30 de abril de 2013

EL VATICANO II Y LA VIDA RELIGIOSA[1]

Presento una síntesis de uno de los temas abordados en el Congreso de la Vida Religiosa realizado en Bogotá en el mes de abril en el marco de los 50 años después del Concilio Vaticano II. Esta síntesis versa sobre la conferencia de la Teóloga mexicana, Hna. Marilú Rojas. Estos apuntes nos pueden ayudar a suscitar la reflexión  entre nosotras.

Es preciso para entender la Vida Religiosa en este momento post-moderno mirar su contexto a partir del Vaticano II.

Contexto post-conciliar: De 1965 a 1975 supuso la época de la inserción, la liminalidad, la inculturación y la opción preferencial por los más pobres. Caracterizada por la radicalidad evangélica junto a la denuncia profética. El mandato del Concilio de “vivir una pobreza real y no solo espiritual” (PC 13) se convirtió en modelo de vida  y la clave misionera de muchos de los institutos de vida religiosa en América Latina.
Entre otras demandas que hacía la Perfectae Caritatis a la vida religiosa fueron los siguientes elementos a considerar:
Promover nuevas formas de vida religiosa.
Acomodar las normas a las necesidades de tiempos y lugares.
Abandonar las obras que no están de acuerdo al carisma de los institutos.
Apertura a las misiones.
Fusionarse con otro instituto en ausencia de vocaciones.
Suprimir lo anticuado.
Renovar constituciones, libros de uso y costumbres y ritos.
La renovación ha de hacerse con todos los miembros del instituto.
No multiplicar leyes.
Contemplación-acción.
La oración y espiritualidad fundada en la Sagrada Escritura.

La que más impulso tuvo fue la lectura orante de la Sagrada Escritura y la posibilidad de hacerla accesible al pueblo de Dios.

Estos años fueron sin duda los más fecundos para la vida religiosa en América Latina.  Medellín (1968) reafirmó el impulso renovador y de opción por los pobres. Posteriormente, vino el cansancio y el desgaste.
La década 1980-1990 se caracterizó por la persecución a los teólogos de la liberación y por ende, a la teología latinoamericana de la liberación, que incidió en los institutos de vida religiosa.
La vida religiosa simultáneamente vivió dos momentos. Un primer momento de éxodo, donde muchas religiosas salieron hacia las fronteras, la liminalidad, los desiertos, barrios populares, favelas, y un segundo momento, que es el retorno del exilio”, el cual se caracterizó por el desgaste físico, emocional, psicológico, y espiritual.  A esto además se sumó el envejecimiento y la ausencia de vocaciones.
Lo que la euforia post-conciliar no nos permitió ver es que PC fue un documento innovador para la vida religiosa pero tuvo sus límites:
 
Se siguió presentando a la vida religiosa como un estado angélico de vida: signo del Reino de los Cielos (PC1).
Se mantuvo la idea de imitación y no de seguimiento (PC1).
Se mantuvo el símbolo esponsal en la teología y espiritualidad de la vida religiosa.
La vida religiosa se quedó atrapada en una renovación espiritual, pero no tocó lo estructural, es decir, se cambiaron sólo las formas, pero bajo las mismas estructuras de organización y de gobierno (modelo jerárquico-patri-kyriarcal).
Se mantuvo la estructura jerárquica-patriarcal de dependencia de la vida religiosa al clero.
Permaneció el dualismo contemplación vs. acción.
Mientras que para los seminaristas del clero secular se enfatizó el estudio de la Sagrada Escritura, para las religiosas solamente se enfatiza la oración con la Sagrada Escritura.
Se reconoce la utilidad de la vida religiosa solo en la dimensión Pastoral.

