29 de noviembre de 2016

"LOS INDIGENTES: HIJOS DE LA PROVIDENCIA"



El pasado viernes 25, asistí a una reunión  de multplicadores de los ejercicios espirituales agustinianos en el corazón de Bogotá, en la Iglesia de la Candelaria. Las hermanas novicias me acompañaban y mientras yo estaba en reuníon, ellas hacían sus compritas de Navidad y participaban en una marcha sobre el día de la mujer maltratada. Durante el trayecto del Transmilenio y después caminando hasta llegar al lugar, todo giró en torno a la reflexión personal.

Cantidad de indigentes se entrecruzaron con nosotras. Y a ellos los quiero llamar: los "hijos de la Providencia”. Un señor harapiento entró al Transmilenio y entre el poco espacio que quedaba se tiró al suelo, enseguida, en la siguiente estación, avisaron a la policía y lo sacaron; y a cada momento surge el imprevisto, y uno no sabe qué va a acontecer y quiénes van a aparecer. Cada uno tiene su cuento, su tristeza, su vicio, su necesidad y su plegaria. Y así caminando, de pronto, vimos cómo un señor era golpeado bruscamente por un autobús que lo tiró contra el piso: cuando levanté su frente para pasarle el pañuelo y limpiarle la sangre y tomé sus manos sucias, me di cuenta que era un indigente, un hijo de la Providencia. No le ponemos atención a estas personas, que no tienen techo, que viven en los basureros, que sienten hambre que solo es saciada con la droga, que carecen de todo porque son anticulturales y antisociales, pero son “los hijos de la Providencia”, porque el Señor, está con ellos, indudablemente: “Aunque una madre se olvide de su hijo, yo no me olvidaré”, comenta el profeta. Señor, Jesús, en tu presencia y entrega, en tu compasión y misericordia, nos has revelado un Amor de Dios sin límites. Tú que eres providente con todos, no permitas que nuestro corazón se endurezca ante los excluidos. Ten piedad de esos hijos tuyos, ignorados, sin nombre, y atormentados por sus vacíos y soledad, y danos la gracia de vivir en clave de providencia, para que vean tu rostro en la cercanía de quiénes les brindan un poco de esperanza y apoyo.


NIEVES MARÍA CASTRO PERTÍÑEZ. MAR

28 de noviembre de 2016

Experiencia en el CER

Despedida. Grupo de Aspirantes, postulantes y novicios

A partir del mes de agosto, estuvimos asistiendo al CER (centro de estudios religiosos) en Bogotá, para ver diferentes materias que nos ayudan en nuestra formación del Noviciado.
Desde el primer momento me encontraba emocionada, pues siempre es una novedad este tipo de estudios. Cursamos tres materias: Espiritualidad de la Vida Religiosa, Seguimiento de Jesús y Teología de los Votos; las tres con una profunda tónica de reflexión en clave de discernimiento.
Nuestros grupos eran entre 12 y 15 novicios de diferentes países, entre ellos: Colombia, Perú, Honduras, México, Guatemala, Ecuador y Venezuela…
El último día de “clases” de Seguimiento de Jesús  nos preguntaban, ¿qué se llevan de esta materia? Recuerdo que surgieron muchos sentimientos, pues fue la materia que más caló en mí a nivel vocacional, humano, comunitario, etc… Cada “clase” fue una oportunidad de encuentro, de compartir la vida, de compartir las experiencias y la vocación, una oportunidad de mirar más allá de lo superficial y cuestionar aquello que tal vez nunca llegó a pasar por nuestras mentes, de mirar en el “otro” el paso de Dios, de encontrar acompañantes, amigos y compañeros de camino, de agradecer a Dios por todo lo que va haciendo en nuestras vidas aunque a veces no comprendamos lo que está pasando; de reconocer a Jesús resucitado como una “experiencia” que debe cambiar y transformar la vida.
Sin duda estas clases me permitieron mirar si estoy  afianzando  mi vocación sobre bases sólidas, me permitió reconocerme  como una eterna caminante en busca del Dios que me ama y me sostiene en mi peregrinar.
Te doy gracias, Padre bueno, por cada uno de los días compartidos en el CER, gracias por cada uno de los acompañantes (hermanas y padres), gracias por los buenos hermanos que colocaste en mi camino, sé que aunque tal vez no nos vayamos a encontrar nuevamente, tengo la confianza que el poder de la oración nos une y nos conforta día a día.
¡Gracias, Señor, Gracias!

