31 de enero de 2016

RETIRO ESPIRITUAL DE ENERO





 La comunidad del Noviciado hemos pasado un día de desierto espiritual en nuestra casa Noviciado. El tema del retiro ha sido: “La meditación: el alma de nuestras obras”.
Iniciamos el día dando gracias al Señor y alabándolo por este domingo de gracia donde su palabra nos llega precisa para reconocer las maravillas que el Señor continua haciendo en nosotras. Realizamos la celebración matutina que nos envió el Secretariado de Evangelización y Misión en memoria agradecida por el natalicio de Monseñor, girando la liturgia en torno a la misión.
Posteriormente celebramos la Eucaristía en la parroquia san Bartolomé. Después del desayuno en completo silencio entregamos el material, expusimos el Santísimo y nos repartimos las horas para que el Señor no quedara solo. A las 4 de la tarde toda la comunidad compartimos las invitaciones realizadas por el Señor en orden a un mayor compromiso con nuestra oración personal, papel central en nuestra vida cristiana y religiosa. También compartimos nuestro proyecto personal y cerramos con la liturgia de Vísperas.
Agradecemos al Señor esta oportunidad nueva de encuentro profundo con él. Que el compromiso que cada una ha hecho se note cada día en nuestra manera de amar, de entregarnos y de darlo a conocer.





30 de enero de 2016

LECTIO DIVINA. IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C. San Lucas 4,21-30

 

Da clic al siguiente vínculo para escuchar la Lectio Divina: Y se alejó... porque no le quisieron recibir.

Qué bueno que en este domingo  que celebramos esta liturgia tan hermosa, a la vez sea el natalicio  de Mons. Francisco  Javier Ochoa, oar.

Hacer memoria viviente de monseñor, nuestro fundador, es hacer memoria de un profeta y un místico como Jesús. Místico porque vivió con intensidad su amor a Jesucristo y su pasión por el Reino. Místico porque no fue un hombre elevado y desconectado de la realidad, sino que como “hombre de Dios”, vio la realidad y dio una respuesta desde la fe y para la justicia (atender a las niñas abandonadas en la misión de China).

Que el Señor en este día nos ilumine a cada MAR, mirando DESDE ESTE EVANGELIO  nuestros orígenes  para redescubrir nuestra razón de ser en y para la iglesia, y asumamos, como nuestro fundador, nuestra misión profética, que parte de una mística (ser mujeres de Dios) y conduce a una misión: opción por los pobres llevando la Buena Nueva. 


CONTEXTO:

Seguimos avanzando en la vida pública de Jesús. La semana pasada Jesús entró en la sinagoga y lleno del Espíritu Santo proclamó el año de Gracia. Esto llena las expectativas del pueblo en su espera mesiánica, pues Jesús está respondiendo al plan de Dios con su palabra y con su vida. Lo que no gusta a sus coetáneos es la  forma cómo lo va a realizar, de allí que de la admiración pasen al rechazo. Jesús les echa en cara su incredulidad proponiéndose como profeta aludiendo a Elías y a Eliseo que no pudieron hacer milagros en su tierra. Los paisanos de Jesús no soportan que él sea un profeta. Ellos hubieran soñado con un superhombre. También Jeremías en la primera lectura es el símbolo del profeta veterotestamentario que como Jesús será rechazado y perseguido. A cambio Jesús trae el amor y con ello la Iglesia nos presenta hoy esa hermosa lectura  de Corintios 13. El amor es la santidad y la humildad es el camino. Solo pegados a Cristo podremos vivir esta experiencia de fe que nos conduce por el camino de la cruz, hasta la certeza de la eternidad, desde la mística y la profecía.

La Palabra que escuchamos nos convierte en verdaderos profetas con misión de gracia para con todos los que están en necesidad y viven con sencillez de corazón. A ejemplo de Cristo, el profetismo cristiano nos tiene que llevar -si es necesario- a aceptar la muerte con esperanza de resurrección. Este es el sentido pascual de la celebración eucarística.

EL TEXTO

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4,21-30. En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: -Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: -¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: -Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. Y añadió: -Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

¿QUÉ DICE EL TEXTO?

