la de retirarse a una capilla a los pies del volcán Pichincha, para implorar a la Virgen la protección contra los peligros del volcán. Su familia no logró conseguirle el permiso para entrar entre las Hermanas Franciscanas; entonces ella decidió ingresar a la Tercera Orden de San Francisco y se retiró a una alcoba de su propia casa, se vistió con un sayal marrón y comenzó una vida de completo recogimiento, de largas oraciones y de terribles penitencias. Estas austeridades no cambiaron su carácter alegre: tocaba la guitarra, consolaba a los tristes, reconciliaba a negros e indígenas y hacía milagros.

Pero su salud se resintió con las penitencias a las cuales se añadieron dolorosas sangrías de parte de los médicos. Con ocasión de los terremotos y de las epidemias que tuvieron lugar en Quito en 1645, Marianita, como la llamaban sus contemporáneos, ofreció su vida por sus conciudadanos. En su encierro fue atacada por fiebre altísima y fuertes dolores. Al mismo tiempo que progresaba la enfermedad de la Santa, iba disminuyendo la peste en la ciudad, el terremoto en cambio había cesado en el momento de su heroico ofrecimiento. En los últimos tres días perdió la palabra y sólo el último día aceptó hacerse tender en un lecho. Hacía tiempo que había expresado a sus familiares el deseo de que después de muerta la vistieran con el hábito franciscano que siempre tenía en su celda, mientras desde muchos años antes llevaba el escapulario y el cordón de la Tercera Orden franciscana, recibidos de los Hermanos Menores, por consejo de su confesor. Predijo el día y hora de su muerte, que tuvo lugar a las 22 horas del día 26 de mayo de 1645. Tenía 26 años, 6 meses y 26 días de edad. Su muerte fue llorada por toda la ciudad. En los labios de todos estaba esta expresión: «Ha muerto la Santa». Sus funerales fueron un triunfo, una explosión de agradecimiento y de profunda veneración por la admirable conciudadana, por la generosa víctima, por su salvadora. Fue canonizada por Pío XII el 9 de julio de 1950.


Yolenny Fernanda Ramírez Corporán Novicia MAR

(Tomado de www.marianadejesus.com

25 de mayo de 2014

EL PROFESTISMO


Son hermosas las oportunidades que diariamente el Señor en su gran amor nos concede para profundizar en  la vocación que hemos recibido desde nuestro bautismo en sus tres dimensiones de sacerdotes, profetas y reyes….
En estos días de encuentro y formación pero sobre todo de preparación para votos perpetuos, hemos ahondado mucho más en nuestra dimensión profética a través de todos los profetas del antiguo Testamento que igualmente poco a poco han ido contrastando nuestra vida frente a tantas realidades sociales de las cuales constantemente somos testigos y frente a los cuales estamos llamados a no seguir siendo meros observadores sino a implicarnos frente a lo que va en contra del proyecto de Amor de Dios.
Son muchas las  cosas las que pudiéramos compartir frente a estos grandes hombres que en su debilidad le respondieron al Señor con toda su vida, y digo grandes, porque se dejaron guiar por Dios, se abandonaron en sus manos y supieron ser hombres dóciles a la Voluntad de Dios en medio de sus luchas interiores para responder al llamado que estaban recibiendo; sin embargo quiero resaltar precisamente que fueron seres humanos como tu y yo, pero que atendieron al llamado de Dios que se suscitaba en lo más profundo de su corazón, que fueron sensibles ante las realidades que asaltaban al Pueblo que generalmente tenían que ver con la injusticia o con el alejamiento del Pueblo a la Alianza con Yavé, pero fueron hombres y mujeres que no se quedaron en ello, sino que movidos por el Amor de Dios dieron respuesta a esas realidades de las cuales no eran indiferentes y no callaban frente a aquellos que eran responsables aunque esto les significara arriesgar la vida, ser torturados, perseguidos, calumniados etc. o incluso les implicara la misma muerte.. Muerte que asumían con alegría porque ya sus vidas estaban enteramente entregadas a Yavé…
Por consiguiente, dentro de nuestra vida de respuesta estamos llamados a purificar muchas posiciones frente a las situaciones  de las que somos Testigos, para ello es necesario preguntarse ¿Qué imagen de Dios tengo? Y así mismo ¿Cómo acojo  e interpreto las realidades y acontecimientos diarios tanto a nivel personal  como comunitario?
Por ello, es importante dejar impregnar nuestros sentidos del Espíritu Santo para poder escuchar la voz de Dios y descubrir su voluntad…. Por eso, hemos de pedirle que renueve primeramente nuestras vidas  para que ellas por si mismas sean signo profético del Amor de Dios que ha sido derramado en cada uno de nosotros, en nuestra vida, historia…
Los profetas bien sabemos que tuvieron los ojos bien abiertos para ver aquello que iba en contra a la Alianza, en contra de la ley, pero principalmente en contra de las personas, del Pueblo… por eso nosotros también hemos de pedirle al Señor que cure nuestra ceguera como el ciego de nacimiento para que nos impliquemos desde nuestros contextos en los lugares donde la vida está siendo maltratada, en donde el hombre le ha perdido sentido a su existencia y en donde se ha perdido la esperanza, en donde el hombre se hace esclavo de él mismo, de su cuerpo, de los vicios…
 