               WENDERLYNG REYES/NOVICIA MAR



  Con la Hna. Claudia Toloza (Espiritualidad de la vida Consagrada)


 Grupo de Novicios con el Padre Miller Bueno ( Seguimiento de Jesús)
 Con el Padre Miller Bueno
                    La bandera de Perú se hizo presente en el compartir 
 Y la de Colombia no se pudo quedar atrás 
  Hermanos y compañeros de camino
Venezuela, Colombia, Perú, México (gracias, Señor, por el don de la amistad)

27 de noviembre de 2016

FELIZ PASCUA, QUERIDA ANA SIXTA



Querida Ana Sixta:
La primera vez que te conocí, fue hace muchos años, donde mientras nos reuníamos en comisión precapitular, nos llevaron a Monterrey y allí estabas “entre los pucheros” de la cocina y atendiendo a las niñas del internado.

Ya residente en Colombia, en una gira a Yopal,  te encontré también y conversamos bastante, sobre todo tú, que tenías un gran deseo de compartir. Me contaste algo de tu vida y de tus búsquedas. Por allí pude entrever que eras una mujer de fe, muy amante de Jesús y apasionada por la misión. Una misionera preocupada de la Iglesia, de sus miembros y de cómo servir al Señor evangelizando, desde lo que ”sabías” decías tú, pero con un gran deseo de formarte cada vez más, sin tener en cuenta la edad.

Después en Cali, ya enferma, dos veces nos encontramos. Una en La Merced, otra en el Colegio. Pienso que el amor no tiene fronteras, ni edad, ni hace falta una larga vida de amistad. Simplemente, el amor conecta cuando hay confianza y la persona se hace transparente, vulnerable, en sus deseos más profundos y también en sus sufrimientos y los revela.

Gracias Ana Sixta, por haberme regalado, en dosis muy pequeñas, grandes sentimientos tuyos que me hicieron verte como una mujer de Dios, una hermana querida y fraterna, cien por cien misionera.

Este largo año de dolor y sufrimiento fueron también la oportunidad para la purificación del corazón y del desprendimiento.

Ayer, viernes 25, en la hora del alba, dejaste ya la casa sosegada y en pos de tu ideal, abrazada al Amor de tus amores, levantaste vuelo para encontrarte cn el Amado y poder decir junto a la  lectura del Apocalipsis: Alcen vuestra cabeza, se acerca vuestra liberación”.

Cuando un amigo se va, siempre deja un vacío hondo; más, sabemos con certeza, que tu testimonio y tu bondad, siembran de vida y esperanza, este terruño donde dejaste tus huellas.

Feliz y eterna estadía, querida.


NIEVES MARÍA CASTRO PERTÍÑEZ. MAR

26 de noviembre de 2016

LECTIO DIVINA - PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO –CICLO A- Mt 24, 37-44

VELEN...ESTÉN PREPARADOS...


INTRODUCCIÓN
El Adviento (en latín: adventus Redemptoris,'venida del Redentor') es el primer período del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.
Se puede hablar de dos partes del Adviento:
Primera Parte
Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos.
Segunda Parte
Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en la historia, la Navidad.
Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesia ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús. La expectativa ante el retorno del Señor polariza la atención de la Iglesia. Nuestras miradas se fijan en Dios.

LECTIO DIVINA Mt 24,37-44
Puedes acceder por medio de este link a la reflexión del Evangelio sonoro de este domingo
CONTEXTO
La semana pasada cerramos el Año litúrgico Ciclo C con la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Hoy con el primer domingo de Adviento comenzamos el Ciclo A.
Cabe situar el contexto mirando bien la primera lectura de Isaías. Isaías es el profeta del universalismo de Dios, y en esta lectura lo refrenda. El pueblo de la Alianza (el Antiguo y Nuevo Israel) ha sido elegido por Dios para poseer y transmitir la fe y la salvación a todos los pueblos. Dios obra en favor del mundo a través de la Iglesia, ya que el primer pueblo de la Alianza fue infiel. En el v.32 Jesús les dice a sus discípulos que  aprendan de la higuera porque en sus brotes se manifiesta la primavera y de igual manera les recuerda que los signos del tiempo presente hablarán también del fin de los tiempos, pero que no obstante, respecto al día y a la hora, nadie lo sabe, ni el Hijo, solo el Padre (v.36), de ahí la importancia de la vigilancia. ¿Para qué? El texto nos lo irá diciendo.
EL TEXTO:
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 24,37-44.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo del Hombre.
Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y, cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
¿QUÉ DICE EL TEXTO?
Este texto tiene un paralelo en Lc 21,34-36. Es bueno que lo leamos en casa y confrontemos.
Mateo 24, 37-44 presenta el siguiente desarrollo: el versículo inicial establece una comparación entre la venida del Hijo del Hombre y la época de Noé. Los versículos siguientes 38-41 explican el sentido de esa comparación. Por último, los versículos 42-44 extraen la consecuencia.