Terminada la lectura le devolvió el rollo al encargado y se sentó para proceder a su explicación. Leídas las esperanzas (semana pasada), Jesús se limitó a decir que “hoy” se habían cumplido (texto de esta semana). Es un “hoy” que se enmarca en el “ya” pero “todavía no” y que supone dar a cada generación la misma oportunidad para subirse al carro salvador. En el decir de Acebo nos encontramos con una palabra, un pasaje de la Escritura, una oportunidad de la mano, un cambio de vida posible…todo eso quiere decir “hoy”.[1] La escucha exige una toma de postura que contemple que el reino viene de la mano del rey.

Parece que por el mensaje de esperanza, el tono, la seguridad, la autoridad que emitía su persona, sus paisanos quedaron admirados, reconociendo que Dios estaba detrás de sus palabras (Dt 8,3). El asombro era aún mayor cuando le reconocían como hijo de José. ¡Una persona como ellos no podía ser quien trajera la liberación anunciada de Dios! También había que pensar que, para el pueblo judío del siglo I, la primera obligación de un joven era para su familia, su pueblo y su clan, y no parece que la vida que estaba llevando Jesús siguiera ese camino, lo que no hablaba en beneficio suyo[2].

La respuesta de Jesús a esta reacción de sus paisanos se centra en hacerles ver que la lectura que él ha hecho tiene su origen y razón de ser en la propia Sagrada Escritura que ellos parecen conocer tan bien. Les invita a que recuerden el capítulo 17 del primer libro de los reyes y el capítulo 5 del segundo libro de los Reyes. En el primer caso la beneficiaria de la acción es una mujer libanesa; en el segundo, un general sirio. ¡Líbano y Siria! ¡Casi nada, entonces y hoy! El desenlace es brutal. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó.

Estamos en los comienzos de la actividad de Jesús en versión de Lucas. El autor nos presenta a un Jesús sintetizando y llevando a cumplimiento el mensaje de gracia acumulado a lo largo del Antiguo Testamento, mensaje que, sin embargo, el Pueblo de Dios parece haber olvidado e incluso manipulado en beneficio exclusivo suyo. El viento del Espíritu sopla fuerte en la obra de Lucas ya desde los comienzos de ésta. En el interior del Pueblo de Dios hay malestar y rabia por los aires del Espíritu[3].

¿QUÉ ME DICE A MI EL TEXTO?

Me fijo en Jesús.

Es Jesús el primero que se da cuenta de lo que va aconteciendo dentro de la sinagoga, ya que lee en los corazones una actitud que no corresponde  con este entusiasmo inicial. Todo va en crescendo: del asombro se pasa a la extrañeza, de ésta al rechazo, a la indignación y a la hostilidad. En medio de esto Jesús discierne y da la respuesta. Cita un proverbio popular que podía ser despreciativo para su persona: “Médico, cúrate a ti mismo”, seguido de otro sobre los profetas, que no son acogidos entre los suyos. Mc 6,4 refleja lo mismo con otra construcción: Ningún profeta es despreciado sino en su tierra, entre sus parientes y en su casa, una fórmula que Lucas suaviza porque no quiere incluir a los familiares de Jesús dentro del rechazo.[4]

Jesús no se equivoca al catalogarse como profeta a la hora de definir su identidad, pues la mayoría de sus coetáneos le tildan con ese título que conlleva rechazo aparejado con muerte.

Jesús no vive a medias tintas, como tal vez me pueda pasar a mi o a cualquiera de nosotros, por eso hay una invitación muy especial hoy a retomar nuestro profetismo bautismal, donde fuimos ungidos como Jesús para ser profetas.

El profeta es UN “HOMBRE DE DIOS”; Dios ha irrumpido en su vida. El profeta se transforma en una persona disponible, que no vive ya para sí mismo; que no se pertenece. Esta disponibilidad no es en ocasiones fácil (cf. Am 3, 3-8; Jr 20, 7-9). El profeta experimenta dificultades y crisis; es acosado por el temor. Con todo, termina abriéndose a los planes de Dios y va a donde lo envía Yahvé y proclama todo lo que Él le manda (cf. Jr l, 7).

