31 de mayo de 2013

Algunas actitudes para construir comunidad

1.      Respeta a las personas –aunque tengan sus taras, poca cultura…-, sin intentar jamás manipularlas para tus fines personales. El respeto sincero y profundo hacia los otros miembros de la comunidad es una actitud fundamental de cara al proceso de crecimiento y maduración de la misma.
2.      Acepta a tus hermanas como son, sin intentar que sean como te gustaría que fuesen. Todas tienen derecho, como tú, a ser ellas mismas, a ser “diferentes”. Y tienen a su pesar, como tu, defectos de los que no es fácil desprenderse.
3.      Alaba con naturalidad las cualidades de tus hermanas de comunidad, y celebra sus aciertos, tanto en su presencia como en su ausencia. Haz de esta alabanza, objeto de oración gozosa. Esta actitud da cohesión a la comunidad y la fortalece. Es contrario a ello envidiar, querer sobresalir sobre los otros, dominar, creerse superior, ignorar lo que otros hacen.

4.      Cultiva la educación en las relaciones comunitarias, con sencillez y naturalidad. Pide las cosas por favor; si haces algo mal, solicita perdón y rectifica en lo posible. Agradece a los demás sus pequeñas o grandes atenciones para contigo o para con la comunidad y trata de tenerlas también con todos.

5.      Acoge, estimula, ayuda, sonríe, defiende, aplaude, alienta, gratifica…a tus hermanas. Esto influye siempre positivamente en la convivencia, en el trabajo común y fortalece los vínculos internos de la comunidad religiosa. Y no olvides que la corrección fraterna nunca debe brotar como un desahogo de la cólera o de la molestia personal. Es una expresión de amor al otro y debe hacerse en un ambiente de confianza y cariño. No se le puede hacer el bien a quien no se le quiere bien.

6.      Sé, diáfana, veraz, auténtica, consecuente…No te permitas la doblez, la falsedad, la mentira, las máscaras… La convivencia verdaderamente humana se edifica por y sobre la verdad y desde la sinceridad.

7.      Vive las alegrías y tristezas de tus hermanas  como tuyas. Haz tuyos sus problemas y preocupaciones. Gózate de los triunfos de la comunidad y de sus miembros, como tuyos propios.

8.      Procura amar y servir a fondo perdido, sin pasar facturas, ni cobrar comisiones, sin exigir respuestas, lejos de una actitud mercantilista. La amistad, el servicio, el amor, son gratuitos.

9.      Ama lealmente. El amor leal es el que se ofrece en libertad a alguien a sabiendas de la posibilidad, o más aún, de la certeza, de no ser correspondido. Nunca te coloques en el centro de tu comunidad, ése no es el sitio del que sirve, ni del que ama.

10.  Acepta y ama a tus hermanas por ellas mismas, no por el provecho que puedan reportarte. Interésate por tus hermanas con sinceridad, aunque en ocasiones o con frecuencia no se interesen por ti o por tus cosas.

11.  Esfuérzate por comprender, perdonar y olvidar los roces, malentendidos y conflictos que se hayan producido en la comunidad o con alguna hermana. Son inevitables. Es muy perjudicial para la persona y funesto para la comunidad, guardarlos, rumiarlos, darles vueltas.

12.  Acoge al otro metiéndote en su pellejo, aunque esto sea difícil. Acepta, escucha, comprende, anima y sirve en la medida de lo posible. Esto es amor.

13.  Cultiva con interés el buen humor, la alegría, el optimismo. De esta manera cooperas al bienestar de la comunidad. Ésta, necesita del gozo compartido, del sentido festivo de la vida, para hacer más sencilla y agradable la convivencia.

14.  No critiques jamás la conducta de los miembros de tu comunidad, y menos a sus espaldas. No airees sus defectos. ¿Quién no tiene defectos? Si criticas reflexiona un momento porqué lo haces, ¿será que tienes esos mismos defectos? ¿Será que tienes una muy baja autoestima? ¿Será que tienes envidia y deseas estar por encima de esa persona?

15.  Empéñate en descubrir las cualidades de tus hermanas. Es muy posible que sean mucho mayores que sus defectos.

16.  Expresa tu fe con naturalidad y sencillez. Ora y ayuda a que ore la comunidad. Vive de una manera activa la liturgia, la Eucaristía, las celebraciones. Valora lo que hacen tus hermanas en este sentido.

17.  Trabaja para que tu comunidad sea abierta, acogedora. No propongas temas que tengan un trasfondo de exclusión de personas o grupos.

18.  Arrima el hombro a las cargas de otros. Sé paciente, afable, no tengas envidia. No te jactes ni te engrías, no monopolices la conversación ni te pongas siempre como ejemplo. No te exasperes ni lleves cuenta del mal.