Veamos entonces. 
v. 37: La comparación
Jesús compara la venida del Hijo del Hombre a lo que sucedió cuando el diluvio. Pero la venida del Hijo del Hombre no será un diluvio devastador, sino una lluvia pacífica y fecunda. Lo que pasa es que no avisa. Y la gente ni está preparada ni se da cuenta. Los grandes acontecimientos no suelen anunciarse al son de trompetas. El ladrón tampoco avisa, ni la muerte, ni los cambios culturales, ni las reformas religiosas. Cuando nos damos cuenta, están ahí.
vv.38-41 El sentido de la comparación
En tiempo de Noé, refiere el Libro del Génesis (6,6-12), "toda la tierra estaba llena de iniquidad; la tierra estaba corrompida, porque todo mortal había corrompido su camino sobre ella". El texto evangélico no parece subrayar de manera particular la maldad de los hombres y el hecho de la violencia, sino más bien su vivir despreocupado. Como en tiempo de Noé, los hombres se preocupan poco de la cuestión fundamental, es decir, de su relación con Dios, enteramente zambullidos en las preocupaciones cotidianas. Viven tranquilos, sin tener idea del juicio de Dios que les amenaza.[1] Los hombres de la época de Noé extrajeron una conclusión errónea porque ignoraban sin cuidado los asuntos relacionados con Dios (v.39), no se dieron cuenta; Mateo hace explícita su necia y culpable ignorancia.
Entre los vv 40-42 Mateo utiliza el modelo de las parábolas gemelas sobre hombres y mujeres[2]. Es en el contexto de la vida donde debemos acoger el aviso divino, puesto que el Señor vendrá de improviso y se llevará a cabo una separación entre los que se han adherido a su Palabra y los que han preferido ignorarla[3].
vv. 42-44: La consecuencia
v.42.Velad… Es la conclusión  a la cual lleva todo el discurso hasta este momento, y luego se desarrolla con el “cómo” velar. Mantener los ojos abiertos es la primera condición para ver al Señor que viene. El que duerme permanece en la noche, absorbido por deseos o temores, sin relación con la realidad.  
v.43: Si el dueño de casa supiese… El que se considera “dueño” y cree que se posee a sí mismo- su vida, su trabajo, sus bienes (cf. Lc 12,13-21),- vive en el engaño de un sueño que se desvanece al amanecer. Para El, la muerte es como un ladrón, que lo despoja de todo.
v. 44. Vosotros estad preparadosPreparado está el que sabe que no es “dueño”, sino “siervo fiel y prudente”, que conoce y hace lo que el Señor ha dicho.
En el momento que no penséis vendrá el Hijo del hombre. Cierto, viene  de un modo impensado, en “todas estas cosas”: donde nosotros lo creemos ausente, Él está presente con “su” señal”[4].
¿QUÉ ME DICE A MI EL TEXTO?
Me hago estas preguntas a luz de lo expuesto:
1.  ¿Estoy demasiado preocupada por el futuro y olvido la vida presente?
2.  ¿Mantengo la fe en Dios y Jesucristo en medio de los problemas graves de la vida? ¿Qué me hace mantener la esperanza?
3.  ¿Qué supone para mí el “ven, Señor Jesús, que pronunciaban las primeras generaciones de cristianos?
El Señor me pide que vele, que esté despierta; así estaré preparada para verlo pasar. El centinela ve a lo lejos; agudiza su vista para justamente estar allí en el momento en que la noche se abre al amanecer. Es la visión de Dios. 

