23 de diciembre de 2017

LECTIO DIVINA NACIMIENTO DEL SEÑOR JESÚS - CICLO B – LUCAS 2, 1-14


“¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”


  
Queridos hermanos, ha llegado la NAVIDAD, el tiempo de la espera ya pasó, ya ha nacido en nuestro corazón, hoy toda la iglesia celebra con alegría y gozo el nacimiento del hijo de Dios que se hizo uno como nosotros.
Dispongamos nuestro corazón para profundizar en su palabra el día de hoy y de esta manera encontrar en ella su voluntad.

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Oh Espíritu Santo, Amor del Padre, y del Hijo, inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia Santificación.

         Espíritu Santo, dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar. Amén.

CONTEXTO

El pasaje evangélico que nos viene propuesto hoy forma parte del así llamado evangelio de la infancia lucano que abarca los dos primeros capítulos del tercer evangelio. Se trata de un evangelio de la infancia. Luego el interés primario del autor no es el de informarnos, de presentarnos todos los detalles del nacimiento de Jesús, sino más bien el de anunciar la buena nueva del nacimiento del Mesías prometido.

 El niño Jesús se ve ya como el Señor, así como venía proclamado en la predicación apostólica Como los dos primeros capítulos de las Actas de los Apóstoles sirven de transición del tiempo de Jesús al tiempo de la Iglesia, así los dos primeros capítulos del evangelio de Lucas sirven de transición del Antiguo al Nuevo Testamento.

TEXTO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas: 2, 1-14


 Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.

 En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. De pronto se les unió al ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”.

¿QUÉ DICE EL TEXTO?

En el texto de hoy vemos cómo entran los personajes implicados directamente en la Navidad: José, María y Jesús.

José aparece como un hombre que cumple la ley. En obediencia al edicto emprende viaje desde Galilea hasta la montaña de Judea (“sube”). El viaje atravesando el país de norte a sur no fue corto: Belén estaba en ese entonces a unos 7 kilómetros de Jerusalén y a 144 kilómetros de Nazaret. Es decir, que el trayecto hasta Belén debió emplear al menos tres días.

María, por su parte, es presentada como “esposa” (o “prometida en matrimonio”) de José. El viaje de una mujer en avanzado estado de gravidez ciertamente era riesgoso tanto para la madre como para el niño, justo al llegar a Belén se completan las semanas para la hora del parto (ver 1,6).

 Jesús viene al mundo en calidad de hijo “primogénito” de María. De esta manera se pone de relieve la dignidad particular de este niño y se comprende mejor por qué es consagrado a Dios con especial solemnidad en el Templo.
Lucas se detiene en dos detalles de las acciones que realiza la madre:

(1) Le envolvió en pañales

Era habitual en los tiempos bíblicos que el pañal consistiera en una gran tira de tela angosta y que los niños fueron envueltos en ellas para mantener sus miembros estirados.
Un detalle tan sencillo se convertirá en el signo del reconocimiento del Mesías (ver 2,12). Lo que se quiere decir es que se trata de un recién nacido: un ser humano en la máxima fragilidad. ¿Será este un verdadero “signo” cuando podía haber tantos otros niños recién nacidos?

(2)                    Lo acostó en un pesebre


Lo que sí no es común es que haya sido recostado en un pesebre. Un “pesebre” era el comedero de los animales, un espacio inapropiado para un recién nacido.
El hecho es que Jesús no encontró espacio para él en la sociedad humana en los primeros instantes de su estancia en la tierra, excepto los brazos amorosos de su mamá.

Los pastores:

Se caracterizan por varias palabras de espera, búsqueda y descubrimiento: "vigilaban de noche haciendo la guardia" (v. 8): "vayamos a ver…" (v.15); "fueron con presteza y encontraron.." (v. 16). Los pastores estaban abiertos a la revelación del misterio. Lo han acogido con simplicidad creyéndolo (vv. 15 y 20) y se convirtieron en testigos de lo que a ellos se les reveló (v. 17).

El Ángel aparece repentinamente y se aproxima. La ambientación nocturna pone de relieve la irradiación de la luzde la gloria del Señor”, la cual es signo de la presencia divina (ver 9,34; Hechos 12,7). La irradiación de “gloria” parece provenir del mismo Ángel. La reacción inmediata es el “temor” (ver 1,12-13), la cual es adecuada para el evento porque es una manera de expresar que reconocen estar ante el mismo Dios.

Una vez visitado al niño los pastores no regresan a sus casas de la misma manera, lo hacen glorificando y alabando a Dios

Fue la escucha de las palabras que provenían de lo alto las que les permitieron captar el profundo significado, la gran dignidad de un nacimiento que, si no hubiera sido por ello, habría pasado desapercibido.

 El evangelio de la Navidad termina en fiesta. De la misma manera veremos concluir este evangelio: Volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios(24,53).

¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?

El evangelio me muestra 2 momentos claros de Kairós, es decir, del paso de Dios por la vida de las personas.
El primero lo encontramos con María y José en camino a Belén para presentarse ante César Augusto pero no pudieron hacerlo porque a María le llegó la hora más esperada: tener a su bebe, al Salvador entre sus brazos.
Y el segundo momento: la visita inesperada del ángel ante los pastores.
Ciertamente ambos momentos fueron de forma inesperada, por eso le dice a los pastores “no teman”. Trato te ubicarme en su lugar y siento mi Jesús, cómo me dices hoy también que no tema, que tú has venido para quedarte en mi corazón, que tú has venido para que te glorifique y de testimonio de ti a todos los que me rodean.
Gracias porque hoy 25 de diciembre a través de tu palabra me invitas a ponerme en camino, a acoger lo inesperado y a confiar plenamente en ti que eres el “Dios con nosotros”. Quédate y crece mi buen Jesús en mi corazón, en el corazón de cada una de mis hermanas de comunidad y de la congregación, en mi familia, en mis amigos y en todas las personas que hoy desean alabarte y bendecirte por hacerte tan pequeño y tan semejante a nosotros.

¿QUÉ LE DIGO A DIOS?

Mi niño Jesús, con cuanta alegría te recibo en mi corazón, has querido nacer no solo en un pesebre sino en el corazón de cada persona que te busca y desea encontrarse contigo.
Hoy nos muestras que tú rompes con los planes de los seres humanos para que realmente entre tu gracia en nuestra vida, por eso, te pido que me ayudes a serte fiel en medio de mi pequeñez.
Cuando naciste no lo hiciste en el mejor lugar sino en un pequeño establo, rodeado de animales, pero aun así, por el amor que te tenía María te envolvió en pañales y te acogió en sus brazos, surgiendo de esta manera el amor propio de una madre por su hijo.
Concédeme mi buen Jesús la fortaleza y el saber discernir como lo hicieron los pastores al enterarse que había nacido el Salvador para que pueda encontrarte en el día a día.
Gracias, porque una vez más se cumple lo que tu nombre significa “Dios con nosotros”, gracias porque tú no eres un Dios selectivo, sino que eres un Dios humilde que se abajó para poder estar más cerquita de tus hijos.
Permite, mi Jesús, que ahora que ya has nacido podamos valorar tu presencia amorosa entre nosotros y esperarte día a día.

                                                                                                        WENDERLYNG REYES
                                                                                                         NOVICIA MAR
Fuentes: 
http://www.homiletica.org/fidelonoro/fidelonoro0074.pdf
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-natividad-senor-b

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