31 de octubre de 2014

FELICIDADES

El Noviciado se alegra por el cumpleaños de la Hna. Jessica López, agradecemos al Señor por su vida y vocación.

Le mandamos un abrazo fuerte, seguimos orando a Dios para que cada día la llene de bendiciones y le conceda el poder reafirmar su SÍ con una mayor plenitud.

¡¡¡FELICIDADES!!!


30 de octubre de 2014

77 ANIVERSARIO DE ORDENACIÓN EPISCOPAL MONSEÑOR FRANCISCO JAVIER OCHOA, OAR

DEJÁNDOME IMPACTAR

Hoy, 31 de octubre, cerramos el mes de las misiones. A lo largo de estos 31 días hemos disfrutado de un santoral espectacular donde los testimonios de tantos santos, unas de clausura, otros mártires, otros misioneros, me han llevado a pensar qué querrá Dios de cada cristiano, en primer lugar de mí.

Indudablemente, la gracia de Dios juega un papel preponderante. Pero, uno se pregunta ¿si ellos pudieron entregarlo todo por la misión, es decir, por el proyecto de Jesús, por qué yo no? ¿Por qué nosotros no?

Mirar estos testimonios me dan escalofríos, me confrontan, me animan, me reorientan; más, ciertamente, necesito de la gracia de Dios. Aunado a esto, hemos visto la película del Beato Pablo VI; ¡impactante también! La santidad se fragua en el sacrificio, en la entrega total, en vivir lo que nos toca vivir abrazados a la cruz de Cristo, desde donde Dios quiere; no desde donde yo quiero. Es por eso que hay una gran invitación a escuchar cada día: su Palabra, como luminaria en el decir agustiniano; los acontecimientos, donde Dios mora en el corazón del hombre; la realidad que me rodea, que a veces no entiendo, pero que tengo que escrutar para dejarme tocar, afectar y aferrar al que todo lo puede.

Por eso, hoy Monseñor Ochoa, mi querido y amado fundador, en tu 77 aniversario de ordenación episcopal, quiero decirte algo:

Tú estás cerrando nuestro mes de las misiones. Yo soy misionera agustina recoleta; lo soy de nombre, de profesión, por un don recibido y lo soy en gran parte, gracias a ti.

Querido Monseñor Ochoa, siempre te he visto como ese hombre de Dios, agustino recoleto; fraterno, enamorado y apasionado por Cristo,  y sobre todo misionero; es decir, aquel que siente el celo por la mies que aún no conoce a Cristo.

Tu experiencia misionera fue Ad Gentes; en el límite, en la frontera; con el extranjero; en tierra de paganos, por decirlo de alguna manera; pero fue una experiencia desde la fraternidad; porque entendiste muy bien qué significa seguir a Jesús, qué significa dejarlo todo, qué significa vivir para la justicia y te dejaste tocar por una impresionante realidad: las niñas abandonadas a los pies de las puertas del convento; y la gran multitud de gentes que no conocían a Cristo. Nosotras nacimos en misión  Ad Gentes: esto no lo podemos negar, y menos aún dejar de priorizar.  

Quisiera Monseñor que echaras una mirada a nuestra realidad. Ciertamente estamos dando pasos. Nos hemos dado cuenta que estamos flacas en el carisma y queremos renovarnos por dentro; queremos volver al primer amor; y por supuesto queremos creer y apostarle a la fraternidad.

Pero, míranos Monseñor un poquito más de cerca. Mira nuestras comunidades, y dinos desde tu corazón si estamos priorizando lo esencial de nuestro carisma, si estamos buscando caminos juntas para estar donde Dios quiere y nadie va; si los pobres son nuestros preferidos; si no nos está dando miedo arriesgar; a perder algo que siempre fue pero que ya no es, y nos está debilitando.

Monseñor, yo quisiera de verdad que tuvieras una palabra asertiva para que nosotras podamos comprender. Sé que me vas a decir que el Espíritu de Jesús Resucitado nos conduce, que lo escuchemos; pero también sé que nos vas a decir que para ser verdaderas misioneras, hay que dejarlo todo; para ser verdaderas agustinas, hay que apostar por el amor y priorizar los espacios compartidos en la fe y la alegría, en los dolores y el perdón;  abriendo las puertas de nuestro corazón y las puertas de nuestras casas para que quepan los hermanos; y que para ser verdaderas recoletas hay que ir a la fuente que es el corazón donde tu moras y solo tu llenas, para repetirnos como el Papa Francisco: que ningún religioso/a, ningún sacerdote, ningún novicio/a busque ningún consuelo y ninguna consolación fuera del Señor

¿Qué nos estará pasando Monseñor? ¿Volveremos a las fuentes para encontrar una palabra tuya que no sea teoría sino praxis? ¿Volveremos al Evangelio para vivir la radicalidad del mismo sin medias tintas? ¿Volveremos a nuestra espiritualidad agustiniana tan rica en interioridad, en conversión continua y en generosidad para estar donde la Iglesia nos necesita?

