LECTIO DIVINA. 7º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – Mateo 5,38-48
“Señor, yo
confío en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio y cantaré al Señor
por el bien que me ha hecho” (Salmo 12,6)
Nos disponemos para este
encuentro con nuestro Padre Dios. Abramos nuestro corazón pidiendo la luz del
Espíritu Santo para que nos ilumine y
nos dejemos tocar por la luz de su Palabra.
Espíritu
Santo, inspíranos, para que pensemos santamente.
Espíritu
Santo, incítanos, para que obremos santamente.
Espíritu
Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas.
Espíritu
Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas.
Espíritu
Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.
(San
Agustín)
Puedes acceder por medio de este link a la reflexión del Evangelio sonoro de este domingo
https://drive.google.com/file/d/0B2Pb_ODVLt4ldVNBWEZwMXZhUVE/view?usp=sharing
CONTEXTO
Seguimos leyendo el
capítulo 5 del Evangelio según san Mateo. Jesús nos va exponiendo su nueva Ley.
Han oído que se dijo a los antiguos: “Ojo por ojo y diente por diente” y Jesús
nos propone una vez más el cambio de la escala de valores. A diferencia de lo
que la sociedad nos dice, Jesús nos propone otra escala de valores, según la
cual prevalezca el perdón y el amor en nuestras relaciones humanas. En el
Evangelio de hoy, Jesús sigue enseñándonos sobre la nueva justicia. En ella se
contrapone la ley judía a las exigencias cristianas. Hoy nos habla sobre el
amor a los enemigos. La ley judía exigía amar sólo al prójimo: amarás
a tu prójimo como a ti
mismo. Significa amar al que está
cerca, al que vive conmigo, al hermano, pariente y amigos. [i]
TEXTO. Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-48):
En aquel tiempo, dijo
Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por
diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si
uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera
ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te
requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al
que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu
prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos
y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre
celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a
justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis?
¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros
hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los
gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
¿QUÉ DICE EL TEXTO?
1. Da a quien te pida (v. 42). La
ley del talión (ojo por ojo y diente por diente) estaba vigente en tiempos de
Jesús. Era una ley, no de venganza, sino para frenar la violencia, pues el
castigo nunca debía sobrepasar la ofensa. Jesús propone otro camino para la convivencia humana. Con la predicación del
Evangelio, Jesús propone la no violencia ante las actitudes de venganza y más.
Entre sus seguidores debe prevalecer el amor, que lleva a practicar la
corrección a aquel que lanza una ofensa contra el prójimo. Lo hizo Jesús. Nos
lo cuenta el Evangelio de Juan (18, 22-23). Si he hablado mal, demuéstrame en
qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas? Así respondió Jesús al guardia
que le abofeteó.
El discípulo de
Jesús, movido por el testimonio de generosidad del Maestro, debe estar pronto
para ofrecer al prójimo más ayuda de la que el otro le pide (vs. 40-42). Ya
conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se
hizo pobre por ustedes, para enriquecerlos con su pobreza (2 Cor 8, 9).
2. Amen a sus enemigos (v. 44). Jesús
nos pide el amor aun a los enemigos. Tan grande es el amor que nos viene del
mismo Dios y nos impulsa a este gesto de suprema caridad. Aquí sí que Jesús
cambia la Ley antigua que, según las interpretaciones de su tiempo mandaba:
odia a tu enemigo (v. 43). Para el
judío contemporáneo de Jesús, el prójimo era considerada la persona de su
familia. Los demás no eran prójimos a quienes debían amar. Y los extranjeros
sólo merecían el “odio” de los judíos.
En contraste con tal
mentalidad, Jesús se atreve a proponer un cambio radical. Es un amor sin
fronteras, más allá de los vínculos familiares, religiosos o de nación. Así es
el amor del mismo Dios, manifestado en la entrega por amor de Jesús para la
salvación de todos. Para el discípulo de Jesús, no hay enemigos entre los
humanos. Porque el amor hace hermanos a todos y el perdón rompe toda violencia
posible.