Por este camino se construye una auténtica comunidad cristiana y religiosa.

28 de mayo de 2013

Carisma MAR


Misioneras Agustinas Recoletas... un don del Espíritu Santo a la Iglesia y al Mundo.
 Anímate a ser parte de esta Gran Familia!!!



27 de mayo de 2013

Plegaria de la fraternidad


                     Te alabamos Padre,
porque eres tú el que nos unes
respetando nuestras diferencias,
El que construyes nuestra comunidad pequeña
porque tú disuelves
nuestras resistencias mutuas,
nuestras agresividades e impaciencias,
nuestros egoísmos que nos distancian.
 Te alabamos Padre,
porque me sales al paso  en mi comunidad,
porque me salvas por ella,
porque en ella me educas al amor y a la libertad,
cuando me olvido de mis pequeños intereses
y aprendo de ti lo que es amar.
 
  
Gracias Padre,
porque la palabra clave ya no es
Ni “yo”, ni “mío”, sino “nosotros” y lo “nuestro”.
Al encarnarse tu Hijo en la tierra
en nuestra tierra, en nuestros corazones,
estableció y establece la comunidad.
El nos llama a todos en una misma dirección,
El es el fundamento de nuestra Comunión.
En él caminamos juntos
en dirección a nuestro ideal y utopía
y nos une con lazos más fuertes que la muerte
y que nuestras simpatías naturales.

 
 
 En cada Eucaristía nos recuerdas
que no estamos solos, que somos Iglesia,
Comunidad de muchas comunidades como la nuestra.
 Haz que seamos una comunidad
abierta al mundo y a los hombres
para ensanchar tu Reino de fraternidad Universal.


25 de mayo de 2013

Celebraciones Comunitarias

Para mí, los dos momentos más significativos de esta semana fueron: la vigilia de Pentecostés y la hora santa del jueves.
En la vigilia, las lecturas y las reflexiones, fueron profundas, sugerentes; los símbolos de cada uno de los dones, fueron muy expresivos e iluminaron y encendieron la voluntad de dejarle el campo abierto al Espíritu Santo para que siga haciendo su obra.
El tema de la Hora Santa:”Caminar humildemente con mi Dios”. Era la invitación a ir día a día, momento a momento con Él, sintiéndome creatura amada, bendecida y amorosamente perdonada.
María, mujer del silencio y la escucha y sobre todo, mujer agradecida, nos enseña cómo el humilde siempre sabe agradecer al Señor y eso hace rebosar de alegría. Por eso está también disponible, deja la puerta del corazón abierta para que los que necesiten algo se atrevan a entrar; comparte su tiempo con quien lo solicita y hace planes flexibles que pueden ser cambiados por otro Plan mayor. La disponibilidad lleva necesariamente a caer en la tierra y hace que brote de nosotros una vida que jamás hubiéramos pensado.

Hna. Cecilia Sánchez Ramos.


 Todo dispuesto para la celebración
 Don de Consejo
 Todas llenas del Espíritu Santo
Dones y símbolos
 
Padre envía tu Espíritu
Padre, envía tu Espíritu.
El Espíritu que se cernía al inicio sobre el caos,
el Espíritu que fue dando existencia y consistencia
a todo lo que tu palabra pronunciaba.
Padre, envía tu Espíritu.
El Espíritu que guiaba a tu pueblo,
como nube o como llama,
a través del inmenso desierto,
hacia la tierra prometida.
Padre, envía tu Espíritu.
El Espíritu capaz de transformar en carne
los corazones de piedra;
el Espíritu capaz de convocar y dar vida
a los huesos descarnados,
esparcidos por el valle del silencio y del olvido.
Padre, envía tu Espíritu.
El Espíritu de tu Hijo Jesús,
porque El nos lo prometió.
Que fecunde nuestras vidas,
como fecundó las entrañas de la Virgen María;
que nos llene de vida,
como inundó de vida el sepulcro de Jesús;
que nos llene de coraje,
como lo hizo con las legiones de mártires y santos;
que nos recuerde y enseñe las palabras de Jesús,
para  entenderlas, vivirlas
y anunciarlas a los hombres, nuestros hermanos.
Padre, envía tu Espíritu a nosotros,
y a tu Iglesia extendida por doquier.
 
 

 

22 de mayo de 2013

Cali nos da la bienvenida!