Monseñor, esto quería decirte desde el fondo de mi corazón. Para mí eres un gran misionero. Te admiro y deseo con todas mis fuerzas ser fiel a este carisma; pero como decía al principio: tengo que ser mendiga continua para pedir la gracia de Dios, porque sola no puedo ya que mi debilidad es muy grande. Asístenos a cada una de las MAR en esta gran necesidad.  
Gracias Monseñor, por  tu testimonio misionero agustino recoleto.

Nieves María Castro Pertíñez. MAR

Nuestra Novicia Miriam Horta nos regala este video que nos recuerda acontecimientos especiales de la vida y misión  de Monseñor F.J. Ochoa




29 de octubre de 2014

TALLER DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN LA VIDA FRATERNA (PARTE 1)


INTELIGENCIA EMOCIONAL



“Capacidad de autodominio, persistencia y automotivar”. Respuesta adaptativa o desadaptativa dentro de un contexto.

Tiene dos dimensiones:
·  Intrapersonal: ver desde nosotros mismos, hacía nuestro mundo interno, ¿Qué ocasionó lo que sentí?
·        Interpersonal: relación con el otro, capacidad de empatía.

Es importante saber  identificar dos tipos de sentimientos y saber poner límites, dónde estoy y dónde está el otro.

ü Contratransferencia: es lo que el comportamiento del otro mueve en mí. Los sentimientos que el otro despierta en mí y lo devuelvo en una comprensión empática, respetando los límites de cada uno.
§                  Erótica: es como el profesor que se casa con su alumna
§                  Negativa: forma violenta

ü Transferencia: Se refiere a los sentimientos que el otro proyecta en mí desde el pasado, lo repetimos para no elaborar dolores del pasado.

Desde este punto es bueno aprender a no engancharnos en los sentimientos del otro.

Mi YO está compuesto por: autoestima, tipo de realidad, mecanismos de defensa (maneras por donde manejo la frustración y la angustia) y límite (capacidad de identificar mi mismicidad  y la del otro).

Aplicamos la inteligencia personal de la siguiente manera:

1. RECONOCER nuestro estado de ánimo para poder manejar con el AUTODOMINIO, es tener equilibrio, buscar cuál es la conducta adaptativa.
Identificando los mecanismos de defensa, el más común es la sublimación (canaliza los sentimientos emocionales), lo hacemos mediante la oración, deporte, arte, música… Normalmente siempre usamos el mismo mecanismo de defensa.

2. CONFLICTO

En términos de la teoría de Sigmund Freud, se dice que una persona tiene un conflicto cuando demandas internas contrarias se oponen.

Conflicto Psíquico. Este conflicto puede producirse por la oposición entre un deseo por un lado y una exigencia moral que le impide manifestarse, o bien por dos sentimientos que se contradicen entre sí, y esta contradicción puede aparecer deformada como síntoma: problemas de conducta, fallas de carácter, etc.
Según el Psicoanálisis el conflicto constituye una característica humana cuando se enfrenta con lo prohibido. Los deseos instintivos pueden convertirse en representaciones intolerables que dan lugar a las psiconeurosis de defensa.[i]

3. AUTOMOTIVARNOS:

Capacidad de controlarnos en nuestra capacidad de deseo. Aplazar la capacidad de placer por un deber.
Funcionamos desde el principio del placer (hago lo que quiero). Lo correcto es hacer el deber antes del placer.

·        0-3 años principio del placer
·        3-5 años principio del deber

4. EMPATÍA.

5. APRENDER A MANEJAR RELACIONES: en cuanto a liderazgo, eficiencia o conflicto ¿Cómo nos relacionamos?

FORMAS COMO REACCIONAMOS AL PONER EN PRÁCTICA O NO LA INTELIGENCIA PERSONAL

1.- Ser consciente de sí mismo
2.- Sumergida: persona que se queda inundada en el problema
3.- Alexitímico: Que todo le es indiferente a la persona, vive dentro de su burbuja.


CIERRE DE DUELO
(Muerte de alguien, muerte simbólica, hacer cierre).