Finalmente quiero resaltar que las palabras del profeta son molestas para aquellos que se ven desvelados o descubiertos en sus pretensiones y pecados… pero esto no lleva al profeta callar, sino que le anima, porque sabe que no va en nombre propio, va en nombre de Yavé, pues no se envía sino que le envía Dios a predicar su Palabra…. Así mismo nosotras estamos llamadas cada día desde nuestro carisma MAR  a renovar nuestra dimensión profética desde los distintos espacios y lugares en lo que nos encontramos… misión que se ve reflejado en lo más pequeño de cada día, comenzando por la corrección fraterna… pues estamos llamados a ejercer nuestro profetismo primeramente en nuestras comunidades para que luego puedan ser reflejo en otras dimensiones que implican la dignidad del ser humano, la justicia etc.
 
 
Jessica López 
M.A.R


 

24 de mayo de 2014

LECTIO DIVINA VI DOMINGO DE PASCUA. Jn 14, 15-21

JESÚS NO NOS ABANDONA
El mandato del Amor y las Promesas de Jesús
Juan 14, 15-21


Introducción

Seguimos en el ambiente del cenáculo. Los discípulos están conmovidos por el dolor de la separación y se preguntan cómo serán las cosas después de la partida de Jesús. En este contexto, Jesús pronuncia la enseñanza que leemos hoy.

La cuestión es importante, porque a veces sucede que también en la relación con Jesús uno puede llegar a tener la percepción de que Él está lejos de nuestras vidas, que lo sentimos poco y que es prácticamente inalcanzable.

En el pasaje de Juan 14,15-21 vemos que Jesús demuestra que así como no abandonó a sus discípulos tampoco nos abandona, siempre estará presente, nos comparte su vida y así como Él y el Padre son uno, así estará en nosotros.
D
¿Cómo lo hace?

En el núcleo del texto vemos que Jesús anuncia la venida de otra ayuda para sus discípulos, el Espíritu de la Verdad (14,15-17), y también su propia venida (14,18-21).

Si observamos de cerca el texto notaremos que está enmarcado, los vv.15 y 21, por la alusión al práctica del mandato de Jesús. Jesús declara que todas las enseñanzas dadas a lo largo del evangelio no se invalidan con su partida, sino todo lo contrario: permanecen válidas para siempre. Se trata de una condición fundamental: sólo quien se atiene a sus mandamientos puede recibir el Espíritu y abrirse al amor de Jesús y del Padre. El amor por Jesús está estrechamente relacionado con la práctica de sus mandamientos.