"Hombre de Dios", el profeta tiene una experiencia de Dios que se va haciendo cada vez más profunda y exigente. Él  le descubre gradualmente su proyecto en la historia y, sobre todo, lo introduce en una intimidad vital. "El 'pathos' divino viene sobre él. Lo mueve. Irrumpe como una tempestad del alma, tomando posesión de su vida interior, de sus pensamientos, sentimientos, deseos, esperanzas. Toma posesión de su corazón y de su mente dándole la fuerza de ir hacia el mundo"[5].

El profeta, en cierto modo, sintoniza con Dios a quien percibe cercano y presente en la historia. Y su experiencia se transforma en testimonio y en compromiso con las exigencias de Dios sobre el pueblo. Es el siervo que ejecuta los mandatos de su Señor; el discípulo que acoge las enseñanzas de su maestro y las transmite y pone en práctica.

El profeta conoce la realidad y está enraizado en ella. Por este motivo vuelve a proponer siempre el proyecto de Dios y anuncia el juicio de Dios en esa situación. Sacude, de este modo, las conciencias y las enfrenta al juicio de Yahvé  que purifica y exige decisiones nuevas como expresión del cambio y de la vuelta al camino de la Alianza.

Hoy, el Señor, nuevamente, nos pone el dedo en la llaga. Ser profeta no es nada fácil, conlleva riesgos. Pero hay algo importante, muchos profetas de todos los tiempos han muerto porque sintiéndose libres, plenos en Dios y apasionados por él no escatimaron ponerse al frente de la verdad y decir y actuar como Jesús lo hubiera hecho ante situaciones de opresión e injusticia.

Nuestra Iglesia necesita tomar conciencia de que hemos sido ungidos como profetas para dar testimonio y hacer valer los derechos de los más pobres, no comulgando con el sistema establecido. Cuando digo Iglesia digo cada uno de nosotros los cristianos. Tenemos una identidad muy definida y es que somos hijos/as de Dios y por tanto, vivimos por encima de todo un proyecto de comunión, inclusión que debe hacernos cada vez más humanos y más hermanos como lo fue Cristo desde su práctica de la misericordia y la compasión.

 Me fijo en sus paisanos

Sorprende cómo reacciona la gente: al principio todos están admirados de las palabras de Jesús, y dan testimonio de él (4,22), poco después preguntan por la identidad de Jesús. Pero al oír los ejemplos de la viuda de Sarepta y el sirio rico y  leproso Naamán, se llenan de ira (4,28) y quieren matar a Jesús. Quizá a los oyentes no les gustó la opción de Dios a favor de los gentiles, o de los pobres como la viuda, o de los ricos como el leproso. O puede ser que los oyentes reflejen a las personas acomodadas: les gusta escuchar palabras bonitas y edificantes, pero no aceptan que el mensaje se realice en el mundo y cambie. Ellos, que están, no sufren, no tienen ningún interés personal en cambiar su situación, porque este cambio podría conllevar inconvenientes y no les representa ninguna ventaja para ellos.

A ninguna persona se le pide que ella sola mejore y cambie el mundo. Elías ayudó sólo a una viuda y Eliseo curó únicamente a un leproso, pero ambos consiguieron que una persona experimentara la salvación de Dios.

¿Qué pequeños pasos podría dar yo para que alguien experimente la voluntad salvífica de Dios?

¿QUÉ ME HACE DECIR EL TEXTO?

Gracias Señor por tu palabra. Es una palabra que molesta si voy a lo profundo de mi ser. Me deja removida por dentro y cuestiona mi actuar como cristiana y religiosa.

En esta sociedad donde estoy sumergida ¡qué difícil es marcar la diferencia! ¡Qué difícil es vivir contracorriente en un mundo que lo tiene todo y no quiere desacomodarse! Allí también estoy yo formando parte de él.