Cuando se está despierto, se está consciente, se está en lo que hay que estar; de lleno, interpretando el acontecer de Dios en cada cosa que viene preñada de sentido. El sentido de la vida me la da Jesús. Y Jesús viene con su Espíritu cada día, por eso es adviento (adventus); es porvenir. Desde allí no me preocupo del futuro; el futuro nos encasilla con nuestro modo de ver humano, de preveer las cosas que nos interesan asegurar, por más religiosas que las creamos. 

El porvenir me abre al Espíritu Santo que llega cada día de forma sorprendente. No tiene hora por eso requiere tensión, apertura de mente y corazón, como el centinela, para mirar el momento como lo mira Dios, y comprometerme con el Adviento, con "El que viene", y me regala su esencia, su esperanza. Es hermoso experimentar este porvenir, porque me hace vivir este día como único, con una total confianza. Lo que vivo cada “hoy” es único, porque viene secundado por la acción del Espíritu. Mi fe no me debe anestesiar frente a la historia. ¡Al contrario! Ilumina toda mi realidad y me ubica en ella, preñada de esperanza, porque nada se escapa a la acción de Dios, y aun en medio de las dificultades, su Palabra se cumple con certeza.

La vigilancia conlleva discernimiento; las dos se traducen en la actividad cotidiana de la fidelidad a su Palabra, de la cual depende nuestro futuro eterno. Jesús, sabiamente, me remite a leer mi presente cada día, a iluminarlo con su Palabra y a transformarlo con la acción de su Gracia.

¿QUÉ ME HACE DECIR EL TEXTO A DIOS?
Señor Jesús, portador de vida …¡Gracias! Eres mi Adviento, mi Porvenir, por eso, me llenas de esperanza cada día, y no flaquean mis piernas, ni mi corazón, mientras te espero…

Tengo la certeza de que llegas ¿cuándo? ¿cómo? ¡Ya me lo has dicho!, “cuando menos lo piense”, pero de que llegas, llegas, y yo te espero con ansia.

Me pides que vele, entonces, dame la gracia para hacerme consciente cada minuto de que vienes, y atenta para ver cómo vienes, en qué rostro, en qué imprevisto, en qué dolor, en qué dificultad e incomprensión. Ya eso no importa, solo dame consciencia de que eres Tú, y no es otro u otra para que no me quede en la preocupación de lo cotidiano, y tanscienda a lo más grande y hermoso: es tu presencia llena de amor que me invade y me sostiene. Espíritu Santo, ven. Maranathá, ven Señor Jesús, y despójame de mi condición adormecida y necia, la misma de aquellos como en los tiempos de Noé.

Y a cada uno de nosotros creyentes, ante este mundo convulsionado, desprotegido y amenazado, danos la capacidad de llevar la Esperanza, que como el parto, te da a luz a Ti cuando nos comprometemos históricamente al servicio de la vida. 

Regálanos Señor, el Espíritu de Vigilancia para que como el centinela, al otear el horizonte, podamos atisbar tu llegada y en cada Eucaristía, en cada acontecer, podamos decir: "Ya está aquí nuestro Porvernir, nuestro Adviento, que nos trae la verdadera felicidad.

Como nos recuerda Joan Chittister: 
 "La esperanza, en efecto, no está en esperar que las cosas exteriores a nosotros se transformen en algo mejor. Está en construir dentro de nosotros una mejor relación con aquello que sucede en nuestro ánimo. Está en el abrirse al Dios de la novedad. Está en el aceptar soltar la conquista de hoy para creer en un futuro que no podemos ver, pero que podemos confiar a Dios". 

NIEVES MARÍA CASTRO PERTÍÑEZ, MAR
[1] BRUNO MAGGIONI. El Relato de Mateo. Ed.. Paulinas/MADRID 1982. Pág. 25
[2]BROWN, R. Nuevo Comentario bíblico de san Jerónimo, 2014. 123
[3]  Zevini, G. Lectio Divina para la vida diaria. 2007, 464
[4]  FAUSTI, S. Una comunidad lee el evangelio de Mateo, 2013, 538

25 de noviembre de 2016

Nuestros orígenes... (parte II)