Aprender a cerrar duelos es importante, es un proceso de asimilación, acomodación a lo nuevo. Dentro de la vida religiosa constantemente estamos inmersos en cierres, por ejemplo un cambio de etapa formativa, de comunidad, apostolado, hermanas… romper este tipo de apegos nos lleva a actuar con mayor libertad, y se crean ahora vínculos con relaciones abiertas.

Para realizar este cierre también es importante recalcar que existen dos mecanismos que nos ayudan a estar equilibrados en las relaciones humanas y  cambios:
§  Proyección: Lo que doy de mí
§  Introyección: Lo que recibo del otro

Etapas del duelo:
1.- Negación: Fase del “no”, se niega el acontecimiento: “¡esto no está pasando!”.
2.- Rabia: Enojo provocado por el acontecimiento, es un mecanismo de defensa, donde vemos solo lo negativo.
3.- Depresión: Vemos lo bueno: “¡Qué bien me sentía en la otra comunidad! ¡Qué buena era mi otra superiora!” Esto nos lleva a quedarnos atorados en lamentaciones.
4.- Negociación: Se buscan otras alternativas a lo que está sucediendo
5.- Elaboración y aceptación: Llevo a cabo la alternativa, puesto que en ocasiones se puede quedar sólo en el pensamiento.

COMUNICACIÓN ASERTIVA


Asertividad: Afirmación de mi yo (punto de vista), comunica todas sus emociones excepto la ansiedad.

La persona asertiva:
1.- Se comunica con todas las personas, de todos los niveles (sexo, ocupación, edad…)
2.- Tiene metas específicas, lleva una vida orientada, intenta que se cumplan sus metas.
3.- Actúa de un modo respetable, aceptando que no siempre va a ganar su punto de vista, pero lo da a conocer para que lo tomen en cuenta, si esto no sucede su autoestima no se ve alterada.
4.- Es libre para expresarse, no es una persona inhibida.
5.- Sabe poner límites, hasta dónde es su responsabilidad. Acepta o rechaza con delicadeza y firmeza.

Una persona no asertiva es: Insegura de sí misma, tiene baja valía personal, es negativo (piensa que todo le sale mal), está inmersa en una espiral negativa, duda de sí misma, tiene acciones inadecuadas, sentimientos desequilibrados, siente que el mundo controla su vida.

Quince aspectos de la persona no asertiva:
1.    Es complaciente por no ofender.
2.    Considera que los derechos del otro son más importantes.
3.    Es tímido ante los superiores.
4.    Fácilmente se ofende.
5.    Es positivo y débil o agresivo y fuerte.
6.    En una discusión no le gusta perder, no cede ante el otro.
7.    No se expresa adecuadamente y quiere que adivinen lo que quiere  y si no es así se molesta.
8.    Tiene miedo al éxito, que lo disfraza con el “es que… no puedo, no  soy capaz, porque yo…”
9.     Es dependiente y no le gusta romper los lazos.
10. Es una persona frustrada y de explosión temperamental.
11.  Se deja dominar ya que siente inferior.
12.  Con frecuencia se siente deprimida y no sabe por qué.
13.    Se justifica de lo que hace y no hace.
14.     Se siente sola porque no crea relaciones sólidas.
15.   Se involucra con personas y situaciones aunque no esté de acuerdo   o no quiera.

La comunicación asertiva además es:
1. Directa: Va con la persona con la que tiene el conflicto.
2.- Abierta: No se asusta del tema, sin tabúes.
3.- Sin máscaras, es sincera.

El manejo de la ansiedad nos ayuda a poder tener mayor asertividad, únicamente debemos saber qué tipo de ansiedad es:
Ansiedad de señal: nos impulsa a actuar.
Ansiedad de síntoma: nos paraliza.

Este taller ha sido una riqueza para mí, descubro que aún falta mucho por trabajar en mi persona, pero cada vez adquiero nuevas herramientas que sirven para este crecimiento.
Me acojo a las manos del Señor para que desde su gracia pueda ir caminando, pueda ser asertiva en mis relaciones y sobre todo que sean la paciencia y el amor lo que mueva mis acciones.

Apuntes tomados por: Miriam Horta, Novicia MAR


28 de octubre de 2014

TOLLE LEGE- TOMA Y LEE


Una de las experiencias vividas en el noviciado y que me ha dejado muy marcada es la cercanía con la Palabra. Aprender a entrar en ella, descubrir lo que hay de más precioso y dejarme convertir continuamente. He descubierto en la Biblia una gran fuente para alimentar mi espíritu, mi vocación, mi adhesión a Cristo y a la misión. La Biblia no es cualquier libro, es Palabra de Dios, es Palabra de salvación de un Dios encarnado que me llama a adherirme a su proyecto, a través del compromiso con la vida, con la justicia y con todos los que están de alguna manera excluidos de su Reino.

