REFLEXIÓN: LA PLEGARIA SILENCIOSA

Le pedí fuerzas a Dios para poder llegar más lejos,
y me hizo más débil para que aprendiera
humildemente la obediencia.
Le pedí salud para poder hacer grandes
cosas, y me hizo frágil para que hiciera
cosas mejores…
Le pedí riquezas para ser admirada por todos 
y me dio la debilidad,
para que pudiera sentir la necesidad de Dios…
Le pedí todas las cosas para gozar de la vida,
y me fue dada la vida para disfrutar de todas las cosas…
No tengo nada de lo que pedí, pero sí
todo lo que esperaba. Mis silenciosas plegarias fueron escuchadas.


Muchas veces le  pedimos a Dios  aquello que creemos que es “lo mejor” para nosotros,  pero en realidad lo que necesitamos es otra cosa que sólo Él sabe darnos.
Debemos aprender a esperar siempre en la voluntad de Dios y no en la nuestra, así veremos la riqueza que tenemos.

“NO ES  RICO EL QUE MÁS TIENE,  SINO EL QUE MENOS NECESITA” (San Agustín)

 Claudia Puac
Novicia MAR

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