¡Incomódame Señor con tu palabra!, no permitas que me vaya devorando la vorágine de la prisa, del trabajo, del consumo, del relativismo, del no compromiso con la justicia, del miedo a perder…

Ayúdame a mirar de frente la realidad y a vivir haciendo el bien, pero desde una profunda intimidad contigo, Maestro, para que eduques mi corazón y se conforme a tu voluntad, que es la expresión máxima de tu gran misericordia.

Amad lo que vais a ser. Vais a ser hijos de Dios e hijos de adopción. Eso se os otorgará y se os concederá gratuitamente. Vuestra participación será tanto más abundante y generosa cuanto mayor sea vuestra gratitud hacia aquel de quien la habéis recibido. Suspirad por él, que conoce quiénes son los suyos. No tendrá inconveniente en contaros entre los que él sabe que son suyos, si, invocando el nombre del Señor, os apartáis de la injusticia. Tenéis, o habéis tenido, en este mundo, padres carnales que os engendraron para la fatiga, el sufrimiento y la muerte; pero, pensando en una orfandad aportadora de mayor felicidad, cada uno de vosotros puede decir de ellos: Mi padre y mi madre me abandonaron (Sal 26,10). (San Agustín. Sermón 216,7-9)


Nieves María Castro Pertíñez. mar





[1] GÓMEZ ACEBO, ISABEL. LUCAS. Navarra 2008. 115,
[2] Ibíd, 116
[3] A. BENITO. DABAR 1989, 11 http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/T-O/04C/marco_do_04c.htm (consultado el 26-01-2016).
[4] Ibíd, 116
[5] A. HESCHEL, Il messaggio dei Profeti (Roma, 1981) p. 118.



29 de enero de 2016

GLOSARIO SOBRE EL PENSAMIENTO DE SAN AGUSTÍN SOBRE LA CONVERSIÓN (PARTE 4)


IMÁGENES DE DIOS:

A. Lar familiar: En una primera etapa, Dios es para san Agustín una especie dios heredado de su madre, Mónica. Un Dios que conocía sólo de oídas (Jb 42, 5), ya que su madre continuamente le hablaba de Él (conf. 3, 8). No obstante este Dios familiar, no deja de ser un Dios distante y lejano que no tiene una incidencia verdadera en su vida. Se trata de una imagen de Dios porque puede llegar a convertirse, al estar vinculado fuertemente a los elementos familiares propios de la familia, en un Dios de la familia, del clan, del grupo humano cultural, del que quedan excluidos todos los que no pertenecen al mismo, o son diferentes racial y culturalmente. Se trata de una imagen de Dios que puede fácilmente llevar a los fundamentalismos y a ser un dios manipulable que pongo al servicio de valores accidentales, como la raza, la cultura y la identidad grupal. San Agustín vive durante algunos años con la imagen de este dios, lar familiar, percatándose particularmente de su lejanía y de la relación tan poco personal que implicaba. 

B. El dios fantasma: Una segunda imagen equívoca de Dios que nos ofrece san Agustín en las Confesiones es la del dios fantasma (conf. 4, 9.). Es un dios que carece de una entidad real, cuya existencia es huidiza. Se trata de un dios que en algún momento de la vida tuvo una incidencia particular, pero que en el momento presente de su vida se encuentra ausente, como un vago recuerdo, e incluso, como una realidad que ha desparecido de su horizonte existencial y que de vez en cuando vuelve a aparecer, teniendo una existencia etérea y abstracta. Un dios impersonal que, al ser un fantasma, le hace vivir sus compromisos de una manera también vaga y superficial.

C. Dios entelequia: El Dios que conoce Agustín por parte de los maniqueos, le lleva a pensar en una realidad material y física de Dios. Un dios unido a una serie de mitos y de luchas entre la luz y las tinieblas. Un dios que no tiene ninguna incidencia ni relación personal con sus fieles, sino en cuanto están involucrados, como él, en la lucha contra el mal. Dios también ha podido llegar a ser para nosotros un simple concepto sobre el que podemos teorizar mucho, demostrar su existencia de manera racional, pero que no nos compromete a nada, que no despierta en nosotros ningún sentimiento ni afecto, como no podemos tampoco sentir afecto por una realidad teórica lejana que hemos estudiado, pero que no es el ámbito en el que nos movemos todos los días.