Les comparto una sencilla reflexión desde Mt. 14, 22-33, mi mirada y el sentir del corazón.

En el versículo 22, Jesús despide la multitud que ciertamente no quería irse. En el evangelio de Juan, se nos narra que lo querían proclamar rey. Jesús reanima la esperanza de un pueblo cansado y explotado. La figura del rey les era muy importante, uno de los pilares de los judíos: rey, tierra y templo. El rey para ellos significaba alguien que los liberaba, defendía, guiaba y que no explotaba.  

Creo que Jesús no quería dejarse influenciar por el deseo del pueblo, aunque también fuera el suyo (liberarlos). Pero esta no era la voluntad del padre y por esto necesitaba orar para ser fiel al querer de Dios que lo envió. Sube a la montaña (v. 23) y como nos dice en el cántico de Isaías 2, 3ª: “¡subamos al monte del Señor, él nos instruirá en sus caminos!” Jesús no podía cambiar de ruta, sabía cuál era su misión y el querer de su Padre. Él, que se había despojado de todo, no podía dejarse influenciar por nadie.

Sufrió por su condición como cualquier hombre o mujer y era vulnerable a las circunstancias de su tiempo, bajo un poder opresor. Jesús sufría, se compadecía del pueblo sufriente. Imagino que fue tentado a manifestar su poder de hijo de Dios para liberar a su pueblo, pero primero era necesario liberar sus mentes y corazones para hacerles libres de verdad.

Vemos que la oración era una necesidad en la vida de Jesús y ¡cuánto más debería ser para nosotros! Él pasaba horas en silencio, en oración. Llega la noche, él está solo, y los discípulos en altamar, llevados por las fuertes olas (23b y 24. El autor de este evangelio nos dice que el viento era contrario. A mí, me llama la atención esta frase “porque tenía viento contrario” (v. 24).  Sabemos que todo en la biblia tiene un sentido teológico. Pienso más bien, que este viento al que se refiere, no es el riesgo que corrían en altamar, sino que se dejaban llevar por sus propios deseos, vanidades y ambiciones, que se alejaban de los planes de Jesús. Mientras Él buscaba la humildad, los discípulos eran arrastrados por el deseo de poder, de grandeza, de su Maestro. Por esto no comprendían sus actitudes y sus gestos.

¡Tantas veces también nosotros podemos esperar un Jesús poderoso, mientras despreciamos su amor y pequeños gestos! ¿Un Jesús milagrero? ¡Si sólo lo miro así no conozco verdaderamente a Jesús de Nazaret y tan poco podré seguirlo!

Jesús, dame un corazón manso y humilde como el tuyo. Que no me deje llevar de las apariencias, de mis intereses propios y búsqueda de privilegios. ¡Hazme igual y una con los demás y hermana de todos! Testigo tuyo y signo de tu amor.

Jesús camina sobre el agua al encuentro de los suyos (V. 25). Encuentro en Jesús una paz tan grande y un amor por estos hombres, expresado en la manera como se dirige a ellos y a Pedro. Que ellos temblaban de miedo no me espanta, yo también temblaría… en plena noche, con una tormenta así y viendo a alguien caminar por el agua es para asustar a cualquiera (v.26).

 Imagino a Jesús riéndose gozosamente de ellos, cuando les dice: “ánimo, soy yo, no teman!” (v. 27) ¿Qué no habrá pasado por estos corazones? Tenemos la tendencia de divinizar a los discípulos y santos, quitando toda su humanidad. Pensamos muchas veces, que Jesús los escogió porque eran perfectos, los mejores, los más bellos y despiertos. ¡NO! Eran personas como nosotros, que temían, que vacilaban, se equivocaban, pero que corrieron todos los riesgos para seguir a un Hombre que enfrentaba toda la estructura impuesta de su tiempo, estructura dominara y esclavizadora. Un Hombre que anunció a un Dios Padre, misericordioso y que está presente en cada uno de nosotros, no sólo en el templo, en un culto cruento y excluyente, como en su época, que puso a los pobres y pequeños en el centro del Reino y como los preferidos de Dios.

Estos hombres dejaron sus vidas, su manera de ser, de vivir para arriesgar a cada día en la novedad de Jesús de Nazaret.

Este “ánimo” viene cargado de tanto amor…es como si Jesús dijera, “¡amigos, coraje, soy yo!” En medio de tanta tempestad, era un medio de encontrar fuerzas para enfrentar el mar y no desfallecer.