3. Así serán dignos hijos de su Padre del cielo (v. 45). El
mejor premio y la mejor recompensa para el cristiano, cuando ama a su enemigo,
es el parecerse al Padre. El cristiano, cuanto más perdone, más se identifica
con el Padre y más se asemeja a Jesús, su Hermano.
El amor no se mide
por las veces que se perdona. Porque la medida del amor y del perdón es amar
sin medida. El amor cristiano no se contenta con hacer el bien. El amor
evangélico ha de: respetar, comprender, disculpar, descubrir lo bueno que hay
en él, para colaborar en su crecimiento.[ii]
¿QUÉ ME DICE A MI EL TEXTO?
El evangelio de hoy nos habla
claramente que para ser mejores que los escribas y los fariseos es necesario extender el amor
al prójimo, incluso a los enemigos. Este es el modo más auténtico de imitar a
Dios, su santidad y su perfección. En la oración nos deben acompañar gestos que
expresen la relación filial con el padre, gestos que permitan reconocer y
experimentar el rostro paterno de Dios.
Del mismo modo para amar, tengo que dejarme amar. Tengo que
vencer el egoísmo, salir de mí mismo. Ver al otro como hijo de Dios, muy
querido y amado. Y me pregunta también ¿Te sientes amado por Jesús? ¿Tratas de
hacer visible ese amor ayudando a los demás? ¿Te das cuenta que Dios está presente
y vivo en los hermanos?
Solo te pido Señor que cambies mi corazón de piedra por un corazón
misericordioso. Y que nunca sea piedra de escándalo para los demás, sino una
humilde servidora tuya.
¿QUÉ LE DIGO O DECIMOS A DIOS?
Dios nos quiere que seamos
perfectos en todo es decir: en nuestras actitudes de cada día y también cómo
reacciono ante el hermano o hermana que
está a mi lado. De este modo el Señor nos ordena amar a los enemigos, amar a
quien nos odia, orar por quienes nos calumnian y persiguen, solo así nos mereceremos ser dignos hijos de Dios.
Señor Jesús quiero ser tu discípula
pero me doy cuenta que estoy muy lejos de vivir de acuerdo a lo que me pides
cada día. Yo sé que para ti no hay nada imposible. Señor Jesús ayúdame a ser
misericordiosa conmigo y con los demás.
Gracias, padre de bondad, porque a pesar
de nuestra miseria nos sigues llamando a la santidad pues quieres que seamos
perfectos como tú lo eres. Ayúdanos, Señor para que nuestros corazones reciban
la dulzura de tu bondad y así podamos entregarla a los demás.
Y termino con esta reflexión de
nuestro padre San Agustín, de Sermone Domini, 1, 19
Nuestro
Señor estuvo preparado, no sólo a permitir que le hiriesen en la otra mejilla
por la salvación de todos, sino a ser crucificado en todo su cuerpo. Puede
preguntarse qué es lo que entiende por mejilla derecha. Siendo la cara aquello
por lo cual somos conocidos, ser herido en la cara, según el Apóstol, equivale
a ser despreciado y desdeñado. Pero como la cara no puede decirse que sea
derecha ni izquierda, y como la nobleza puede ser una respecto a Dios y otra
respecto al mundo, así se distinguen la mejilla derecha de la izquierda, a fin
de que cualquier discípulo de Cristo que sea despreciado por ser cristiano,
esté preparado a muchos más desprecios si es que tiene honores de este mundo.
Todas las cosas en las que sufrimos alguna contrariedad, se dividen en dos
clases. Una de ellas es lo que no puede restituirse, y otra lo que sí puede
restituirse. En aquello que no puede restituirse está el consuelo de la
venganza. Pero, ¿de qué aprovecha el que una vez herido, vuelvas tú a herir?
¿Acaso puede restituirse el daño que se recibe en el cuerpo? Pero el alma
orgullosa desea tales reparos.
Juana Maricela
Hernández Tzunún/Novicia MAR.


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