La renovación y /o los intentos de renovación:  Los inicios del segundo milenio suscitaron en la vida religiosa los anhelos por la refundación.  La CLAR propuso este caminar con la reflexión “POR EL CAMINO DE EMAÚS” (1998-2006) cuyo objetivo era volver a las fuentes  de la fundación de los institutos de la vida religiosa; miraba a recuperar el ideal evangélico que dio origen a nuestros carismas fundacionales.  Se dio énfasis a la radicalidad del seguimiento a Jesús, una mística profética y la recuperación de lo femenino en los  textos bíblicos, la lectura orante de la Palabra y la recuperación de la dimensión humana de la vida religiosa.  Este proceso se hizo desde el interior de la vida religiosa latinoamericana  y por primera vez, era la propia vida religiosa quien proponía un proyecto renovador y no importado; ya esto habla del inicio de una reflexión y tradición propia desde los y las religiosas de América Latina.  Este proyecto declinó ya que muchas congregaciones interpretaron este regreso a las fuentes como fundamentalismo pietismo.
Del sueño letárgico a la crisis profética: El sueño crónico es expresión de la crisis del cuerpo, lo mismo en nuestro caso. Somos parte de una Iglesia institución en crisis. Nos hemos institucionalizado y se nos olvidó el pueblo de Dios. Vivimos más preocupadas por los conflictos internos que estamos ciegas ante un mundo post-moderno que nos comienza a engullir.  Nos tragó el institucionalismo y con él nuestra fuerza profética. Ahora estamos más enfocadas en entender los traumas de nuestra infancia con la mayor ayuda psicológica posible. Nos esforzamos por conciliar a una generación envejecida y enferma con una generación que poco o nada entiende de ¿por qué estas están tan enojadas y anhelando lo que ya pasó?
Mientras estamos resolviendo problemas dentro, la gran comunidad humana se desmorona por la pobreza-miseria, los altos índices de violencia; mucha gente padece de hambre a causa del desempleo, el proceso migratorio de quienes buscan mejoras de vida; miles de personas son explotadas sexual y laboralmente.  ¿Dónde estamos las y los religiosos? ¿Cómo ser profetas y recuperar nuestro profetismo? ¿Qué es lo que nos puede despertar de nuestro sueño letárgico o en qué apoyarnos para superar la crisis de profetismo que hoy padecemos?

Conclusión: Retos de la Vida Religiosa ante la actual sociedad post-moderna.
La vida religiosa debe revisar, deconstruir y analizar críticamente si el modelo patri-kyriarcal es el que actualmente se sigue en las formas de gobiernos y de estructuración de las comunidades religiosas, especialmente las femeninas. Si es así debe cambiar o corren el riesgo de perderse en la institucionalización para la cual no fuimos fundadas, sino para el profetismo. La comunidad de iguales que Jesús quería dista mucho de la comunidad jerárquica-patri-kyriarcal en la que actualmente nos hemos constituido. Por lo que o deconstruimos ésta o nos perdemos para siempre en la historia como un modelo común de una vida como pieza de museo, que hay que admirar, pero imposible de vivir.

No podemos seguir viviendo bajo las normas, ideas, reflexiones que dictan los hombres para las mujeres. La vida religiosa femenina debe construir su propia reflexión teológica, pues esto significa que hemos llegado a la adultez y superado la edad de dependencia. Se precisa una reflexión teológico feminista de los votos ya que la vida religiosa no se vive de igual forma entre hombres que entre mujeres. La construcción de lo femenino y lo masculino se viven en distintas perspectivas teológicas y prácticas.
Por último, se ofrece retomar la apertura a la nueva realidad histórica que nos demanda una postura profética actual. En la medida que nos integremos a los grupos y movimientos sociales cuyas causas son: la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de desaparecidos, la denuncia de la injustica, la dignidad de los migrantes, la opción por los pobres, la defensa de los derechos de las mujeres y la denuncia a las situaciones de violencia y corrupción, entre otros. En esa medida, entrará aire fresco a nuestras comunidades y éste aire nos llenará de vida.



[1] Síntesis de la conferencia ofrecida en el Congreso de la Vida Religiosa en Bogotá, por la Hna. Marilú Rojas Salazar, MSTL

29 de abril de 2013

DÍA DEL NIÑO


El sábado 27 y el domingo 28 celebramos en la parroquia el Día del Niño. Con los niños de Primera Comunión, los de Infancia Misionera y el grupo de Acólitos se realizaron las dos jornadas. Oración, cantos, dinámicas y compartir fraterno le dieron el toque a la celebración con gran alegría de parte de los niños y nuestras catequistas: Yollenny y Brenda, y colaboradoras: Dana y Lina.

28 de abril de 2013

RECORDANDO A CLEUSA



Imposible no recordar hoy a nuestra querida hermana Cleusa en el aniversario de su Pascua.  Ella fue profeta. Optó por los pobres. A veces pienso, que no sabemos qué hacer con los mártires siendo ellos los que más profundamente han optado por los pobres y quienes mejor reproducen la historia de Jesús de Nazaret.  