Un día el padre Ochoa se encontró con un par de niñas abandonadas. No pudo dar un paso más. No sabía qué hacer. Pensó: si las dejo, o se mueren de hambre o se las lleva la policía y vendría el peor el destino para estas niñas. Resuelve llevarlas a la casa, pero… ¿qué dirán los padres?
Cuando llega explica lo sucedido y pregunta qué hacer. Todos dicen a una voz, hay que cuidarlas. Y dice uno: de hoy en adelante me privo de mi cigarrillo y lo poco que ahorre, es para cuidado de las niñas. Otro: me gusta mucho el postre, pero me privaré de él y lo poco será para las niñas. Así cada uno fue haciendo un pequeño ofrecimiento.  Pero, ¿quién las cuidará? No hay problema, se las encomendaremos a las jóvenes catequistas que se están formando.
Poco a poco se fueron llenando de niñas y ¡claro!, tienen que hacer miles de piruetas para alimentarlas, vestirlas, educarlas lo mejor posible. De este modo, los Agustinos Recoletos, se convirtieron en  padres de estas niñas.
Y ¿Cómo vivían los padres? Escuchemos al padre Alegría: “…en este mísero y antihigiénico escenario, se han deslizado los años más felices de mi vida. Al principio me producía hasta fiebre contemplar los vestidos rotos y sucios de mis cristianos, las greñas, los surtidores nasales de la enredadora chiquillería. Pero, al ver su sencillez, su pobreza injusta, su cariño, su silencioso sufrimiento, acabas por amarlos con toda la intensidad posible”.
Pronto está terminada la sede central, pero ese mismo día, estalla la chispa revolucionaria del movimiento anti-extranjero en Shanghai.
Escribe el padre Javier Ochoa: “Las cosas en China, van de mal en peor. Los estudiantes tienen todo alborotado, lleno de pasquines y de gritos contra nosotros… Cuando uno se retira por la noche, no sabe si a la mañana siguiente tendrá la cabeza encima de los hombros.”. Y en otra: “Este año, que es de mucha miseria, llegan todos los días con dos o tres y aún más pequeñitas, pero el local no basta, el dinero tampoco. Así que hay que hay que ir escogiendo entre las más miserables. Hasta una cieguecita he tenido que recibir casi llorando de lástima”. 
“El misionero es quien menos gasta. Se contenta  vive con lo que le dan; nunca pide para sí. Parece que en China se olvidan de sí mismos para atender a las necesidades de la misión. He visto padres que no gastan ni 50 céntimos al día, y aún con menos, viven. Los catequistas, la escuela, la capilla, las huerfanitas, los cristianos pobres que llegan muriéndose de hambre, son siempre el fin de todo lo que el misionero hace”. 
En 1927 la situación se pone más tensa. Levantamiento en Cantón, provincia del Sur. En principio, contra “Los “Imperialistas del Norte”. Es decir los extranjeros europeos.
A Kweiteh no llegan aún los tiros, y los misioneros siguen embebidos en su trabajo. Cada cual, en su centro misionero, catequiza, bautiza, abre escuelas y dispensarios, compra parcelas para edificar, imparte clases nocturnas, socorre a los pobres y encarcelados, visita a los enfermos…Mientras tanto, a la Casa Procuración llegan  muy malas noticias. Incluso el General chino, del Norte, Chang-Ling, les dice que corre riesgo su vida y que se vayan para Shanghai. El padre Javier les avisa y todos llegan a Kueithefú, sorteando toda clase de peligros. Ahí parece todo un poco más tranquilo. Pero el provincial les ordena salir de inmediato. Piden quedarse siquiera tres y añaden que Monseñor Tacconi no ve bien que salgan. Pero nada. Se les obliga a obedecer. Salen el 11 de abril de  1927.
Ponen la misión en manos de los más fervientes cristianos, aseguran las niñas de la Santa Infancia y parten con inmenso dolor. Después de tres días y tres noches llegan a Tientsing con sus cuerpos molidos, mal comidos, con la cabeza mareada. Son acogidos por los misioneros Belgas, sus amigos. A Shanghai llegan el día 22.
Los misioneros ven pasar los días y están intranquilos, pensando en sus cristianos. Ellos les avisan que en este momento, hay relativa calma. Los misioneros hablan con el provincial y le proponen volver a la misión. Éste viendo que las potencias extranjeras se van retirando sin entablar lucha, decide que regresen.
No van todos. Pero pronto en la misión, el general Chang Tso-Ling les asegura que están en grave peligro de muerte y que deben salir. Nuevo regreso a Shanghai. Encuentran a los padres muy preocupados porque han sabido que los revolucionarios se apoderaron de Kweiteh y de Honan, que las casas de la misión se han convertido en cuarteles, que hay muerte y atropellos. Después de mes y medio, los habitantes de Kweiteh avisan que ya no hay bandidos.
Nuevamente el padre Javier Ochoa se pone en camino con otros dos padres.  Llegan a Tientsing, hablan con el Delegado Apostólico, quien se alegra de que regresen a la misión, pues ni él, ni monseñor Tacconi, vieron bien que salieran de ella. Otros religiosos intentan disuadirlos, pero ellos continúan firmes. Aman su Misión.
Llegados a Yenchowfu, los acogen los padres del Verbo Divino. También ellos quieren impedirles que continúen. Temen por sus vidas. Pero no logran nada.