Ayer, lunes, 20 de mayo, la hermana Olga Vega y las novicias Brenda Ovalle y Yolenny Ramírez viajamos a Cali, Valle del Cauca, para apoyar y colaborar en la realización de la Semana Vocacional que se lleva a cabo en el colegio Nuestra Señora de la Consolación, así como para realizar un trabajo de investigación acerca del Convento de la Merced y la riqueza histórica que guarda dentro de sus muros.
Aterrizamos alrededor de las 2:40 de la tarde y ya nos esperaba la hermana Sofía Espinosa, que nos condujo hacia la Comunidad de “El Limonar” donde tuvimos la oportunidad de saludar a nuestras hermanas mayores, que con sus sencillas miradas, movimientos y palabras compartían el gozo de la visita.
Después de una pequeña reunión con las encargadas de la Semana Vocacional, conocimos las instalaciones del colegio. Hacia las 6:00 pm disfrutamos de un interesante recorrido a través de algunas de las avenidas principales de la ciudad para llegar al Convento de la Merced, un lugar que encierra mucho de la historia e identidad de las Misioneras Agustinas Recoletas.
Allí también las hermanas nos recibieron cálida y fraternalmente. Después de la comida, un rato de recreo y el rezo de completas, nos fuimos a descansar.
Iniciamos el martes compartiendo la oración matutina a los pies de la Virgen de los Remedios, y la Eucaristía en la Iglesia de la Merced. El resto de la mañana ha sido un grandioso regalo: el encargado del Museo, Alejandro Archila Castaño, nos ha ofrecido un detallado recorrido por las instalaciones del Convento, sus dependencias, el Museo Arqueológico e incluso una parte de la Casa Arzobispal.
Damos gracias a Dios por esta experiencia que nos ayuda a apropiarnos de nuestras raíces y a reconocer el paso de Dios en la familia MAR. Desde aquí les seguiremos compartiendo. Dios les bendiga.
 Llegando al Aeropuerto de Cali, con la Hna. Rosita.

 Algunas Hnas. de la comunidad "El Limonar"
 El Colegio nos da la bienvenida
 Nuestra Señora de la Merced
 El hostiario del convento

21 de mayo de 2013

El Espíritu como compañía de Dios (III)


3.      Riega, sana, lava, doma, guía.
La compañía es lo único que puede transformar a la persona humana: no la imposición externa, no el poder avasallador, no el mandato rígido. “Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro”. No transforma el dogma, ni la moral, ni el culto, ni la institución, sino el Espíritu Santo, que es inseparablemente donación divina y experiencia humana de acogida. Esta es la razón por la que toda pastoral, toda evangelización, toda presencia en el mundo, en suma, la vida entera del creyente en la historia solidaria y única de la humanidad entre la Pascua y la Parusía ha de tener la forma de “Espíritu Santo”, ha de tener forma de compañía, cercanía, acogida.
El Espíritu Santo denuncia silenciosamente, desenmascara discretamente nuestros empeños por apresar y retener a Dios en la Ley y la fuerza: la engañosa necesidad de tenerlo todo bajo control y de sentirnos en orden, la ansiedad y la amargura de la perfección, la búsqueda y la complacencia en nuestros éxitos, el secreto gusto del poder, la falsa seguridad de sistemas e instituciones, los anhelos inconfesados o falsamente sublimados de conquista…Rigidez, herida, mancha, rebeldía, hielo, extravío: nombres e imágenes de nuestro pecado radical, tanto más radical cuanto que adopta a menudo formas y legitimaciones religiosas. Un pecado que nos desborda y excede. “Cuando él venga, pondrá de manifiesto el error del mundo”. El error que consiste en cerrarse a la lógica del don y que adquiere especial actualidad y gravedad en los que nos decimos creyentes.
Pero el Espíritu es “manifestación del pecado salvado” (Juan Pablo II), es desenmascaramiento del pecado en cuanto perdonado y transformado en raíz. “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5,20). El Espíritu riega, sana, lava, infunde calor, doma, guía. El Espíritu es así esa mano discreta de Dios presente en la historia, que ha ido “acostumbrándose a habitar en el género humano y a alojarse en los hombres y a habitar en el barro plasmado por Dios, obrando en ellos la obra del Padre y renovándolos de lo viejo para la novedad de Cristo” (San Ireneo). El Espíritu es testimonio permanente de que la gracia es en el ser humano y en la creación entera màs original que el pecado, de que tiene más futuro el perdón y la gratuidad que el interés y la venganza.
El Espíritu es la credibilidad de Dios, porque sólo es creíble el poder de un Dios “débil” y la grandeza de un Dios “menor”. Sólo es creíble un ¨Dios que es amor, cuya misma ausencia no es sino la forma del Amor que se entrega y se “pierde”. El Espíritu es esa pedagogía de Dios que nos conduce a reconocer lo inútil de nuestros empeños religioso, lo vano de nuestros programas de evangelización, y que así va afianzándonos en la fe del Amor que nos acompaña universalmente.