Hay un llamado en Cleusa al corazón de la Congregación. ¿Dónde está nuestro corazón? ¿Dónde estamos fijando la mirada? Estamos invitadas a mirar al presente ciertamente, pero hay que volver a mirar al pasado, fijándonos en esta mártir.  Ella vivió y nutrió su existencia de una fuente de agua viva. “Es preciso que El Reine” decía con frecuencia. ¿Mi vida tiene a Cristo como Rey? ¿Está centrada en El? ¿Es su proyecto mi pasión? Dejemos que la vida de Cleusa nos interpele desde este testimonio: “Era un alma de profunda y constante oración, entrega a Dios por completo, libre en el amar, en el pensar, en el actuar, valiente en la entrega, en la donación y en el riesgo, realizada en su vocación y sobre todo, humilde. Ella no tenía nada que perder, se había vaciado de sí y por eso estaba llena de Dios”.[1] Que en este domingo donde recibimos de Jesús el mandato del amor, seamos capaces de vaciarnos de sí mismas y poner toda nuestra vida al servicio del Evangelio como lo hizo Cleusa, hasta dar la vida, si es preciso.


[1] Ir. Cleusa Carolina Rody Coelho. Testimonio Hna Rosa Lòpez. P. 60

EXPERIENCIA

Hola! Soy Lina Murcia; una carismática joven de 17 años de edad. Con gran interés y curiosidad decidí relacionarme con las MAR (misioneras agustinas recoletas), donde encontré unas humildes y bondadosas hermanas que amablemente me convidaron a pasar Semana Santa con ellas. Yo agradecidamente acepté su propuesta con el fin de conocer la misión y la labor que prestan a la comunidad.

Así fue como conocí la comunidad agustina. Con lo que vivía cada día y con las tareas que realizábamos aprendí sobre la comunidad cristiana; cosas como sus inicios, ritos, de los cuales participé y me divertí mucho. Aparte me sentí muy a gusto con el sermón del padre Campo Elías, quien llegaba al corazón de muchos de los asistentes para que pusieran en práctica y se arrepintieran de sus acciones; para terminar agradezco a las hermanas por permitirme vivir esta experiencia llena de gratitud y amor hacia el Señor.

PLAN PADRINO




Ayer, 27 de abril la Hna. Elsa Gómez, superiora de la casa Noviciado, convocó a las personas que conforman el Plan Padrino promovido por Haren Alde. Recibieron su formación, un ágape fraterno y la colaboración correspondiente. Se fueron contentos y agradecidos por todos los beneficios materiales y espirituales que este programa les otorga. Agradecemos a Haren Alde tan valiosa colaboración.

27 de abril de 2013

NAZLY NOS ESCRIBE...



Nazly Yurany León Martínez

Historia de la educación y la pedagogía

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 “LA MAESTRA QUE YO QUIERO SER…”

 
El valor de educar, Fernando Savater.
Capitulo 2 “Los contenidos de la enseñanza”

 El mundo de la educación es un caminar infinito de conocimientos y aprendizajes construidos en comunidad y compartidos con los sujetos activos de nuestras relaciones interpersonales, donde el mayor deber es la tarea de ser humano en la interacción con el otro(a). Recibir para dar un proceso de educación puede ser una obligación para muchos, pero en realidad la tarea de educar es una vocación, un llamado a descubrir nuevas formas de saber. Planteado de esta manera, me cuestiona que al momento de ejercer como docente me enfrente día a día a una realidad personal en la que los actos son contrarios a mi sentir y concebir la educación, y esto es consecuencia de la fuerza que ha generado en mi la formación que recibí siendo niña y adolescente por parte de mis profesores; esas características de esa educación recibida pesan hoy en mis actos, aunque mi pensamiento sea otro, es decir, ¿Cómo puedo romper, vencer, superar o transformar el esquema de formación en el que fui educada y qué consiste imponer un conocimiento bajo condicionamientos a los que por suerte son mis “alumnos”?. Es un dilema al que me enfrento cuando me encuentro en el aula de clase; entonces me pregunto ¿Cómo generar un proceso de EDUCAR desde el compartir un saber, acompañando un proceso humano y conociendo al otro en su integridad personal? ¿Cómo conectar mi mente, con mi corazón, con mi palabra y todas estas con el otro, sin quedarse en la exigencia y liminaridad de la norma? ¿Cómo luchar con lo establecido? ¿Cómo renovar los esquemas?