El último tramo, 200 km, fue difícil, a pie, por trochas, tratando de esquivar a bandidos y guerrilleros. Escribe el padre Ochoa: “Era imposible resistir más los ardientes rayos del sol y el hálito infernal que despedía la tierra calcinada de aquel terrible desierto. Al finalizar aquellos 200 km de recorrido, estábamos maltrechos, extenuados, los pies llenos de ampollas y llagados; hecho un surtidor el cuerpo, cubiertos de polvo pegado a él…”
Resumen realizado por Elsa Gómez, del folleto No. 2 escrito por Mary Carmen Calvo

23 de noviembre de 2016

Nuestros orígenes...(parte I)

En 1906, la provincia OAR de San Nicolás de  Tolentino, abre una Casa-Procuración en Shanghai. ¿Con qué objetivo?  Solamente uno: tener una ventana abierta hacia el interior de China y aprovechar cuando se presente la ocasión para fundar una misión.
Los dos padres llegados a la gran ciudad, se entregan a la ardua tarea: búsqueda, entrevistas, ofrecimientos. Cuando parece que ya tienen algo, todo se esfuma y quedan nuevamente a la expectativa.
El capítulo provincial de 1922, pide que, aprovechando el ambiente misionero que se respiraba en ese momento en la Iglesia, se  reanuden las gestiones ante la Santa Sede para obtener en China el ansiado territorio misionero.
Los padres Tomás Cuevas y Javier Ochoa  desempeñan  los oficios de Procurador y Viceprocurador respectivamente. Hablan con Vicarios y misioneros de las diferentes Congregaciones, llaman a varias puertas mendigando una parcela. Hay un momento en el que parece que solo falta estampar la firma: los padres O.S.A. les ofrecen parte de su territorio, que no alcanzan a abarcar; pero, a la hora de la verdad, les llega refuerzo y no se desprenden de la parte prometida.
Cuando menos lo esperan, Monseñor Tacconi, vicario apostólico de Kaifeng, capital de la provincia de Honan,  les ofrece la parte oriental de su territorio.
El 19 de abril de 1923 viaja el padre F. Javier Ochoa a Kaifeng para entrevistarse con Monseñor Tacconi, visitar y conocer algo del territorio ofrecido y tomar los datos necesarios para luego informar a sus superiores. Les daría la parte nordeste de su territorio, provincia de Honan, la zona de Kueitehfú. Les aclaró que no podía darles ayuda económica, y pidió que enviaran solo misioneros jóvenes, para que les fuera menos difícil aprender el chino, y a ser posible, que no hubieran estado en países mejores, porque entonces la vida en China se les haría imposible.
Monseñor Tacconi con el padre Ochoa, se dirigieron a Kueitehfú. La propiedad de la misión, se reducía a unos 500 m2, había tres casitas construidas de tierra y adobe;  una servía de capilla, las otras, divididas por tabiques de caña y papel, eran, la residencia del misionero y el lugar para los catecúmenos y cristianos.
Dice el padre Ochoa: “Las impresiones recibidas al ver la ciudad, fueron pésimas; en cambio, las esperanzas que aquella pobreza y miseria infundieron en mi alma, fueron óptimas por el campo tan intenso de apostolado que nos esperaba.”
En otro apartado dice: “ Siempre repito que los misioneros destinados a China, India y otros países por el estilo, sólo deben ir mirando al cielo, al Amor Crucificado, a la infinidad de hermanos que nos necesitan y nos esperan; a conquistar a los demás para Aquél que nos conquistó a todos primero, entregándose por nosotros”.