INTERIORIDAD: Agustín es el fundador de la tradición específicamente occidental de la interioridad o del mirar hacia el interior, y con ello abarca tres conceptos interrelacionados: el sí-mismo interior, el volverse hacia el interior, y los signos exteriores como expresiones de cosas interiores. El espacio interior agustiniano es más que un mundo individual privado; es el ámbito en el que el alma encuentra la verdad inteligible y encuentra, sobre todo, la única Verdad eterna que es Dios. Por tanto, el sí-mismo interior es definido por la capacidad del alma para mirar en dos direcciones: primeramente hacia dentro; luego hacia lo alto. El volverse hacia el interior significa apartarse de los cuerpos para dirigirse hacia el alma y mirar hacia arriba significa ver que Dios existe a un nivel, más elevado que el alma, como “la luz inmutable que está por encima del ojo de mi alma” (conf. 7.10.16)[1]

La conversión implica un momento de encuentro en profundidad con Dios, que habita en lo más íntimo de mi propio interior” (Cf. conf. 3, 11), del que ciertamente recibimos la invitación para hacer algunos cambios y mejoras en nuestra vida; mejoras que nos ayudan a llevar una vida más santa, más plena, más libre y más feliz, llenando nuestra vida del amor de Dios, pues como dice san Agustín: Donde hay amor, ¿qué puede faltar? Y donde no hay amor, ¿qué puede aprovechar? (Cf. Io. eu. tr. 83, 3).

JATTAT: Es una  acepción agustiniana del pecado en hebreo, que etimológicamente significaría fallar el destino, no dar en la diana, representaría al ser humano equivocando su destino, volviéndose hacia las criaturas en lugar de ir hacia Dios, pues la meta del hombre es llegar junto con Dios, recordemos lo que decía san Agustín (en. Ps 37, 10).

LA DISPERSIÓN Y LOS MEDIOS ACTUALES: Vivir un proceso de ordenamiento interior debe significar para el creyente un fuerte reto a regresar a su propio interior, dejando la dispersión y los reclamos a vivir fuera de sí mismo. En una era como la nuestra, en la que existen muchos medios de comunicación, es preciso estar atentos para que estos medios no se conviertan en fines en sí mismos, y en elementos que nos lleven a la dispersión, al olvido de Dios y de los hermanos, y por ello, a la des-estructuración de nuestras vidas. El proceso de ordenamiento interior exigiría por una parte, una gran sinceridad para analizar y reflexionar si estos medios (e-mail, chat, sms, celulares, skype, redes sociales, etc.) se han convertido en el centro de la vida de un creyente de tal forma que ya no puede vivir sin ellos y estos mismos medios lo llevan a vivir en una continua dispersión, interesado por lo que pasa fuera de sí mismo, constituido como juez universal y cibernético de sus hermanos; o si estos medios son realmente instrumentos al servicio del trabajo y de las necesidades de la comunidad y no un pretexto y ocasión para la dispersión.

LA ORACIÓN DE LA IGLESIA: Otro de los medios que san Agustín reconoce que le ayudaron en su proceso de conversión es el de la oración de la Iglesia. San Agustín estaba convencido de dos cosas. En primer lugar, de que la renovación hecha por el Espíritu Santo en su interior -elemento que le movió a regresar a Dios-, era una gracia. Y en segundo lugar, que esta gracia de la conversión le había sido concedida no por sus méritos propios, sino como una respuesta gratuita y misteriosa de Dios a las oraciones de la Iglesia representada por su madre Mónica.

MÉDICO DIVINO: Para san Agustín es  Cristo, para recibir de él la sanación de las heridas de nuestro corazón, no ocultando nuestras llagas, sino confiando en su misericordia: No escondo mis heridas. Tú eres el Médico, yo soy el enfermo (conf. 8, 3).