 Son los rostros de mis niñas los que en cada momento me piden, me gritan, suplican a mi corazón: “sé mi maestra, no mi instructora militar”, “sé mi amiga; te quiero caminando conmigo, comprendiendo mi momento y no reprochándome cuál gruñona de cuento infantil”, “aquí estoy, quiero aprender de ti, no me invisibilices, no me maltrates, no olvides que fuiste niña y como yo recibiste gritos, quizás golpes de tu maestra”, “¿qué vas a hacer para que te recuerde por tu cercanía y acompañamiento a mi proceso de formación y no como a esa profesora que no me comprendía y que siempre me mandaba a sentar con un grito, sin haber escuchado mis grandes historias de conquistas?”. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué estoy haciendo? Argumentar mi problemática personal diaria es tener la posibilidad de verme en un espejo, respondiendo a mis exigencias y deseos personales a la luz de lo que mis estudiantes esperan de mí, como su “profe”, su “profe Nazly”. Estoy totalmente convencida que la educación es una vocación, un llamado a encontrar el mejor camino para compartir un saber con el otro, lo más importante de enseñar es también aprender; “la escuela debe formar, no sólo el núcleo básico del desarrollo cognitivo, sino también el núcleo básico de la personalidad”[1]. Trataré entonces de establecer la analogía entre el segundo capítulo del libro “El valor de educar”, de Fernando Savater, titulado “los contenidos de la enseñanza”; con mi realidad personal en la tarea, en la vocación, de ser docente; problemática que he enunciado y que busco especificar en dicha analogía.

 El punto central por el qué escogí dicha problemática personal responde a mi deseo profundo de alcanzar una transmisión de saberes en el proceso educativo que tenga como punto de partida la experiencia pedagógica que transforma el aprendizaje en un canal de comunicación con los semejantes por medio de pautas, técnicas, valores y recuerdos que llevan a alcanzar la plena estatura humana, “para ser hombre no basta con nacer, sino que hay también que aprender… sólo por medio de la educación y la convivencia social conseguimos efectivamente serlo”[2]. En el proceso formativo del género humano la experiencia de la enseñanza marca un momento importante en la transmisión de saberes y conocimientos propios de la especie; históricamente la herencia biológica se une de forma intrínseca a la herencia cultural, la cual está fundamentada en la correlación de los descubrimientos humanos en relación consigo mismo, con la naturaleza, su entorno, con Dios y con  los demás; todo esto constituye una apertura a la diferencia, aún perteneciendo a una misma especie, no somos ni únicos, ni indicadores de nuestra historia, pero necesariamente es el otro el que construye conmigo mi propia historia, en la sociedad, las redes sociales son el regulador de las capacidades y aptitudes humanas que darán paso a una humanidad efectiva, que sólo puede venir de los semejantes, veámoslo de esta manera: “las aspiraciones procedentes de los seres humanos y exigencias de transformación del medio social en el cual se encuentra inserto se caracteriza por partir de una experiencia acumulada, allí donde la pedagogía hace una constante e-vocación, del pasado, de la experiencia; es también una con-vocación, por el hecho de ser una acción-reflexión compartidas, comunitarias; pero ente todo, es una pro-vocación, frente a los cambios epocales que cuestionan a la educación misma, a su función y misión que debe desempeñar en la actualidad y las instituciones que le sirven de soporte y mediación”[3] y porque no decirlo a los sujetos que ejecutan el arte de educar, muchas veces subordinado y vulnerado en su esencia misma de proceso formativo humano, no mecánico.

 Quiero ser… “la profe Nazly, que las niñas piden”… “es la misma profe, que yo quiero ser”. El verdadero maestro, el autentico educador-profeta, debe tener una meta definida que inspira y atrae todos sus mensajes y da sentido a todos sus actos. “Los verdaderos educadores deben saber bien hacia dónde van, qué es lo que quieren alcanzar; o al menos, qué es lo que quieren dejar atrás; esa lucidez y certeza eliminan zozobra, la incertidumbre, sirven para evaluar instrumentos, para determinar las prioridades, para prever decisiones y, sobre todo, para tener la certeza de que se avanza y se asimilan y superan las dificultades y hasta los fracasos”[4].

 Quiero ser… “la maestra que es discípula del maestro” “la maestra que centra su vida en Jesús: vivir, misionar y actuar como maestra-profeta”.

 

“La intencionalidad y el contenido de su enseñanza es el elemento central y original de Jesús como Maestro”[5]



[1] EL VALOR DE EDUCAR. SAVATER, Fernando. Bogotá D.C. pág. 52
[2] Ibíd. Pág. 39
[3] LA PEDAGOGIA DE JESÚS. PERESSON, Mario. Bogotá, Colombia. 2004. Pág. 114
[4] LA PEDAGOGIA DE JESÚS. PERESSON, Mario. Bogotá, Colombia. 2004. Pág. 116
[5] Ibíd. Pág. 117