El Espíritu es, en suma, la compañía que Dios ofrece a la historia entera como puro don y gratuidad. El nos impide desesperar del ser humano, de toda criatura, de toda la historia. El nos impide inhibirnos de nuestra tarea, nuestra vocación: en este tiempo entre la Pascua y la Parusía hacer visible y palpable la presencia de Dios; ser sacramentos del Dios Espíritu, siendo compañía cercana, callada, indiscriminada, ser portadores de una “esperanza vicaria para todas las criaturas afligidas” (J. Moltman), ser testimonio de que la gracia de ser hijos y hermanos es mayor que la “tristeza de ser hombres”.

Elsa Gómez

El Espíritu como compañía de Dios (II)


    2.      Don en tus dones espléndido
Si tuviésemos  que ganarnos esa compañía, y si la tuviésemos que sostener, de ninguna manera sería “dulce”: estaríamos condenados al empeño desesperado por conseguirlo y al miedo desesperado de perderlo. Ahora bien, el Espíritu Santo es la compañía gratuita de Dios, es la gratuidad de Dios, es Dios mismo en cuanto gratuidad y don. El Espíritu es el entregado “por antonomasia” desde que Jesús “entregó el Espíritu”(Jn19-30); es “el amor derramado en nuestros corazones” (Rm 5,5) en forma de sangre y agua, de cruz y de bautismo.
Del Espíritu se habla en lenguaje de súplica y de don gratuito: “Yo rogaré al Padre, para que os envíe otro Paráclito, para que esté siempre con vosotros”. “Si conocieras el don de Dios”. El dador es Dios y Dios mismo es el don. El don que no se compra, ni se merece, ni se recibe en trueque. La Cruz, la Pascua, la Ascensión, Pentecostés, constituyen un único misterio: que Dios es Espíritu, que la gratuidad es la última verdad de Dios.
Dios ni siquiera exige que sus dones sean reconocidos, ni siquiera exige ser reconocido como don (ésta es una necesidad nuestra, no una exigencia de Dios). Dios es Espíritu, es decir, comunión y comunicación; comunión que no desdeña el “profanarse” y derramarse en el mundo, hacerse universal y anónimo (la religión es una necesidad para nosotros, no para Dios). Las religiones (empezando por la nuestra) se conciben y se organizan a menudo como si lo propio de Dios fuese recibir y tomar, exigir e incluso arrancar lo que le es debido, cuando lo propio de Dios es derramarse en puro desinterés.
Dios en cuanto Espíritu, en cuanto “don espléndido”, es también nuestra última realidad, nuestro origen y nuestra esperanza: somos en cuanto destinatarios y sujetos de un regalo. De manera que el secreto de la existencia no es el esfuerzo voluntarista, sino la disposición a recibir gratuitamente y a dar gratuitamente. Esta misma sensación dolorosa de la ausencia de Dios (en la “duda de fe” y, más radicalmente aún, en un mundo inhumano) es una huella de la gratuidad de Dios y una llamada apremiante a inscribir en el mundo la huella de la gracia que es Dios.
Así podemos invocar y esperar el Espíritu como “dulce huésped”. ¿No nos dice ya la experiencia humana, la más digna de ser llamada humana, que “el merecimiento sólo está en los ojos de quien ama? El Espíritu Santo, don de Dios y acogida creyente, es la forma y la realidad plena de esta experiencia humana.

Continuará...

17 de mayo de 2013

San Alipio, patrono de nuestros recreos comunitarios**


Desde hace unos meses San Alipio, amigo entrañable de San Agustín, se ha convertido en un aliado inigualable, amenizador de un espacio que para nosotras es de suma importancia: los recreos comunitarios de cada noche.
Precisamente ayer, día en que celebrábamos su memoria, preparó para nosotras una velada muy especial en la que con cantos, dinámicas y hasta un improvisado “amigo secreto” nos animó a reconocer la importancia de la vida comunitaria.
La actividad inició con un canto de saludo que nos ayudó a entrar en sintonía con la celebración. Luego se invitó a cada hermana a reconocer y expresar en una acción de gracias el bien que la  comunidad ha hecho a su vida y los aportes de cara al seguimiento de Cristo;  se agradeció, entre otras cosas, la riqueza de la interculturalidad, la ampliación de criterios surgida de la confrontación de ideas; la acogida, el aprender de la otra, el apoyo en el crecimiento, la humanización, la alegría y la apertura a las nuevas experiencias.

Ese gesto, que de alguna forma se extendía a cada una de las misioneras agustinas recoletas alrededor del mundo, se vio después concretizado y personalizado en el juego del “amigo secreto”: se sortearon los nombres de las hermanas y  cada una debía crear una tarjeta para regalarla a quien le correspondió. La creatividad fue impresionante, junto a  las palabras que reflejaban el hondo sentir de nuestro corazón.
Después de realizar la entrega de la tarjeta comentamos qué nos había parecido la dinámica. Era sorprendente darnos cuenta de que partiendo de los mismos materiales cada tarjeta tenía un sello distinto. Así es para nosotras la vida comunitaria, somos un grupo de mujeres movidas por un mismo Amor, Jesús, donde cada una aporta los dones que Dios le ha dado de una forma única y peculiar que nos ayuda a caminar con “una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios”.  
Las tarjetas
 
La Hna. Cecilia mostrando su regalo
 
Creando...