METANOIA: El Nuevo Testamento, al hablar del arrepentimiento y de la invitación a una vida nueva en Cristo, utiliza la palabra griega (conversión). De hecho san Mateo después de la extensa introducción de su evangelio a lo largo de cuatro capítulos, finalmente presenta a Jesucristo, protagonista del mismo, y la primera palabra que coloca en sus labios, es la palabra metanoeîte (“convertíos”, Mt 4, 17). La metanoia es el cambio de mentalidad, es la redefinición de los principios rectores de la propia vida, de valores en torno a los cuales giran los principales intereses de la persona. Implica pues un cambio o bien una redefinición o relectura de lo que ya se poseía. Y en segundo lugar, este término implica también el que la meta está siempre clara. Por tanto la conversión estará en la elección de los mejores medios para poder alcanzar con mayor facilidad o excelencia el fin que nos hemos propuesto. Por otra parte la metanoia implica para san Agustín una transformación, que parte de la fuerza configuradora del amor. El cristiano al entrar en el proceso de conversión se va asemejando cada vez más a Cristo. Muriendo al hombre viejo y dejándose renovar por la gracia, el creyente se va configurando cada día más con  Cristo, el hombre nuevo, para llegar a convertirse, por la fuerza refiguradora del amor en “otro Cristo”.

MISERICORDIA: Dios es la fuente de la misericordia desde la perspectiva de la vida y conversión de Agustín (mencionada a menudo en las Confesiones). Para Agustín, la desdicha humana originada por el pecado es dominada únicamente por la misericordia de Dios con la que uno debe cooperar (ench.32; civ. Dei 10,6) mediante el reconocimiento de la propia necesidad y por el ejercicio con amor de obras de misericordia (Cf. s. 106.4) La responsabilidad del cristiano no consiste únicamente en buscar la misericordia de Dios, sino incluso en demandarla (Cf. En. Ps. 32.2.2.28)[2].

Por eso para san Agustín en el proceso de conversión suyo y de todos nosotros, nos dice que la humildad y la misericordia van de la mano, pues todos tenemos que imitar a Cristo siendo misericordiosos como El padre Dios es misericordioso con nosotros.

MOVIMIENTO TEOCÉNTRICO: El universo de la conversión agustiniana tiene como eje al mismo Dios. Desde la realidad y la santidad de Dios es desde la que el hombre puede descender a contemplar su realidad antropológica y no al revés. El movimiento contrario, que parte del propio pecado y que en ocasiones se queda en él, puede llevar a concepciones antropológicas equívocas, bien sean por exceso (el hombre sólo con sus fuerzas puede superar el pecado: pelagianismo) o bien por defecto (el hombre no puede hacer nada por superar su pecado, debe hundirse en él y sólo confiar en que Dios se apiade de él: pesimismo fideísta). La santidad, la grandeza y la belleza de Dios son las que mueven al hombre a contemplarse a sí mismo a la luz de esta misma santidad que invita al cambio y a la conversión.

ORACIÓN: Es tan importante para obtener la gracia, fuente de conversión, que san Agustín llegado al ocaso de su vida seguirá insistiendo en la importancia de la oración para conseguir la vivificación, la conversión. La oración no sería otra cosa que la vivencia cotidiana de uno de los movimientos espirituales más propios del hombre agustiniano, que es el de levantar el corazón hacia Dios, sabiendo que “si el corazón se queda en la tierra se pudre” (Cf. S.229 A, 3).


Nieves María Castro Pertíñez. MAR




[1] Fitzgerald, Al. OSA. Diccionario de san Agustín. Ed. Monte Carmelo. 2001 p. 740
[2] Fitzgerald, Al. OSA. Diccionario de san Agustín. Ed. Monte Carmelo. 2001.  P. 899

28 de enero de 2016

REDEMPTORIS MISSIO, DEL SUMO PONTÍFICE SAN JUAN PABLO II, SÍNTESIS DE LOS NÚMEROS 77 AL 86

SOBRE LA PERMANENTE VALIDEZ DEL MANDATO MISIONERO

CAPÍTULO VII
LA COOPERACIÓN EN LA ACTIVIDAD MISIONERA


77. Todos los cristianos son corresponsables de la actividad misionera. Llamamos a esta participación “cooperación misionera”.