Leamos despacio el texto:

15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;
16y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
17el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.
18No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.
19Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.
20Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
21El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»

1.    El amor a Jesús y la práctica de sus mandamientos (Juan 14,15-21)

15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos…
21El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»

En el dolor que los discípulos experimentan por la separación, se revela en el amor por Jesús. Pero los discípulos deben demostrar la sinceridad de su deseo de la presencia de Jesús y de la comunión con Él a través de la puesta en práctica de sus mandamientos, la cual nace del amor por su maestro.

¿De qué mandamientos se trata?

En el evangelio de Juan, la exhortación a amarnos unos a otros como Él nos amó es la única que se define prácticamente como el mandamiento de Jesús (13,34).

Pero también todo lo que Jesús hace, de palabra y de obra, es un llamado para hacer lo mismo: “El que crea en mí hará Él también las obras que yo hago…” (14,12ª). 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Por tanto, poner en práctica los mandamientos es tomarse en serio y con fe el conjunto de sus enseñanzas (14,23-24), dejándose conducir por Él. 

Jesús permanece presente en su palabra y en las exigencias que ella implica. Quien se deja guiar por la Palabra de Jesús, sigue a Jesús, permanece unido a él y conserva su amor.

Con esto se nos dice que  el amor no consiste en palabras, sentimientos o recuerdos, sino que se demuestra o verifica en la capacidad de escucha y en la obediencia a las enseñanzas del Maestro Jesús. El verdadero amor a Jesús se traduce en seguimiento de Jesús.  Amar es querer, adherirse al amado y asumir su voluntad.
Realizando tarjetas
2.    La promesa del “Paráclito”

El don del Paráclito (14,16-17)

15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos…
21El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»

Quien está unido a Jesús de la manera anteriormente enunciada, recibe por parte de Dios el don prometido: el Espíritu Santo.

Al Espíritu lo llama “Paráclito” (=Consolador, abogado, ayudador). El Espíritu es una nueva ayuda para la vida de los discípulos: Él hace posible el seguimiento, Él capacita para vivir el difícil mandato del “amor”, Él asiste a los discípulos en momentos duros de la tribulación. La acción del Espíritu Santo se describe con precisión: viene como un nuevo “apoyo” Jesús se va pero les deja su Espíritu.

Jesús dice “Otro Paráclito”. Hasta ahora Jesús ha sido el apoyo para sus discípulos: se ocupó de ellos, se puso a su servicio, los guio, le dio ánimo y fuerza. Como Buen Pastor, Jesús no los dejó nunca abandonados a su propia suerte; siempre estuvo al lado de ellos. Ahora Jesús se va, no quedarán solos: el Padre les dará el Espíritu Santo, quien estará siempre con ellos, al lado de ellos y en ellos.

También dice: “El Espíritu de la Verdad”. Esta definición del Espíritu lo presenta como Aquel que hace permanecer a los discípulos en la “Verdad” transmitida por Jesús, es el que da testimonio de Él, como el que continúa con su ministerio terrenal y los protege tanto de los falsos maestros como de las opciones equivocadas.

El mundo, que se ha cerrado a Jesús, “no lo puede recibir”. Sólo si creemos en Jesús y nos atenemos a sus mandamientos, estamos abiertos al Espíritu Santo, podemos recibirlo y hacer la experiencia de su acción.

El regreso de Jesús (14,18-20)

18No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.
19Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.
20Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.

Jesús se ha dirigido a los discípulos llamándolos “hijitos” (13,33). Ahora les asegura que no quedarán “huérfanos”.

Así como los hijos pequeños quedan a la deriva cuando mueren los progenitores, así también los discípulos de Jesús quedarían solos por la muerte del Maestro. La ausencia de Jesús no crea orfandad en sus discípulos, ella da paso a su nueva presencia el “Paráclito”

Es verdad que Jesús va a morir, pero no es cierto que sus discípulos vayan a quedar huérfanos: Jesús los deja pero “volverá”. De esta forma al anunciar la muerte también les anuncia la resurrección: el Resucitado vendrá a su encuentro y ellos los verán. Como efectivamente se narra en el día pascual: “Se presentó en medio de ellos… Los discípulos se alegraron de ver al Señor” (20,19.20).