**Claro está que siempre se vale de una que otra hermana para animar nuestros encuentros.
 

¡Bendecidas Vacaciones!


Estos son los profundos deseos de la comunidad del Noviciado para nuestra Hna. Nieves María Castro Pertíñez quien el día de ayer viajó, hacia su patria terrenal, España, para compartir la experiencia de Dios en su vida con sus familiares, y de manera especial con su madre Asunción Pertíñez, las hermanas de la Congregación y los amigos.

Las Hnas. Elsa Gómez, María de la Paz Güendica, Sandra Escobar y las novicias Yolenny Ramírez y Brenda Ovalle, la acompañamos al aeropuerto para despedirla y manifestarle nuestra alegría por todo aquello que va a vivir entre sus familiares y conocidos, como también la ilusión de su pronto regreso.

 Queremos agradecer también la visita de la hermana Lucelia Ramírez quien ha venido a Colombia para vivir un tiempo de vacaciones; el día de ayer estuvo en nuestra comunidad acompañada de sus hermanas Rubilia y Aliria.  Fue un momento de compartir fraterno en el que pudimos enterarnos de los aconteceres de la viceprovincia Santa Mónica.

 Actualmente la Hna. Lucelia vive su consagración en la misión de Atapirire, Venezuela, testificando la obra salvadora de Dios en ella y sirviendo a sus hermanos y hermanas.  Este tiempo de descanso trae consigo el festejo de los 50 años de fidelidad a la llamada de Jesús, o como usualmente decimos: las Bodas de Oro.

Oramos para que ambas vivan unas bendecidas vacaciones.

 
“Pasó haciendo el bien…”Hch 10,38

 La vivencia de estar en el aeropuerto me hizo pensar un poco: los sentimientos a flor de piel, las maletas transitando casi solas, los letreros, los trabajadores, las pantallas anunciando destinos profundamente significativos para los viajeros…

Interiormente nacemos con este ambiente físico descrito, nacemos para peregrinar, nacemos para el cielo, nacemos con profundos deseos de la trascendencia y a ejemplo de Jesús, en nuestra condición nacemos para hacer el bien mientras caminamos a nuestra morada primera y última.

Es precioso reconocer que nuestro destino es la Vida plena y eterna en Dios.

Nunca en el corazón humano se apagará la inquietud de la cual comenta S. Agustín que moviliza nuestros corazones a vivir en el que los ha creado: “Señor Tú nos hiciste para Ti y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en Ti”

16 de mayo de 2013

El Espíritu como compañía de Dios (I)


La pascua entraña el gozo de un reencuentro, pero también el dolor de una ausencia. Es manifestación y ocultamiento, permanencia y despedida. Mañana de Pascua y día de Ascensión. El Señor se va y se queda, se queda con nosotros para siempre yéndose a Dios, mejor, al Padre. A este simultáneo retorno del Crucificado al Padre y a los suyos llamamos Espíritu Santo.  Es el nombre pascual de Dios: el “nosotros” de Dios y el “Dios con nosotros”, el invisible presente y el ausente palpable. El Espíritu Santo es el gran don y la gran vocación del creyente.

Reflexión. Nos pueden servir el evangelio de Juan 16,5-15 y los siguientes textos.

1.      Dulce huésped del alma.

La pascua no significó para los discípulos el cumplimiento de lo esperado. Significó más bien un anticipo, una garantía. Nos lo dice particularmente el autor de los Hechos de los Apóstoles: tras la Pascua, los discípulos siguen preguntando: “¿Vas a restablecer ahora el reino de Israel?” (Hechos 1,6). Palabras pascuales que siguen siendo interrogante, que denotan no sólo una expectativa, sino también una vacilación. Pentecostés les permitirá ir construyendo la historia cristiana en la confesión y la esperanza, en la confesión de la Pascua y la esperanza de la Parusía.

Nuestra situación es la de los discípulos cuando Jesús se va: huérfanos de Dios, huérfanos del Reino. Nos duele el silencio y la pasividad de Dios cuando tantos gritos reclaman su voz, su intervención. Nos duele la ausencia del Reino, tan proclamado y prometido. Pero esta ausencia padecida ¿no lleva ya en sí la huella de una presencia velada? Este silencio doloroso ¿no es eco de una voz entrañable? La ida de Jesús, ¿no es la ida de quien entrega la vida, de quien muere porque ama?