Cuando regresa a la Casa Procuración, comenta todo con el padre Tomás Cuevas. Dan gracias al Señor. El padre Tomás le pide que vaya a Manila a informar al consejo provincial. Allí llega muy emocionado y comenta sobre el ingente trabajo, que les espera. Todos aplauden la nueva fundación. No reparan en que va a costarles muchos sacerdotes jóvenes y no poco esfuerzo económico. Enseguida comienzan los trámites para su pronta realización.
La Congregación de Propaganda Fide contesta favorablemente otorgando el permiso para trabajar en la misión, pero con una cláusula que les va a traer, muchas contrariedades. Dice: “Ad experimentum, bajo la dirección de Monseñor Tacconi”. Por tanto, dependen totalmente de él, y este obispo los hará sufrir no poco.
Así escribe el padre Ochoa: “Este bendito Mons. Tacconi, de palabra todo lo ve bien y otorga permiso para comprar parcelas, edificar capillas, escuelas, casas… pero, a la hora de actuar, cuando debe dar la necesaria autorización, por escrito, pone trabas a todo y…no se sabe nunca lo que piensa”.
El territorio misionero está situado al nordeste de la provincia de Honan, con una superficie de 8.000 km2, con unos 2´200.000 habitantes y 7 ciudades relativamente grandes, siendo la mayor Kweitehfú. En tiempo de hambre, aparecen bandidos por todos los caminos y asaltan a las pequeñas villas despojando de todo a sus habitantes.
Ni montes, ni cerros, alteran la inmensa llanura. El clima es bastante fuerte, pero sano. No es raro que llegue en invierno a 15 grados bajo cero y en verano suba hasta los 40.
No hay carreteras, solo caminos. Afortunadamente, el ferrocarril atraviesa la misión de Este a Oeste. En el trayecto hay cinco estaciones. En solo 28 horas, pueden llegar a Shanghai. Así se entiende que muchos misioneros los feliciten, pues, algunos de ellos, deben cabalgar hasta 14 días para ir desde la última estación de tren hasta su misión.
La misión tiene 600 cristianos, sin un solo edificio, sin terrenos, para poder construir, sin capillas, ni casita para el misionero, sin escuelas. La labor va a ser sacrificada y lenta. El idioma es una barrera inmensa que han de ir derribando poco a poco.
Los misioneros salen de Manila hacia Shanghai. Además del padre Javier Ochoa, van 4 jóvenes recién ordenados: Mariano Gazpio, Luis Arribas, Mariano Alegría y Sabino Elizondo. Llegan rebozando juventud, fervor misionero y grandes esperanzas.
El padre Ochoa es nombrado superior. Inmediatamente se desplaza con el padre misionero que vivía allí  para conocer todo el territorio. Más tarde contará las anécdotas del viaje: sed, hambre, noches pasadas sobre un jergón en el patio, perdidos en un laberinto, etc.
Comienzan el estudio del chino, y como no hay tiempo que perder, en cuanto van haciéndose entender, comienzan a realizar alguna salida desplegando su celo misionero y van estableciéndose en las diferentes veredas. 

Resumen realizado por Elsa Gómez, del folleto No. 2 escrito por Mary Carmen Calvo

22 de noviembre de 2016

PROYECTO DE FORMACIÓN INICIAL Y PERMANENTE

En el encuentro de noviembre en la provincia de San Agustín después de un arduo discernimiento quedaron aprobados tres proyectos de provincia. Quiero presentarles en síntesis el Proyecto de Formación Inicial y Permanente. Y todo ello, a partir de los elementos congregacionales cuyos antecedentes parten del último Capítulo General y del Encuentro de Formadoras de 2012. 
Pidamos al Señor para que nuestra provincia se renueve y revitalice a la luz de una Formación integrada y cuyo eje transversal sea el discernimiento en todas las etapas. 



























 ¿¿¿Y, NUESTROS SUEÑOS???...

...SOÑAMOS CON UNA CONGREGACIÓN QUE...(CLICA EN ESTE VIDEO)


NIEVES MARY CASTRO PERTÍÑEZ. MAR