Los discípulos no sólo lo “verán” sino que tendrán parte en su propia “vida”: “Me veréis porque yo vivo, y también vosotros viviréis”. El reconocer esta compañía permanente es sólo para los que tengan en común esa vida que Jesús posee tras su resurrección.  Lo percibirá vivo el creyente que vive de la vida de Jesús resucitado.

De hecho, también en el día pascual se dice que Jesús… “Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo’” (20,22).

Pero no así con el “mundo”. Con su muerte, Jesús desaparece para siempre del mundo: el mundo sabe solamente que murió en una cruz. El mundo conoce la muerte pero no la vida. Jesús volverá exclusivamente a sus discípulos y se les mostrará como el viviente.

El día pascual es un día grandioso, porque en él se comprende finalmente a Jesús: “Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros”.

En dos ocasiones, dentro de este evangelio, Juan se había referido al hecho de que solamente después de la resurrección los discípulos comprenderían el verdadero significado de las cosas:

(1) sobre lo que Jesús dijo en el Templo (2,21-22) y
(2) el sentido su entrada en Jerusalén en un asno (12,16).

En esta ocasión Jesús les anuncia a sus discípulos que solamente después de su  resurrección comprenderán verdaderamente su comunión con el Padre y con ellos.

Con la resurrección de Jesús se demuestra que –a pesar de su aparente silencio en la Cruz- Dios está a su lado, con todo su amor y su potencia, y que le confirma que Él es el Mesías e Hijo de Dios y que las obras que realiza en nombre del Padre son auténticas.

Pero no solamente con relación al Padre. La resurrección también hace más evidente el vínculo especial que Jesús tiene con los discípulos: Él se muestra y se hace reconocible como el Viviente solamente a ellos.

Su encuentro con el Resucitado es un nuevo impulso y un fundamento duradero para creer todo lo que él dijo sobre su unión perfecta con el Padre (14,10-11) y sobre su vínculo indisoluble con ellos.
Con la comunidad de Bochica
3.    Releamos el Evangelio con un Padre de la Iglesia

“‘Vosotros –dice- debéis rezar ante todo amando y demostrando amor con la puesta en práctica de mis mandamientos; dispuestos de esta manera, os concederé la gracia del Espíritu Santo, para que lo tengáis con vosotros para siempre, como vuestro Maestro de la Verdad’. 

Pero dice  ‘Otro Paráclito’, esto es, otro maestro llamado Paráclito, quiere decir, Consolador, aquel que enseña en los momentos de angustia. Porque el Espíritu Santo, con su gracia, aliviará los males que les serán inflingidos por los hombres y, a manera de consolación, con sus dones hará que ellos soporten los males de buen grado, como de hecho ocurre.

De hecho, los mismos discípulos que antes temían la muerte, después de la venida del Espíritu se alegraban en sus tribulaciones.

Pero lo llamó “Espíritu de Verdad”, porque es Aquel que solamente enseña la verdad, nunca cambia hasta el punto de enseñar lo que quiere que sea ajeno a la verdad. Dice “Otro”, indicando que Él mismo, cuando estaba con ellos, había desempeñado una función idéntica con ellos. Además de eso, también todas aquellas cosas que, estando presente, les había enseñado con sus palabras, fueron ciertamente confirmadas por el Espíritu Santo”.   (Teodoro de Mopsuestia, Sobre el Evangelio de Juan, VI)

4.    Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

·         ¿En qué consisten los “mandamientos” de Jesús?

·         ¿Por qué el amor por Jesús se demuestra en la observancia de sus mandamientos?

·         ¿Qué se requiere para recibir el don del Espíritu Santo y la comunión honda y definitiva con Dios?

·         ¿Por qué el “mundo” (lo que se ha cerrado a Dios) no lo puede alcanzar?

·         ¿Mi amor por otras personas (mis progenitores, mis hermanos de comunidad, mis hijos, etc.) está sostenido por el respeto y la consideración?



P. Fidel Oñoro, cjm

Centro Bíblico del CELAM