Sí, y ésa es precisamente la razón por la que su muerte fue paso, Pascua hacia el Padre. Jesús murió no sólo porque le quitaron la vida, sino porque la dio; dio su vida por el Reino anunciado, y dio su vida en la confianza del Abbá. Murió olvidado de sí, acordándose sólo del Reino y del Padre. La fe pascual proclama que el Padre se acordó de Jesús y lo resucitó, de manera que el Crucificado Resucitado se ha convertido en Primogénito, en primicia del Reino. La memoria fiel de Dios ha identificado a Jesús Crucificado y Resucitado con el Reino. “Si Jesús, fascinado por el Padre, se olvida de sí mismo, Dios ¿recuerda? al Jesús histórico, y el resultado de este recuerdo divino es la resurrección y la parusía: Dios mismo identifica con Jesús de Nazaret, al Crucificado.

De manera que Juan tiene razón al identificar Cruz y Gloria, Muerte y Pascua, ida y retorno de Jesús. Tiene razón al poner aquellas palabras en boca de Jesús en vísperas del gran silencio y de la gran ausencia: “No os dejaré huérfanos; volveré a estar con vosotros” (Jn 14,18); tiene razón al hacer decir a Jesús en la víspera de su muerte: “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré” (Jn 16,7). Jesús crucificado vuelve en forma de Espíritu Santo, en forma de amor de Hijo entregado hasta el fin, entregado en la confianza sin fin del Padre.

Dios sigue acompañando la historia precisamente a través de esta ruptura del la muerte, precisamente a través de la soledad y la ausencia que crea. La misma soledad y ausencia son indicios –por negativos y dolorosos que sean estos indicios- de una compañía, una intimidad, una proximidad indeleble. “Ya no somos ni tú ni yo, sino una tercera persona que es `nosotros´. ¿Qué otra cosa es el Espíritu Santo sino el “nosotros” de Dios, a cuya compañía definitiva somos incorporados? El Espíritu Santo es el “nosotros” restablecido en Dios cuando el Amor entregado por Dios al mundo se hace en Jesús Amor que se entrega al Padre. El Espíritu Santo es la eterna compañía de Dios que nos es ofrecida y en la que somos eterna y universalmente acogidos: todo ser humano, toda criatura, toda la Creación.

En toda soledad y abandono, podemos clamar con la confianza más sencilla: "Ven, dulce huésped del alma”. En nuestra vida muy poco pascual, en la Creación que gime con dolores de parto, la verdad última es, a pesar de todo, es íntima compañía de Dios como Espíritu que acompaña nuestra soledad y gime con nosotros. “Vive en vosotros y está en vosotros” (Jn 14,17).
Continuará...

15 de mayo de 2013

FELIZ CUMPLEAÑOS MARTHA

 Hoy ha sido fiesta doblemente en la comunidad del Colegio Ntra. Sra. de la Consolación de Bogotá. Las hermanas, educadoras, estaban celebrando el Día del maestro. Además, nuestra Hna. Martha Solange está cumpliendo años. La comunidad del Noviciado compartió el ágape fraterno. Pasamos un tiempo sabroso al calor de la fraternidad. Que Dios te colme de bendiciones Martha!!!!!!!


 

DIOS NOS HABLA DÍA A DÍA


 

 
Desde la experiencia en Barranquilla el Señor me ha ido hablando de su gran bondad, amor, ternura…y desde los distintos lugares apostólicos,  temas que atañen a lo más profundo y misterioso del Ser humano, como en el caso del ancianato. Al compartir con los adultos mayores, escucharlos, leerles;  uno se da cuenta de su sabiduría pero también de su sufrimiento, sorprendiéndome sobre manera el hecho de que unos asuman su vejez de una forma tan tranquila, otras un poco trágica; otros de una manera amargada y triste, otros alegre y llenos de paz, y he llegado a la conclusión, que no es resultado de un momentico, sino que es consecuencia de toda una vida, de todo un recorrido. Eso me hace pensar también en el hecho de que cada día ellos aceptan su muerte de una forma muy natural; cada uno la espera como una realidad y digo yo, aunque uno esté joven no sabemos el día y la hora ¿Cómo la estoy asumiendo? ¿Sobre qué estoy construyendo, para que mi ser irradie verdadera paz y alegría? Y me respondo, estoy construyendo sobre el Señor y cada día debo de presentarle mi pequeñez para que Él vaya tomando cada día más mi ser integral y así cada palabra, gesto y demás manifieste su amor. En este aspecto también me he dado cuenta lo importante que es para un ancianito así sea una palabra, un ratico de lectura, una información, una visita, eso lo anima y le da vida, sobre todo temas espirituales que son los más escasos de escuchar. De eso mismo me he encargado con la gracia de Dios y es hermoso ver como se llenan de alegría y agradecimiento.