Pedro dijo, Señor si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti (v. 28). ¡Como somos débiles, siempre queremos pruebas, nos cuesta creer sin la acción! Pedro es impulsivo y no media las consecuencias de sus palabras. Declaró su amor por Jesús y que daría su vida por Él, y en el momento en que Jesús más lo necesitaba, lo negó y huyó. Ante los fariseos, en cuestiones del pago del impuesto, respondió una vez más impulsivamente. Prometió velar con Jesús, y se durmió. Pero Pedro AMABA MUCHO A JESÚS, y ¡cómo ha sufrido con el sufrimiento de su Maestro!

En Getsemaní, tuvo otra acción impulsiva: por amor a Jesús cortó la oreja del soldado romano, un instinto de protección en favor de Jesús. Él no quería que lo llevasen, y todavía estaba aprendiendo a trabajar y controlar sus impulsos.

Pedro quería siempre estar con Jesús, por esto le pide ir a su encuentro. Era hombre sencillo, de corazón de niño, que no medía muchas veces sus actitudes y, cuando se vio caminando sobre el agua, temió… tal vez porque tomó conciencia de lo que hacía, frente al mar agitado. Pedro ya era un hombre maduro, pero le encantaban las aventuras pasadas con Jesús.

Mira qué curioso: se hundió porque sintió miedo, no le dio miedo porque se hundía (v. 30). ¡Podemos estar como Pedro, hundiéndonos en el mar de la vida por miedo de arriesgar, de seguir adelante!
Pedro exclamó: ¡Señor sálvame! Que hermoso este grito. Él se hundió por miedo de sí mismo, pero confiaba plenamente en su Señor; me hace preguntarme: ¿soy capaz de pedir ayuda cuando siento las dificultades de la vida, confío en el Señor, o intento hacer todo por mi cuenta? Me reconozco tantas veces buscando fuerzas en mí misma, sin confiar en aquel por quien estoy aquí.

Confianza y amor fue el camino escogido por Santa Teresita del Niño Jesús y son virtudes que Pedro tenía. Aun cayendo y metiendo la pata tantas veces, fue esta confianza y amor que le permitió dar todo, hasta su vida en cruz, a ejemplo de su maestro, de la cual se sintió indigno.

La figura de Pedro para mí es muy importante y esperanzadora. Fue un hombre que erró mucho, ¡cuántas veces Jesús lo reprendió!, pero se dejó  transformar y fue capaz de ir hasta el fin, y de entregarlo todo.

Estaba yendo tan bien, ¡hombre de poca fe! (v. 31) ¿Por qué el miedo Pedro? ¿Por qué dudaste de ti mismo? Pedro confiaba en Jesús, pero no en sí. La fe es confiar en Dios y en los dones que Él nos regala. El acto de creer debería romper todas nuestras barreras y seríamos capaces  de tantas cosas. Jesús en su tiempo curaba por la fe, por la iniciativa de fe de quien lo seguía. Imagino que hermosa y emocionante esta escena de Pedro en los brazos de Jesús al hundirse. Las miradas, la profundidad de las palabras que no pronunciaron ambos labios.

En el final de este evangelio los discípulos también hacen su profesión de fe en Jesús (v. 32), lo reconocen como el verdadero hijo de Dios, reconocen la majestad, divinidad y poder de un hombre de apariencia sencilla, pero de una grandiosidad que se revela como el amor encarnado y sembrador de la misericordia.



No importa por lo que pasaban aquellos hombres; muchas veces no entendían a Jesús, pero comprendían lo que pasaba en sus corazones, cuando caminaban a su lado, corriendo riesgos, encontrando incomprensiones, rechazos… Eran tachados de locos e imagine qué no dirían sus familias. Ellos tal vez no sabían cómo terminarían sus vidas o dónde llevaría el seguir a Jesús, pero sabían que con Él, sus vidas tenían sentido, sabor y alegría.


Dejaron todo para conquistar el Todo, o mejor para dejarse ser conquistados, y lo fueron.

 ¡Señor, ayúdame a dejar todo lo que me impide seguirte desde una pureza y libertad de corazón! Dame el coraje de estos hombres que enfrentaron a todos y sí mismos para perderse en Ti. Quiero reconocerte a cada momento como el Señor, dueño de mi vida. En el mar de la vida, dame siempre tu mano para no hundirme en desesperanza, desánimo, afanes o miedo. Quisiera irradiar al mundo siempre lo que recibo de Ti: ¡AMOR, AMOR Y MISERICORDIA!

Juliana Lima, novicia MAR