Toda cooperación se vive y fundamenta en la unión personal con Cristo, solo unidos a Él se pueden producir buenos frutos. La santidad nos permite ser fecundos en la misión de la Iglesia. Así el creyente amplía su caridad: orando por las misiones, por las vocaciones misioneras, ayuda a los misioneros…

Oración y sacrificios por los misioneros

78. Dentro de las formas de participación tenemos en primer lugar la cooperación espiritual: oración, sacrificios, testimonio de vida cristiana.
La oración debe acompañar el camino de los misioneros, para que el anuncio de la Palabra sea eficaz por medio de la gracia.
Unimos el sacrificio a la oración, ofrecemos con amor los sufrimientos para unirlos a los de Cristo y completarlos en la misma carne.  El sacrificio del misionero debe ser compartido y sostenido por el de todos los fieles. Quien tiene pastoral con enfermos debe impulsarlos a ofrecer su sufrimiento por los misioneros, así los enfermos son también misioneros.

“Heme aquí, Señor, estoy dispuesto, envíame”  (cf. Is 6, 8)


79. La cooperación está también en la promoción de nuevas vocaciones misioneras. En esta promoción encontramos el corazón de la cooperación, ya que necesitamos anunciadores, la mies necesita de obreros, la misión se realiza sobre todo con mujeres y hombres consagrados al Evangelio. Encontramos esta donación principalmente en los institutos y Congregaciones misioneras. Las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada son signo seguro del vigor de la Iglesia.

80. Las familias, sobre todo los padres, deben de cultivar en sus hijos e hijas la vocación misionera de la Iglesia.
La vida de oración, el sentido del servicio al prójimo y la participación en las actividades eclesiales favorecen la vocación de los jóvenes.
El autor exhorta a los jóvenes a escuchar la voz de Cristo que les dice: “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres” (Mt 4, 19). Pide que tengan valentía para responder al llamado “Heme aquí, Señor, estoy dispuesto, envíame” (cf. Is 6, 8).

“Mayor felicidad hay en dar que en recibir”  (Act 20, 35)

81. Las misiones tienen muchas necesidades materiales y económicas, no solamente es fundar nuevas Iglesias donde se construye una capilla, escuela… también hay que sostener las obras de caridad, de educación y promoción humana. La Iglesia misionera da lo que recibe a los pobres, a quien lo necesita.
Agradece a todos los que generosamente colaboran a esta causa dando testimonio de caridad.
No solamente es colaborar sino participar del anuncio, damos lo que Dios nos ha dado primero.
La jornada Misionera Mundial exhorta a la  misión y a la colaboración.

Nuevas formas de cooperación misionera

82. Se coopera no solamente económicamente;  la ayuda incluye una participación directa, con un auténtico espíritu misionero.
Hoy muchos jóvenes que  participan por un tiempo en las misiones, incluso en lugares donde no son cristianos, estos momentos son ocasión para testimoniar y vivir la fe.
Actualmente son muchos los no cristianos que acuden por diversas situaciones (emigrantes, trabajo, política, estudio…) a países de antigua tradición cristiana;    esto es un reto ya que aquí también hay una misión ad gentes donde los misioneros deben ocuparse generosamente de esta situación.

Animación y formación del Pueblo de Dios

 83. Formar al Pueblo de Dios es responsabilidad de la Iglesia local con ayuda de los misioneros y sus Institutos. Para la “nueva evangelización” de los pueblos cristianos el tema misionero es de gran ayuda. Las Iglesias locales deben fomentar la animación misionera  de su pastoral en la parroquias, asociaciones, grupos y especialmente con los jóvenes.
Para esta finalidad es de calidad toda la información, mediante la prensa misionera y la diversidad de medios audiovisuales.
Para la formación están llamados los sacerdotes con sus colaboradoresLa enseñanza teológica no puede ni debe prescindir de la misión universal de la Iglesia, del ecumenismo, del estudio de las grandes religiones y de la misionología.
Sobre todo es importante que en las Casas de formación (de  religiosos,  religiosas, seminarios…) si se puede, se especialicen en alguno de estos campos.
La animación misionera debe de orientarse  a informar y formar al Pueblo de Dios para la misión universal de la Iglesia, promoviendo vocaciones ad gentes.