En el colegio resulta cuestionante cuando los niños están sumidos en la violencia traída desde sus hogares, desde su mismo ambiente cultural, saber que a la primera respuesta ante algo que les resulte incomodo es el golpe o la venganza, dándose desde los más pequeños hasta los más grandes. En medio de esto está la evangelización a través de la Infancia Misionera, de la pastoral, que tiene proyectado para cada mes un mensaje a nivel de formación cristiana. Los niños en realidad nos sorprenden, así como unos son atentos otros no tanto, sin embargo mi consuelo es la misma Palabra de Jesús en donde nos llama a no desmotivarnos sino a seguir adelante, firmes, sabiendo que ninguna palabra vuelve sin ser fecunda sin producir fruto y aunque la otra persona se muestre fría la Obra es del Señor y los resultados los dejamos en sus manos.
En el Hogar de niñas “hermano Policarpo” se expresa el amor enfocado en las obras de cada día, desde un gesto, palabra, acción. Por este lado, he tenido más la oportunidad de enseñarle a las niñas, de dedicarles tiempo más que todo a las que se les dificulta el aprendizaje, no tanto porque tengan alguna discapacidad sino porque les falta concentración, paciencia y dedicación.

Bien sabemos que todo esto lo anima, sostiene, fecunda y hace crecer solo el Señor, pues buscamos "Solo a Él darle el Honor y La Gloria".
Para terminar quiero compartir un acontecimiento que estremeció a la Iglesia Colombiana y más concretamente a la de Barranquilla y es el del asesinato cruel del Pbro. José Valle Bayona el cual fue encontrado la semana pasada con 17 puñaladas… Las hermanas para unirnos a este acontecimiento fuimos a las exequias que se dieron en la catedral el día miércoles 08 de Mayo  en las horas de la mañana. Me hizo meditar mucho este acontecimiento, el signo de entregar la Vida y lo distinto que se hace la muerte de alguien que supo donarse a Dios y ser signo de contradicción en muchas ocasiones, por la misma realidad del barrio donde estaba ubicada la parroquia, que muchos afirman es la cuna de las pandillas de aquí de Barranquilla. ¿Señor, será que estoy preparada? Estas son cosas que son necesarias preguntarse para así crecer en esa vida de donación constante y desinteresada desde nuestra opción como es la Vida Consagrada.

Me alegra mucho poderles compartir alguito de lo que el Señor me ha ido mostrando en este tiempo. Dios los bendiga.
Jessica  López Mejía. Novicia

