24 de marzo de 2018

LECTIO DIVINA, DOMINGO DE RAMOS CICLO B, SAN MARCOS 14, 1-15, 47.


¡HOSANNA, BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR!





INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO



CONTEXTO

Queridos hermanos, hoy la Iglesia Católica celebra el Domingo de Ramos, fiesta que recuerda y revive la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, donde pocos días después había de morir clavado en una cruz.
Con esta celebración comenzamos la semana más importante para nuestra fe y dentro de ella nos preparamos para el acontecimiento tan especial que es el Triduo Pascual, donde conmemoramos la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Marcos intercala varias historias sobre el trato que le dan a Jesús sus enemigos y sus amigos, discípulos y seguidores. Los líderes en Jerusalén quieren arrestarlo durante la principal fiesta judía, pero con tanta gente presente, incluso peregrinos de otros lugares, no saben cómo hacerlo. Pero  Judas (uno de los doce) les colaboró traicionando y entregándoles a Jesús. El texto no nos dice la motivación por la cual Judas se deja usar de esta manera, pero a través de estos capítulos sobre la pasión de Jesús, traición, abandono y poca fe son evidentes aun entre los supuestos amigos de Jesús, lo cual es parte de la solemne tristeza de estos pasajes.

Pero en medio de esta injusticia que vive Jesús nunca faltaron las personas que se compadecieron de Él, y especialmente aquellas que resaltan por su apoyo, servicio y coraje. La mujer que unge su cabeza,  Simón que ayuda cargando su cruz, José que ofrece su tumba para un entierro digno para "el Rey de Los Judíos" y sobre todo, no hay que olvidar a las mujeres discípulas de Jesús, que están presentes en la cruz, en el entierro y en la tumba vacía.

Pero el episodio no termina en la muerte sino al tercer día, cuando Jesús resucita y todos los que lo abandonaron también son restaurados a la luz de la tumba.

TEXTO

Del santo Evangelio según san Marcos 14, 1-15, 45 


¿QUÉ DICE EL TEXTO?
Marcos, nos presenta el relato de la Pasión, no como una narración que quedó en la historia sino como proclamación de fe que se sigue meditando hoy en día.
Este texto nos presenta una variedad de posturas que  tomaron las personas con Jesús. Posturas que no quedaron en el pasado sino que hoy en día se siguen practicando.

Fijémonos en algunas de ellas:

La postura del pueblo: Que en un principio lo recibió como su rey, luego en poco tiempo fue el mismo pueblo quien decidió matarlo. Muchas veces cuando nos sentimos bendecidos por el Señor lo seguimos y lo servimos con alegría pero si pasamos por alguna dificultad, lo matamos con nuestra ausencia en la oración, en la Eucaristía.

La traición de Judas: Discípulo y amigo, que sabía mejor que nadie lo que Jesús había predicado. Pero va y lo entrega en horas de la noche. En esto es importante destacar que es en la hora de las tinieblas donde corremos el riesgo de traicionar a Dios.

La actitud de Pilato: Tenía la autoridad de liberar a Jesús pero por miedo al pueblo y por no perder la amistad  del rey prefirió lavarse las manos para no culparse de lo que le iba pasar a Jesús. Esto se nos da practicarlo muchas veces con los demás, ya sea en el trabajo, en la pastoral, en el estudio, en la propia familia, cuando las cosas no marchan tan bien decidimos lavarnos las manos y dejar que los otros den la cara ante la situación.


Tu que decías ser el Hijo de Dios, demuestra que eres lo que dices: Esta expresión la decimos de una u otra manera, “si tú eres Dios no permitirías lo que me pasa, me darías lo que te pido, no me hubieras hecho como soy”, etc.
Pero también tenemos mucho de Jesús; cuando sufrimos con amor los caminos de cruz que nos toca vivir, perdonar a los que nos hacen daño, entregar todo por amor, aceptar la voluntad del Padre.
Debemos decidir constantemente de qué lado estamos, si somos amigos o enemigos de Jesús. Sobre todo debemos acoger la actitud humilde de María que no dejó sólo a su hijo, sino que lo acompañó hasta el pie de la cruz.

¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?
Ante este relato me  siento invitada, en primer lugar, a dar gracias por el amor incondicional del Padre, que entregó a su Hijo por nuestra salvación. Segundo; que sea capaz de revisar y comparar mis actitudes con las diferentes posturas que se mencionaron en el texto para ver si estoy del lado del Señor o en contra, si soy su amiga o su enemiga, yo que me digo seguidora de Él, ¿cuántas veces lo he traicionado como Judas o lo he negado como Pedro? ¿Y cuántas veces he sido capaz de arrepentirme y volver a Él? o ¿es que estoy aún lejos, como Judas, que se alejó para siempre? Todo esto es una gracia que el Señor da para mejorar y pedir perdón por aquello que no he hecho bien, que no ha sido de acuerdo a la voluntad del Padre.

¿QUÉ LE DIGO YO A DIOS?
Señor, tu fidelidad es incomparable; gracias por entregarlo todo por amor a la humanidad. Te pido perdón por las veces que no sé valorar esta entrega y me empeño en hacerle daño a otros. Perdón por seguirte crucificando en las cosas que no hago tan bien, por las veces que te dejo solo y no soy capaz de reconocerte por temor a lo que me pueda suceder.
Concédeme la gracia de ser como María, tu madre, que nunca te abandonó, dame la fortaleza para sufrir contigo la cruz de cada día, y sobre todo que aprenda a entregarlo todo por los demás. Amén



Claudia Puac
Novicia MAR

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