La responsabilidad primaria de las Obras Misionales Pontificias

84. Las cuatro Obras tienen en común el objetivo de promover el espíritu misionero universal en el Pueblo de Dios:

·       Propagación de la Fe
·       San Pedro Apóstol
·       Santa Infancia
·  Unión Misional: su fin es la  sensibilización y formación misionera de los sacerdotes, religiosos y religiosas.

Estas obras por ser del Papa y del Colegio Episcopal ocupan el primer lugar;  son medios que transmiten desde la infancia el sentido misionero y estimulan para coger subsidios en favor de las misiones, otro de sus objetivos es suscitar vocaciones ad gentes.

No sólo dar a la misión, sino también recibir

85. Cuando se coopera con las misiones no solo se da, sino que también se recibe. Cada una de las partes colabora con las demás de modo que todos aumentan a causa de la comunicación mutua, teniendo plena unidad.
San Juan Pablo II invita a los Pastores, sacerdotes, religiosos  a abrirse a la universalidad de la iglesia evitando todo tipo de egoísmo, individualismo, autosuficiencia.

Dios prepara una nueva primavera del Evangelio

 86. En el mundo actualmente  existen muchas situaciones de violencia, de sufrimiento, guerra, donde no hay respeto a los derechos humanos;  lo que florece es el individualismo. Podríamos caer en el pesimismo ante esta realidad del mundo, sin embargo, la esperanza cristiana nos sostiene en el compromiso misionero, de evangelización donde al igual que Jesús pedimos “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10).



Síntesis realizada por Miriam Viviana Horta Colín, Novicia MAR

27 de enero de 2016

HOMENAJE A ANNA MARIE CARMONA, NUESTRA “GRINGA” MAR




Querida Ana: te has ido  sin hacer ruido, “dejando ya tu casa sosegada”.

Hermana mía, chicana, oriunda de Missouri (USA), misionera agustina recoleta por muchos años en Venezuela: hoy estamos celebrando tu Pascua.

No habría palabras para expresar el sentir que albergo, por eso el corazón lo guarda ya como un tesoro o una perla de gran riqueza para mi vida.

Te conocí como una mujer muy fraterna, muy cercana. No fuiste de muchas palabras, pero tus gestos siempre lo dijeron todo. Tu consigna espiritual de toda la vida fue “fiat”; tan breve como significativa y así la hiciste vida hasta el último minuto de tu existencia. Estoy cierta, aun sin verte, que por tu forma de vivir y por tu forma de morir te has dejado acompañar por ese “hágase”.


Fuiste, querida hermana y  amiga, de una simplicidad excelente y así fue tu humildad y tu gran amor con que viviste que te hace una con el Señor.

Compartimos muchos años en la misión de Atapirire y

 ¿qué aprendí de ti?

-Ante todo tu fidelidad al Señor.

-Tu fidelidad a las hermanas, pues nunca hablaste mal de ninguna. Soportabas en silencio, pero nadie te sacaba una palabra en contra de una hermana, o una queja o un reclamo; al contrario rehuías hablar mal de nadie.

-Tu fidelidad a los pobres a quienes te dedicabas con amor y ternura.

-Tu capacidad de desprendimiento, de una pobreza absoluta que a veces hasta molestaba; tu capacidad de tener lo mínimo y solo lo necesario y sobre todo tu capacidad de acompañar sin decir palabra.

Hoy mi corazón te llora como otra amiga que se marcha; de las buenas, de las verdaderas, de las incondicionales, de las íntegras, de las que no se quedan con nada.

Gracias inmensas Ana por tu vida callada como la de María; por tu vida anónima y anonadada. Sólo el Señor sabe lo que te llevas en tus manos cargadas: rosas y espinas que sin duda alguna, darán frutos de bendiciones en nuestra Congregación.

Alabado sea mi Señor porque en tu partida ganas la verdadera Vida, siempre anhelada, mi amada Ana.

Nieves María Castro Pertíñez.  mar