14 de mayo de 2013

PASCUA ES DISFRUTAR


¿Qué es disfrutar?
«Os he dicho esto,
para que mi gozo esté en vosotros,
y vuestro gozo sea colmado.»
Juan 15,11
Herido por el pecado, el hombre encuentra ambiguas las cosas que Dios, cuando creó, «vio que eran buenas» (Gén 1, 31).
Por sus solas fuerzas el hombre no logra resolver esta ambigüedad. A menudo escoge el mal que no quiere, y con frecuencia prefiere un mal dulce a un bien arduo.
Es por ello por lo que, cuando quiere levantarse sobre sí mismo y su mediocridad, el hombre tiene que aprender a decirse «no», esto es, tiene que negarse a sí mismo: abnegarse. Este esfuerzo, esta renuncia supone sufrimiento y, concretamente, implica no disfrutar bienes inmediatos, en búsqueda de bienes mayores, aunque sean posteriores. En el límite, su mirada se fija en lo que no ve, y su mente casi se ve obligada a despreciar lo que ve.
Sin embargo, si esta actitud se exagera, fácilmente caemos en el desprecio del goce, de la alegría, del disfrute. Para muchos, creyentes o no, parece claro que la fe cristiana implica renunciar los placeres, y concretamente, a aquellos que tienen que ver con el cuerpo.
Pero, ¿se corresponde esto con el mensaje de la Biblia, que ya desde la primera página nos habla de que las cosas son buenas en sí mismas, y que por consiguiente su mal sólo puede estar en el uso que se les dé? ¿Se corresponde con nuestra fe en que resucitaremos con cuerpo, con un cuerpo espiritual, semejante al cuerpo glorioso de Cristo? ¿Se corresponde con la invitación de san Pablo: «gozaos en el Señor; os lo repito: gozaos» (Flp 4,4)? Desde luego que no. Y esto quiere decir que nosotros los cristianos tenemos que aprender a disfrutar, a ser felices sin recaer en el pecado. Aún más: necesitamos aprender a evangelizar con nuestra alegría y a reeducar al mundo que cree que para disfrutar hay que pecar.
Como una guía inicial, podemos ofrecer algunos criterios:
Siempre podemos disfrutar:
-QUE DIOS SEA MAS CONOCIDO Y MAS AMADO;
-La dicha de conocerlo, de pronunciar su Santo Nombre, de creer en él, de esperar en él, de amarlo a él;
-La paz de una buena conciencia;
-La gracia de poder arrepentirnos y de contar con la misericordia de nuestro Salvador, reclamando con humilde fe la Sangre de Jesucristo Crucificado;
-Poder hacer algún bien a nuestros hermanos;
-Tener todavía tiempo para convertirnos y para ayudar a que otros se conviertan más y más a él;
-Existir, ser, haber sido pensados y creados por el Dios Santo, Bueno, Sabio, Fuerte y Misericordioso.
Casi siempre podemos y debemos disfrutar:
-La VIDA y la SALUD, si así es voluntad de Dios;
-Contar con amigos, si lo son en el Señor;
-Poder conocer más sobre el mundo, la historia y la naturaleza;
-Tener un lugar donde vivir, y vestido con qué cubrirnos, y alimento para reparar nuestras fuerzas;
-Un trabajo, si con él hacemos mejor el mundo a gloria de Dios;
-El descanso merecido, que sigue a la labor;
-La belleza de la naturaleza, del color y del sonido, de la noche y del silencio;
-Tener una cierta estabilidad social y familiar de cara al futuro;
-Para quienes han conformado un hogar, el engendrar y educar la vida de los hijos.
Sólo con moderación y discernimiento, según el propio estado de vida, hemos de disfrutar:
-Ser estimados, reconocidos, tomados en cuenta;
-Las ventajas de la tecnología;
-Poder servir mediante el gobierno y la autoridad;
-La comodidad de un lugar;
-El aroma de un perfume;
-El sabor de los manjares;
En cambio, nunca debemos disfrutar:
-Del PECADO, aunque parezca deleitable;
-De la venganza, aunque nos parezca «justa»;
-Del mal ajeno;
-Del dinero o los bienes mal habidos;
-Del tiempo para siempre perdido.
¡Enséñenos la alegría de la Pascua cuál es nuestra verdadera alegría!
REFERENCIAS DE LA SAGRADA ESCRITURA
La palabra griega para/deisoj (parádeisos, de donde proviene nuestro “paraíso”) es un calco del persa pardes, que significa “huerto”. Ahora, dadas las condiciones climáticas y ecológicas de las culturas del Medio Oriente, que empezaron a utilizar el término, hallar un huerto era más que encontrar un simple jardín o huerto. De su admiración y solaz por la vida y la belleza en medio del desierto nació la idea de paraíso como “lugar deleitable”.
En las religiones del Medio Oriente, los dioses son representados según el modo de vida de los poderosos de esta tierra, y por eso se los imagina viviendo con delicia en palacios rodeados de huertos, por los que corre el agua de la vida, donde brota también, entre otros árboles maravillosos, el “árbol de la vida”, cuyo fruto alimenta a los inmortales…
Estas imágenes, purificadas de su politeísmo, se aclimataron en la Biblia: según las convenciones de su antroporfismo estilístico, no se tiene reparo en evocar a Dios “paseándose a la brisa del día” (Gén 3,8); el huerto y sus árboles son incluso citados en proverbio (Gén 13,10; Ez 31,8s.16ss). Toda esta imaginería resulta útil para describir el estado primitivo del hombre y su primigenia caída, y por consiguiente para describir la parte más dura de su existencia actual y su anhelo de una vida plena, fácil, feliz, apacible.
 Por esto la Sagrada Escritura abunda en descripciones paradisíacas de la felicidad que trae —y sobre todo que traerá— la salvación de Dios. En realidad toda la Biblia es como un cántico a este paraíso perdido por el pecado y recuperado, con creces, por la gracia. Así, si los pecados del pueblo han hecho de su morada en la tierra un lugar de desolación (Jer 4,23), en los últimos tiempos Dios lo transformará en el huerto de Edén (Ez 36,35; Is 51,3). En este nuevo paraíso, el cielo,  —fruto de la redención y ya no del puro esfuerzo humano— las aguas brotarán del templo de Dios, y a sus márgenes crecerán árboles maravillosos para alimento y curación del pueblo elegido (Ez 47,12). Así el camino hacia el árbol de la vida volverá a abrirse para los hombres (Ap 2,7; 22,2: en contraste con Gén 3,24). Entonces habrá maravillosa fecundidad de la naturaleza (Os 2,23s; Am 9,13; Jer 31,23-26; Jl 4,18); paz universal, entre los hombres (Is 2,4) y con toda la naturaleza (Os 2,20; Is 11,6-9; 65,25); gozo sin mezcla de amargura (Jer 31,13; Is 35,10; 65,18); supresión del dolor y de la muerte (Is 35,5s; 65,19; Ap 20,14; 21,4); victoria sobre la antigua serpiente (Ap 20,2s.10) y entrada en la vida eterna (Dan 12,2; Sab 5,15; Ap 2,11; 3,5).